Te amo 17
Cristian estaba de cumpleaños y la familia se reunió en la mansión de éste para celebrar.
—Gracias por el regalo, no debiste molestarte —contestó sonrojado frente a la hermosa pelirroja.
—No es una molestia, Cristian —lo miró con timidez. Cristian tomó su rostro entre sus dos manos y acortó la distancia entre ellos, provocando que su corazón se acelere.
—Cristian, aquí estás... —Paulo paró en seco al entender que había interrumpido algo importante—. Lo siento... —Los miró apenado— No fue mi intención interrumpir, ustedes sigan en lo suyo e ignoren que yo los vi... —dijo mientras retrocedía.
—¡Qué cosa dices, Paulo! —Cristian exclamó molesto—. No viste ni interrumpiste nada.
—No, Cristian, yo sé muy bien lo que vi. Pero no te preocupes, no le diré a nadie y pueden continuar, ya me voy. —Corrió fuera de la sala hacia el jardín trasero, donde estaban los demás.
***
—Ya verás que les gustarás —Claudia lo miró con dulzura.
—No sé, tu familia es muy adinerada y de estatus y yo...
Claudia lo calló con un beso y luego acunó su rostro entre sus dos manos.
—Tú eres un buen hombre. Eres mi hombre, el que escogí y a quien amo con locura. Deja de menospreciarte, ya verás que le caerás bien.
Ambos entraron a la mansión y se dirigieron al inmenso jardín donde estaban los demás reunidos. Claudia los llamó a todos y ellos la observaron con gran asombro al escuchar lo que dijo:
—Este es mi novio, Matthew Páez. —Ella lo señaló con su mano y luego lo abrazó por la cintura. Hubo un gran silencio. Todos observaban a Matt como si fuera una cosa rara y miraban a Claudia con gran asombro e incredulidad.
—¿La fiesta era de disfraces? —Paulo espetó mirando la extraña ropa de Matt. Clara le pegó con el codo disimuladamente.
—¿T-tu novio? —Pablo tartamudeó tratando de no decir una impertinencia que fuera a ofender a Matt que parecía ser un buen hombre.
Los ojos de todos estaban sobre el aludido, quien empezaba a sentirse incómodo. Jimena y Cecilia lo miraron de arriba a abajo, entendiendo a qué se refería su hermana cuando hablaba de él de forma despectiva.
A diferencia de los demás, Laura decidió romper con el momento incómodo. Se acercó a Matt con una sonrisa y le extendió la mano en forma de saludo y él le correspondió con cortesía.
—Mucho gusto, Matthew. Soy Laura, prima de Claudia.
—El gusto es mío, Laura. Por cierto, puedes llamarme Matt.
—Está bien, Matt. —Laura jaló a Kevin, sacándolo de su impresión. Ellos se presentaron y saludaron. Los demás hicieron lo mismo, acabando con el momento de tensión. Paulo y Pablo contuvieron las ganas de hacer sus chistes y bromas pesadas a Claudia por respeto a Matt; y bueno, Paulo más por la amenaza de Clara de dejarlo un mes sin nada de nada si se atrevía a proferir algún comentario extraño. Así que Paulo se pasó la mayoría del tiempo sin hablar para que no se le escape una de las de él.
—¡Vaya! —Pablo se acercó a Jimena con cara divertida—. Tu hermana es una caja de sorpresas. Por lo menos, ya no es una acosadora.
—Creo que superó esa etapa horrible. Estoy muy feliz de que haya conocido a ese hombre, él la ha ayudado mucho. Me siento mal con Claudia, estaba tan sumida en mis propios problemas que nunca noté lo horrible que la estaba pasando. ¿Puedes creer que estaba padeciendo anorexia y bulimia y nunca lo notamos?
—A mí siempre me dio la impresión de que era anoréxica. Se la pasaba obsesionada con su peso. Pero, ella era muy cerrada, además de que alejaba a las personas con su actitud y comportamiento. Aunque ahora está muy cambiada, mira que hacerse novia de un tipo tan extraño como ese tal Matt.
