Parte dos
NARRA GISELLE.
Pasan las horas, la fiesta no me resulta tan aburrida como pensé, cuando en la barra de licores que hay en el salón más pequeña me bebo el sexto cóctel de la noche junto a las chicas, olvidándome de cualquier chico rubio que este posiblemente con cierta pelinegra por ahí pasándola de lo mejor.
Esta noche planeo embriagarme, no me importa mamá, no me importa ningún hermano mayor.
— ¡Hasta el fondo! —nos anima Claudia, a lo que tomamos nuestras copas y nos bebemos lo que nos quedaba de los cócteles.
— Chicas parenla ya —dice Xavier, no muy contento de vernos tomar como albañil recién pagado—. Se van a embriagar y todavía no se hacen ni las díez.
— Eso no es tu problema, Xavier —le digo, apuntandolo con mi dedo—. Así que vete a buscar al imbécil de tu amigo o a Louis y déjanos divertirnos.
— Eso, eso —me apoya Laura.
Xavier tensa un músculo de su mandíbula al no lograr que paremos, al contrario, le pedimos al chico de la barra que nos sirva otra ronda para las tres.
— Por lo menos beban despacio.
— Chico, pero, ¿acaso no pudiste echar un polvo rapidín antes de venir con Laura y por esta estás tan pesado o qué? —se queja Claudia—. Déjanos tranquilas.
Suelto una risa ante lo que ha dicho mi amiga, mientras Laura trata de ocultar su sonrisa bebiendo un poco del cóctel que el chico nos da a cada una.
No estamos borrachas, ni siquiera en ese punto que estás a punto de volverte mierda. Pero el chico es un exagerado que no nos quiere dejar divertirnos.
— Llamaré a Andrew y a Jason, en definitiva —dice él, serio. Entonces se gira hacia el de la barra—. ¡Oye, tú, son menores tarado, no vuelvas a darles alcohol!
El rostro del chico palideció ante las palabras del novio de mi prima. Las tres nos quejamos, la verdad es que con tanto maquillaje parecemos mayores de edad, y por eso no nos pidió nuestra identificación. También ayudó que Claudia le coqueteara un poco.
Gracias Xavier, por arruinar mi noche.
— Eres un aguafiestas —su novia le hace un mohin triste, a lo que él solo se encoge de hombros y sale en busca de mi hermano y el primo de Claudia.
Trato de agarrar la copa del cóctel que el chico de la barra nos había dejado anteriormente, pero este se apresura en arrebatarme la.
— Lo siento chicas, pero para ustedes no hay más cócteles ni bebidas alcohólicas. Pero si quieren algún refresco...
— Vete al diablo —le suelta Claudia, bajandose del taburete.
Ella nos da una mirada, indicándonos que vayamos al otro salón así que también nos bajamos de los taburetes donde estábamos sentadas Laura y yo, y con nuestros brazos enganchados vamos al salón principal.
— No es por nada, Laura —digo—. Pero Xavier me cae en estos momentos malísimo.
— A mi también —asiente Claudia.
— Tranquilas, que ya sé cómo me desquitare por esto, se va arrepentir —y una sonrisa maliciosa se extiende en su rostro cuando lo ve a lo lejos conversando con mi hermano—. ¿Les molesta que me vengue ahorita?
— Para nada.
— Ni un poquito, vaya.
Laura esboza una sonrisa y moviendo sus caderas de manera sensual se acerca hasta donde está Xavier. Tomándolo por sorpresa lo abraza por atrás a la vez que deja un beso en el cuello del chico, este al ver que es su novia solo sonríe y gira la cabeza para besarle los labios.
Entonces vemos cómo mi prima le susurra algo al oído, haciendo que Xavier ensanche la sonrisa y se disculpe con mi hermano para dejarse guiar por su novia hasta... ¡Ah, caray! A los baños que están en una de las esquinas los cuales son unisex, mientras abre la puerta Laura mira en nuestra dirección y nos guiña un ojo, antes de desaparecer dentro del baño con su novio.
— ¿Su venganza es tener sexo con él en los baños del salón? —digo, frunciendo el entrecejo, confundida.
Claudia niega, sonriendo orgullosa.
