Cap. 53 Negocios, negocios, negocios
─ ¡Willian!... ¡Willian!... ¿Yesenia está ahí? ─ ¿Quién será? ─ me pregunté, pero la respuesta me la dio Yesenia mascullando entre palabrotas que era su mamá. ─ Ni una palabra de mi ─ señalé y ella asintió muy temerosa. ─ A, a, a, ¡aquí estoy, mamá! ─ Coño ¿Por qué no me dijiste que habías llegado?, te hubiera bajado al niño ─ su madre había hecho acto de presencia en el umbral de la casa, una mujer gorda de cabello negro grasoso de ojos negros, no habría otra forma de describirla sino como un Minion negro con cara de amargada, una versión de Winnie Pooh achicharrado, ella no podía verme, pero Yesenia si, y lanzaba miradas nerviosa a donde yo estaba sentada, la madre de Yesenia se dio cuenta y observaba al mismo lugar, sin embargo no sabía que era lo que miraba, por lo tanto se vio un poco confundida. ─ No, no, no, lo que pasa es que vine por… ropa nueva, porque voy a salir otra vez pues, tu sabes, hoy tuve una buena noche de trabajo y me están esperando ─ Hm… si, bueno, ya que te va fino, ve si me dejas algo para la leche de tu muchacho, ya casi no tiene ─ Si, si, yo te la… yo te la… yo… yo, yo te dejo la plata ─ ¿Qué estás mirando, Yesenia? ─ Yo… yo, yo, yo… ¿Yo?... pu, pu, pues nada ─ se aclaró la garganta. ─ ¿Y esos golpes? ─ preguntó la mamá intrigada y quiso entrar, pero Yesenia se lo impidió. ─ ¡No! ─ ¿No qué? ─ No… que… no, no, no, es nada, son… coño… lo que pasa es que me caí, ¿Ves?, y me di madre matada por unas escaleras y, y, y, me rompí la falda, po, po, po por eso vine a bu, bu, bu, buscar ropa ─ ¿Estás bien?, te veo muy pálida. Ay no mijita, si se te bajó la azúcar, ve tu como haces, porque yo no tengo real para médico ahorita ─ No… yo, no, yo… yo, yo, estoy bien, yo estoy bien ─ Pero… ¿Vas a volver a salir así? ─ Si… si, tengo que buscar los reales para los pañales y esas vainas ─ Hm. Bueno pues, me avisas para bajarte al niño ─ Si, si… yo… (carraspeo), yo… yo te aviso ─ y la señora se fue. Aguardamos un par de minutos en silencio para ver si regresaba y no… no regresó. ─ Hay que ver que eres mala para mentir ─ me bufé de ella rompiendo el silencio, Yesenia me lanzaba miradas nerviosas, no sabía que responder a eso, de todos modos, no se atrevía a replicarme.
Me acomodé en el asiento y mi abrigo, preparándome a entrar en tema, Yesenia buscaba algo que hacer, tal vez para no volverse loca, estar delante de un muerto en vida no era algo muy común en la cotidianidad de las personas y mucho menos entablar una conversación con uno. Así que… con manos temblorosas se puso a preparar un té de malojillo y limón. ─ Yesenia… ─ nombré y ella se detuvo en el acto con la mirada fija en la cocina, la mano que sostenía una pequeña cuchara temblaba fuertemente tintineando en la orilla de la destartalada olla con agua hirviendo. ─ No te asustes, mi intención es ofrecerte una oportunidad, una que muchos desearían tener ─ Que no sea mi alma, que no sea mi alma, que no sea mi alma. Padre nuestro que estás en los cielos… ─ farfullaba dándome la espalda. ─ Yesenia, por favor, deja de decir estupideces y escúchame ─ ella se dio media vuelta, pero su corazón galopaba, de verdad se veía muy pálida, pero era el miedo lo que la consumía. ─ Lo que te propondré es un trabajo, un trabajo decente. No voy a pedir tu alma, ni nada de esas pendejadas. Mi única condición es que tienes que estudiar primero ─ ¿Qué?, usted… usted… ¿Me está mamando gallo? ─ Hm… no, fíjate que no. Yesenia, (suspiré) esa es mi condición, y para lo que vas a ganar, será para no trabajar como puta más nunca en tu vida ─ Usted… Usted… ¿Usted me está viendo la cara?, ¿Tengo cara de inteligente? ¿Qué le echo bola a los estudios? ─ Eso depende de ti, y no te mentiré, las cosas que has vivido, te han hecho ver lo poco que crees merecerte, pero no es así, sin contar