La Ruleta del Amor (Segunda Parte)
• El escape de Milagros.
Diego decidido a formalizar su relación apenas amaneció llamó a un joyero conocido suyo para que le vendiera el más hermoso anillo que pudiera tener su amada, el joyero asombrado por tan particular solicitud le ayudó a escoger el anillo más delicado y mejor elaborado de toda la joyería, algo tan hermoso y bien elaborado que fuera capaz de mostrar solo con verlo todo el amor que podía sentir el hombre que estaba entregando esa joya. Después de esto fue a la misa dominical para después ver a Milagros y pasar el domingo junto como de costumbre lo hacían, se encontró con un espacio vacío, preocupado fue hasta donde Sor Evelyn para preguntarse sobre Milagros, fue entonces cuando esta le entregó el sobre con una carta explicándole su huida y pidiéndole encarecidamente que por favor leyera cada una de las palabras del informe en el que se explicaba su verdadero origen.
Las palabras en la carta de Milagros fueron como una patada en el corazón de Diego: -“Aunque siento que te amo como jamás consideré amar a nadie en mi vida, siento con esto que he descubierto que no soy lo suficientemente buena para estar a tu lado y a tu altura, siento que no te merezco, ni merezco tu amor, por eso prefiero apartarme, porque nunca seré alguien como para estar al lado de alguien como tú y tu familia”-. Desesperado por aquellas palabras, leyó todos los informes, sentado al costado de la capilla en la que cada domingo iban a misa, y mientras leía con detenimiento cada palabra que decía el informe, lloró sintiendo el dolor que pudo haber experimentado ella al leer todo el contenido de ese informe. En ese momento Sor Evelyn se le sentó al lado en forma de consuelo, al verlo tan compungido, él entre sollozos le pidió que por favor le dijera en donde estaba ella porque iría a buscarla así fuera hasta el fin del mundo; él no dejaría de estar con ella por un pasado del que ella no tenía culpa, ni mucho menos nada que ver, él le daría una nueva familia a Milagros, una nueva vida llena de amor, por lo que ella no estaba sola, ni desamparada, él sería para Milagros todo lo que ella necesitaría para ser feliz en el futuro.
Sor Evelyn conmovida por las palabras de Diego, le pidió que por favor entendiera que quizás ella necesitaba tiempo para comprender toda esta nueva información, por lo que le aconsejó tener paciencia, ya que quizás en un par de días ella vería todo con más claridad, él comprendiendo el consejo de Sor Evelyn se fue a su casa y se encerró en su cuarto, con el deseo sincero de que Milagros se sintiera bien, sentía que quería abrazarla, apoyarla, envolverla con todo su amor, por lo que él no podía dejar de llorar queriendo estar a su lado.
Por su parte Milagros estaba en aquel claustro orando para que el alma de su madre y de su abuela hayan conseguido la luz de Dios, por momentos sintió todo el dolor que ambas pudieron haber sentido antes de morir y se compadeció de ellas, después de tanto llorar se durmió sintiendo el abrazo cálido de una inexplicable luz que la acobijaba con amor. Durante el tiempo en este lugar Milagros hizo silencio en conmemoración del dolor de sus ancestros, y comenzó a hacer labores de siembra, apoyaba a las hermanas sembrando y cultivando una variada especie de verduras y hortalizas, lo que le hacía estar en calma con sus pensamientos. Así fueron pasando varios días en los que ella iba encontrando sosiego en su alma y en su ser.
Mientras que Diego estaba intranquilo, no lograba concentrarse en nada de lo que tenía que hacer en la empresa, estaba como fuera de sí, su mejor amigo Manuel no lo reconocía, no entendía cómo había llegado a estar así como si fuera un zombi, sus padres lo vieron entristecido, quisieron ayudarlo pero él les dijo que lo único que lo calmaría sería tener a Milagros a su lado, al cabo de dos semanas, él no aguantó más por lo que decidido a estar nuevamente con ella, fue hasta donde Sor Evelyn a suplicarle o hasta exigirle que de la dirección del claustro a donde se fue Milagros porque él iría a buscarla inmediatamente ya que no soportaba estar ni un minuto más sin ella, algo a lo que Sor Evelyn no se iba oponer, por lo que le dio la dirección y él sin chistar se fue a buscarla.
Él manejo ilusionado a las afuera de la ciudad porque ya no podía esperar para verla, tenía el anillo en su bolsillo, no le daría más vueltas al asunto, después de manejar por casi dos horas, llegó al claustro. Al llegar la Madre Superiora le indicó que ningún hombre podía pasar, por lo que no le diría nada a Milagros y que él debía retirarse inmediatamente del recinto. Él no se iba a rendir, ni mucho menos a irse de ahí sin ver a Milagros, por lo que desesperado comenzó a gritar con todas sus fuerzas -“Milagrooooooooooos te amoooooo”-, y le dijo a la Madre Superiora que no se iría de ahí sin antes ver a Milagros, ella al oír el alboroto a lo lejos, se asomó por una ventana y vio el auto de Diego, ahí fue cuando entendió el temblor que sintió en su corazón, ese temblor que era como un presentimiento que le advertía que algo importante estaba por suceder, mientras él seguía gritando desesperado a todo lo que le daba las fuerzas de su voz, fue entonces cuando ella salió, asustada, sintiéndose con los sentimientos encontrados, con ganas de huir y a la vez con ganas de abrazarlo sin soltarse nunca más.
