Cap. 54 La actualidad

¿Qué les ha parecido todo lo revelado?, supongo que fue… inesperado. Si, si, lo admito, muchas cosas parecen no encajar, pero es que tuve suerte en no ser nombrada en ninguna parte en los libros de historia, gracias a la guerra secreta que tengo con estas personas. Ellos tapando el desastre que hacía, porque no les conviene que todo salga a la luz y de igual forma nos atacaban, pero con todo lo que tengo en mente… será imposible hacerlo, y como dice un viejo refrán, no hay mal que por bien no venga, y sé que después que desate todo, seré la Errante más buscada a nivel mundial. Y supongo que debieron haber pensado que después de todo lo relatado no creerán que me dio tiempo de hacer eso y mucho más, no, estaba preparándome para la entrevista, ya faltaba poco, dos días más, solo dos días más para encontrarme con Oliver. Vi la hora en el monitor de la computadora, 6:00 P.M ─ Madre ─ llamó Wendt desde la entrada del despacho. Levanté la mirada. ─ Ya están aquí ─ anunció. ─ Hazlos pasar ─ ella asintió y abrió aun más la puerta para darles acceso. ─ Tomen asiento, chicos, bienvenidos ─ dije con una amena sonrisa y la respuesta que obtuve de todos ellos fue una sonrisa acompañada de asentimientos, un “buenas tardes” mas que otro. ─ Estaré afuera por… ─ No, Wendt. Pasa, necesitas oír esto ─ ella me dio una mirada curiosa y entró.

─ Les doy la bienvenida otra vez ─ inicié nuevamente. ─ Tiempo sin vernos ─ agregué. ─ Lo mismo decimos, Maestra-madre ─ convino el hombre rubio y ojos grisáceos delante de mi acomodándose su saco, amplié mi sonrisa. ─ Han cumplido, no saben como me llena de satisfacción ver como han logrado las metas dadas. No se imaginan lo orgullosa que estoy de todos ustedes ─ todos sonrieron ampliamente con sus corazones y sus pechos hinchados de orgullo. ─ Pero cuéntenme, ¿Cómo fue?, ¿Fue difícil?, ¿Fue fácil? ─ preguntaba. ─ No podemos negarlo, Maestra-madre, tuvo sus momentos duros, realmente difíciles, pero aquí estamos ─ contestó la rubia, toda una dama, quien se lo imaginaría y lo mucho que cambiarían, pero uno en particular no despegaba ojo de Wendt que yacía de pie a mi lado, por más que tratara de disimularlo, le era imposible y cuando se encontraba con la mirada de ella, sus ojos se le iluminaban y una sonrisa se asomaba, sin contar la velocidad con la que latía su corazón, en cambio Wendt… ella solo era amistosa con él. ─ Wendt… ¿Eloísa ha confirmado su visita? ─ Si, madre. Estará aquí el mismo sábado. Por cierto… ¿Logró contactar con la persona que falta? ─ No, pero pronto lo resolveré, no te preocupes ─ Wendt asintió satisfecha y guardó silencio. ─ Es una pena que Luis Carlos no haya venido ─ comentó uno de los presentes, era una muchacha de un exuberante cuerpo, de cabello negro y largo, su imagen volvió a mi cuando la conocí, con su cara toda llena de acné y algo gordita, ahora era toda una modelo de pasarela y egresada con un magíster en administración tributaria. ─ No se preocupen por Luis, él está bien ─ ¿Cómo lo sabe? ─ preguntó el otro hombre, su barba bien cuidada y a la moda, era el primo del rubio. ─ Simplemente lo sé ─ aclaré con sonrisa traviesa. ─ ¿Pasó… la prueba? ─ preguntó el rubio con la preocupación emanando de él. ─ Cumplió y cumple perfectamente con lo establecido ─ ¿Por qué no está aquí? ─ preguntó la rubia. ─ Ten paciencia, Gabriela, poco a poco. Escuchen, los mandé a llamar, porque ha llegado la hora ─ los nervios se dispararon a muy altos niveles. ─ Necesito a alguien lo suficientemente digno para dirigir esta empresa y sus filiales, alguien capaz de cumplir muy bien y no desviar los intereses que hasta ahora nos han mantenido firmes ─ guardaron silencio, en espera de quien sería esa persona. ─ Fabián, veo que la carrera que tomaste y el hecho de haber trabajado con tu padre dirigiendo la pequeña empresa familiar… creo que te hacen un candidato apropiado ─ Fabián, con sus cincuenta y tantos, empalideció con sus ojos muy abiertos, juré que había vuelto a ser aquel jovencito de aquella noche en el cementerio.

