Cap. 55 Punto final.
Afrontemos los hechos, desde que besé a Oliver, muchas cosas me golpearon, aunque descarté una de mis teorías, seguían otras más que me carcomían, entre ellas… ¿Solo mi cuerpo respondería con los vivos?, ¿Qué pasa si dos Errantes se enamoran?, ¿El efecto cambia cuando uno pasa por la transición?, tenía que matarme esas dudas, y desde que había conocido a mi guía, durante un siglo entero he estado… sumergida en él, todos mis pensamientos giraban en su entorno, fantaseaba con él, incluso, pensé estar locamente enamorada de mi guía, pero ese… sentimiento, ese afecto no impactó en mi como debería a la hora de haberlo besado, ¿Esto es lo que sienten las personas con disfunción sexual? Nunca he tenido esos problemas, no hasta donde yo recuerde, lo que si olvidé fue todo aquello que sentí por Federico, hasta olvidé como me hacían sentir los pequeños besos robados con disimulo o a escondidas, ¿Hay algo mal en mi?
Los reclamos de Wendt… no es que no estuvieran mal fundados, pero si mal entendidos, le aclaré esos puntos, y su rostro lo cambió totalmente por asombro, desde luego ahora me veía como una infiel, pensarán que por ser una Errante de cien años y piquito, debería comportarme más… como lo que soy, carente de emociones, manipuladora como son los demás de mi especie, sin importarme en lo más mínimo lo que piensen o sientan los seres humanos, pero no, si les soy honesta, es Wendt quien me mantiene… siendo quien soy, ella es… como mi ancla a la cordura ¿saben?. Es cierto, hay situaciones en las que me comporto como ellos, porque es como me lo había afirmado Oliver, muchas cosas cambian porque el tiempo que tienes, mas lo que eres, no da cabida a ser impresionado con facilidad, mucho menos afectado emocionalmente, pero mi hermana… tal vez este vínculo creado entre nosotras nos ha mantenido así, un ciclo emocional que nos conserva tan humanas dentro de lo que cabe.
Pero lo que realmente es relevante, es que, debido a todo este despelote, Wendt no apreciaba mucho mi “infidelidad” contra Oliver. ─ Por enésima vez, Wendt, Oliver y yo no tenemos nada. Creí estar enamorada de él, pero no es así ─ Y estás experimentando del mismo modo que con tus letargos ─ Hm, no lo había visto de ese modo… pero si, digamos que si ─ ¿Y quién sería tu próximo sujeto de experimento?, porque no creo que después de haberte convertido se te haya ocurrido ser lesbiana ─ ¿Cómo es la verga? ¿Qué falta de respeto es esta, Wendt? Por nada del mundo se me ocurriría hacer eso, estoy bien consciente de mi orientación sexual. ¿Por qué estamos teniendo esta conversación?, sinceramente ─ No fui yo quien la inició ─ Te aclaro y que no se te olvide. Jamás, óyeme bien, jamás se me ocurrirá tal cosa, ¿De acuerdo?, yo sé quien soy y no se me ocurrirá ser ese tipo de persona que se salta la talanquera por aburrimiento o variedad. Yo soy muy mujer y me encanta un hombre ¿Estamos? ─ ambas guardamos silencio, de verdad esto era de un irritante. Iba conduciendo sin dirección aparente, pero en realidad no, me dirigía para otro apartamento, y para cortar camino, se me ocurrió manejar por un distribuidor a la altura de Caricuao, y como Wendt tenía esta rara diatriba conmigo, no se había percatado. ─ Espero que no se te ocurra experimentar con Steineer ─ ¡Dios!, esto era realmente indignante, no me quedó de otra que rodar la mirada resoplando y replicar: ─ ¿Cómo se te ocurre, Wendt?, ¿A estas alturas de la vida te vas a volver modo cuaima? ─ No. Solo decía ─ Dejemos la conversación hasta aquí, ¿De acuerdo? Ya esto es incómodo ─ Si. Me parece bien ─ Esto es el colmo, ahora los pájaros disparan las escopetas. Bien bello pues ─.