que tu misma te las has cerrado ─ Coño… para ser un espanto dice unas vainas arrechisimas ─ Coño que no soy un espanto, me llamo Elisa, Elisa Carvajal ─ ¡Nagüevona! ─ ¿Qué? ─ Tienes apellido ─ ¿Y eso que tiene que ver? ─ Que yo creí que eras un ánima, un espanto… ─ Pues no lo soy, una vez fui humana y si estoy aquí es para ofrecerte la oportunidad de tu vida ─ Pero… ¿Cómo murió usted? ─ Eso no viene al caso ─ ¿Qué tipo de trabajo tengo que hacer? ─ Por ahora… estudiar, terminar tu bachillerato, que obtengas una carrera universitaria ─ su cara decía que no creía ni media palabra. ─ No tengo que vender mi alma ─ No. Y no vuelvas a mencionarlo ─ guardó silencio un par de latidos asimilando mis palabras. ─ Aja, Okay. Vamos a decir que le creo, que con sus poderes y sus cosas del más allá… usted sabe… usted… usted… tiene lo suyo ─ rodé la mirada en aburrimiento, pero no la interrumpí. ─ ¿Dónde coño voy a estudiar?, porque mis papeles de cuando yo estudiaba no sé donde carajo están, sin contar que tampoco tengo los reales para pagar nada de eso ─ Por eso no tienes por qué preocuparte ─ ¿No? ─ No ─ ¿Y entonces? ─ Lo que harás es lo siguiente: subirás hasta la casa de tu mamá, le dirás lo mucho que la quieres y todas esas cosas, que cuide bien de tu chamo… ─ Y… ¿Por qué tendría que hacerlo? ─ Porque tu te vienes conmigo ─ sus piernas fallaron al punto de perder el equilibrio, se sostuvo del mesón bruscamente y muchos peroles cayeron al suelo, no me quedó de otra que levantarme rápidamente para evitar que se quemara con la olla de agua caliente dándole un fuerte manotazo, que gracias a Dios, tenía guantes y abrigo, ya que me hubiera quemado también.
Tuve que ayudarla a tomar asiento, le había dado una crisis nerviosa, me rogaba para que no me la llevara, que no la arrastrara al más allá, tuve que aguantarme la sarta de estupideces que mascullaba, y entre su desesperación, se levantó y salió corriendo a lo que debía ser su cuarto, que por cierto, era todo un caos. Se forró con cuantos collares, estampitas encontró y un gorro blanco, luchaba con un encendedor para prender un tabaco, y entre sus intentos, lanzaba rezos a las ánimas, a los santos o a cualquier otra cosa que se le viniera a la mente, a veces decía unas vainas que solo ella entendía.
Yo podía contemplarla nada más con asombro y confusión a partes iguales, ¿Qué le habría picado?, y mi confusión creció cuando comenzó a sacudir sus manos y a chasquear los dedos al momento de lograr encender el tabaco. ─ U, u, u, usted no me va a echar ese tronco de vaina a mi ─ replicaba chasqueando los dedos alrededor del tabaco, ¿Qué coño hacía? ─ ¡Hmmmjmmm!, tronco de verga me echaron. Yo sabía que esto no era normal. De bola. Ahora todo tiene sentido. Mandaron a la muerte a buscarme ─ musitó contemplando el tabaco, como si tuviera una conversación muy seria con… eso. ─ ¿Qué estás haciendo? ─ pregunté con una mueca y ceño fruncido, de verdad no entendía nada. ─ No, no, no, usted… usted no… no me va a llevar. Déjese de güevonadas ─ resoplé en frustración, me acerqué a zancadas y la sujeté por el hombro, su respuesta fue un gritillo cuando manoteé el tabaco y le arranqué el montón de collares del pescuezo. ─ Ya deja la mariquera y compórtate, que eso no sirve ─ ella me contemplaba con horror mientras me alejaba otra vez a mi lugar. ─ Todo lo que vez, en lo que tienes fe, es pura mierda que te metieron en la cabeza para que creyeras que tiene poder en ti y en todo lo que te rodea ─ aclaré señalando cada santo, cada… adorno “sagrado” que adornaban la casa. ─ Y si no sirve… ¿Por qué se molesta?, ¿Por qué le disgusta? ─ Porque me arrecha la forma en que fueron manipuladas las personas, me arrecha que una vez creí en esos santos y estampitas, me arrecha que la gente use esos argumentos para hacerle daño a los demás. Por eso. Y