─ He visto tu hoja de vida, tu… desempeño y más al asociarte con unas de nuestras facciones, muy buena tu jugada, te felicito ─ parecía una foto, no decía nada, solo parpadeaba. ─ ¿No piensas dar tu opinión? ─ espabiló balbuceando un poco hasta que reaccionó. ─ Me… me, me… Dios… me honra, Maestra-madre, daré lo mejor de mí, cuente conmigo ─ me dio algo muy similar a la ternura, el pobre se había emocionado tanto que casi lloró, no se esperaba tanto. ─ Gabriela, tengo entendido que… eres de la división de inteligencia de la policía nacional ─ Si, Maestra-madre ─ Que tienes un rango alto ─ Teniente, Maestra-madre ─ Me alegra saber que Ruth te enseñó muy bien ─ Y estoy muy orgullosa de ella, Maestra-madre ─ Contactaré con tus superiores ─ ¿Qué? ─ levanté la mano en señal de que aun no había terminado. ─ Contactaré con ellos porque te llegará una solicitud para trabajar de escolta de mi hermana Wendt ─ todos quedaron pasmados, no se esperaban saber semejante notición. Si, se los mantuve ocultado mucho tiempo, es normal que se quedaran pasmados. ─ Ella es mi hermana y todo tiene una razón de ser. Escuchen: ella es mi heredera, está a punto de dar un paso muy importante en su vida y mientras se realizan los preparativos, necesito que sea muy bien resguardada y protegida y contar contigo, veo que es la decisión más certera, ¿Crees que estarás a la altura? ─ Cuente conmigo, Maestra-madre. No pienso decepcionar a mi madre, mucho menos a usted ─ Bien, me alegra oír eso. Y como lo dije, mi hermana dará ese paso importante. Se lo ha ganado, y por eso te estoy seleccionando, Fabián, tu ocuparás su lugar ─ Fabián suspiró, preparándose para el mayor encargo de su vida, a parte de invadirle los nervios, en sus ojos brillaba la determinación férrea de no fallar. ─ ¿Algo que decir, Wendt? ─ pregunté. En el rostro de Wendt abundaba la neutralidad, pero en su corazón… su ser exudaba nervios y ansiedad, se había convertido en alguien muy buena en ocultar lo que realmente sentía. ─ No, madre, no se imagina cuan emocionada estoy ─ Lo sé ─ admití tomando y frotaba con mucho cariño mi pulgar en el dorso de su mano.

─ Pero eso no es todo, chicos, aun hay más ─ anuncié registrando en una de las gavetas del escritorio, saqué una cajita negra aterciopelada cuadrada y la abrí delante de ellos. Sus rostros quedaron en blanco, no se esperaban tal sorpresa, les había mostrado seis sortijas doradas, en ella se encontraba una gema negra y dentro de la gema yacía tallado un rostro dorado, la mitad de una mujer, la otra un dragón; a simple vista era una sortija más, pero el tallado, solo podíamos verlo nosotros, en cambio un humano… necesitaría una lupa o algo similar para poder notarlo.