— No, su venganza es provocarlo para después dejarlo con las ganar.
Abro la boca, sin poder creerlo.
— Carajo, quien viera a Laura —río—. Pero todo sea porque nos arruinó la noche.
— Exacto.
— ¡Giselle! —el grito que mi hermano suelta apareciendo frente a nosotras de pronto, logra que de un pequeño brinco por la impresión.
— Joder, ¿qué te pasa?
— ¿Has estado bebiendo? —me pregunta, molesto—. Xavier me ha dicho...
— Xavier es un chismoso aguafiestas —interviene Claudia—. Así que relájate, Jason.
Mi hermano le da una breve mirada a ella y, sorprendiendome, toma mi rostro con una de sus manos de una forma para nada delicada y lo acerca al suyo, más bien a su nariz.
— A ver, sopla o habla —dice, sin soltarme y haciendo un poco de presión para que mantenga la boca abierta, eso me lastima un poco.
— Joder, Jason, ya —logro empujarlo lejos de mi, y que suelte mi rostro.
Y entonces me arrepiento de haber hablado, porque ha olido mi aliento.
— No te quiero ver tomando más —me advierte, señalándome con su dedo—. Porque tendremos serios problemas, Giselle.
Bufó, rodando los ojos.
— Tú también estás tomando, así que...
— Yo soy mayor, tú no —me dice, serio—. Y eso también va para ti, Claudia y para Laura.
Claudia rueda los ojos, más nos dice nada para evitar alguna contienda.
— Ahora, vayamos a la mesa, ya todos están ahí esperando por ustedes para iniciar el banquete —nos dice.
— Faltan Laura y Xavier —digo, imaginando que cosas pueden estar pasando dentro de ese baño.
— He visto para donde han agarrado, así como ustedes —nos dice—. Pero haré como si nada y diré que los mandé a buscar algo al coche.
Y eso mismo fué lo que dijo cuando nos acercamos a la mesa y mamá pregunto por su sobrina.
Jason tomo asiento al igual que Claudia, mientras yo veo a las personas que están en la mesa.
Mamá y Daniel están sentados uno al lado del otro en la cabecera de la mesa, del lado derecho sentados veo a la madre de Daniel, le sigue su hermana mayor, su cuñado y el mejor amigo del esposo de mamá. Frente a estos, en los asientos de la izquierda, están los padres de Laura, seguidos de la señora Rinaldi y una de las damas de honor, Vanessa, quien es la mejor amiga de mamá.
Aún hay sillas ocupadas en aquella mesa, y del lado izquierdo, sentada la lado del mejor amigo de Daniel, veo a la chica rubia que ví bailando con Samuel quien resulta ser hija de la cuñada de mamá. A su lado veo al imbécil de ojos lindos, seguido por Louis y un puesto vacío, a de ser el de Xavier.
Y frente a estos, está Jason platicando alegremente con la chica que tiene al frente, no pasó desapercibido que al lado está Mónica, justo frente a Samuel. Le sigue Andrew, otro puesto vacío para seguramente mi prima y frente a mí madre y su prometido está sentada Claudia.
Miro a todos lados, sin saber dónde sentarme, aunque anteriormente había visto mi nombre en el puesto al lado de mi hermano.
Mamá parece notar que algo anda mal, porque me mira con el ceño fruncido al ver que todavía sigo de pie a su lado.
— Cariño, siéntate.
— ¿En dónde? —pregunto, en tono bajo.
— ¿Cómo que en dónde, Giselle? Si tu vas...
Calla cuando nota a la chica pelinegra en el que se supone es mi puesto.
— ¿Quién es ella? —pregunta, frunciendo el entrecejo.
— La ví entrar con el vecino —dice Daniel.
Mamá me mira para ver si es su esposo está en lo correcto así que muevo la cabeza en un gesto afirmativo, algo desanimada.
Mamá me da una mirada comprensiva, pero aquello cambia cuando mira a la pelinegra con una expresión seria.
— Hey, tú, la del vestido azul —mamá la llama.
— Mónica, ahí te hablan —le dice Louis, haciendo que está aparte los ojos de Samuel y mire a mí madre con indiferencia.
— ¿Si? —arquea una ceja.
