Te amo 16
Gabriel tenía tres días parándose cerca de la empresa de los Mars con la esperanza de ver a Clara a la salida, pero no había tenido suerte.
Ese día fue desde temprano y ya era la hora del almuerzo. Sus ojos se llenaron de felicidad al ver a Clara, corrió hacia ella y la interceptó.
—Clara, necesito hablar contigo, por favor. —Ella se espantó al verlo y los nervios inundaron su ser.
***
—¿Todo bien? —Paulo preguntó a Clara mientras le acariciaba el cabello. Ambos yacían desnudos sobre la cama. Clara estaba acurrucada en su pecho, como si allí encontrara ese refugio que necesitaba.
—Gabriel es un cretino —susurró temblorosa—. Fue a la empresa hoy a pedirme que lo ayude a recuperar a Laura. ¿Puedes creerlo? Laura no lo necesita ahora, ella lo necesitaba cuando era una niña y se quedó sola. Claro, como ella tiene una buena posición, de seguro que quiere sacar provecho de eso.
—¡Ese desgraciado! ¿Cómo se atrevió a buscarte? —Paulo dijo con enojo.
—Yo he tratado de superar el pasado, pero con Gabriel rondando es muy difícil. —Dos lágrimas rodaron sobre sus mejillas—. Él me recuerda lo mal que traté a su hija, fui muy cruel, Paulo. Hice y dije cosas horribles a mi propia sobrina; estoy tan arrepentida. ¡Cómo me gustaría volver atrás y hacer las cosas diferentes! Laura es una buena chica, debería odiarnos a todos por el trato que le dimos cuando más necesitaba nuestro apoyo. Ella tenía pesadillas casi todas las noches. Según nos dijo la trabajadora social, la directora la llevó a reconocer el cadáver de su madre cuando ella ni siquiera sabía que estaba muerta. Solo tenía ocho años, Paulo. —Las lágrimas caían como torrentes. Esos recuerdos eran dolorosos, pero necesitaba sacarlos de su pecho o la culpa iba a consumirla. Clara hizo una pausa y se sumió en sus pensamientos.
Flashback
—¡No me agradas! — Claudia miraba a Laura con desprecio. Ella llevaba un día en la mansión y duró toda la noche llorando con ruegos que su madre reviviera y la fuera a buscar. Extrañaba su cariño y cuidado.
—Y si no le agradas a Claudia, tampoco a nosotras. —Jimena añadió.
Jimena y Laura eran de la misma edad, Claudia tenía nueve años y Cecilia siete.
—Yo... —Laura tartamudeó temblorosa. Se sentía triste porque creyó que podían ser amigas, pero al parecer no sería así.
—¿Tú qué? —Claudia la confrontó intimidante.
—¿Qué haremos con ella, Claudia? —Jimena preguntó maliciosa.
—Ummm... —Claudia puso su dedo índice sobre sus labios como si estuviera pensando algo muy conflictivo—. No me gusta su cabello... ¡Cortémoslo!
—¡Sí! —dijeron las tres al unísono y Laura empezó a llorar. Amaba su cabello. Su madre se esmeraba en cuidarlo, ya que era largo y muy hermoso. Le encantaba lo parecido que era al de su progenitora, al igual que sus grandes ojos miel. Solía dormirse con las caricias de Leonor sobre su cabellera todas las noches. ¡No quería que lo cortaran! Laura trató de escapar, mas ellas empezaron a golpearla. Claudia corrió a la habitación de su tía y regresó con unas tijeras. Cecilia y Jimena, después de que se cansaron de golpearla, la sostuvieron con fuerza, mientras que Claudia arruinaba su hermoso cabello.
Clara las observaba desde lejos y una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios, se marchó sin ser notada, ignorando la maldad que las tres hermanas le hacían a Laura.
Fin del Flashback
***
Laura se despertó con lágrimas en los ojos. Después de encontrarse con aquel hombre, soñaba todas las noches con su madre. Era ridículo, pero había algo en él que le recordaba a ella.
—Mi amor, estoy preocupado por ti. —Kevin besó su mejilla con ternura—. Todos los días te despiertas llorando. Acaso... ¿estás volviendo a soñar con Frank? ¿Pasó algo? Tenías más de un año que no soñabas con él.