Cada uno tomó una sortija y se las pusieron. ─ De ahora en adelante, son una hermandad, tal y como querías, Fabián ─ él levantó su rostro cortando el contemplar de su sortija con asombro. ─ No se preocupen por el nombre, eso es lo de menos. Con tal y ustedes sepan que esas sortijas los identifica a ustedes como una hermandad es suficiente ─ ¿Para quién son esas otras sortijas? ─ preguntó la mujer de cabello negro, ─ Una es para Luis y la otra para una… integrante que aun no conocen. Pero tengan paciencia, pronto la conocerán ─ todos intercambiaron miradas llenas de interrogantes. ─ Y yo… ¿Dónde quedo? ─ Tengo entendido que eres toda una celebridad, Christian, todo un atleta extremo ─ comenté pensando que podría hacer con él. ─ Creo que sería el agente perfecto en colarte en las fiestas de la alta sociedad, ese tipo de fiesta donde se reúnen los más destacados, si te logras hacer con unas cuantas amistades correctas… ─ sonreí con malicia y el captó el mensaje. ─ Gracias Maestra-madre ─ No creas que por ser como un agente en cubierto no tendrá sus riesgos o seas menos que nadie. Si se fijan bien, los encargos que aparentan no ser la gran cosa, son los que realmente tienen mayor importancia. Tú y Alejandra son los rostros perfectos para dirigir la fundación Gutiérrez-Carvajal y Mococitos Happines. La publicidad perfecta ─ todos asintieron comprensivamente. ─ ¿Cuándo se haría el cambio de… (carraspeo) de presidencia de la empresa? ─ preguntó Fabián, no quería verse u oírse ambicioso de poder, y lo habían enseñado bien, solo sentía orgullo y ganas de empezar a hacer crecer aun más la corporación. ─ Dios mediante, para el Lunes ─ ¿Madre? ─ Oliver llegará el sábado junto con Eloísa, supongo que Silvana no se quedará atrás. A partir de allí, se harán los preparativos y te quiero resguardada, confinada y altamente protegida, Wendt, y creo que no hace falta recordarte las razones ─ ella volvió asentir. ─ ¿Podemos asistir? ─ Lamentablemente no, Christian, no es por no quererlos ver allí, es por su seguridad ─ ¿Tan peligroso es? ─ Muy peligroso, Alejandra, como no tienes idea ─ Eso quiere decir que nuestras madres no estarán allí ─ No, Gabriela, ellas estarán cumpliendo con otros encargos para mi. Prepárense, porque en estos momentos el verdadero reto por la cual ustedes fueron seleccionados comenzará a partir de mañana ─ anuncié y todos asintieron.

Saqué otras cajitas para ellos, cajitas con viales llenas de suero A.D.C.M. ─ Tengan, lo van a necesitar, más adelante tendrán mucho más que eso ─ ¿Qué son? ─ preguntó Gabriela estudiando la cajita. ─ Son las medicinas que tomaban sus madres, medicinas que les alargarán sus vidas, y si cumplen bien, la recompensa será mayor ─ el asombro no cabía en sus caras. ─ ¿Pensaban que les mentía cuando nos conocimos en el cementerio? ─ No queríamos… ─ replicó Gabriela algo nerviosa, levanté la mano para acallarla y agregué: ─ No me ofenden, pero sepan que cuando prometo, cumplo, pero con ciertas condiciones y las han cumplido bien. No soy como el resto de los de mi especie, que solo dan promesas a medias ─ Nos honra, Maestra-madre ─ dijo Christian tomando su cajita con reverencial cuidado. ─ Cumplan bien, y la recompensa será aun mayor. Pueden retirarse, y ya saben, son una hermandad y ahora ustedes me pertenecen y deben cuidarse mutuamente ─ todos asintieron con solemnidad, se levantaron y se despidieron con una venia.

Al estar completamente solas, me levanté de la silla reclinable y me estiré. ─ Eso ha salido… bien ─ dije y Wendt no dudó en abalanzarse sobre mi totalmente entusiasmada, agradeciéndome una y otra vez entre sollozos de alegría el cumplir con mi promesa. ─ Te dije que te cumpliría cuando llegara el momento ─ le recordé acariciando su cabello y frotaba su espalda, ─ Eres mi hermana, Wendt, y te amo como no tienes idea, aunque me duele tener que hacerte esto, digo, tener que convertirte ─ ella cortó el abrazo a duras penas, se enjugó las lágrimas y negó en silencio, enmarqué su rostro con ternura y… ─ Juntas para siempre ─ Juntas para siempre ─ repitió y me volvió abrazar. ─ No te imaginas lo feliz que me haces, Elisa ─ ¿Elisa?, ¿No me llamarás madre? ─ Eres mi hermana, aunque te llame Elisa, serás mi madre, aunque me conviertas, serás mi madre, y ser tu familia me hace sentir tan honradamente orgullosa ─ contestó sin dejar de abrazar, luego volvió a romper el abrazo y dio un gritillo agudo lleno de triunfo y emoción. ─ ¡No lo puedo creer!, pronto seré una Errante ─ resoplé con media sonrisa, otras personas estarían aterradas, pero Wendt…