Llegamos a nuestra residencia, al conjunto de apartamentos donde vivía Wendt, si, ese mismo, a Brisas del Ávila, lo curioso es que Wendt pensaba que iríamos a nuestro apartamento, bueno, seamos claros, en realidad era de ella, que a veces me la pasara allí es otra cosa, no debían verme mucho con ella o que frecuentara el lugar a pesar de tener llaves del apartamento. En fin, lo que le causó curiosidad es que… una vez aparcadas en nuestro lugar, nos dirigimos a un de edificio que No era el nuestro, a una cuadra más abajo. ─ ¿Qué hacemos aquí? ─ preguntó estudiando la entrada, hurgué en el bolsillo de mi pantalón y saqué un manojo de llaves, las mismas donde tenía las llaves de la casa de Steineer, las del apartamento de Wendt y… este, en realidad me sentía como San Pedro (risas), lo bueno es que las tenía marcadas.
Una vez dentro del edificio. ─ Ten paciencia ─ dije subiendo las escaleras. Llegamos al último piso, a un tercer piso para ser más exactos, y toqué el timbre, esperé un par de segundos y toqué dos veces más. ─ ¡Voy! ─ se oyó desde el otro lado de la puerta. ─ Son las tres de la mañana, no sé quien co… ─ y allí se quedaron las protestas de nuestra anfitriona. ─ Señorita Elisa ─ dijo con asombro. ─ Hola, Yesenia, un placer verte otra vez ─ ella abrió rápidamente y nos dio acceso. ─ ¿Cuánto tiempo? ─ pregunté tomando asiento. El apartamento de Yesenia era bastante acogedora, no era de tener muchas cosas, una mesita de centro de cristal, sofá y sillones de terciopelo y madera de caoba finamente ornamentada, una pequeña mesa comedor, la cocina empotrada con línea blanca, un cuadro minimalista más que otro, muy, muy sencillo, y eso que no conté con el enorme televisor de pantalla plana. ─ Casi veinte años ─ Cuidado si no más ─ ella asintió con una mueca. ─ ¿Has ido a ver a tu hijo? ─ Si… si, la semana pasada fui a verlo y… ─ ¿Qué? ─ Bueno, pensé que se me había descarriado el muchacho, pero es porque se metió a policía ─ asentí ante su respuesta. ─ Espero que sea un policía honesto, pero conociendo como están las cosas, aunque él lo sea… ─ Bueno… ya eso es otra cosa ─ Por cierto, Yesenia, ya que lo recuerdo, te comenté hace mucho que tenía una hermana ─ Aja. ¿Qué pasó con ella?, ¿Está bien? ─ Es ella ─ señalé a mi hermana y ella se quedó… asombrada, no esperaba conocerla de este modo. ─ Mucho gusto ─ ambas estrecharon manos y todas esas cosas.
─ Yesenia, ¿Recuerdas aquellas promesas que te hice? ─ Si… si claro que me acuerdo… ¡No!, ¡No puede ser! ─ asentí. ─ Me alegro que… hayas logrado lo que te propuse, ¿Ves que los límites te los pones tu? ─ ella asintió con una sonrisa, me daba la razón recordando nuestra última conversación. ─ Tengo entendido que eres toda una psicoterapeuta ─ Aja ─ Bien ─ dije sacando ambas cajitas del bolsillo de mi abrigo, las coloqué sobre la mesita y se las acerqué, ella tomó una y la abrió, quedó fascinada por la sortija. ─ Prepárate para el fin de semana. Nos encontraremos en el club Provincia latina a las doce de la noche, no faltes, le presentas la sortija al guardia de la entrada, no la pierdas o no podrás entrar ─ ella asintió colocándose la sortija, la apreció un poco más en su mano para acto seguido reparar en la otra cajita. ─ ¿Qué es? ─ Parte de mi promesa, son medicinas que te ayudarán a vivir por más tiempo, cumple bien y la recompensa será mayor ─ Yesenia levantó la mirada llena de perplejidad. ─ ¿Y mi hijo? ─ Después de la reunión ─ ella volvió a asentir y tomó las cajitas para guardarlas ─ En la reunión conocerás a los otros integrantes de la hermandad a la que ahora formas parte ─ aclaré señalando la sortija. ─ No faltes, Yesenia, ya falta poco ─ No se preocupe ─. Conversamos un poco más de sus cosas, poniéndonos al día, una vez finalizada la visita… ─ ¿Alguien más que deba conocer? ─ me mostré un poco meditabunda, nos encontrábamos en las escaleras del edificio. ─ No ─ contesté con sonrisa traviesa. ─ Odio cuando haces cosas a mis espaldas, ¿Quién sabe que otras cosas has hecho y yo ni idea? ─ Tranquila, Wendt… ─ Es que siento que no confías en mi. Desde que me secuestraron, me ocultas cosas. Todos me las ocultan ─ Si te las oculté, es por tu bien, era por tu seguridad, pero ya que… el día se está acercando… ─ Prométeme que no me seguirás ocultando cosas ─ No después que seas convertida. Cuando seas una de nosotros, no será necesario. No te imaginas lo mucho que me… dolía tener que hacerlo. Pero necesitaba que te enfocaras en lo que era de importancia, mientras que yo resolvía por otro lado, que fijaran la atención en mi por otro lado ─ ¿Qué es eso que te dio Luis? ─ Pronto… ─ Madre ─ Wendt. Aun no es el momento. Lo que te puedo decir es que es información vital para mi plan. No tienes que saber más por ahora ─ Si así van a estar las cosas… ─ ¿Por qué la insistencia? ─ Solo quiero saber ─ Lo que hay aquí es un regalo para ti. Confía en mi, Wendt, sé que te va a encantar. Te prometí que te convertiría por todo lo alto y es precisamente lo que pretendo hacer ─ aclaré iniciando la marcha.