si te dije que vendrías conmigo es para darte una vida, una nueva identidad ─ ¿Y mi hijo? ─ Olvídate de él ─ Pero… ─ Si vienes conmigo y te reconocen, no solo estarás en peligro. También tu hijo, tu familia, todos ellos estarán en grave peligro ─ Pero… ─ Si te estoy proponiendo una vida nueva, es para que lo tengas todo ─ ¿De qué me sirve si no tengo a mi chamo? ─ Ya te lo dije. Ya te dije el porqué, pero puedes enviarle dinero sin que él lo sepa, cuidarle desde lejos. Tu eliges, Yesenia, si te quedas… seguirás teniendo la vida que tienes, seguirán los maltratos y seguirás viviendo como una puta y morirás de verdad siendo una, y solo Dios sabe que tipo de futuro tendrá tu hijo teniendo un padre tan basura ─ Pero… pero… yo… no quiero… usted… he… ¿Y el amor de madre?, ¿Dónde lo dejo? ─ enmarqué mi ceño en un gesto incrédulo. ─ ¿Ahora si quieres ser madre? ─ Coño… coño… cuando uno tiene un chamo las cosas cambian ─ Eso es verdad, no te lo discuto. Pero fíjate que por tu estupidez y tus malcriadeces y descuidos, la forma tan miserable que te limitaste la vida y el posible gran futuro que podías tener, lo tiraste a la basura, todo por tu mala cabeza. Las cosas no se resuelven abriéndose de piernas, que si pensaste que por entregarte a un hombre a temprana a edad todos tus problemas se resolverían y madurabas, déjame decirte que estás totalmente equivocada. Las cosas no son así de simple. El camino fácil no trae nada bueno ─ ella guardó silencio asimilando mis palabras, le había pegado en el ego. Y duro. ─ Te apuesto a que soñaste una vida llena de cosas; una casa hermosa, abundancia hasta para tirar al techo, tener un auto, pero no. Estás aquí viviendo en un rancho que se está cayendo a pedazos, un hijo que a duras penas puedes mantener, un marido que te golpea y te quita tu dinero, dinero que te ganas acostándote con otros hombres. ¿Es lo que esperabas?, ¿Era el futuro que querías? ─ comenzó a sollozar agachando la cara. ─ No ─ negó entre gimoteos. ─ Eso creí ─ ¿Cómo puede ser así? ¿Los muertos no sienten?, es obvio que no, ustedes están muertos ─ preguntó y se respondió ella misma cuando pudo encontrar su voz y aguantar los sollozos. Reflexioné ante su interrogante y como una bofetada se me vinieron todas esas palabras de Oliver, todas esas cosas que quise negar y que ahora irremediablemente soy. ─ Casi pierdo una persona importante para mí ─ confesé tomando asiento otra vez, y por tal aclaratoria, la tomé por sorpresa, sus gimoteos se habían detenido. ─ ¿Cómo es la guarandinga? ─ Lo que oíste. Tengo una hermana, ella casi… (carraspeo) no viene al caso, olvídalo, solo confía en mi ¿Okay?, hay muchas cosas que por ahora no entiendes, pero con el tiempo… con el tiempo se te irá aclarando ─ Dios mío, ahora yo era una versión de Oliver.
Con amarga resignación, Yesenia aceptó mi oferta, recogió los juguetes del niño y algo de su ropita. Sentada en el catre que tenía por cama, se aferró a un sonajero, me paré a un lado y le coloqué una mano en el hombro. ─ Es lo mejor ─ dije. ─ Si de algo te sirve… permíteme acompañarte hasta la casa de tu mamá ─ ella me dio una mirada con ojos enrojecidos por su llanto y asintió. Subimos y surcamos un par de veredas y callejuelas más, llegamos a una casa construida de bloques y ladrillos rojos, ventanas panorámicas y fachada bien elaborada, se escuchaba una música a todo volumen, música de tambor, ese tipo de música que nos caracterizaba a los venezolanos por tener entre nuestra sangre cultura africana, miré la hora en mi reloj de pulsera, 4:17 A.M. No era necesario llamar a la puerta ya que estaba abierta, la casa se encontraba a reventar. ─ ¿Qué hacen? ─ pregunté intrigada en ello. ─ Están coronando un santo ─ mi respuesta fue un bufido. ─ Te estaré esperando aquí. No tardes ─ ella me dio una mirada sobre su hombro y asintió.