─ ¿Qué? ─ preguntó al notar la forma en que la contemplaba. La miraba como si ella fuera una niña a punto de recibir el mejor de los regalos. ─ Nada, eres la primera que veo estar tan entusiasmada ─ ¿Y Steineer? ─ Steineer… él igual estaba entusiasmado, pero más que todo era por querer formar parte de todo esto, ser útil y luchar en algo mucho más grande. Steineer es un guerrero de sangre, cuerpo, espíritu y corazón ─ ella asintió y su corazón se disparó. ─ Te gusta Steineer ─ dije con mirada aprensiva sobre Wendt y media sonrisa llena de picardía y ella no pudo evitar ruborizarse. ─ Si, me gusta. Nos gustamos ─ ¿Cuándo pensaban decírmelo? ─ Nos estamos tomando nuestro tiempo ─ ¿Más de treinta años es tomarse un tiempo? ─ me reí por ello. ─ Ambos hemos pasado por mucho, madre ─ Y no lo pongo en duda ─ ¿No piensas decir nada? ─ Diré algo cuando nos sentemos y hablemos los tres ─ más nerviosa no podía estar Wendt, ella quería que aprobara su relación con Steineer y conociendo al muchacho, estaba más que segura que él daría su vida por proteger a mi hermana, del mismo modo que la daría por cumplir y protegerme. ─ ¿Nos vamos? ─ pregunté y Wendt no titubeó en prenderse de mi brazo con sonrisa traviesa. ─ Tenemos una fiesta que organizar y una transformación que hacer ─ anuncié tomando las cajitas y ella estuvo totalmente de acuerdo.

Esto les parecerá algo extraño, pero por primera vez sabrán que yo andaba tras el volante, si, esta vez yo conducía y Wendt iba de copiloto. Conversábamos y reíamos, ella no paraba de hablar, el entusiasmo se podía palpar a kilómetros. Supongo que se preguntarán hacia donde nos dirigíamos, pues… manejábamos camino a una zona residencial cerca de Altamira, allí quedaba uno de los tantos apartamentos que poseía Luis Carlos y allí nos estaba esperando. Y vaya sorpresa que nos dimos al no encontrarlo. ─ ¿Crees que se la haya olvidado? ─ preguntó Wendt muy atenta a nuestro alrededor, aunque hubieron pasado muchos, muchos años, ella aun tenía cierto… trauma con sus anteriores intentos de secuestros. ─ Conociendo a Luis… no lo creo, y ya relájate que estás conmigo. Nada te va a pasar ─ Lo siento, no… (resoplido) ─ No te preocupes, te entiendo, yo tampoco puedo evitar estar algo nerviosa cuando estamos separadas. Ahora entiendo lo que siente Oliver ─ admití y Wendt me dio una mirada de soslayo llena de picardía. ─ Y no me veas así, no tengo la culpa en querer sobreprotegerte, eres mi única hermana y familia que me queda. Me daría una vaina si te llegase a pasar algo ─ Y… ¿Cómo piensas que se siente Oliver cuando no está contigo? ─ Lo de Oliver y yo es muy diferente, yo soy una Nafalem y él es… ─ Es tu guía, pero aun así es responsabilidad de él cuidarte, ¿Te puedes imaginar lo que podría pasarle si algo te sucede? No te estoy llevando la contraria, madre, más bien me siento… más que agradecida porque me protejas ─ Como mi hermana y mi vinculada, es mi deber. Pero sobre todo como mi hermana ─. Levanté un dedo para acallarla y la escudé detrás de mí, ella se tensa y saca su pistola poniéndola a punto, pero el aroma delató a nuestro amigo que venía muy bien acompañado. ─ Que bueno que aun sigues igual de precavido ─ grité hacia los pisos de abajo y una risa estalló. ─ Me alegra saber que aun cuento con gratas visitas ─ contestó alguien con un tono de voz llena de diversión, venía subiendo con un grupo de escoltas y entre ellos, dos de los míos.