Sábado, 6:00P.M, las calles animadas de Caracas nos permitía pasar libremente desapercibidos, todos se encontraban sumergidos en lo suyo, en sus cuerpos bullían las ganas de pasar una buena noche llena de celebraciones y un buen jolgorio. Envié un auto a recoger a Yesenia, yo ya me encontraba en el club esperando con Steineer y mis muchachos. Nos reuniríamos en la sección VIP, por lo tanto, se encontraría cerrado el acceso para todo aquel que quisiera estar allí, Steineer había dispuesto a varios del escuadrón en la entrada de la sección y en varios lugares estratégicos, tanto en la parte trasera como en la entrada, vigilaban con todos sus sentidos activos, a parte de contar con radios y manos libres para una mejor comunicación. Si, nos habíamos actualizado. Los clientes habituales hacían cola en la calle, en espera a que el club abriera sus puertas, todos vestidos formales, de gala, gente de la alta sociedad haciendo fila como si fueran a entrar a un supermercado, Dios, el propio ganado ansioso en espera de asistir a su propio matadero, lo menciono porque… estaría lleno de nosotros.
Yo observaba todo desde las cámaras de seguridad, Steineer yacía a mi lado. Un vinculado entra informando que todos los preparativos se encontraban listos en el salón, Steineer le agradece por informar y este sale del cuarto de cámaras con una venia. ─ Pronto, mi Führer ─ anunció colocando una mano sobre mi hombro, asentí ante sus palabras. ─ ¿Dónde está Wendt? ─ De camino. Viene escoltada como usted solicitó, viene con la señorita Olga y la señorita Ruth ─ Excelente. ¿Los demás confirmaron sus asistencias? ─ Si usted hizo el llamado. Vendrán ─ asentí guardando silencio y dejaba que toda mi atención se volcara en las imágenes que proporcionaban las cámaras.
Y allí estaban llegando, los primeros en hacer acto de presencia fueron Oliver y Eloísa, seguidos por Silvana, los tres muy elegantes, no importa como se vista Oliver, siempre resaltará robando miradas de todos, sobre todo acompañado de suspiros de algunas mujeres, si mi corazón latiera, martillara como un tambor por los nervios de volver a verle, estar con él. A muchos les pareció extraño ver a una jovencita entrar en un club donde solo les daban acceso a personas mayores de edad, si, todos miraron a Eloísa como algo que no encajaba en el ambiente, pero eso a ella no le importó. Ella entró con la gracia de la realeza asintiendo ante el guardia de la entrada, lo mismo Silvana y Oliver, ¿y con ellos? Bach y Madeleine. El muchacho se veía muy elegante portando smoking y su cabello bien peinado, Madeleine portada un vestido sencillo de Armani, venía prendida del brazo de Bach. Wendt llegó puntual como siempre, portaba un vestido de coctel color champaña con lentejuelas y un corte al lado de la falda mostrando su bien torneada pierna, su cabello recogido pulcramente y ligeramente maquillada, era una estrella, desde luego que lo era, Wendt es mi hermana, ¿Cómo no ser la estrella de la noche?, ella iba escoltada por Meyer, Gabriela y Becker. Ruth y Olga venían escoltadas por sus maestras de vínculo, las hermanas Schwarz, las cuatro se veían hermosas, verdaderas estrellas portando sus mejores vestidos de noche, estrellas muy letales.