—Pablo —Jimena lo miró fulminante—, ten cuidado con lo que dices.
—No me mal interpretes. No me molesta que se vista tan extraño, es solo... que es difícil asimilar que Claudia esté con él. Sabes cómo es tu hermana, él no es el tipo de hombre de su gusto. Ella siempre ha sido muy superficial y frívola, pero, al parecer, ha cambiado mucho.
—Sí, tienes razón. Y eso me alegra y me da gran alivio. Amo a Claudia y quiero lo mejor para ella.
—Lo sé. —Pablo la miró con ternura—. Ustedes son muy unidas, eso es hermoso.
Ambos se miraron con intensidad y Pablo se acercó a ella lentamente, robándole un beso. Jimena sintió que su corazón saltó en su pecho. No sabía si corresponderle el atrevimiento o reclamarle. Estaba quieta sin saber cómo reaccionar. Pablo la tomó de la cintura, acercándola más a él y, l cabo de unos segundos, Jimena empezó a mover sus labios lentamente. El goce era increíble, extrañaba ese sabor, ese aliento, esos suaves labios que la enloquecían, pero no debía. Ya ella estaba con Jack y él con Ariadna. Jimena rompió el contacto y bajó el rostro.
—Pablo... no vuelvas a hacer eso, no está bien —reclamó temblando. Sus palabras no iban acorde con su voz.
—¿De verdad es lo que quieres? —Levantó su mentón y volvió a besarla. Jimena trató de alejarlo, pero las piernas le temblaban y la fuerza se le esfumó. Su respiración era rápida y un cosquilleo en su estómago se expandió por todo su cuerpo. Escalofríos la recorrieron y el deseo se apoderó de ella. Lo amaba, no podía negarlo. Sin embargo, ese amor le era dañino, era como un delicioso veneno que la destruía poco a poco. Pablo devoraba su boca como si no hubiera un mañana. Tenía que aprovechar el momento. ¡La necesitaba tanto!
—No, esto... no —Jimena se distanció con dificultad y temblores. ¿Qué era aquello? Lo miró a los ojos con tristeza. ¡Si tan solo él no la hubiera dejado! Si hubieran aclarado los malentendidos y perdonado los fallos. Pero era tarde para volver a empezar. Ella no le podía hacer eso a Jack y tampoco podía volver a confiar en él. Temía que todo volviera a ser igual que antes.
—Bien, tienes razón. —La miró con dolor en los ojos—. Pero no me voy a disculpar ni me arrepiento de hacerlo. Te amo y te deseo con locura y este beso fue muy especial para mí. Aunque, tienes razón. Tú estás con Jack, quien no te hará sufrir como lo hice yo. —Una lágrima recorrió su mejilla y él la secó al instante.
—Pablo... —Lo miró con pesar. Sus ojos azules brillaban con intensidad y lo escrutaban de una forma que lo hacía temblar—. Regresemos con los demás, no está bien que estemos aquí solos. —Jimena se apresuró en salir, mas él la jaló por la muñeca y la cubrió con sus brazos. Fue un abrazo fuerte, como si no quisiera que se fuera nunca, como si necesitara atrapar su esencia e impregnarla en su piel. No pudo evitar que las lágrimas recorrieran su mejilla. Acariciaba su rubia cabellera con ternura mientras le quitaba el aliento a Jimena con aquel delicioso y cálido abrazo.
—Te amo, Jimena —dijo entre lágrimas—. Lo siento tanto, Jim. Me arrepiento del todo el daño que te hice, todas las estupideces que te dije. Espero que me perdones, aunque no estemos juntos como pareja. Preciosa, yo siempre estaré aquí para ti. Te amo, pese a que lo entendí tarde. —Su llanto le rompía el corazón a Jimena. Nunca lo había visto en ese estado, nunca él se había mostrado tan frágil ante ella.
