Te amo 15
—Chicas, hay algo que debo decirles. —Claudia las miró nerviosa. Estaban en un café de un centro comercial; era sábado y Pablo se llevó a Adrián a casa de sus padres, dejándole el día libre a Jimena.
—Habla, ya, Clau. Me tienes nerviosa. —Cecilia se quejó impaciente.
—Chicas, tengo novio —tiró emocionada y con un brillo especial en los ojos. Cecilia y Jimena se miraron preocupadas.
—¿Un novio? —Jimena preguntó incrédula.
—Sí... —Claudia las miró apenada.
—Pero... —Cecilia no sabía cómo indagar sin ofender a su hermana—. ¿Es un novio de verdad? Lo que quiero decir es... cómo decirlo... ¿Él te corresponde?
Claudia sonrió y luego estalló de la risa. Jimena y Cecilia la observaron más preocupadas aún.
—Chicas, sé que he creado una mala fama con las relaciones, pero les aseguro que esta vez es real. No estoy acosando a un artista ni estoy jugando con los sentimientos de nadie. Tengo un novio de verdad... Estoy enamorada y fue él quien se me declaró y me pidió que sea su novia.
Jimena y Cecilia se miraron con asombro. ¿Claudia enamorada? Nunca había visto a los hombres con seriedad. Solía conquistar algún que otro chico, para luego romperle el corazón. Otras veces, se había obsesionado y acosado a hombres con inclinación al arte. Según el terapeuta al que tuvo que asistir por obligación, ella los asociaba con su madre, quien era artista plástica y la abandonó cuando cumplió los seis años de edad. En cuanto a su odio a los hombres, era un misterio que ella no estaba dispuesta a revelar.
—¡Vaya! ¡Felicidades! —Jimena sostuvo sus manos con emoción.
—¡Espera! —Cecilia exclamó como descubriendo algo—. ¡Lo sabía! Es el profesor del que tanto te quejabas, ¿cierto? ¡Oh Dios! Entonces, es real.
—¡Claro que es real! —Claudia contestó frunciendo el ceño—. Ese hombre supo conquistarme sin tener intención de hacerlo. Me siento muy bien con él y lo amo como nunca pensé podría amar a alguien.
—¡Qué emoción! —Jimena espetó llena de felicidad—. Quiero conocerlo. Ese hombre es un héroe. —Todas rieron.
***
—¡Estoy tan enamorada! —Una chica morena exclamó. El grupo de amigas estaba en el jardín hablando de sus experiencias amorosas.
—Me alegro por ti, Kat —Paloma la felicitó con su inigualable sonrisa perfecta—. Entiendo lo que dices, yo también estoy muy enamorada. ¡Mi nuevo novio es tan lindo! Es súper guapo y muy artístico. No te imaginas lo bien que combinan nuestras voces cuando cantamos.
—¡Guau...! —una de las chicas exclamó con un suspiro—. ¡Felicidades Paloma! No sabíamos que tenías novio.
—Sí, es que es reciente. Miren lo guapo que es. —Mostró una foto y todas suspiraron ante la imagen.
—Pero ¡qué bizcochito! Hasta parece modelo. ¿Segura que es real y no sacaste la foto de internet?
—¡No soy tan inmadura! —Paloma se quejó frunciendo el cejo.
—Es que está demasiado bueno para ser cierto. —La morena exclamó observando la foto.
—Sí, es la fantasía de cualquier mujer. ¡Qué suertuda eres, Paloma! Deberías decirme dónde frecuentas, a ver si yo también encuentro un muñeco así. ¡Qué atractivo! —Una pelirroja enunció saboreándose la boca.
—Sí, mira esos hermosos ojos verdes. Esa mirada es tan penetrante y esos labios...
—¡Oigan! —Paloma se quejó molesta—. Recuerden que es mi novio. ¡Atrevidas!
Todas rieron al ver la cara roja que puso su amiga.
***
—No sé por qué estudias esta carrera, ballena. Eres una basura sin ninguna habilidad. El diseño de modas es para personas atractivas y que saben cómo combinar su ropa, no para una cosa rara como tú. —Nicole, una chica rubia y muy hermosa, le reprochaba a Lisa con sorna mientras la rodeaba de forma intimidante junto a su grupo de amigas. Lisa tenía la mirada baja y luchaba por no llorar. No podía evitar que esas palabras la dañaran.