Mi sonrisa creció cuando llegó el primero de mis elegidos. En la parte trasera del club, en la sección de la cocina, era Luis Carlos siendo escoltado por otro de mis hombres, vestía todo de negro, muy elegante, su cara era una máscara de neutralidad, una máscara que ocultaba a un sádico de las masacres, Luis Carlos había asesinado a su padre para tomar su lugar y así hacerse con el poder, formando una gran guerra con los otros barrios y asesinando a los que no estuvieran de acuerdo con él. Media hora después, llegó Fabián, junto con su primo y Alejandra. La última en llegar fue Yesenia, se bajó del auto como toda una gran dama, ¿Quién lo diría?, pasó de ser una prostituta a una mujer de talla bien cotizada como psicoterapeuta, pero su nombre había sido modificado hace mucho, ya no era Yesenia, su nombre nuevo era Kassandra Delfino, ella misma lo eligió, buscaba en su bolso algo, no me digas… ¡Dios!, solo a ella se le ocurría. Rebuscaba en su monedero por su sortija, el guardia la miraba ya con un deje de alerta, en cambio de los que hacían fila, ya se veían incómodos ver tantas personas entrar y ellos nada. Su alivio fue evidente al dar con la sortija, se la puso y antes de entrar, se la mostró al guardia, como si estrechara su mano, el guardia detalló la sortija y asintió dándole acceso.
─ Ya están aquí, mi Führer ─ informó Schulz desde la entrada del cuarto. ─ Gracias Schulz ─ dije tomando mi abrigo del respaldo de la silla del escritorio y salí para darles la bienvenida. La mesa fue dispuesta tal cual como las de los salones de reuniones del viñedo y el orfanato, las tres sillas y mi trono, pero había algo diferente, la silla que ahora ocuparía mi hermana Wendt a mi lado, eso quería decir que… ahora serían cinco sillas incluyendo mi trono. Cinco copas de bronce boca abajo sobre un paño blanco reposaban sobre la larga mesa, las otras sillas eran para mis invitados, es decir, mi corte, reposaban a los lados, dejando el centro libre para la audiencia, la mesa y las sillas se encontraban en un lugar sombrío, solo un has de luz iluminaba el centro del salón, allí se pararía todo aquel que quisiera una audiencia o quisiera exponer sus puntos.
Y allí estaban todos. Mi hermana se veía imperial y hermosa en su silla a mi izquierda, Oliver a mi derecha, Silvana al lado de Oliver y Eloísa al lado de Wendt, Steineer, Bach, Madeleine, Becker, Meyer, Schulz, Olga, Ruth, las hermanas Schwarz y Wagner, se encontraban distribuidos en las sillas laterales, pero mis seis elegidos yacían sentados delante de la mesa. ─ Es un gran placer para mi contar con la presencia de todos ustedes, me alegra saber que los planes fueron ejecutados y cumplidos al pie de la letra y sin complicaciones, estoy muy orgullosa de todos ustedes ─ todos me contemplaban muy atentos ante mis palabras de bienvenida. ─ Antes de entrar en tema, permítanme presentar ante todos ustedes a mis nuevos elegidos, muchos de los presentes han de conocerlos ─ señalé al grupo de Fabián. ─ Por favor, no se cohíban, digan sus nombres y ocupaciones por favor ─ insté y sus nervios se dispararon más de lo habitual, si ya estaban nerviosos en estar delante de todos nosotros que, en su mayoría, éramos Errantes. Desde luego eso no fue impedimento, igual cada uno de ellos dieron un paso al frente aclarando sus nombres y ocupaciones. Cada uno de nosotros guardamos silencio mientras que las presentaciones se hacían, una vez terminadas… ─ ¿Tienes a un narcotraficante entre los elegidos? ─ cuestionó Eloísa. ─ Te recuerdo, Eloísa, que gracias a ese narcotraficante, avanzamos rápidamente en la búsqueda y marcaje de nuestros objetivos ─ ¿Era él? ─ Y otras piezas claves más ─ Eloísa lo estudió un poco más. ─ Aunque te veas limpio y quieras oler bien, aun puedo detectar el olor a sangre en ti ─ si Luis se sintió asombrado o con miedo, permítanme decirles que no, estaba algo nervioso por estar entre nosotros, supongo que se sentía una botana en medio de tantos Errantes. ─ Con el debido respeto, he tenido que impartir orden entre mafias, es bueno dar un ejemplo o dos, demostrar quien es el que manda. Y de este modo, ayudar a la Maestra-madre ─ Eloísa oscureció su mirada mostrando media sonrisa de araña, le había agradado al muchacho, sabía que le caería bien, tal vez veía esos ejemplos en la mente de Luis usando de sus habilidades.