Jimena lo abrazó con fuerza hasta que él se calmó. Ella agarró su rostro con ternura y lo miró a los ojos.
—No te guardo rencor, Pablo. Yo ya te perdoné. Deja de torturarte y trata de hacer tu vida, así como yo estoy haciendo la mía.
Pablo asintió y secó sus lágrimas. Ambos salieron al jardín y el corazón de él se encogió al ver a Jack frente a ellos, quien los miró con sospecha, pero disimuló su incomodidad y se acercó a Jimena dejando un casto beso sobre sus labios; labios que Pablo había degustado minutos antes. Jack saludó a Pablo por educación y rodeó a Jimena con su brazo. No pasaron ni cinco minutos cuando Pablo se despidió de todos. No podía soportar ver a Jimena con él ni el dolor que le causaba el haberla perdido para siempre. Jimena lo vio irse con tristeza, su corazón lloraba, aunque disimulaba con una falsa sonrisa. Era inevitable no ser afectada por él, era difícil deshacerse de esos sentimientos tercos que se aferraban en su interior.
Matt estaba hablando con Cecilia por lo que Claudia aprovechó para acercarse a Kevin y Laura. Ambos se tensaron cuando ella los abordó.
—Hola, chicos —les saludó con timidez y ellos se miraron con escepticismo. Kevin la observó con recelo, temeroso de que ella se le lance encima o haga algún comentario imprudente—. Sé que les he hecho pasar momentos incómodos, por eso quería pedirles perdón. —Miró a Laura con pena—. En especial, a ti, Laura. Tal vez unas simples palabras como “lo siento” no sean suficientes para cubrir todo el daño que te hice. —Dos lágrimas rodaron por sus mejillas—. Deberías odiarme y mantenerme lejos de ti, fui muy malvada y no tengo palabras para expresar lo arrepentida que estoy por mi horrible comportamiento. Laura, ¿me perdonas?
Laura asintió entre lágrimas y ambas se sumieron en un intenso abrazo.
***
Claudia y Lisa entraron al concurso, después de tanta insistencia por parte de la primera. La competencia duraría un mes y medio. Ellas deberían escoger un concepto y un modelo, cosa que aún no tenían.
—Todavía estamos a tiempo para salir de la competencia. —Lisa propuso resoplando rendida al no tener ni idea de qué hacer.
—Por supuesto que no. —Claudia la miró fulminante—. Deberíamos hacer algo diferente. Ummm...
En ese momento Matt entró a la cafetería y Claudia se quedó mirándolo por un largo rato. Él se sentó a su lado y saludó a la chica, luego miró a Claudia con extrañeza.
—¿Todo bien? —preguntó con recelo.
—¡Tengo una idea! —Claudia espetó de repente, ganando la cara de sorpresa de sus acompañantes—. Nuestro concepto será “el Nerd”.
—¿El Nerd? —Lisa preguntó entre sorprendida e intrigada.
—Ummm... —Claudia pensó un rato—. Será: "El sexy y trendy Nerd".
—Vaya... suena muy bien.
—Haremos que un estilo extraño y opuesto a la moda, sea hermoso, moderno y llamativo. Nuestros diseños serán para el sexo masculino, así que necesitaremos un buen modelo que resalte la sensualidad de nuestras prendas —dijo emocionada.
—Eso suena muy bien y original —Lisa secundó—, pero... ¿Dónde conseguiremos al modelo?
Claudia miró a Matt con ojos de cachorro. Lisa dirigió su vista hacia él y ambas se miraron con emoción.
—¿Qué? —Él preguntó con sospecha.
—Mi amor, eres un afortunado. —Claudia lo miró con cara retorcida—. Serás modelo de las próximas ganadoras del concurso.
***
—No, no y no. —Matt se movía de un lado a otro en su apartamento, mientras que Claudia trataba de convencerlo.