Claudia estaba oculta detrás de una pared que estaba opuesta a las chicas, quienes se encontraban detrás de la facultad, en un gramoso patio rodeado de árboles. Claudia apretó los puños al escucharla, pero no quería intervenir, deseaba que aquella chica aprendiera a defenderse como ella hizo cuando era una niña. Claro, ella de víctima, pasó a ser abusadora ya que su forma de defenderse del acoso, fue convertirse en acosadora. Esa chica tímida e insegura le recordaba a su prima Laura, a quien sabía tendría que pedirle perdón por todo el abuso y acoso que recibió de su parte. Ella se ensañó con ella desde el primer día que Laura pisó la mansión. Las burlas, humillaciones y golpes nunca eran suficientes para apagar el odio que le tenía sin ninguna razón.
Claudia no soportó más el abuso. La furia quemaba su ser, pero esta vez haría algo más inteligente que ofender.
—¡Hola, chicas! —Salió de su escondite de repente, provocando gran espanto en el grupo de alimañas.
—Maestra Gutiérrez... —Nicole murmuró nerviosa.
—¡Eres una inmadura, Nicole! —Claudia espetó—. ¿Te sientes mejor contigo misma al humillar a otra persona? Pues, déjame decirte que lo único que demuestras con ese comportamiento es, lo carente e insegura que eres. Pero ni yo soy psicoanalista ni tú me estás pagando una consulta. Resolvamos esto de otra manera. —La miró desafiante—. Dices que Lisa no debe ser diseñadora por su apariencia, sin embargo, ella diseña mejor que tú. Hagamos algo —propuso maliciosa—: hay un concurso el próximo mes entre alumnos, donde pueden ser ayudados por un profesor. Escojan un maestro y concursemos. Veamos si Lisa puede ser diseñadora o no. ¿Qué dicen?
—No necesitamos concursar, eso es ridículo. —Nicole contestó haciendo una mueca.
—¿Qué? ¿Tienes miedo? —Claudia la miró con desafío.
—¡Claro que no! Nosotras ganaremos. Buscaremos a Gómez que es la mejor maestra de diseño de modas de la universidad.
Las chicas se marcharon con arrogancia y Lisa se acercó a Claudia.
—¿Por qué hizo eso? Quedaremos en ridículo. La maestra Gómez es muy buena...
—¿Perdón? —Claudia cuestionó ofendida—. ¿Qué insinúas, mocosa?
—No me mal interprete, no es por usted, es por mí... —Bajó la mirada.
—¿Qué no escuchaste lo que dije? —Entornó los ojos—. Eres mucho mejor que todas ellas juntas. En cuanto a la tal profesora Gómez, es una anticuada que no diseña para este siglo. Nosotras ganaremos —afirmó con un brillo especial en los ojos.
***
—Profesor Páez, ¿me invita un café? —Gómez se le acercó coqueta. Él estaba sentado en la cafetería leyendo un libro. Ana Gómez, era una mujer de unos treinta y cinco años, soltera y sin hijos. No se podía negar su atractivo y gran inteligencia. Llevaba varios años enseñando en la universidad diseño de modas y administración de empresas, dos carreras muy diferentes, pero en ambas era muy buena. No contaba con gran estatura, mas tenía caderas amplias. Su cabello negro le llegaba por encima de los hombros y sus ojos eran marrones oscuros. No era un secreto la gran atracción que sentía por Matt, pese a que él nunca les había correspondido a sus insinuaciones.
Matt le brindó el café y ambos conversaban a gusto cuando Claudia entró a la cafetería; la sangre le empezó a hervir al ver a Gómez coqueteándole de forma descarada a su novio, aunque ella no sabía nada de la relación entre ellos.
—Hola, Matt. —Claudia se paró frente a él con una sonrisa maliciosa.
—Gutiérrez, usted es muy irrespetuosa. —Gómez espetó—. ¿Cómo se atreve a llamar al profesor con tanta confianza?
—Y según usted, ¿cómo debo llamarlo? —preguntó satisfecha con la situación.
—Por su apellido —respondió con desafío en sus ojos—. Que él le haya dado su amistad por lástima, ya que aquí nadie la soporta, no quiere decir que se aproveche de la situación. ¡Impertinente!
Matt estaba helado y miró a Claudia temeroso de su reacción; pero contrario a lo que él esperaba, Claudia sonrió ante la anticipación de que iba a disfrutar ese momento. Ella se sentó al lado de su novio y besó sus labios. Los ojos de Gómez casi salen de su lugar.
—Amor, ¿no te gusta que te llame Matt? Entonces, prefieres algo más íntimo, como... osito de peluche, o algodón de azúcar... ¿Cómo quieres que te llame, cariño? —preguntó llena de maldad mientras le acariciaba la mejilla.