Yesenia fue saludada por varias personas con un trabalenguas, algo así como un juego de palabras por la “F”, ¿saben? Algo así: MAFA-RIFI-COFO. Al final, no entendí lo que querían decir, tampoco le presté importancia, total, no era mi problema. Alguien le había invitado a entrar, pero ella se negó, dijo algo y la otra persona asintió entrando a la casa, ella me dio otra mirada, un tanto nerviosa, tal vez se estaba arrepintiendo, pero no. Cuando su madre apareció, ella le entregó algunas cosas del niño y a ella le pareció algo extraño verle con un maletín lleno de su ropa, quiso discutirle y mi sorpresa se vio acompañada con una bofetada de su madre, supuso que ella se iría abandonando a su hijo, que escaparía de su rol de madre, no podía quedarme de brazos cruzados, así que intervine cuando ella fue llevada a jalones dentro de la casa, pero su horror y su desesperación en negarse a entrar, no era por no ver a su hijo o resistirse en recibir una paliza en público, era porque ella sabía que no me quedaría allí y que haría cualquier cosa para llevármela. Ya ella me pertenecía.
Los invitados se quedaron asombrados por la discusión en plena sala, groserías y jalones de pelo reverberaron por todo lo alto, hasta la música se había detenido, la mamá le echaba en cara sus errores y la insultaba de las peores maneras, y mientras ella era humillada, yo yacía allí viéndolo todo desde la entrada, ella me miraba con ojos suplicantes, lloraba, imploraba en silencio. Caminé entre los invitados y nadie reparó en mi, me paré cerca de lo que debía ser un altar, muchas cosas se encontraban bañadas en sangre animal, el aroma fue inevitable que inundara mis sentidos. Cerca del altar, se encontraban otras personas vestidas de blanco y otra sentada en una esterilla, pero nadie me veía. Con un dedo, tumbé un santo de una repisa, muchos de los presentes repararon en tal echo curioso, supusieron que los santos se habían molestado por lo que estaba pasando, eso lo dijo un señor de barba poblada y canosa, portaba todas sus indumentarias que lo caracterizaban de ser un santero, tenía una gallina sin cabeza montada en un plato. ─ ¿Santos?, ¿Dónde? ─ pregunté, no me había movido y todos se asustaron al reparar en mi, al ver que había aparecido de la nada. Tenía mis manos en los bolsillos de mi abrigo, estudiando cada rostro, por ende, la discusión se detuvo en el acto. ─ Suéltala ─ ordené, pero ella quiso enfrentarse a mi, pero su hija intercedió en que era una locura hacerlo, la madre la empujó y ella se aferró a su brazo, y para liberarse su madre de aquel agarre, quiso golpearle otra vez. ─ No vuelvas. A tocarla ─ advertí y el terror de todos los presentes creció al ver el demonio que yo era. Había alargado mis colmillos y convertido mis ojos en oscuridad. ─ Ella me pertenece, por lo tanto, no tolero que se le trate de esa manera ─ me sentía de un estúpida al tener que actuar como una deidad infernal.
