Capítulo veintiocho
NARRA GISELLE.
— Adivinen que.
— ¿Qué? —decimos Claudia y yo al unisonó, después que mi prima se posa frente a nosotras.
— No pues, adivinen —dice Laura, sonriente—. O al menos hagan el intento, así será más emocionante.
— ¿Te ganaste la lotería? —pregunto, enarcando una ceja.
— ¿One Direction ha vuelto? ¿O Joel Pimentel decidió regresar con CNCO?
— Ojalá, no y… no, por desgracia.
Claudia hace una mueca de decepción ante las palabras de mi prima.
— Ya sé —digo, esta vez sonriendo—. Justin mi varón Bieber se contactó contigo, quiere casarse conmigo y que vivamos juntos en nuestra granja con nuestros ocho hijos, dos gatos, un perro y un hámster, así que te pidió ayuda para organizar la pedida de mano.
Ante mi idea loca ambas chicas sueltan una sonora carcajada.
— ¿Ocho hijos? —dice, Laura frunciendo el entrecejo.
— A mí se me hace que alguien estuvo leyendo muchos fanfic últimamente.
— En efecto, lo he hecho —río con ellas.
— Vale, pónganse serias chicas, esto es importante —dice Laura.
— No sabemos que pueda ser —digo por ambas—. Así que ya dinos.
— De acuerdo —muerde su labio inferior, claramente emocionada.
Mira a todo su alrededor asegurándose de que las demás personas que están a nuestro alrededor en la cafetería no nos estén prestando atención, posa sus manos sobre la mesa y se inclina hacia adelante, creando un circulo de confidencialidad.
— Xavier me ha pedido que sea su novia —murmura, emocionada.
— ¡Ay, no puede ser!
— ¡Xavier te pidió que fueras su novia, que emoción!
Emocionadas elevamos sin querer la voz, haciendo que algunas miradas curiosas se claven en nosotras mientras murmuran cosas que no logramos entender.
— ¡Chicas, ¿ven lo que han hecho?! —se queja Laura—. Ahora lo saben por su culpa.
— Lo… sentimos —ambas sonreímos con fingida inocencia, mostrando nuestros blancos dientes y le hacemos ojitos.
Laura rueda los ojos y toma asiento a mi lado.
— Cuéntanos el chisme completo —pregunta Clau—. ¿Cómo te lo pidió?
— Estábamos viendo una película en su departamento anoche y… simplemente hizo la pregunta.
— ¿Así, a quema ropa?
Laura asiente con la cabeza.
— Que falta de romanticismo, la verdad —comento.
— Eso no importa cuando…
Dejo de escucharla cuando mis ojos viajan por inercia a la entrada de la cafetería donde lo veo.
Esta hermoso.
Mi conciencia dice y no puedo hacer nada más que darle la razón porque si, él siempre luce de tal manera estando incluso sin nada encima.
El fugaz recuerdo de él desnudo sobre mí aparece en mi mente, enviando corrientes eléctricas que eriza toda mi piel y terminan en un solo punto, así que alejo tal recuerdo rápidamente de mi cabeza.
No me mira, tampoco deseo que lo haga puesto a que después de lo que sucedió en el elevador hace dos días no he vuelto a cruzar palabras con él, no sé como actuar estando cerca de él después de aquel beso tan apasionado y… lo otro.
Por eso cuando su mirada se desvía hacia mi punto poco después me apresuro a apartar la mirada de él y la clavo en la mesa, con el nerviosismo latente en mi sistema.
— Ahí viene —escucho decir a mi prima.
Me arriesgo y levanto la mirada hacia el frente, notando que hacia nosotras viene su nuevo novio acompañado de Louis y… Samuel.
Me levanto de golpe de la mesa, ganándome la mirada de las dos chicas sobre mí.
— ¿A dónde vas? —pregunta Clau, frunciendo el ceño.
— A… olvidé… ya vuelvo.
Avanzo lejos de la mesa donde las chicas me ven con un gran signo de interrogación en sus frentes, y voy directo al baño de damas, sitio donde espero hasta minutos después que suena el timbre que nos indica que debemos ir a nuestras clases nuevamente.
[***]
ANDREW: Estoy abajo.
Leo el mensaje que he recibido del primo sexy de mi amiga.