—¡Por favor! —Ella juntó sus dos manos e hizo un puchero. Ya no sabía que más hacer para convencerlo. Ella y Lisa lo perseguían todos los días en la universidad para que él cambie su negativa, pero no lo habían logrado y ya tenían que empezar a diseñar.
—Ya te dije que no, deja de molestarme con lo mismo. —Se cruzó de brazos.
—¿Por qué no? No entiendo por qué no me quieres ayudar. Solo tienes que dejarte vestir y ya.
—No me gustan esas cosas... No quiero que me estén viendo con ropa raras...
—¡Es en serio! Llamas ropa rara a la ropa de este siglo. ¿Sabes qué? ¡Olvídalo! Buscaré a otro modelo. Gracias por nada, pero debes saber que esas cosas que no te gustan son parte de mí —dijo entre lágrimas—. Pero está bien. No me apoyes y sigue con tus extraños complejos. ¡Tú te lo pierdes!
Claudia tomó su bolso para marcharse, sin embargo, Matt la atrajo hacia él. Esbozó un suspiro de resignación y la miró con una sonrisa.
—Está bien. Seré tu modelo.
Claudia lanzó un grito que por poco lo deja sordo.
—¡En serio! —Saltó de la alegría—. ¡Gracias, mi amor! Te amo, te amo, te amo —repetía dejando besos sobre su rostro. Él la miró con algo de temor, tenía una sensación amarga en el pecho. Tal vez pronto se iba a arrepentir de su decisión, pero ver esa sonrisa en su rostro valía cualquier sacrificio.
***
—Jack... —Jimena balbuceó sobre sus labios—. ¿No vamos muy rápido? —Lo miró con preocupación y él se tensó. Ya tenían tres meses saliendo y no habían avanzado mucho en aquella extraña relación.
—No, Jimena —respondió un poco enojado—. A decir verdad, vamos lentos, no estoy acostumbrado a este tipo de relación —se quejó. Jimena lo miró con vergüenza y pesar, no entendía por qué se le hacía tan difícil avanzar en una relación con Jack.
—Lo siento..., aún no supero mi separación. —Bajó la mirada.
—¿No superas la separación o no puedes olvidar a tu ex? —La confrontó con la mirada.
—Ya no tengo ese tipo de sentimientos por Pablo.
—¿Entonces? Déjame acercarme y traspasar esas barreras que has puesto entre los dos. Déjame ser ese hombre que robe tus suspiros. —Jack la abrazó y la empezó a besar con pasión. Ambos estaban en la casa de Jimena, sentados en la sala. Él la estaba visitando muy seguido, debido a que Pablo se aparecía allá los fines de semana y eso a él lo irritaba.
—Jack... Adrián está aquí... —Trató de ser amable. Jack respiró y miró al niño, quien jugaba en el piso.
—Él es pequeño, Jim. Además, está muy entretenido.
—No, Jack. No me besaré contigo frente a mi hijo, es raro.
Jack respiró profundo.
—Bien, entonces te invito a cenar a mi apartamento esta noche. Nos vemos a las ocho —dijo con tono molesto y se marchó.
***
Jimena estaba nerviosa. Temía ir a esa cita con Jack porque sabía que la iba a presionar para que se acueste con él, cosa que ella no quería.
La velada fue muy romántica y especial, puesto que Jack sabía cómo impresionar a una mujer con detalles. Él había preparado una mesa muy elegante con velas, rosas, champagne y una deliciosa cena con música lenta de fondo. Después de cenar, se sentaron en un sofá que había en el balcón, disfrutando de una vista espectacular mientras degustaban una copa de la exquisita bebida.
Jack acarició la mejilla de Jimena con dulzura y la besó. El beso comenzó lento, pero al cabo de unos segundos se intensificó. Jimena temblaba de los nervios. No se sentía lista para estar con él. El rubio empezó a subir su vestido sin dejar de besar su cuello con pasión y deseo. Se puso encima de ella devorando su clavícula, sus besos fueron bajando, pero cuando iba a atacar sus pechos, Jimena lo paró en seco.