La Madre Superiora estaba consternada algo así jamás le había sucedido, cuando Milagros vio a Diego no pudo evitar romper en llanto, él al verla se le abalanzó y la abrazó con todas su fuerzas, con todo su amor, ambos lloraban de la emoción de verse y solo habían pasado quince días desde que ella había huido, se abrazaban, se besaban inconteniblemente, Milagro le dijo que -“ella no lo merecía, que ella no se merecía estar en su familia”- él con lágrimas en los ojos le puso la mano en la boca pidiéndole que no hablara más, en eso se arrodilla y con anillo en mano le pide que sea su esposa. Ella no lo podía creer, estaba impactada no se esperaba que él hiciera eso, por lo que le preguntó que, si a él no le importaba los orígenes de ella, a lo que Diego le respondió que –“la amaba sin importarle más nada, la amaba así tal cual era ella y que no podía esperar más para hacerla su esposa”-.
Ella con lágrimas en los ojos y el cuerpo tembloroso aceptó, a lo que seguidamente se dieron un beso profundo e intenso en el que ambos pudieron sentir un amor sincero e inquebrantable. Todo esto sucedió frente a la mirada impávida de la Madre Superiora y las demás hermanas del claustro que no habían presenciado nunca tan grande alboroto en nombre del amor, después de esto ella autorizó el retiro de Milagros del recinto, ambos emprendieron camino a la ciudad nuevamente, donde planearían su matrimonio para que se diera lo antes posible, en el camino él le pidió que se fueran a quedar juntos en su apartamento porque a partir de ahora jamás iba a estar desprotegida, ella agradecida por la propuesta le dijo que debía hacer las cosas bien porque al fin y al cabo Sor Evelyn y las demás hermanas de la congregación eran su familia; familia a que le debían respeto y consideración.
Entendiendo esto aunque él estaba ansioso de tenerla entre sus brazos, la llevaría tal y como ella se lo pidió hasta la congregación, en donde ella estaría en tanto se hacían los pasos para la boda, después de esto se irían a vivir juntos, todos estos planes los hacían durante el camino de regreso, lo que ellos no se imaginaban es que el destino tenía otros planes para ellos. Casi llegando a la ciudad, mientras se confesaban lo mucho que se extrañaban.
• El momento en el que todo cambió.
Diego no se imaginó que el auto de un conductor borracho que se quedó dormido y los envistió con violencia por un costado del auto, en ese momento Diego perdió el control del auto, dieron varias vueltas en el pavimento hasta que el auto salió del camino volcándose aparatosamente en una montaña al costado del camino. La policía vía vial llegó al cabo de unos minutos después de que los conductores del camino llamaran a la policía y a emergencias, Diego y Milagros fueron rescatados del interior del vehículo completamente inconscientes, por lo que fueron llevados al hospital más cercano para brindarle la atención medica necesaria, Milagros tenía varios traumatismos en su cuerpo, pero al cabo de unas horas volvió en si completamente adolorida pidió que por favor le dijeran donde estaba Diego, cuando se vio sola en aquella habitación de hospital empezó a temer lo peor, desesperada comenzó a gritar el nombre de Diego, por lo que enseguida llegaron las enfermeras para tranquilizarla, le informaron que Diego estaba siendo atendido por los médicos que apenas tuvieran respuesta se lo harían saber.
A las pocos minutos después de esto llegaron los padres de Diegos angustiados por lo que había sucedido y cuando vieron a Milagros viva sintieron esperanza en sus corazones, Milagros con un llanto incontenible les contó lo que había pasado, ellos la abrazaron y le dijeron que iban a esperar lo mejor, en eso llegaron Sor Evelyn y varias hermanas del convento para ver qué había pasado, agradecidas con Dios de ver a Milagros viva.
Las enfermeras le aconsejaron a Milagros permanecer en la habitación mientras iban pasando sus dolores ya que mientras se fuera pasando el efecto de los analgésicos más sentiría el dolor en su cuerpo. Pasaron unas hora, hasta que el doctor se les acercó para dar el parte médico de Diego, él estaba en condiciones delicadas porque le habían inducido al coma para que la inflamación en su cerebro disminuyera, todo iba a depender de como fuera reaccionando con el paso de los días, por lo que como quedaría Diego después de ese accidente sería incierto, Milagros se sintió devastada no podía creer que la vida le arrebatara el amor más profundo que podía haber sentido, ahí fue cuando ella más se acercó a su fe en Dios, no se detuvo en ningún momento en su oración profunda y sincera pidiendo por la pronta recuperación de su amado. Ella no se iba a apartar del lado de Diego, apenas le dieron el alta, no se movió de la puerta de su habitación, ahí estaban ella, los padres de él y hasta varias hermanas de la congregación que no paraban de hacer cadenas de oraciones para que Diego reaccionara a todos los tratamientos médicos.