—Llámame como quieras, Claudia, siempre y cuando no me digas “orangután cavernícola”. —Ambos rieron bajo la desconcertada mirada de Gómez.
—¿Q-qué está pasando aquí? —Gómez tartamudeó abrumada.
—¿A qué se refiere? —Matt preguntó confundido.
—¿Qué es toda esa confianza? —interrogó con reclamo.
—Podemos tener toda la confianza que queramos, no es su asunto. —Claudia contestó airosa, realmente disfrutaba ver la cara de desconcierto de su rival.
—No estoy hablando con usted, Gutiérrez. Tome su lugar y deje de ser tan atrevida, es una lanzada irrespetuosa, le prohíbo que vuelva a tocar a Páez. Él es un hombre respetado y admirado en este lugar, deje de ser tan descarada.
—¿Descarada yo? Usted está dolida porque mi Matt hace conmigo lo que nunca ha hecho ni va a hacer con usted. La que debe ponerse en su sitio es usted. Detrás de hombres ajenos, debe darle vergüenza, señora.
—¡Qué atrevida! —exclamó escandalizada—. Yo no estoy detrás de Páez como usted. Tampoco quiera hacerme ver como a una lanzada desesperada.
—Pues, tome su lugar y respete.
—Mi amor, ya basta. —Matt intervino—. Dejen de dar espectáculos.
—¿Cómo la llamaste? —Gómez reclamó emanando chispas—. ¿Por qué la llamas así? No me digas que caíste tan bajo. ¿Cómo pudiste hacerme esto?
—¡Ya basta, maestra Gómez! —Matt la confrontó—. No permitiré sus insultos ni reclamos. No le he dado motivos para que me reclame nada, siempre la he tratado como una colega y nada más. Así que le voy a pedir que cuide la forma en que se dirige a mí o a mi novia, porque debe saber, que Claudia Gutiérrez y yo estamos en una relación.
La mujer se puso de pies mirándolos incrédula y decepcionada. Posó su mirada sobre Claudia con odio y se marchó disgustada. Se juró que esa descerebrada se la iba a pagar.
***
—No te vayas aún, Jim —Jack la agarró por la muñeca.
—¿Me invitarás a almorzar, otra vez? —Jimena enarcó una ceja. Ya había terminado su rutina y duchado. Por lo regular, ella se iba antes que él y rara vez se quedaba hasta que Jack terminara.
—Eso es una buena idea. —La rodeó con sus brazos.
—Lamento decepcionarte, pero hoy no podré. Tengo cosas que hacer.
—Por lo menos quédate un rato más, quiero presentarte un amigo. Por cierto, Jimena, sé que no llevamos mucho tiempo saliendo, pero nunca me has hablado de tu ex.
Jimena se tensó. En ese momento alguien captó la atención de Jack.
—¡Aquí estás! —exclamó emocionado. Jimena se quedó helada al ver a Pablo venir hacia ellos.
—¿Jimena? —Pablo preguntó con gran asombro.
—¿Pablo? Al parecer viniste. Ya verás que te encantará el lugar. —respondió temblorosa. Cuando le recomendó el gimnasio a su ex, olvidó el pequeño detalle de que su enamorado se entrenaba allí.
—¿Se conocen? —Jack preguntó con curiosidad.
—Sí... —Jimena contestó en un susurro.
—Pero ¡qué pequeño es el mundo! —Jack expresó abrazando a Jimena por la cintura. Pablo lo miró con asombro por su atrevimiento—. ¡Qué tonto soy! Si sus familias tienen negocios juntos. Es obvio que se conocen. Mira, Pablo, ¿no es la mujer más hermosa del mundo?
—Jack… —Pablo lo miró fulminante—. No sabía que tú y Jimena fueran tan cercanos.
—Pablo, te presento a la mujer que se robó mis suspiros. —Jack expresó con gran orgullo y luego dejó un beso sobre la mejilla de Jimena, provocando un extraño malestar en Pablo.
—¿Qué rayos dices? —profirió escéptico.
—Tú y tus bromas, amigo. —Jack sonrió malicioso—. Jimena y yo estamos en una relación. —Jimena casi sufre un paro cardíaco. No podía articular las palabras, así que mejor se quedó callada, observando a Pablo con nerviosismo.
—¡Me estás jodiendo! —Pablo no pudo disimular. Su corazón latió a mil y su respiración se agitó. Eso no estaba pasando.
—No, es en serio. —Jack respondió con toda serenidad—. Jimena es la dueña de mi corazón.
—Entonces, tu corazón es muy amplio con tantas dueñas. —Pablo contestó con mirada asesina.
