Capítulo veintinueve
NARRA SAMUEL.
Durante toda la noche la única cosa que hice fue dar vueltas sobre la cama sin poder conciliar el sueño por estar pensando en una fastidiosa pelirroja que desde que la conocí no he podido sacarla de mi cabeza, menos después de lo que ocurrió con nosotros en aquella fiesta y en el elevador hace días atrás.
Me trae mal, más porque desde ese último beso no ha hecho nada más que evitarme e ignorarme cuando estoy cerca de ella, y me jode que se comporte de esa forma.
Pero más me jode es el hecho de que tenga una cita con el imbécil del primo de su amiga, que actúe como si le gustara siempre que lo ve y para completar se deje besar por él.
Ellos no me vieron, pero yo si a ellos y vi cómo se besaron frente al edificio después de, seguramente, tener una cita más que increíble. De solo recordarlo me dan ganas de partirle la cara a ese imbécil, cosa que quise hacer anoche, pero me contuve.
¿Estoy celoso?
Si, porque durante estas últimas semanas me he dado cuenta de que siento cosas por ella, dichas cosas no las había sentido por nadie en mi corta vida.
Llego al instituto cinco minutos antes de lo común puesto a que esta mañana me he levantado por culpa de mi padre quien se he empeñado en llevarme, aun cuando bien puedo irme solo en mi coche.
— No quiero saber que te has faltado alguna de las clases, Samuel —me advierte, cuando ve que abro la puerta del coche para salir.
— Como digas.
Me limito a decir mientras bajo y cierro la puerta detrás de mí.
Entro al plantel educativo y me dirijo al patio, sitio donde me encuentro a los chicos conversando animadamente entre sí, me acerco a ellos y me siento en la misma banca al lado de Xavier a escuchar lo que hablan.
Poco después a mi lado aparece una pelinegra que ni se molesta en saludar a Louis y a Xavier.
— Necesito hablar contigo —me dice seria, cruzando los brazos sobre su pecho.
— ¿Sobre? —enarco una ceja.
— Sobre algo —dice, su mirada viaja a los chicos que tienen la mirada puesta sobre nosotros y vuelve a mirarme—. A solas.
— Oh, por nosotros no se preocupen —dice Louis, poniéndose de pie—. Tenemos que… ir a la biblioteca.
— ¿En serio? —dice Xavier, sin captar nada.
— Si, en serio —dice Louis, haciéndole gestos con los ojos—. Vamos.
Xavier al fin capta todo y se pone de pie de manera torpe.
— Oh, claro.
Sin más ambos chicos se marchan, dejándome a solas como lo pidió Mónica.
La pelinegra toma asiento a mi lado de manera que nuestros hombros y piernas queden pegados uno del otro, me muevo incomodo por su cercanía que solo me pide una cosa y giro mi cabeza hacia ella.
— ¿Qué? —le pregunto.
— ¿Qué? —repite, indignada—. ¿Ni siquiera me vas a saludar como se debe?
Suelto un suspiro resignado y veo como se prepara para recibir un beso en los labios como acostumbraba hacer hace tan solo meses atrás, aunque no fuéramos novios, solo amigos con derecho a rose. Por ello se sorprende cuando en ves de unir nuestros labios, le planto un beso rápido en la mejilla.
— Habla —le exijo.
— Veo que alguien no está de humor —dice, rodando los ojos—. Aunque últimamente siempre andas así de distante conmigo, Samuel.
— Al grano, Mónica.
Ella rueda los ojos nuevamente con total fastidio y entrelaza sus dedos con los míos por encima de la mesa.
— No sé si te has enterado, pero habrá una fiesta la próxima semana cerca de mi casa así que pensé que…
Dejo de oírla cuando como si de un imán se tratase mis ojos viajan hasta la pelirroja que entra al patio en compañía de Louis, están hablando de manera alegre y ríen, haciéndome notar una vez más de lo hermosa que se ve cuando lo hace.
No puedo dejar de mirarla, cosa que al parecer ella nota porque sus ojos por inercia se mueven hasta mi punto, causando que su sonrisa desaparezca poco a poco hasta formar una línea recta con sus labios cuando ve quien está a mi lado.
Cuando vuelve a verme le sonrío de manera coqueta y le guiño un ojo, causando que su rostro se vuelva del color de su cabello y aparte la mirada en seguida.
— ¡Samuel!
El chillido de Mónica me hace fruncir el entrecejo, había olvidado que estaba con ella y cuando la miro parece incluso hasta furiosa.
— ¿Qué?
— ¡Me estas ignorando! —dice molesta.