Ella muy poco se movía del hospital, solo para lo básico, ir a asearse, Milagros prácticamente desde que comenzó ese sube y baja de emociones en su vida, dejó a sus alumnos en la escuela, dejó a la universidad. Y ahora solo esperaba con todo su corazón que el amor de su vida reaccionara bien a todos los tratamientos médicos, conforme fueron pasando los días el médico le permitió pasar varias horas al día dentro de la habitación de Diego. Ella le leía las poesías que él le había regalado cuando estaba empeñado en conquistarla, le tomaba de las manos, oraba sin cesar y sin dudar en su fe, le decía hermosas palabras de amor, le decía todas las cosas lindas que harían después que él se levantara muy poco se movía de su lado. Los padres de Diego estaban realmente conmovidos por el amor que ella le demostraba día con día.
Día tras día avanzaban los tratamientos, así pasó un mes y fue cuando bajó la infamación del cerebro de Diego por lo que revertirían el coma para ver si no había sufrido daños que lamentar tras la inflamación. Ese día todos estaban unidos en una cadena de oración desde el corazón, Milagros, los padres de él, las hermanas de la congregación todos al unísono oraban sin cesar esperando los mejores resultados. Antes de volver en sí mismo durante el tratamiento Diego comenzó a sentir sensaciones corporales y fue como si viera pasar su vida en un minuto, recordó como una película en la que vio todos sus recuerdo, vio su vida rodeada de lujos, fiestas, mujeres y sexo pasajero, viajes, alcohol y de repente en medio de todo ese huracán de recuerdos vio el rostro de Milagros envuelto en una luz incandescente como si se tratara de un ángel; fue entonces cuando volvió en si como si lo hubieran traído de vuelta a la vida.
Estaba confundido y mareado, no podía articular bien las palabras, se mostraba adolorido, el doctor le revisó se alegró al ver que a pesar de todo el tratamiento fue exitoso y que Diego no tenía daños cerebrales, solo tenía las molestias del cuerpo por haber estado en cama durante más de un mes, Milagro y sus padres estaban dentro de la habitación emocionados de poder verlo despierto; conforme pasaron los días y Diego se fue recuperando, ella se mantuvo a su lado sin despegársele, le ayudaba a ir al baño, le daba la comida mientras se acostumbraba nuevamente a moverse, le cortaba las uñas, lo peinaba, le leía las noticias del día, no se quería despegar de él ni por un solo instante. Él interiormente se sentía confundido, no podía creer la clase de vida que había llevado con la que tenía ahorita, en sus pensamientos no se explicaba como esa mujer tan dulce y celestial estaba a su lado incondicionalmente aun hasta para acompañarlo al baño en tan penoso momento como el que estaba viviendo. Al cabo de varios días, ya con el habla totalmente recuperada, la recuperación de sus movimientos corporales, Diego fue dado de alta, lo llevaron hasta su casa, para que terminara con su tratamiento y pudiera progresivamente incorporarse a su vida cotidiana.
• La confusión entre la mente y el corazón.
Ya una vez instalado en su casa con sus padres y Milagros; él les pidió que por favor los dejaran solos a él y a Milagros. Ya estando solos en esa habitación él le confesó sus pensamientos, le dijo que no se sentía lo suficientemente bueno para merecer su amor, por lo que no quería retenerla a su lado cuando él sabía que no era el hombre que una mujer como ella pudiera necesitar- “ya que no era digno de tanta bondad, ella era un ángel y no era más que un pecador”-. Milagros no daba crédito a las palabras de Diego, qué debía entender que era el final de la relación, cómo podía suceder algo así si antes del accidente estaban planeando casarse, él le había demostrado sentir amor real por ella, ¿qué había cambiado? ¿Nada de lo él decía sentir apenas unas semanas atrás fue real? Esta desconcertada, no lo podía creer, no paraba de llorar, le suplicaba que por favor no la sacara de su vida. Ella le rogó que por favor se calmara, que organizara bien sus ideas, porque ella realmente lo amaba con todo su corazón y no se imaginaba su vida sin él.
Él le dijo que así deberían ser las cosas puesto que él no era digno de ella, y sin decir más palabras al respecto le pidió que se fuera. Los padres de Diego no podían entender que le estaba sucediendo, si cuando ella se había ido él no podía si quiera comer, ¿cómo que ahora no era digno de ella? Lo cierto de todo, es que después de esta inesperada respuesta por parte de un recuperado, sano y salvo Diego; Milagros trató de reincorporarse a su vida, lloraba por su ausencia, no podía creer lo mucho que lo extrañaba, todo le recordaba a él, el camino de regreso, el salón de clases, hasta sus alumnos se lo recordaban, le costó volver al ritmo de la universidad, perdió un par de materias que tendría que repetir por inasistencia, su vida parecía haber dado un giro inesperado volviendo al mismo lugar del comienzo cuando estaba con las hermanas de la congregación, con su propósito de estudiar educación y siendo maestra voluntaria en una escuela cerca del convento.