—No sueño con Frank. —Suspiró—. Estoy soñando con mi mamá y su muerte. Tenía muchos años que no me pasaba, pero últimamente... —Dos lágrimas recorrieron su rostro. Nunca había hablado sobre su madre o su niñez. Kevin la abrazó y Laura empezó a llorar a todo pulmón. Lloró por lo sola y abandonada que se sintió, por la vergüenza y el rechazo que el trato y los comentarios de su familia hacían sobre ella y Leonor. De cómo Laura fue un error que dañó el futuro de su madre. Fue por su gran decepción que ellos le dieron la espalda y ella se quedó sola y sin dinero, pasando necesidades y haciendo todo tipo de trabajo para sobrevivir y darle de comer a ella.
—Mi amor, sufriste mucho. Cómo me hubiera gustado estar junto a ti. —Dejó un casto beso sobre sus labios.
—Eras un niño. ¿Qué podías hacer? De todas formas, mi tía no me dejaba tener amigos.
—Tu tía fue muy malvada. Todavía se me hace difícil tratarla, después de todo el daño que te ha hecho. Yo fui testigo de cómo abusaban de ti y luego ella se interpuso en nuestra relación y prácticamente te vendió a Frank.
—Pero ella está muy arrepentida al igual que Cecilia y Jimena. Yo no les guardo rencor, de todas formas, son mi familia.
—Lo sé, amor. —La abrazó con fuerza—. Y amo eso de ti, eres la criatura más dulce y de corazón puro que conozco. Te amo tanto, Ojos Melosos; no me imagino una vida sin ti.
Laura empezó a besar sus labios con ternura. Se sentía tan afortunada de tenerlo. Él fue ese hogar que ella tanto anhelaba; él era parte de ella y ella parte de él. Mientras más pasaba el tiempo, más enamorada se encontraba y más se compenetraban.
Kevin acariciaba ese largo cabello que le encantaba, mientras que Laura se acurrucó en su pecho y cerró los ojos, escuchando los latidos rápidos de su corazón, latidos que ella provocaba.
***
Matt llevó a Claudia a su apartamento después de terminar sus clases y rutina de ejercicios.
—Soy pésima cocinera. —Claudia advirtió cuando se dirigieron a la cocina.
—Me imagino. —La miró divertido—. Las chicas mimadas como tú solo piensan en lucir bien. Con razón nunca comías.
—¡Idiota! —Claudia lo miró mal—. No todas las chicas nacimos con el don de la cocina.
—Tienes suerte que yo sé cocinar. Pero vas a ayudarme, tal vez así aprendes —dijo con una sonrisa maliciosa y Claudia le sacó la lengua.
Después de cenar se sentaron en el sofá a ver una película.
—¡Estás llorando! —Claudia espetó con diversión mientras Matt limpiaba sus lágrimas con disimulo.
—Claro que no... —gruñó.
—Eres un descarado. ¿Cómo puedes mentir cuando te estoy mirando secarte las lágrimas? Admítelo, fue muy triste.
—No le veo la diversión a algo tan triste y cruel —dijo refunfuñando.
—Eres tan lindo que me dan ganas de comerte. —Claudia pellizcó sus mejillas.
—¿Ah sí? —La miró seductor—. Eres libre de hacerlo, princesa.
Claudia le pegó en el hombro y él empezó a devorar su boca. Se puso encima de ella mientras la besaba con pasión y deseo. Mordía sus labios y los lamía con desesperación, su respiración estaba agitada y su corazón latía con rapidez; sus manos empezaron a juguetear sobre sus piernas. Claudia tembló al sentir sus dedos sobre su piel mientras subía el corto vestido. Por su parte, Matt le besaba el cuello con ansias y con la respiración entrecortada. Estaba demasiado excitado y sus ojos emanaban gran deseo. La rubia comenzó a temblar y lágrimas cubrieron sus ojos. Él lamía su cuello con sed, le encantaba su piel suave; pero ella no pudo contener las lágrimas que pronto se liberaron de sus cuencas, trató de distanciarlo de forma sutil, mas fue muy obvia su reacción. Él la miró extrañado y la vergüenza y la culpa lo golpearon de repente.