─ Espero haber llegado en un buen momento ─ anuncié una vez ya instalados y cómodos dentro del enorme apartamento de Luis, y puedo acotar en lo personal, que el muchacho tenía buen gusto, aunque un poco rústico, piso enchapado de madera, los rodapiés hechos igual de sauce, cuadros de artistas viejos y nuevos, un cuarto de juegos, un enorme televisor, moqueta sencilla afelpada, creo que buscaba de hacer ver su apartamento como una cabaña. ─ Terminaba de cerrar un negocio ─ aclaró sirviéndose un poco de ron. ─ ¿Gusta, señorita Teresa? ─ ofreció con mucha amabilidad y respeto. ─ Por favor ─ accedió Wendt, y Luis le sirvió un poco con algo de hielo. ─ Supongo que el negocio cerró con buenos resultados ─ Ya me conoce. No tienen opción ante mis ofertas ─ contestó tomando asiento en el sillón delante de nosotras y posaba sus pulcras botas sobre la mesita y cruzaba sus tobillos con despreocupación, mis muchachos yacían en el balcón conversando un poco y fumando cigarrillos con los escoltas de Luis. ─ Me lo imagino, son ese tipo de opciones que son: aceptas o aceptas ─ En comparación con la señorita Teresa… soy todo un novato ─ Estoy convencida que nuestros métodos son muy distintos ─ replicó Wendt tomando un sorbo de su licor, Luis rió antes de tomar un sorbo, de verdad que si había cambiado mucho, su cabello recogido en una cola con un par de mechones sueltos, lo hacían ver muy varonil y salvaje, mentón firme, nariz perfilada, labios delgados, camisa de seda azul marino con estampados, desabotonada, mostrando sus bien tonificados pectorales, vaqueros negros y botas Loblan con cadenillas en los talones, muy pulcras y brillantes. ─ Has decorado ─ comenté después de haberme deleitado con la vista que tenía en frente, no es que haya cambiado mis intereses, aun Oliver ocupaba la mayor parte de mis pensamientos y mis sentimientos, pero con solo recordar lo acontecido cuando lo besé… ─ Solo un poco ─ contestó con sonrisa traviesa. ─ ¿A qué debo este honor, Maestra-madre? ─ preguntó jugando con su vaso, pero sin cortar contacto visual de mi, eso me recordó a Eloísa, ambos se parecían mucho en ese aspecto, ambos eran cazadores y asesinos por excelencia. ─ Vine a traerte este humilde obsequio ─ contesté dejando las cajitas sobre la mesita y no pudo evitar reír a carcajadas mostrando sus blancos y perfectos dientes.

─ No espere a que le invite a tomar una tacita de café ─ Qué más quisiera yo, pero ambos sabemos que eso no se puede ─ él se encogió de hombros ante lo obvio. ─ ¿Qué es? ─ Descuida, no es nada malo, es… una promesa ─ él enarcó sus cejas en asombro y bajando sus botas de la mesa, se inclinó hacia delante con gracia felina, tomó una de las cajitas y la abrió. ─ ¿Qué son? ─ preguntó sacando los viales y los estudiaba en el aire. ─ Una medicina que solo debes tomar tu, Luis. Nadie más ─ me dio una mirada aun con el vial sostenido por lo alto. ─ Descuida, esa medicina te alargará la vida como no tienes idea ─ ¿Es el pacto de inmortalidad? ─ preguntó borrando todo rastro de diversión. ─ No. Es un incentivo a ello ─ devolvió el vial a la caja. ─ Sé lo que estás pensando, Luis, pero aun no es el momento, no hasta después que mi hermana de el paso definitivo ─ ¿Cuál sería? ─ No te mentiré Luis. Se cumplirá el pacto, ella se volverá inmortal ─ Felicidades, señorita Teresa ─ Gracias, Luis ─ De verdad, me alegro que usted por fin de el paso, pero hay algo que no entiendo ─ ¿Qué? ─ pregunté. ─ Desde que conozco a la señorita Teresa, ella no ha cambiado nada, ¿Ella ya no es inmortal? ─ Ella y yo compartimos algo llamado vínculo, ella posee parte de mis atributos, aunque ella viva y respire como una humana, su vida será tan larga hasta que se cumpla el pacto ─ Luis asintió comprensivamente. ─ Y esas medicinas son algo muy parecido a lo que ustedes comparten ─ Más o menos ─ admití. ─ ¿Y la otra caja? ─ Ábrela ─ insté con un gesto de mi mano y así lo hizo. ─ Linda sortija ─ opinó estudiando la joya al aire. ─ Supongo que Fabián y los demás ya deben tener los suyos ─ Desde luego. Y no hace falta decir que te extrañan, pero ya falta poco tiempo para que se vuelvan a reunir ─ ¿Y la otra sortija? ─ Es para otra persona, otra… integrante. Pronto la conocerás ─ Luis asintió colocándose la sortija.