—¿Qué sucede? —preguntó confundido.
—Lo siento, Jack. —Lo miró llorosa.
—¡Rayos! —Él apretó sus labios con ira—. Es él, ¿cierto?
—No... es que no... me siento lista para esto, Jack.
—¿Es tan difícil? No entiendo que tiene ese imbécil que las vuelve locas a todas. Te hizo sufrir, Jim. Él no merece tu amor, es más, él no merece ni que lo trates. Ni siquiera deberías dejar que vaya a tu casa, si quiere ver a su hijo que lo mande a buscar. No quiero que lo vuelvas a ver, Jim, él te hace daño y no es un buen ejemplo para el niño. Es un alcohólico que está echando a perder su trabajo en la empresa.
—Él nunca ha ido a visitar al niño borracho, Jack. —Jimena se cruzó de brazos—. Además, esa es mi casa, recibo a quien quiera allá. Deja de tomarte atribuciones que no te corresponden; Pablo es el padre de Adrián, no voy a negarle la visita.
—Claro, el padre de Adrián. —Negó con ironía—. Es solo una excusa para verlo. Todavía tienes sentimientos por él, Jim, deja de mentirme y mentirte a ti misma.
—Jack, si lo que te doy no es suficiente y si te vas a entrometer en los asuntos de mi hijo y su padre; entonces, esta relación no tiene ningún sentido. No voy a volver a caer en lo mismo. No te estoy comparando ni diciendo que serás como Pablo, pero, yo no dejaré que tú ni nadie me presione a hacer cosas en contra de mi voluntad o percepción, solo para mantener una relación. Si quieres estar conmigo tienes que estar dispuesto a ser paciente y entender que no estaré lista con las piernas abiertas solo porque lo pidas. Necesito tiempo para sanar —dicho esto salió del apartamento. Jack se quedó en el mismo lugar y sin decir palabras. ¿Estaría dispuesto a aceptar las condiciones de Jimena?
***
Pablo estaba tirado frente a su apartamento, había bebido tanto que se quedó dormido antes de entrar. Ariadna abrió la puerta para ir a trabajar y puso cara de hastío al verlo allí tirado.
—Pablo. —Empezó a removerlo con sus pies—. Oye... ¡Qué bochorno! Levántate de ahí antes de que te vea algún vecino. Pablo... —Se atrevió a patearlo. Él abrió los ojos con dificultad y se levantó tambaleándose. Después de algunas caídas, pudo entrar al apartamento con la mirada de disgusto de Ariadna, quien no se molestó en ayudarlo a entrar. Ella se fue echando pestes y Pablo se tiró sobre el sofá. Ese sería otro día sin ir a trabajar.
Era muy tarde de la noche y Pablo se levantó del sofá. Sentía que le estallaría la cabeza y las náuseas le revolvían el estómago, no podía creer que había dormido el día entero. Se dio un baño y buscó alcohol, pero al parecer, no quedaba nada. Empezó a temblar ante la necesidad de beber por lo que salió del apartamento a buscar aquel líquido que lo había esclavizado.
—Gracias por la deliciosa noche, Babe. —Pablo escuchó, al parecer alguien estaba frente a su puerta. Esa voz con acento extranjero se le hacía familiar—. Eres muy ardiente, Ari, pero demasiado arriesgada. ¿Cómo se te ocurre traerme aquí?
—¿Vas a entrar o no? —Reconoció la voz de ella, esos sonidos se escuchaban lejos, pero sabía que eran reales—. Él se la pasa borracho, no se dará cuenta. Vamos a repetir lo de hace rato, ya me dieron ganas otra vez.
—¿Estás segura? No quiero morir ahora, todavía me falta mucho por vivir and enjoy. Muchas mujeres hermosas por probar. Latinas, hot latinas...
—Será muy emocionante hacerlo en la cama con Pablo ahí, ven te va a gustar, guapo.