La música sonaba ahogada desde el salón VIP, una enorme sala con ventanales de cristales plexiglás antibalas. ─ Demos por iniciada la primera sesión extraordinaria de nuestra organización, ¿Alguien quiere comenzar? ─ el primero en levantarse fue Bach aclarándose la garganta. ─ Con el permiso de la Führer… ─ inició Bach con su barbilla en alto, en un español muy fluido, pero con su alemán remarcado. ─ De parte de mis compañeros presentes y los que están ausentes. Queremos darles la bienvenida ─ asintió en una venia hacia a mi y hacia los elegidos. ─ Mi nombre es David Bach y ella es Madeleine Weber ─ se presentó y… ─ Disculpe, mi Führer, con su permiso… esto es un regalo para usted y para la pequeña Führer, de mi parte y de parte de Madeleine ─ anunció acercándose a la mesa revisando el bolsillo de su smoking y lo dejaba delante de mi, una pequeña memoria flash dentro de un pequeño estuche de plástico trasparente. Estudié la memoria un segundo y… ─ ¿Qué es? ─ Son los planos y proyectos del pentágono, mi Führer ─ levanté la mirada llena de asombro. ─ ¿Cómo hiciste para obtenerlo? ¿Quién te lo dio? ─ Nadie, mi Führer, yo mismo lo conseguí. Es mi obsequio para usted y para la pequeña Führer ─. Sus palabras encendieron algo en mi, una euforia infernal, un entusiasmo oscuro que significaba más herramientas para mis proyectos, el desatar el infierno en la tierra contra los precursores. Mi sonrisa maliciosa fue evidente. Si tenía ganas de reclamarle a Bach por su estupidez, todo se me había ido al tener semejante regalo sobre la mesa.
─ Steineer ─ nombré, el tomó la memoria y la guardó. ─ No te regañaré al respecto, al contrario, mi hermana y yo estamos altamente agradecidas, pero que no se vuelva a repetir, Bach, antes de hacer tal jugada, consúltalo conmigo antes ─ Si, mi Führer ─. Se disculpó en una venia, y por ello, Wendt tomó mi mano y la apretó, le di una mirada y ella me la devolvía con travesura, esa conversación silenciosa que decía: ¿Qué se siente que te oculten cosas?, no quise decir nada al respecto, solo le devolví la sonrisa y el apretón, acto seguido, volví a reparar en Bach. ─ ¿Cómo hiciste para obtenerla? ─ Como le dije una vez, mi Führer, desde que fui convertido, mis habilidades como rastreador y de infiltración mejoraron como nunca. Y lo reitero, lo hice por usted y la pequeña Führer ─ Fue algo muy peligroso ─ Eso fue lo que le dije, mi Führer, pero nunca me escucha ─ protestó Madeleine con su barbilla en alto y mirada desafiante a su maestro. ─ Madeleine, lo discutimos, y te aseguré que no me pasaría nada ─ Pero me dejaste sola a cargo del orfanato ─ Y dirigiste muy bien, siempre lo has hecho bien, y no estabas sola, contabas con Zimmerman ─ Es suficiente ─ corté levantando la mano. ─ ¿Algo que decir, Oliver?, ¿Eloísa? ─ ambos guardaron silencio por un par de segundos. ─ Nada que decir ─ anunció Eloísa entrelazando sus dedos sobre la mesa. ─ Algo arriesgado, pero te felicito, Bach ─ fueron las palabras de Oliver acompañado con un asentimiento.