—No digas tonterías, Pablo. Jimena es la única mujer en mi vida.
—Sí, claro. Eso le dices a todas. ¿Le contaste que tienes toda una lista de las chicas que desfilan por tu cama?
—No. Porque a la única que quiero tener en mi cama es a mi preciosa rubia tropical.
—¡Qué rayos dices! —Pablo se acercó desafiante, la ira empezaba a dominarlo y estaba perdiendo la cordura.
—¡Pablo, por favor! —Jimena intervino.
—¿Tan rápido me superaste? —La miró con reclamo—. ¿Tan rápido me buscaste reemplazo?
—Pablo, no seas tan cínico. —Ella replicó con tristeza.
—¡Vaya! ¡Esto no está pasando! —Pablo meneó la cabeza con una sonrisa irónica.
—Esperen... —Jack miró a Jimena y luego a Pablo—. No me digan que ustedes... ¡Oh Dios! Jim, ¿Pablo es tu ex? —fingió sorpresa.
—Sí, soy su ex, el padre de su hijo. —Pablo contestó por ella mirando a Jimena con decepción y dolor. Sabía y esperaba que ella tendría que continuar con su vida y conocer a alguien, pero no es lo mismo llamar al diablo que verlo venir.
—No sé la razón de su divorcio, pero lo siento por ti, dejaste ir a una gran mujer. Claro, sería un hipócrita si dijera que no me alegra que se hayan divorciado. Créeme, yo no haré lo mismo que tú —lo confrontó malicioso, como si estuviera disfrutando el momento.
Pablo lo miró con ganas de matarlo. Las manos le temblaban al desear estrellarlas contra su rostro sonriente. Ya era un hecho. ¡La había perdido!
—Jimena, ¿esto no es una broma? ¿De verdad estás con él? —Pablo preguntó con una mirada que daba pesar.
—Estoy con él, Pablo.
—¿Cómo puedes estar con alguien por despecho? ¿Es tan difícil estar sola un tiempo?
Jimena dejó salir una risa irónica como forma de controlar la rabia. No podía creer lo cínico que era ese hombre.
—¡Eres un maldito canalla! Te crees demasiado, Pablo. Yo no necesito a nadie para olvidarte porque para mí no eres nadie, imbécil, cretino. ¿Quién te crees que eres? Tú te enredaste con esa víbora mientras estábamos casados. No bien nos habíamos divorciado y ya ella estaba viviendo en tu apartamento, y, ¿tienes la desfachatez de reclamarme que esté saliendo con Jack? ¡Maldito egoísta! Debes saber que no necesito un hombre para sentirme bien conmigo misma; no sé si te has fijado, pero estoy mucho mejor que cuando estuve contigo, eso es una prueba de que me basto yo misma para ser feliz y salir adelante. Y si estoy con Jack es porque me gusta y me da la gana. Yo también tengo derecho a divertirme. —Esta última frase la dijo con doble sentido y una sonrisita maliciosa.
—¡Eres un idiota, Pablo! —Jack espetó con disgusto—. ¿Dejaste a Jimena por otra mujer? Te creí más inteligente. Debes saber, amigo que, yo la cuidaré muy bien y no cometeré tal atrocidad.
—¡Tú, cállate! ¡Nadie ha pedido tu opinión! Solo eres un aparecido. No me vengas con clases de moral porque no eres precisamente un angelito. Conozco tus andanzas y tus malas intenciones. Hasta raro se me hace que quisieras que conozca a tu nueva conquista, ya que siempre las mantenías a distancia de mí porque temías a que ellas pierdan el interés en ti, como lo hizo la tipeja que me presentaste. ¿Te estás vengando, Jack? ¿Por eso te metiste con Jimena?
—¡No digas pendejadas, Pablo! ¡No soy un inmaduro! —Jack rascó su nariz de la impotencia—. Yo no soy tan patán como tú. Nunca dañaría a Jimena por una estupidez como esa. La conozco desde que éramos unos chiquillos y la admiro y aprecio demasiado como para caer tan bajo.
—¡Sí, claro! —Pablo peinó su cabello de la rabia—. Estaré atento, Jack. No permitiré que le hagas daño a mi mujer.
—¡Tú mujer! —Jimena lo confrontó perdiendo la paciencia—. Yo dejé de serlo cuando pusiste a esa tipa por encima de mí. —Las lágrimas llenaron sus ojos. Jimena empezó a avergonzarse al percatarse de que las miradas de los presentes estaban puestas sobre ellos.