Ambos entraron de puntitas y miraron a Pablo por unos segundos, quien estaba tirado en el sofá cerca a una botella de alcohol vacía yacía en el suelo. Ella con cara de pervertida y él con pesar. No le gustaría estar en sus zapatos.
Se dirigieron a la habitación y empezaron la acción, mientras que Pablo yacía sobre el sofá sumido en los efectos del alcohol.
Pablo amaneció en el sofá. Abrió los ojos y el dolor de cabeza fue su saludo de buenos días. Las náuseas lo hicieron vomitar allí mismo, dado que no tenía fuerzas para pararse.
—¡Asco! —Ariadna lo miró con disgusto y desprecio—. ¿Cómo te atreves a vomitar ahí? Eres un asqueroso irresponsable. Ni creas que voy a limpiar tu desastre.
—Ariadna... —balbuceó con dificultad—. Me siento muy mal... ayúdame... tengo mucho frío.
—¡Guácala! —Lo miró con asco—. Ni loca me acerco a tus inmundicias. Tú busca la manera de pararte de ahí y bañarte, pareces un mendigo.
—Ariadna... por favor... —rogaba con voz débil. Ariadna salió del apartamento sin importarle el estado de Pablo.
Una hora después, la mujer de servicio llegó y casi salta del espanto al ver a Pablo ahogándose en su propio vómito y convulsionando, con la piel pálida y helada.
***
—¡¿Que Pablo qué?! —Genaro saltó de su escritorio cuando lo llamaron del hospital. Salió casi corriendo de la oficina mientras tecleaba en su celular.
—¿Qué pasó? —Kevin entró a la sala de espera preocupado. Allí estaban Cristian, Diana y Genaro.
—Pablo tuvo una intoxicación por alcohol. —Genaro respondió con lágrimas en los ojos—. No entiendo qué hicimos mal. Nosotros criamos a nuestros hijos con principios y valores, tratamos de estar con ellos a pesar de la gran demanda de tiempo que teníamos en la empresa. Pablo no era un santo, sin embargo, siempre había sido un muchacho educado y con buenas costumbres; inclinado al deporte y a la vida saludable. Resaltaba como el mejor en su clase y desde muy joven se había destacado en los negocios; no entiendo cómo pudo caer tan bajo. Esa maldita ramera destruyó a mi hijo. No la quiero en la empresa, Cristian. No quiero a esa mujer en nuestras vidas.
—¡Cálmate, Genaro! Como padre entiendo tu preocupación, mas no podemos echarla sin una buena justificación. Buscaremos la forma de que esa mujer salga de nuestras vidas, pero ahora lo más importante es que Pablo se recupere y no vuelva a tomar alcohol.
—Entonces, él no puede volver con esa mujer. Ella fue quien le dio bebida alcohólica. ¡Estúpido! ¿Cómo pudo dejarse embaucar por esa desgraciada? No entiendo qué fue lo que engendré.
—Es mejor que él se quede con ustedes y así lo supervisan, mientras vemos la forma de que esa mujer abandone el apartamento de Pablo y le devuelva sus tarjetas de crédito. Está despilfarrando su dinero. —Cristian aconsejó mirándolo con pesar.
—Yo se lo advertí. —Kevin comentó con frustración—. No entiendo cómo pudo dejar a su esposa por esa basura. Si esa mujer amaneció con Pablo, ¿cómo rayos ella no notó su condición?
—Según la señora del servicio, él estaba tirado en el sofá ahogado en su propio vómito. —Diana dijo con lágrimas en sus ojos y voz débil.
—¡Dios! No quiero imaginarme que hubiera pasado si esa mujer no hubiera llegado en ese momento. —Kevin se lamentó aturdido.
—Hubiera muerto. El doctor dijo que su condición es muy delicada. Ha estado bebiendo todos estos días sin alimentarse. ¿Puedes creerlo? Y esa mujer no hizo nada. —Genaro se quejó apretando los puños de la impotencia.