La madre de Yesenia no podía sentirse más horrorizada, su propia hija había hecho un pacto con un demonio, por lo menos eso era para los ojos de ella y de todos los presentes. ─ Levántate, Yesenia. Nos vamos ─ dije avanzando hacia ella. Los invitados se alejaban de mí, un corazón más que otro, no daban crédito a lo que veían, pero no me importó, hasta que uno quiso enfrentarme y lo sujeté por el cuello elevándolo un par de centímetros del suelo, mi gruñido explotó y muchos de los invitados salieron despavoridos de la casa, gritaban que Albita había venido, que Albita haría llover la muerte en el barrio y que Yesenia sería la primera. El hombre que había sujetado por el cuello le dio un infarto, en la casa no había quedado ni un alma después de todo aquello. Dejé caer al infeliz y… ─ Te dejaré una linda tarea con una advertencia, mujer. Te dejaré este niño a tu cuidado, guíalo por el camino correcto, si el niño se desvía por lo malo, vendré por ti y por el niño ─ aceché hasta arrinconarla, la mujer temblaba con descontrol, pensé que le daría un infarto también, pero no. ─ ¿Quedó claro? ─ ella asintió envuelta en pánico y ojos muy abiertos. ─ Bien. Lo que le digas al niño me tiene sin cuidado, pero jamás hables mal de su madre, cuando llegue el momento, vendré por él. Tanto Yesenia como el niño me pertenecen ─ cuando me di media vuelta después de haber dejado los puntos claros, Yesenia recogía sus cosas, me acerqué a ella y estudié su rostro. ─ Vámonos ─ insté y ella me siguió con la vista clavada en el suelo y sin mirar atrás.
Ya íbamos bastante lejos cuando una enorme explosión iluminó la madrugada, había sido la casita de Yesenia, me había encargado de borrar su rastro, de… hacerle ver a la gente que Yesenia había muerto en esa explosión. ─ Ya diste tu primer paso en morir para el mundo ─ le anuncié, pero ella ignoró mis palabras, su rostro sombrío y lacónico hablaba por ella, me pasé la mano por el cabello y le dije: ─ A veces duele el tener que desprendernos de lo que una vez fuimos para volver a empezar ─ ella me dio una mirada, pero no dijo nada. A los pocos minutos alguien llegó para avisarle que su marido había sido llevado al hospital por varias fracturas y golpes, ella no dijo nada, simplemente asintió y el chismoso que había traído tal noticia, desapareció entre las calles, supuso que Yesenia le llevaría algo de ropa por el gran bolso que cargaba.
Al día siguiente, para los noticieros, Yesenia había muerto en una explosión en su casa, la bombona de gas había estallado dejando una gran cantidad de heridos por la onda expansiva de la detonación. Para ella fue una cruda realidad recibir tal golpe, al ver las declaraciones de su marido y su madre, personas que la veían como una fábrica de dinero andante, verles llorar como si la amaran de verdad, le hizo sentir enferma y llena de odio. ─ Usted lo sabía ─ De alguna forma… si ─ admití, ella estrujó el periódico en sus manos y lo tiró a la basura, conversábamos en casa de Steineer, cerca de la terraza, ya había llegado el atardecer y él se había ido para el club dejándome a cargo del lugar. ─ Ya sabes mi condición, Yesenia. Tu deber, por ahora, es estudiar, pulirte lo mejor en todo. Ya no hay vuelta a atrás ─ ella asintió con la mirada perdida. ─ ¿Luego qué? ─ preguntó reparando en mi. ─ Tu dirás. Lo que elijas estudiar como carrera universitaria, será a tu juicio, siempre y cuando sea para el bien de lo que tengo en mente ─ ¿Cómo que? ─ Ya lo sabrás, a su debido tiempo ─ contesté con un guiño. ─ Lo que si te puedo aclarar es… que pienso salvar o… corregir muchas cosas que están mal, como por ejemplo… los abusos de las personas con poder, las injusticias causadas por el dinero. Ese tipo de cosas para empezar ─ ella asintió contemplativamente. ─ Pero para ello, para que sepas con detalles mis planes, necesito que estudies, necesito… que seas la mejor. Tengo a las personas indicadas trabajando ya en tu nueva identidad y en tus nuevos papeles, estudiarás en los mejores colegios pagos y si cubres las expectativas, podrías complementar en el extranjero ─ ella enarcó sus cejas con asombro. ─ Coño, entonces usted no estaba jodiendo con eso. Usted hablaba en serio ─ ¿De verdad pensabas que te estaba cayendo a embuste? ─ Bueno… usted sabe como está la vaina hoy en día, todo el mundo te quiere ver la cara de güevon para joderte la vida ─ Eso es cierto, pero eso va a cambiar. Ya lo verás ─.