—Perdón... —dijo tembloroso mientras le devolvía su espacio personal—. Me dejé llevar, perdón. Es que tengo tanto tiempo sin estar con una mujer y tú me gustas tanto. Lo siento, debí controlarme. Soy un tonto, es obvio que nunca has tenido relaciones sexuales.
Claudia lo abrazó con fuerza y vergüenza. Tenía tanto miedo. ¿Cómo explicarle que no fue su culpa? ¿Cómo explicarle que ella nunca podría tener ese tipo de intimidad con él?
***
—Vine por Adrián. —Pablo trataba de ocultar la mirada y su voz sonaba fría e indiferente.
—Pasa. —Jimena extendió su brazo para que entrara. Ella lo miraba con recelo y nervios, temía que le mencionara a Jack. Pablo entró y se sentó en el sofá de la sala a esperar que la niñera le prepare al niño para llevárselo—. ¿Lo llevarás a casa de tus padres? —Jimena rompió el incómodo silencio.
—No, iremos al parque y luego, no sé. Tal vez visitemos a Kevin y a Laura.
—Bien. —Jimena comentó y se sintió incómoda al no tener más nada que hablar. La tensión se palpaba en la sala.
—Jimena... —Dudó un poco, pero decidió continuar—. Perdóname por mi comportamiento en el gimnasio, yo no tengo derecho a reclamarte nada. Espero que te vaya bien con Jack y que él sí sepa valorarte —dijo con tristeza.
—Gracias, yo también espero que te vaya bien con ella. —Se sintió la persona más hipócrita del mundo al decir aquello. No soportaba a esa mujer y deseaba que Pablo la dejara.
—Sí, estamos bien. Decidí no evitar más la situación y empezar algo serio con ella. Quiero... darme una oportunidad, quizás funcione.
Jimena sintió un punzón en el pecho. Se odiaba por dejar que aquello le afectara.
—Que bien… —Trató de que su voz no sonara temblorosa—. Me alegro por ti. —Su tono fue rudo.
—Gracias —respondió malicioso.
—Katy te va a traer a Adrián en un momento, si me disculpas voy a arreglarme. Me pasaré el día con Jack —dijo a propósito. Pablo se tensó, suspiró y luego esbozó una sonrisa.
—Eso está bien. Ustedes hacen una bonita pareja, así como lo somos Ariadna y yo. —La miró airoso y Jimena apretó los puños del coraje.
—Sí, de eso no me cabe la menor duda —dijo con desprecio—. Son tal para cual.
Pablo dejó salir una risita, le encantaba saber que todavía provocaba cosas a Jimena. Ella lo miró con ganas de matarlo y se dirigió al pasillo.
—Jimena… —Pablo la llamó con voz seductora y ella se volteó—. No necesitas arreglarte mucho, tú eres hermosa como sea.
Jimena se sonrojó y lo miró mal para disimular los latidos rápidos que aquejaban a su corazón y le alteraban la respiración.
***
—Solo pídele perdón y ya. —Su amigo le aconsejaba con insistencia. Jessica lo miró de reojo y puso su rostro entre sus manos.
—Kevin no me querrá cerca, esta vez, me pasé de la raya.
—Pero dile lo arrepentida que estás y que asistes a terapia. Necesitamos su ayuda. ¡No seas tan negativa! —se quejó bufando. Jessica suspiró con resignación y asintió a su idea.
***
Laura y Kevin se encontraban en uno de los talleres de pintura. Él estaba separando unos cuadros que había vendido y ella estaba parada a un lado, observando la belleza de aquellas pinturas llenas de creatividad. Se sentía orgullosa de la habilidad de su esposo. Kevin rodeó su cintura desde atrás y posó su rostro sobre el hombro de ella, luego le besó el cuello y le susurró al oído:
—¿Sabes cuál es mi fantasía? —preguntó de forma seductora.
—¿Embarrarnos de pintura y hacer el amor pintados? —Laura bromeó.
—¡Vaya! Mi fantasía se escuchará demasiado inocente ante lo que acabas de proponer. Ojos Melosos... eres tan perversa.
—Es lo que aprendo de ti —contestó maliciosa—. ¿Cuál es tu fantasía, entonces?
—¿Por casualidad viste el Titanic?
—¿Quién no vio esa película con ese final tan traumático?