Hoy saldremos juntos, por la mañana estuvo en el instituto con la excusa de que llevaría a su prima al edificio —cosa que aproveche, y me fui con ellos—, y me pidió que saliéramos juntos así que no pude negarme, no después de haberlo dejado plantado el otro día por estar con el imbécil de ojos lindos.
Lo último que quería hacer era salir de casa esta tarde, pero qué más da.
Recojo mi bolso y guardo mi celular en el mismo mientras avanzo hacia la puerta del departamento, cuando la abro me encuentro con mi hermano apunto de tocar.
— ¿Olvidaste las llaves otra vez?
Jason mueve la cabeza en un gesto afirmativo.
— ¿Cómo lo supiste?
— Es obvio, tarado.
Jason repara mi vestimenta y frunce su entrecejo.
— ¿Vas a salir?
— Así es.
— ¿A dónde y con quién? —pregunta, cruzando sus brazos sobre su pecho.
— A no sé dónde y con quien no te importa —respondo, dándole por último una fingida sonrisa—. Criticas a mamá por querer saberlo todo, y tú eres igualito.
— Solo trato de protegerte de los vagos sin futuro que quieran aprovecharse de ti, hermanita.
Ruedo los ojos con su excusa de siempre.
— Saldré con el primo de Claudia.
— ¿Con quién?
— Andrew, Jason —le digo—. Lo conociste el otro día en la cancha.
— Oh, si, si —asiente—. ¿Saldrán en plan cita? ¿No crees que es muy pronto? Digo, no hace mucho terminaste con…
— Saldremos como amigos —le corto—. Tampoco voy a durar toda la vida sola, así que basta con el interrogatorio que están esperándome abajo.
— Si, saldrán en plan cita —afirma.
Ruedo los ojos, le doy un beso en la mejilla en forma de despedida a la vez que le digo adiós y salgo, yendo hacia el elevador.
Cuando salgo del edificio veo a Andrew recostado sobre su coche, con los brazos cruzados sobre su pecho y su entrecejo un poco fruncido mientras ve algo en su celular. No ha notado mi presencia, así que sigo avanzando y cuando alza la mirada hacia mí una sonrisa aparece en su rostro a la vez que guarda su celular en el bolsillo delantero de su pantalón.
— Hola, preciosa —me saluda, besando mi mejilla.
— Hola —le devuelvo el saludo, sonriendo.
Su mirada viaja por todo mi cuerpo sin quitar la sonrisa de satisfacción en su rostro, sus ojos se quedan unos segundos en mis pechos, así que debo moverme incomoda y carraspear para que aparte la mirada.
— Eh… estás radiante.
— Gracias.
— ¿Nos vamos? —me pregunta, así que asiento con la cabeza—. Vale, vamos.
De forma caballerosa me abre la puerta del coche donde va el copiloto, le ofrezco una sonrisa más y subo con su ayuda, él cierra la puerta, rodea el coche por delante y sube al asiento del piloto, poniendo el coche en marcha en seguida.
Mientras da reversa por inercia mis ojos viajan hacia la cancha, sitio donde veo a un chico de melena rubia mirando en dirección al coche, sus ojos clavados en los míos, aunque no lo sabe seguramente. Su entrecejo está fruncido levemente y aprieta notablemente la mandíbula mientras a su lado Louis le dice algo que por obvias razones no logro entender, mucho menos escuchar.
[***]
— ¿Frío o calor? —me pregunta Andrew, dándole un mordisco a su pizza.
— Sin dudas, elijo el frío.
— Yo el calor, es mucho mejor.
Hago una mueca de desagrado ante su respuesta, es que, por Dios, tendría que estar demasiado tostado del cerebro para decir aquella barbaridad.
¿Qué el calor es mejor que el frío?
No, por supuesto que no lo es.
Pero para evitar contienda respeto su opinión y pregunto algo con la intención de conocernos.
— ¿Barcelona o Real Madrid?
— La pregunta que rompe amistades —bromea.
Muevo la cabeza en un gesto afirmativo, riendo.
— ¿A cuál le vas tu? —me pregunta.
— He preguntado yo primero, Andrew.
— Vale, pues prefiero al Real Madrid.
— Respeto los gustos y opiniones de las personas, pero… ¿En serio? ¿El Real Madrid?
— ¿Qué tiene de malo? —hunde las cejas, confundido.
— ¡Todo, absolutamente todo! —respondo—. El Barcelona es mejor, sin dudas.