Todos reportaron sus avances fructíferos en lo que iba de década, las informaciones, los… marcajes, Silvana anunció que su creador estaría esperando por mi para finiquitar el trato, Oliver me dio una de esas miradas duras, pero no opinó, también me recordó las otras condiciones, condiciones que pronto cumpliría. Levanté mi mano para dar un anuncio de último momento, el ascenso de Wendt. ─ Como todos sabrán, uno de mis elegidos tomará el puesto de mi vinculada, ya que ella dará el paso definitivo ─ ¿Es prudente? ─ preguntó Silvana. ─ Lo es ─ contesté para luego agregar: ─ Ya se ha… hablado con los abogados para realizar todo el proceso legal para la toma y dirección de la compañía, pero eso no quita que no estaremos pendiente de ellos y sus pasos. El joven Fabián estará a cargo. Mi hermana ha demostrado estar a la altura ─ señalé y él se levantó y asintió. ─ ¿Y las piezas maestras entre tus elegidos? ─ preguntó Eloísa estudiando cada rostro de los elegidos. ─ Luis Carlos. Yesenia. Gabriela ─ los tres se levantaron. ─ Ellos aportaron suficientes datos para este proyecto ─ ¿Para cuándo da inicio? ─ preguntó Silvana nuevamente, su actitud de niña tonta se había desvanecido por completo para ser de lleno la Nafalem de Eldar. ─ A partir de ahora ─ anuncié y Steiner tecleó algo en su celular. ─ Listo, mi Führer ─ dijo con su barbilla en alto. ─ ¿Para cuándo los resultados? ─ la pregunta de Silvana… no sabría como interpretarlas, su voz hacía cuestionar las decisiones, tratar de hacerme dudar. ─ Para Latinoamérica en menos de un mes las otras zonas… dos meses como máximo ─ contestó Steineer con determinación, muy seguro de sí. ─ ¿Es suficiente respuesta para ti? ─ pregunté. ─ Estoy satisfecha con la respuesta ─ Bien. A partir de este momento, mi hermana se encontrará resguardada y protegida las veinticuatro horas del día hasta que los preparativos de su cambio estén listos. ¿Algo que decir, Wendt? ─ No, madre. Solo que me siento muy honrada y privilegiada en formar parte de esta mesa ─ asentí satisfecha con la respuesta de Wendt. ─ Tu bienvenida será completa para el próximo martes a esta misma hora en un lugar apartado, será en la hacienda El Cachilapo, en Guárico. ¿Alguien tiene algo que decir? ─ pregunté a los de la audiencia. ─ Que así sea ─ contestaron todos al unísono menos los elegidos.
Levanté mi mano en un gesto para que nuestras copas fueran servidas. ─ Para cerrar la sesión de esta noche, debemos darles la bienvenida correctamente a nuestros elegidos. ─ ¿Mi Führer? ─ ¿Si, Becker? ─ dudó un poco en contestar. ─ Mis camaradas y yo tenemos un… obsequio para usted y esperamos que sea de su agrado ─ anunció he hizo un gesto a su vinculado, este trajo un carrito con un paño blanco tapando algo, Becker se acercó y lo descubrió, era una máscara dorada, quedé fascinada por esa máscara, era el rostro de la sortija, la mitad de una mujer, la otra de un dragón. ─ Esta máscara es para usted, mi Führer ─ dijo haciendo entrega con reverencial cuidado. ─ Lo discutí con el general Steineer y estuvo totalmente de acuerdo, incluso, me solicitó en realizar más para el resto de nosotros. Puede probarla si lo desea ─ tomé la máscara, que era más como un casco que otra cosa, y me la puse. ─ Cuenta con el mismo sistema de los visores de la elite militar, también cuenta con un botón que le permite abrir la máscara en dos ─ busqué el botón y lo presioné, las mitades se abrieron a lados opuestos, como puertas. Quedé fascinada con los avances de mis muchachos. ─ Me encanta ─ ronroneé y me la quité. ─ Muchas gracias, Becker ─ dije sonrientemente, orgullosa, y él hizo una reverencia antes de volver a su lugar.
Nuestras copas fueron servidas con sangre, a los jóvenes le proporcionaron copas del mejor vino del club, pero una de las cinco copas que se habían dispuesto, aun no había sido tocada, tomé la copa y la puse en el centro de la mesa con un cuchillo. ─ No hace falta probar las lealtades de mis elegidos, ellos han demostrado muy bien por donde decanta, lo que si he de pedir, es un sellado de esta hermandad, confirmación de la conformación de la misma, un pacto de sangre que los una como tal. Pasen al frente ─ los seis se acercaron y realizaron un corte en sus palmas, Yesenia fue un poco dudosa en dar el paso, pero al final cortó su mano mostrando una mueca de dolor y dejó caer, como todos los demás, unas cuantas gotas de su sangre en la copa. Entre los seis, llenaron un cuarto de la copa, la tomé y bebí un sorbo, le entregué la copa a Eloísa y a Oliver, ambos bebieron un sorbo. Una vez bebida la sangre, otra copa fue traída, allí corté mi muñeca y dejé caer algo de mi sangre en ella, cuando la herida cerró, la entregué. ─ Beban ─ insté y cada uno bebió un sorbo, los vinculados evitaron que ellos derramaran la sangre servida, porque al apenas dar el sorbo, ellos caían de rodillas aguantando aquel dolor. ─ Ahora ustedes me pertenecen. Felicidades y bienvenidos ─ dije aplaudiendo.
¿FIN?