—Bueno, si nos olvidamos del final tan pendejo que tuvo Jack. La parte donde él dibujó a Rose fue muy sexy —dijo con una sonrisita.
—¿Por qué esto me huele mal? —Laura se cruzó de brazos.
—¡Por favor! —Kevin hizo un puchero y apretó más a su esposa.
—No y no. Eso es muy embarazoso. —Laura refutó sonrojada.
—¿Embarazoso? Hemos hechos cosas no aptas para mayores de veintiún años, y, ¿llamas embarazoso a un inocente dibujo?
—¿Inocente dibujo? —frunció el cejo.
—Vamos, hazlo por el arte, ¿sí? Los desnudos son parte de las artes visuales.
—Pero yo no soy modelo y no quiero.
—Por favor... Será un secreto entre tú y yo. Una travesura de pareja. Verás lo divertido y sensual que será.
Laura rodó los ojos. Kevin sabía cómo conseguir lo que quería y, aunque sabía que se podría arrepentir después, accedió.
—Gracias, mi amor. Será muy especial y erótico, como una cita atrevida, yo te avisaré cuando —dijo muy emocionado mientras la llenaba de besos.
—¿Trabajando fin de semana? —La voz de Pablo los sorprendió.
—Hola, Pablo. —Kevin lo saludó topando su hombro.
—¡Adrián! —Laura corrió hacia Pablo, le arrebató el niño de los brazos y empezó a besarlo.
—Yo estoy Bien, Laura, gracias. Y tú, ¿cómo estás? —Pablo se burló de su descortesía.
—¿Todo bien? —Kevin le preguntó cuando se quedaron solos en el taller, debido a que Laura desapareció con Adrián.
—Sé que la he embarrado en la empresa, Kevin. Pero el divorcio me ha afectado más de lo que creí —dijo cabizbajo.
—Lo sé. —Kevin lo miró comprensivo—. No obstante, debes poner de tu parte, no está bien que te estés intoxicando y destruyendo todo lo que has logrado. Mi tío y papá están preocupados por ti. Dicen que llegas con olor a alcohol a trabajar, que casi no comes ni duermes y que ahora vives con tu secretaria, quien se la pasa gastándose tu dinero.
—He caído bajo, Kevin. Tan bajo que ya no tengo fuerzas de luchar y salir de este infierno. Lo arruiné, fui un imbécil que destruyó su vida. Jimena me amaba y yo la alejé de mí. Ahora ella es la dueña de mis pensamientos y me tortura saber que está con otro. Mi Jimena, Kevin. ¿Puedes creer lo idiota que soy?
—No te tortures más. Creo que debes olvidarte de ella, ya Jimena tomó su camino y tú el tuyo. Por cierto, tu camino está lleno de espinos y serpientes venenosas. Disculpa que sea tan sincero, pero, creo que debes dejar a esa mujer. Es una oportunista que no te aporta en nada.
—Sí, lo sé muy bien. Pero... no quiero estar solo, por lo menos con Ariadna mato el despecho.
—Eres un patán, Pablo.
—Bueno, Jimena se metió con ese tipo, entonces, yo me quedo con Ariadna hasta que ella se canse.
—¿Tú crees que ella se va a cansar de usar tus tarjetas de crédito? ¡Qué ingenuo eres!
***
—No te muevas, Ojos Melosos. —Kevin estaba sentado frente a ella con una libreta en las manos mientras dejaba sus trazos en el blanco papel.
—Kevin Mars, se me están durmiendo las piernas. Estoy cansada de estar en esta posición sin poder moverme. Dijiste que sería erótico y divertido, todavía no he visto ninguna de las dos descripciones. —Bufó molesta.
—Es muy erótico y divertido, en realidad estoy disfrutando de esto. Tu cuerpo es hermoso, mi amor.
Laura tomó uno de los cojines que Kevin puso en el sofá y se lo tiró encima.
—¡Ojos Melosos! —El pelinegro exclamó con reclamo—. Dañaste tu ángulo y...
—¡Kevin Mars, se me durmió el trasero y estoy cansada! —lo interrumpió muy molesta.
—¡Qué forma de hablar, Laura! ¡Qué vulgar!
Laura le tiró otro cojín y se paró del sofá echando pestes.