—No digas eso, Jim —Pablo negó con tristeza—. Nunca he puesto a Ariadna por encima de ti, yo... ella... solo fue... ¡Olvídalo! Tú ya estás con éste y por lo visto yo no significo nada en tu vida.
—Exacto, Pablo. —afirmó con seguridad—. No significas nada en mi vida.
Pablo la miró con una intensa tristeza y luego se dirigió a Jack:
—Espero que la disfrutes y les deseo lo mejor —dicho esto, salió como alma que lleva el diablo. Jimena dejó escapar esas lágrimas que tanto luchó por retener y Jack la miró con preocupación.
—Jim, te juro que no estoy jugando contigo. De verdad me gustas y quiero algo serio. —Limpió sus lágrimas.
—No te preocupes, Jack. Ya nadie puede hacerme daño. Simplemente, no le daré ese poder ni a ti ni a nadie.
***
Pablo llegó a su apartamento echando chispas. No iría a la empresa ese día, puesto que no tenía ganas.
Pablo abrió los ojos mareado. Ya había anochecido y al parecer, se había quedado dormido después de la tercera botella de whisky. Los ojos le ardían y las náuseas le provocaron ganas de ir al baño a vomitar. Aunque solo vomitaría los líquidos gástricos, gracias a que no había comido nada en todo el día. Abrió la ducha y con todo y ropa se metió debajo de ésta. El agua fría lo hizo temblar y entonces un chillido se escuchó en todo el baño. ¡La había perdido! Las palabras de Jimena rondaban su mente, cual cruel tortura.
—¡Soy un idiota! —gritó entre lágrimas que se mezclaban con el gélido líquido. Era increíble que lo que meses atrás parecía su esclavitud, se convirtió en su anhelo y razón de sufrimiento.
Pablo se cambió la ropa mojada y se acostó. Empezaba a cerrar sus ojos cuando escuchó que la puerta se abrió, pero se sentía demasiado débil para levantarse.
—Pablo. —La voz molesta de Ariadna hizo que abriera los ojos con hastío—. No sabes lo preocupados que estábamos todos en la empresa. ¿Por qué rayos no contestaste tu teléfono? Te llamamos tanto al celular como a la línea del apartamento y no contestaste. ¿En qué rayos pensaste al faltar a la empresa y dejar todas tus reuniones y trabajos tirados?
Pablo se apretó la sien por el dolor de cabeza.
—Deja la cantaleta —demandó indiferente—. Me vale la empresa y las estúpidas reuniones. Lárgate de aquí, quiero estar solo.
—Mi amor —cambió el tono de voz—, perdón. Es que me preocupé mucho por ti. —Se acercó a la cama con una sonrisa de satisfacción al notarlo tan débil y expuesto, esta sería su oportunidad de formalizar lo que sea que ellos tuvieran en ese momento.
—¿Qué quieres de mí, Ariadna? —Pablo preguntó con tristeza y con la esperanza de encontrar consuelo.
—Pablo, sabes muy bien que estoy enamorada de ti. Eres el hombre de mi vida, —Besó sus labios. Pablo se quedó quieto y con la mirada perdida. Dos lágrimas rodaron por sus mejillas, la sensación de resignación había cubierto su pecho. Él se lo merecía. Todo aquello era la consecuencia de sus actos.
—Ya escogí... ¿Tengo otra opción?
La chica lo miró confundida y empezó a besar su cuello mientras lo desnudaba. Pablo no reaccionó a sus caricias. Se quedó quieto como si estuviera perdido en el limbo. Entonces, ambos estaban desnudos y sudorosos, ella encima de él con gran alegría. Pablo dio un suspiro con sus ojos cerrados.
—Jimena... —balbuceó antes de ver total oscuridad.
Los rayos del sol que se colaban por las ventanas molestaron sus ojos. Los abrió lentamente y el malestar era insoportable, sentía que la cabeza le estallaría, le dolía el estómago y estaba mareado. Poco a poco se hacía consciente de su realidad, entonces, se espantó al verse completamente desnudo y a Ariadna moviendo las cortinas de las ventanas para que la luz del exterior llenara la habitación. Apretó su cabello con fuerza al verla con su camiseta puesta y esa sonrisa de victoria y satisfacción que helaba sus huesos.
—Qué rayos... —balbuceó ido y abrumado, entonces los recuerdos de la noche anterior lo golpearon de repente. ¡Cómo pudo ser tan débil y caer en los brazos de esa loca! ¡Ahora sí se le haría más difícil librarse de ella! No podía creer el grado de su estupidez.
Autora: Pablito clavó un clavito, un clavito clavó Pablito.