— ¿Podrías, por favor, levantarte y darle su puesto a mí hija?
No hace ni el más mínimo intento en levantarse.
— ¿Acaso ella no tiene boca que tiene que salir su madre a hablar por ella?
— Mónica —el tono de advertencia en la voz de Samuel hace que la chica ruede los ojos y se ponga de pie.
— ¡De acuerdo!
Hace el ademán de ir al puesto vacío que está entre Andrew y su prima, pero me apresuro a hablar antes de que logré sentarse.
— Ahí va mi prima —le digo—. Y en el otro Xavier.
— ¿Y a dónde se supone que voy a sentarme yo? —dice, cruzándose de brazos.
— No tenía idea de tu presencia, por lo que no hay más asientos disponibles —dice mamá, mirando a todo su alrededor—. Ah, si hay uno, puedes sentarte en la mesa donde están los niños.
Los ojos se desvían hacia aquella mesa en la esquina en la que hay unos tres niños y una niña, todos menores de 10 años, a su lado hay una chica que se encarga de cuidarlos mientras sus padres disfrutan la noche. Y una mueca de asco aparece en su rostro.
— No, he venido con Samuel y...
— Pues no se me informo y solo coloque a los amigos de mi hija acá, lo siento.
— Que yo sepa su hija y Samuel no son nada, ni siquiera amigos.
El recordar eso hace que una punzada de tristeza cruce mi pecho y clave la mirada en el suelo.
— Pero es el mío —interviene Jason, serio—. Y es hijo de la amiga de mi madre, es decir, la novia.
— Samuel... —Mónica lo mira con cierto enojo, y este suelta un suspiro cansado.
— Ve allá —le pide—. Después...
Mónica no deja que termine de hablar ya que al ver que no haría nada por ella se giró furiosa y fue hasta la mesa de los pequeños.
— ¡Ya volví, ya volví! —dice mi prima, acercándose a paso apresurado hacia nosotros—. Disculpen la demora.
— ¿Por qué has tardado tanto? —le pregunta su padre, es decir, mi tío.
Aprovecho de que se acabo el problema para tomar asiento al lado de mi hermano, justo frente a Samuel.
¿Por qué será que siento que mamá lo hizo al propósito?
Laura también toma asiento al lado del primo de nuestra amiga.
— Y-yo...
— De seguro estuvieron buscando por todo el auto mi celular —interviene Jason, salvando el momento—. Pero ¿adivinen qué? Me he dado cuenta que lo traigo en el saco.
Lo saca del saco, mostrándoselo a nuestra prima mientras disimuladamente le hace señas con los ojos para que siga la corriente.
— Oh, tú siempre de despistado, Jason —ríe, nerviosa—. Para la próxima revisa bien antes de creer que lo has dejado en el auto.
— Si, si.
— ¿Dónde está Xavier, por cierto? —pregunta Louis.
— Ahí viene —avisa la madre de Samuel.
Giro la cabeza y es cuando lo veo venir hacia nuestra mesa, por su expresión deduzco fácilmente que está cabreado, molesto. Se le ve tambien irritado, bajo la mirada a algo más abajo y es cuando compruebo a que viene ese mal humor.
— Eso no se hace —escucho murmurar a mí hermano, aguantando la risa.
Giro mi cabeza hacia Claudia al mismo tiempo que ella me mira, por su expresión sé que también lo ha notado. Entonces miro a Laura, quien frunce los labios para no reír y ella mira a Claudia y otra vez nos miramos ambas. Y es cuando Xavier toma asiento mientras se disculpa que las tres estallamos en una fuerte carcajada sin poder evitarlo, ganandonos una mirada de odio por parte del novio de mi primo y otras confundas por parte del resto de los presentes, ajenos a la situación. Y Jason se nos une también al no poder aguantar las ganas de reírse.
— Lo siento, hermano —se disculpa, entre risas, ganándose también una mirada de odio de parte de Xavier.
El resto de nuestra mesa nos mira confundidos, tal vez creen que ya nos volvimos locos o que ya estamos ebrios. Por lo que después de durar más de cinco minutos riendo como los propios locos, nos aseguramos de poner alguna excusa para que olviden el tema y seguido de eso empiezan a servir la comida.