Veo como mueve su mirada hasta posarla en la chica pelirroja que ahora esta sentada en una de las bancas con Claudia y Louis.
— ¿Qué te traes con esa?
— ¿Perdón?
— ¿Qué te traes con esa? —repite, usando un tono despectivo al decir la última palabra.
— Esa, como la llamas tú, es Giselle —le dejo en claro, molesto también—. Y lo que me traiga o no con ella no es tu problema.
Me levanto del asiento molesto, y de mala gana cuelgo mi mochila en mi hombro.
— ¿Cómo que no es mi problema? —dice, levantándose también—. Si desde que ella apareció no has hecho nada más que ignorarme Samuel, antes pasábamos tiempo juntos, ya ni eso…
— He estado ocupado —me encojo de hombros.
— Si, con ella —dice—. No soy estúpida, sé como la miras, como se te iluminan los ojos cuando hablas de ella. ¿Te gusta?
Me muevo incomodo, ¿es tan obvio?
— No tengo porque darte explicaciones, Mónica —digo, adoptando una expresión seria.
— Lo sé —dice—. No me das explicaciones, no te doy explicaciones. Solo disfrutamos del placer que nos damos mutuamente sin compromisos, pero Samuel yo ya no…
El que suene el timbre indicándonos que debemos ir a nuestras clases hace que guarde silencio de golpe.
— Debo ir a clases —digo—. Hablamos después.
— Iré a tu departamento más tarde —dice, antes de darme la espalda y adentrarse al plantel educativo.
[***]
Soy uno de los últimos en entrar al aula, la profesora no ha llegado todavía, lo más seguro es que este revolviendo “asuntos” con el director en su oficina.
Veo que la molesta e irritante pelirroja esta en su puesto de siempre junto con su prima quien parlotea a su lado de forma alegre. Noto como Giselle se tensa cuando paso por su lado, pero lo dejo pasar y me siento junto con Xavier quien esta vez opto por sentarse detrás de su novia, así que quedo detrás de la pelirroja.
La profesora no tarda en hacer acto de presencia en el salón, su cabello se ve desordenada, su camiseta está arrugada y su respiración es un poco irregular, así que los murmullos no se hacen esperar en cuanto todos la ven.
— Disculpen la demora, chicos —dice la profesora, y me sé de memoria lo que viene a continuación—. He tenido que resolver algo con el director.
La clase empieza como de costumbre y no me molesto ni siquiera en escribir cuando todos los demás hacen eso, solo me concentro en la chica que tengo en el puesto de adelante. Su cabello cobrizo está suelto a diferencia de como la vi en el patio y no puedo aguantarme, así que tomo un mechón de su cabello y lo enrollo en mi dedo como distracción.
Veo como ella me mira sobre su hombro, pero no me dice nada así que le sonrío antes de que clave nuevamente la mirada en el pizarrón.
Un sonido en particular hace que todos se desconcentren y busquen con la mirada el lugar de procedencia, suelto una risa por lo bajo cuando veo a la pelirroja sacar su celular de su mochila, claro que tenía que ser ella, nadie más usaría de tono de llamada una canción de Justin Bieber.
— Sin celulares en mi clase, señorita James —dice la profesora.
— Es mi madre —dice—. ¿Puedo salir a contestar?
La profesora suelta un suspiro y asiente con la cabeza.
— Cinco minutos.
Giselle asiente con la cabeza, antes de que se levante suelto su cabello y sale del salón de clases.
Es el momento perfecto para que hablemos, estaremos solos en el pasillo, sin nadie que nos interrumpa así que me levanto de mi puesto y voy hacia la profesora.
— ¿Puedo ir al baño?
— Samuel, sabes que antes de entrar a mi clase debe…
— Lo olvidé —la corto—. Por favor, sólo será un momento.
— Vale —dice con resignación—. Pero apresúrate.
Asiento con la cabeza, satisfecho y salgo del salón de clases.
Miro a ambos lados del pasillo, pero no veo por ningún lado a la pelirroja. Así que avanzo por el pasillo mientras tarareo una canción en mi mente, esa misma canción que tarareaba el día que ocurrió lo del elevador.
Sigo hasta los casilleros siendo sigiloso para no encontrarme con ningún profesor que pueda enviarme a la dirección por estar fuera de mi salón y así no tener más problemas con mi padre. En los viejos casilleros que nadie usa la veo de espaldas hacia mí con el celular detrás de su oreja.
Me acerco hacia ella con grandes zancadas hasta posarme detrás de su pequeño cuerpo, justo en el momento que dice.
— Creo que siento cosas por él, mamá.