— Que va, esos no le llegan ni siquiera a los talones al Real Madrid.
— Miren a este, cualquiera sabe que son mejores que ellos, Andrew.
Él negó con la cabeza.
— Ya vas a ver que si —digo, paseando la mirada por todo el sitio con un solo objetivo.
— ¿Qué harás? —preguntar, arqueando una ceja.
Levanto la mano para que guarde silencio, cuando encuentro a mi objetivo espero a que su mirada se desvíe al sitio cerca de donde está mi mesa y le hago señas para que se acerca, el chico de baja estatura, anteojos y cabello marrón no duda en acercarse a nuestra mesa.
— ¿Desean algo más? —pregunta el mesero, sacando la pequeña libreta y un lapicero de su delantal blanco.
— Si —respondo, asintiendo—. Que nos respondas algo, por favor.
— ¿Qué…cosa?
— Mi amigo aquí presente —señalo a Andrew con un movimiento de cabeza—. No entiende una cosa y necesito que me ayudes a explicársela.
— Claro.
— ¿Qué equipo es el mejor? —le pregunto—. ¿El Real Madrid o el Barcelona?
El chico me mira como si estuviera bromeando, al ver que no lo hago carraspea a la vez que se acomoda sus anteojos.
— Es obvio —dice el chico—. El mejor es el Barcelona.
— ¡Ja! ¿Ves lo que te digo, Andrew? —me giro hacia él, sonriente.
— ¿Puedo retirarme? —pregunta el mesero, así que asiento con la cabeza dándole las gracias y este procede a marcharse.
— Eso no se vale —se queja Andrew—. Trae una camisa de ese equipo, claro que elegirá a ese.
— Oh, ¿en serio? —me hago la sorprendida.
— En serio —enchina sus ojos en mí—. Pero tú ya lo sabías.
— ¿Yo? —digo, apuntándome a mí misma con mi dedo.
— Si, tú.
— Vale, sí —confieso—. Pero eso no quita que sean los mejores, eh.
Andrew ríe, negando con la cabeza.
Seguimos con la ronda de preguntas con la intención de conocernos, hasta que él me cuenta anécdotas de su infancia que me hacen reír sin parar mientras comemos de la pizza que está a punto de enfriarse.
Pasan tres horas, no queremos seguir más en la pizzería así que Andrew me invita al parque que queda a una cuadra, acepto sólo porque no me apetece llegar tan pronto a casa puesto a que de seguro estaré sola, también porque la compañía del pelinegro me resulta bastante agradable.
Cuando llegamos al parque él compra dos helados, uno de chocolate con vainilla para mí y otro de pistacho para él, y nos sentamos en el césped bajo la sombra de un árbol mientras seguimos conversando, mejor dicho, riendo de nuestras ocurrencias y vamos viendo como el sol se va escondiendo a medida que se hace más de noche.
— Deberíamos irnos —le digo a Andrew—. Mamá debe estar en casa ya.
Andrew asintió con la cabeza y se puso de pie extendiendo su mano hacia mí, cuando la tomo me ayuda a ponerme de pie y sacudo mi trasero por inercia.
— Vamos.
Lo sigo al coche, cuando nos subimos lo pone en marcha y conduce directo hacia el edificio donde vivo mientras lo único que se oye es la música que él ha puesto para rellenar el silencio que se hace de camino a casa.
Llegamos al edificio, detiene su coche al frente y nos bajamos del mismo al mismo tiempo, él rodea el coche y queda frente a mí.
— Me divertí mucho hoy, Giselle.
— Si, yo también —le sonrío.
Él asiente, alegre.
— Espero que te animes y aceptes otra invitación para salir de mi parte.
— Por supuesto, Andrew.
— Vale —su rostro se ilumina con mi respuesta—. Nos vemos tal vez mañana o después, adiós.
— Hasta pronto.
Él se inclina hacia mí, y me preparo para recibir el beso en la mejilla, pero en lugar de eso siento como presiona sus labios contra los míos, robándome un casto beso haciendo que abra los ojos tan grandes de la impresión.
Y como me beso, así de rápido de aparta de mí con una sonrisa de oreja a oreja.
— Descansa, Giselle.
Se da la vuelta y se sube a su coche para después marcharse, dejándome un tanto confundida y sorprendida aun por lo que ha hecho.