—¡Regresa, Ojos Melosos! —Kevin ordenó frunciendo el ceño—. No he terminado, aún.
Laura lo ignoró y se fue a la habitación. Kevin la siguió molesto.
—Ojos Melosos, ven a cumplir con tu palabra.
—No quiero, tarado. Eso es tortura y no me divierte. En la película se veía diferente, por lo menos, Jack no le exigía a Rose que dejara de respirar. —Se cruzó de brazos.
—¡Qué exagerada eres! Solo te dije que no te muevas, tienes que hacer un drama de todo.
—¡Ja! —Ella lo miró impresionada—. Me decías a cada segundo que no me moviera. No soy una estatua, Kevin Mars. Pervertido, ¿para qué quieres dibujarme desnuda?
—Para venderlo en el mercado negro —bromeó y Laura le lanzó una almohada.
—Deja de pegarme, sádica.
—Y tú deja de fastidiarme, Imbécil —dijo buscando una ropa que ponerse.
—¿Qué crees que haces? —Le arrebató la prenda de vestir.
—Kevin Mars, dame mi ropa. —Extendió su mano llena de ira.
—Ven por ella —la retó con una sonrisita que le hirvió la sangre a Laura. Él salió corriendo de la habitación y ella lo siguió echando chispas.
—¡Si te atrapo te mato, tarado! —Corría tras él arrugando el rostro. Kevin se detuvo y Laura se le tiró encima con ganas de matarlo. Él la cargó sobre sus hombros como si fuera un saco de papas y la puso sobre el sofá.
—Modela para mí, Ojos Melosos.
Laura lo pellizcó de la rabia, mas él se le tiró encima.
—Me la vas a pagar, Laura —dijo con tono seductor.
—¡Aléjate de mí, mal esposo! —Laura lo empujó con enojo. Él sostuvo sus muñecas y empezó a besar su cuello. Ella se removió para romper el contacto, pero Kevin empezó a besar y a tocar todo su cuerpo, entonces, ella cerró los ojos, rindiéndose a sus caricias y olvidando la razón de su enojo.
—Eres demasiado atrevido, Kevin Mars. —Laura estaba encima de él sobre el suelo. Ambos en pelotas y sudorosos.
—¿Atrevido yo? —Enarcó una ceja—. Solo te besé, sin embargo, tú me atacaste como gata en celo. Ni siquiera sé cómo llegamos a parar en el piso.
—Es tu culpa, tú me provocaste. —Laura sonrió y besó sus labios. Kevin acarició su cabello y ambos empezaron reír.
—¿Cuándo vamos a tener un bebé, Ojos Melosos? —Laura lo miró extrañada de su pregunta.
—No lo sé, pero es muy rápido. No tenemos ni un año de casados; aún estamos jóvenes, podemos esperar.
—Tienes razón. —Enlazó su mano con la de ella—. Pero tampoco vamos a durar mucho para tenerlo, siempre he soñado con una hermosa familia. Así que prepárate, porque me gustaría tener unos diez hijos.
—¿Diez hijos? —Laura preguntó espantada—. Tu abuela te va a parir diez hijos.
—¿Con quién te estás juntando que estás tan mal hablada? —Kevin la miró frunciendo el ceño.
—Contigo. —Besó su nariz juguetona.
—Ummm... Yo no hablo así, de todas formas, me parirás diez hijos.
—Sí, claro —contestó con sarcasmo.
***
Kevin estaba en su oficina cuando recibió una inesperada visita.
—No te guardo rencor, Jessica. Pero debes entender que lo que hiciste estuvo muy mal y fue peligroso. Soy tu primo, Jess, nunca podría verte con otros ojos.
—Lo sé, Kevin. —Jessica bajó el rostro avergonzada—. No supe cómo manejar mis sentimientos por ti. El psicólogo me dijo que mi problema es falta de afecto y atención. Pasé la mayor parte de mi vida en Europa sin el calor de mis padres. Cuando te conocí me enamoré al instante. En ese entonces, yo era muy pequeña y me caí porque resbalé con el suelo mojado, tú me ayudaste y me regalaste esa hermosa sonrisa. Tus ojos verdes se quedaron impregnado en mi mente y desde ese día tengo fantasías contigo. —Kevin se sonrojó—. No ese tipo de fantasías, tarado, solo tenía cinco años. Bueno, desde que tengo conocimiento del sexo, sí he tenido esas fantasías. —Jessica rio al notar la cara roja e incómoda de su primo.