─ Te llamaré cuando llegue el momento de reunirnos, no pierdas esa sortija ─ Descuide, tampoco pienso hacerlo, pierdo la vida primero antes que esta sortija ─ Me alegra oír eso ─ guardó silencio un segundo, siempre le pasaba, le costaba preguntar por ella, era como si su boca o su corazón no fueran lo suficientemente dignos para mencionarla, tenía que prepararse antes. ─ Como… (suspiro) ¿Cómo está ella? ─ Ella está bien, es una mujer hermosa con una mente muy brillante, posee una carrera prometedora ─ Ella… ¿Pregunta por mi? ─ Todos los días ─ ¿Puedo verla? ─. Saqué mi celular, busqué las fotos de su hermana y se las mostré. No se cansaba de contemplar las mismas fotos, desde su colegio hasta el liceo, saltando a la universidad hasta su graduación, incluyendo las más recientes. Finalizando de ver todas las fotos de su hermana, se sentó aun más relajado, aliviado en saber que su hermana se encontraba sana y salva. ─ Te prometí que la cuidaría muy bien ─ Y no ha faltado a su palabra ─ Tampoco pienso hacerlo. Aun mi oferta sigue en pie, Luis, cuando quieras hablar con ella… simplemente dilo y concertaré una reunión en privado ─ él se negó rotundamente, no se sentía digno de verle a la cara. ─ Me gusta verla así, ella es feliz y con eso me conformo ─ Ella necesita de su hermano. Te necesita ─ Ella sabe lo que soy ─ Ella sabe por qué lo haces, creo que eso es mucho más importante ─ Luis tragó con dificultad, le costaba hablar de su hermana sin tener que derramar una lágrima por ella. ─ Lo pensaré ─ contestó después de haber guardado un minuto de silencio. ─ ¿Alguna noticia para mi? ─ Desde luego, Maestra-madre, siempre cumplo con mis deberes ─ contestó y se levantó, se fue a un cuarto que usaba como oficina, a los poco minutos trajo varios celulares y varios libros, todas agendas, desde vendedores callejeros hasta proveedores mayoristas, inclusive hasta los lugares donde fabricaban las drogas, los celulares se encontraban igual llenos de información y números de contactos. ─ Puede disponerlos como guste ─ dijo ofreciéndome las agendas y celulares que yacía sobre la mesita con sus manos.

─ Wendt ─ nombré y ella tomó cada una de ellas y las guardó en su bolso. ─ Cada vez estás más cerca, Luis ─ dije cruzándome de piernas y él asintió ─. Cuando por fin la reunión terminó, nos despedimos en la puerta, Wendt se adelantó bajando las escaleras siendo escoltada por uno de mis muchachos, dejándonos a Luis y a mi a solas. ─ ¿Algunas buenas palabras para este buen alumno? ─ preguntó Luis con picardía y eso me dio una idea. ─ Tengo algo mejor ─ dije y lo llevé contra la jamba de la entrada y lo besé con demandante pasión, él no opuso resistencia, al contrario, deseó más de mi, correspondiéndome con la misma intensidad, aferrándome a él, sujetándome por mis caderas. Mi gemido se hizo un poco evidente cuando sus manos quisieron jugar en mis pechos y su lengua jugaba con la mía como si su vida dependiera de ello, pero debía controlarme, y él lo sabía, lo sabíamos. Cuando cortamos el beso, sus latidos lo tenía a millón, yo me saboreaba los labios en un gesto de querer más, pero no, en cambio a eso dije: ─ Pronto ─ y me fui dándole unos toquecitos a los labios.

Wendt aguardaba un par de pisos más abajo, custodiada por mis muchachos, los mismos que cuidaban de Luis, me dieron los últimos reportes en estos par de meses mientras que mi hermana estudiaba mi rostro lleno de satisfacción, mis muchachos no prestaron atención en ello, pero ella me contemplaba con un mentón ligeramente tenso, aunque no era una reprimenda su cara, era de un obvio que no estaba de acuerdo. ─ Bien. Muchas gracias, muchachos, sigan cumpliendo con su trabajo ─ dije y ellos asintieron y se retiraron. ─ ¿Qué? ─ pregunté, Wendt no despegaba ojo de mi. ─ No soy quien para juzgarte, madre, pero… ─ Wendt… antes que… ─ ¿No crees que te estás pasando de la raya? ─ ¿Qué? ─ Sentí eso ─ ¿Qué sentiste? ─ Te sentí y no hace falta estar dentro de ti para saber lo que hiciste ─ Wendt… ─ No lo niegues ─ No lo niego ─ ¡Dios!, que descaro el tuyo ─ ¿Descaro por ser honesta? Sabes muy bien que no podemos mentirnos ─ Es que tu… ─ Y si lo hice, es para probar algo ─ ¿Cómo que? ─ preguntó enarcando su ceño, no solo en interrogante, me desafiaba, pero no en la mala manera, esto era una especie de discusión entre hermanas. ─ Quería… quería probar si… si mi cuerpo aun respondía ─ ¿Estás satisfecha con los resultados? ─ sonreí como una idiota. ─ Como no tienes idea ─ y con eso inicie la marcha con Wendt pisando mis talones continuando con sus reclamos.