No quise discutirle un punto en particular, ¿un no-muerto estafador?, ¡por favor!, eso ya era mucho con demasiado, aunque… pensándolo mejor, no estaba muy lejos de la realidad, ya que los precursores ensuciaron con sus dedos la buena fe de las personas enseñándoles lo malo, insertando en sus mentes y corazones que la maldad era el único medio para llegar a la cima sin importar en el daño que hacían a los demás. El presentar de Yesenia fue un tanto extraño, más que todo para ella, estar delante de mis muchachos, la dejaron con muchas interrogantes y temores. ─ Yo pensé que usted era la única ─ comentó, con la mirada perdida, aun asimilaba todo esto. ─ No soy la única, somos una raza que vive en la oscuridad, que maneja todo desde allí, los humanos son nuestros medios para gobernar y alimentarnos. En mi caso… prefiero buscar el modo de convivir en paz, todo lo contrario al resto de mi especie ─ ¿Soy la primera en su lista en formar parte de su grupo de humanos? ─ No. Hay otros como tu, incluso hay humanos… enlazados con los míos, creando un vínculo con ellos. Podemos ver, oír y andar durante el día a través de ellos. No es fácil lo que te estoy proponiendo, pero no tengo alternativa. Sin embargo, tengo bajo mi entera protección a uno en especial, está haciendo una tarea muy importante y delicada para mí ─ ¿Cómo se llama? ¿Está bueno? ─ (bufido) Se llama Luis. Pronto lo conocerás. Los otros están bajo la protección de mis más allegados y aliados ─ Pregunto, porque los que están aquí con usted… no quiero sonar falta de respeto, pero están es más que bueno pues… ─ Debo darte crédito en ello, son lindos ─ ambas reímos. ─ Pero no están disponibles, eso te lo puedo asegurar ─ ¿Están casados? ─ No, pero no te recomendaría que te enredaras con uno de ellos emocionalmente, sobre todo con el primero que te presenté ─ Si, si, claro, yo se cual es… es el tal Esteinil ─ Steineer ─ Ese mismito es, usted me entendió ─ De todos modos, ellos son inmortales, quien quita y en un futuro… uno de ellos se fije en ti ─ guardamos un par de minutos en silencio. ─ ¿Por qué usted me eligió? ─ Por la misma razón que leíste en los periódicos. Por eso te elegí ─ Hm ─ Sé que pude elegir a otra persona, pero… tu estabas más cerca y, a decir verdad, me recordaste a mi hermana ─ Cierto que usted me contó… A buena verga para rara ─ ¿Qué? ─ ¿Usted con una hermana? ─ Si. Suena loco y todo, pero si, tengo una hermana, es humana ─ ¿Cuándo la conoceré? ─ Todo a su debido tiempo, un paso a la vez, y uno de esos pasos es que te vuelvas a reencontrar con tu hijo, y antes de que me preguntes… tu mamá sirve como ancla para supervisar a tu niño, puedes ir a verle cuando quieras, pero no podrás acercarte, no por ahora. Cumple lo que te encomendé y volverás con él. Por lo tanto, puedes contar que estará protegido por uno de los míos para que te sientas más tranquila ─ ¿Y si él se desvía? ─ Descuida, tengo miles de formas para que vuelva a enderezarse ─ contesté con una sonrisa llena de travesura.
Yesenia empezó a estudiar, no quería perder el tiempo, yo tampoco, mientras más pronto mejor. En cambio con Luis, él me… me dio un poco de tristeza, porque… se tuvo que separar de su hermana para cumplir con mi encargo, de todos modos, él estaba cumpliendo al pie de la letra, se estaba forjando su reputación a fuerza de bala y sangre, y les seré honesta, le encantaba su papel de narcotraficante asesino, muchos le temían mientras que otros buscaban la forma de matarlo, él debía cuidarse y en eso me aseguraba, lo cuidaba desde las sombras, tal como me había enseñado e indicado mi guía Oliver. Luis, no escatimaba en matar a alguien, no toleraba errores, era un tirano con los otros narcos, y si querían desterrarle de la… sociedad de narcotraficantes y mafiosos, él… simplemente los mataba así sin más, de muchas maneras muy creativas, ya la policía lo tenía entre sus listas, tanto nacional como internacional. Se los dije, mi Luis Carlos se volvería el Michael Meyer venezolano, él había arrasado un barrio entero buscando a los distribuidores para quitarles la zona de venta y clientes. La policía no podía dar con él, otros le temían, los tenía comprados con sobornos y terror, amé ese niño, y estoy más que segura que Eloísa lo amará también.