—Deja de decir esas cosas, Jess, es muy desagradable. Eres como una hermanita para mí, no podría si quiera imaginar algo así.
—Lo siento —se disculpó conteniendo la risa, le entretenía el rostro escandalizado de Kevin—. Solo quiero que me perdones y que seamos amigos. Además... —Lo miró con timidez—, Ángel y yo necesitamos un favor.
Kevin la observó escéptico.
—Tenemos que presentar un proyecto al final del semestre, entonces, se nos ocurrió que tal vez, el mejor primo del mundo nos deje observar el trabajo que se hace aquí. Sabemos que en el estudio de fotografía hay varios diseñadores gráficos que retocan las fotografías y le dan el concepto y, bueno, hacen todo lo que nosotros necesitamos aprender y aplicar en el proyecto. ¿Nos dejarías venir y aprender, por favor?
Kevin dudó y se quedó pensativo un rato. Temía dejar que ella estuviera cerca de ellos, pero tampoco quería negarle el favor a su prima.
—Debo hablarlo con Laura, primero —respondió al fin—. Por cierto, tienes que disculparte con ella. Después de que te disculpes, le digo sobre lo que me acabas de pedir.
Jessica hizo como Kevin le dijo y Laura no se opuso a que ella aprendiera en el estudio. Claro, primero le leyeron su sermón.
Fue así como Jessica y su amigo iban dos veces a la semana a la galería de arte de Kevin y Laura.
Laura entró a la oficina de Kevin y la sangre se le heló al ver a Paloma. Se suponía que las dichosas lecciones habían terminado, entonces, ¿qué hacía ella allí?
—Hola, Paloma. —Laura la saludó fingiendo una sonrisa. Paloma le dio un beso en la mejilla que, por alguna razón desconocida, le heló la piel.
—Hola, Laura. Vine a solicitar los servicios de este grandioso compositor para que me ayude a componer algunas canciones. A mi padre se le ha ocurrido la gran idea de que me presente en varios teatros y que empiece a preparar canciones para grabar un sencillo. ¡Es una locura! —Se encogió de hombros—. Pero es difícil refutar a mi papá.
—Ya veo... —Laura contestó con desdén—. Eres muy buena, de seguro tendrás éxito.
—En especial si cuento con la ayuda de Kevin; él es muy bueno y experimentado —Paloma miró a Kevin con tanta coquetería que pareciera que lo dijo con doble sentido.
—Sí, él es muy bueno. —Laura le siguió el juego y le guiñó un ojo a Kevin. Éste le sonrió como tonto.
***
—Disculpa. —Jessica dijo recogiendo sus cosas.
—¡Oh, no, querida! —Paloma la miró con su perfecta sonrisa—. Discúlpame tú a mí, venía distraída. —La rubia la ayudó a recoger sus pertenencias—. ¿Eres nueva aquí? No te había visto antes.
—He venido desde que Kevin puso la galería, pero tenía mucho tiempo que no la visitaba. Estoy aprendiendo con mi amigo para un trabajo de la universidad. Kevin es mi primo y me deja estar en el estudio.
—¡Qué lindo! —Juntó sus dos manos con emoción—. Ustedes son primos, eso es tan tierno.
Jessica la miró como si fuera un bicho raro. No entendía qué tenía de especial el que fueran primos.
Kevin pasó por el frente de ellas y las saludó de lejos. Jessica se quedó mirándolo como tonta hasta que él desapareció de su vista.
—Oye... —Paloma movía sus manos frente a ella para sacarla de su ensoñación. Jessica se espantó como si despertara de un sueño y se sonrojó—. Por lo visto quieres mucho a tu primo. —Paloma comentó con una gran sonrisa.
—Sí... Él es muy especial para mí —respondió con añoranza—. Bueno, me tengo que ir. Fue un gusto conocerte...
—Soy Paloma —contestó sonriente—. Y, ¿cuál es tu nombre?
—Soy Jessica, es un placer. —Le sonrió con cortesía y se marchó. Paloma esbozó su particular y perfecta sonrisa.
—Que interesante... A la prima le gusta el primo...