Capítulo 50: Jazba
Año 2015 d.C., 16 d.G. Sede de «El Infierno», Ciudad Neutral de Gaia.
Durante las siguientes dos lunas, Luke se esforzó por cumplir las obligaciones más importantes de su agenda, exprimió a Ailen, y anunció a Denisse que no estaría en casa por los próximos días, ya que se prepararía para la ceremonia de sucesión de la familia.
Denisse, muy dudosa, aceptó sin preguntar, e interpretó aquello como un obvio: «No quiero que padre se entere de esto», que incluía haber enviado a Marco lejos de la casa por la misma cantidad, con la excusa de que necesitaba que lo cubriera para unas negociaciones.
Luke y Blaise bajaron de la limusina y se adentraron en la sede de «El Infierno»; tomaron el ascensor y, tras pasar por todos los controles, llegaron al laboratorio del rubio, quien cargaba una nevera portátil de pequeñas dimensiones.
Se adentraron en la oficina, y se deshicieron de sus ropas, para vestirse con monos clínicos.
Lo primero que hicieron fue revisar a los tres zombis que recibieron el componente dos días atrás. Para Blaise fue sorprendente darse cuenta de que el hablar de todos se volvió más fluido, dentro de su letargo, y su pensamiento un poco más veloz.
Luke lo calificó como un éxito parcial, y determinó que debía seguir trabajando en el compuesto con más interés, aunque aún no estaban fuera de peligro.
Su comportamiento después de los siguientes ocho días, determinaría el éxito total de la operación.
Porque sí, permanecerían aquí por ocho días.
Nevera en mano, los dos se adentraron en una sala de reuniones en la que Blaise no había estado antes. Esta tenía una gran mesa y muchas sillas, además de un proyector, luces blancas y paredes de color azul pastel.
—Blas, tenemos que plegar la mesa y amontonar las sillas en mi oficina —avisó Luke, para dejar la nevera en una esquina segura.
Debían vaciar la sala de cualquier cosa que pudiera causar daño, no solo al mismo Blaise, sino a Luke, quien cuidaría que no se volviera loco.
Y así lo hicieron: las doce sillas terminaron arremolinadas en la oficina del mayor, y la mesa quedó recostada, plegada, en el pasillo. Proyector, apliques, accesorios, todo quedó afuera, y fueron recibidos por un amplio cuarto a su entrada final.
—Bien. Es momento de comenzar: bebe la primera bolsa —indicó Luke a Blaise, se movió hacia la nevera portátil y sacó un paquete de sangre, que lanzó al menor.
Blaise lo atrapó y, dando un último vistazo, en busca de alguna señal de arrepentimientos por parte del otro que lo salvara de esto, se resignó, lo abrió, y comenzó a beber de él, como si de un jugo con pitillo (pajilla) se tratase.
Estas bolsas eran de doscientos cincuenta mililitros. Blaise consiguió su dotación quincenal de diez bolsas, más tres que le restaban de reserva; Luke, por su parte, aportó cuatro bolsas. En total, Blaise debería consumir cuatro mil doscientos cincuenta mililitros de sangre, equivalente a un humano en promedio.
El jazba por exceso de sangre era más difícil de controlar que el que se producía por la sed, y también más sencillo de lograr, aunque fuese extraño, pero también brindaba un poder diferente, una fuerza tremenda. El plan era crear un jazba medio, e ir elevándolo poco a poco con control, para evitar que Blaise enloqueciera.
El pelinegro se terminó la primera bolsa en cuestión de nada, y Luke le extendió la segunda, luego la tercera. Entonces, cerró la nevera, y se sentó a un lado de ella, en el suelo, con los brazos cruzados, mirando al otro beber.
—A partir de aquí comienza lo bueno… —murmuró el mayor al darse cuenta de que, al final de la tercera bolsa, los ojos de Blaise brillaban con ansiedad.
»Si tratas de morderme, voy a usar la coacción en ti, y no será algo amable, porque querrás deshacerla.
—Lo sé… Será doloroso. —Luke asintió.
»Pero… no será solo doloroso para mí, ¿no es así?
El rubio se sonrió.
—No te preocupes por mí, querido Blas. Te ayudaré a mitigar tu dolor, y estaré contigo todo el tiempo que lo requieras. Solo piensa en eso, y confía en mí.
Blaise se sentó en el suelo, a dos metros de Luke, y cruzó las piernas. Veinte minutos después, lo miraba fijamente con los brazos cruzados, y no podía dejar de tragar.
—Eres un chico fuerte, te estás conteniendo —bromeó Luke, y Blaise chascó la lengua en respuesta.
—¿Preferirías que fuese de otra forma? —inquirió, un tanto molesto.
—Para nada, querido Blas. —Luke negó con la cabeza, en sus ojos se dejaba ver un halo de diversión—. Me complace ver que has podido soportar el primer impacto de manera tan formidable.
Dos horas después, Blaise se encontraba sobre un Luke que antes se alejó de la sangre, a fin de cuidarla. El jazba tenía ciertas etapas, y ahora llegaban a la primera: el sexo.
Él se dejaba besar por un pelinegro que aún estaba en control, sentado sobre su pelvis y metiendo las manos por donde deseaba, mientras se esforzaba por mantener el dominio sobre su propio raciocinio y no caer en la tentación.
Algo curioso que Luke había descubierto los últimos minutos, era su capacidad de mantener a raya la maldición, el dolor, si aislaba sus pensamientos de lo que Blaise hacía con su cuerpo.
—Luke… quiero poseerte —murmuraba Blaise de tanto en tanto a sus oídos.
En el momento en el que sus colmillos amenazaron su cuello, Luke ejerció sobre él la coacción y detuvo sus acciones. El cuerpo del menor se tensó al instante, y un gruñido gutural escapó de su garganta.
Sin embargo, se relajó a los treinta segundos.
—Bien… es normal ahora que comenzamos. Más tarde se pondrá de verdad feo —anunció el rubio.
Blaise se separó de él y se sentó a su lado, en el suelo.
Y es que… el jazba apenas comenzaba.
Este era un ritual que estimulaba las necesidades, deseos, inseguridades, miedos y cualquier aspecto del vampiro que pudiera ser una debilidad. Lo primero siempre solía ser el sexo, y lo último, por supuesto, era la necesidad de la sangre, de más sangre. ¿Cómo se dominaba un jazba? Con razonamiento, con control y fuerza de voluntad sobre el fuerte deseo de beber.
Lo complicado sería cuando llegaran a los miedos y las inseguridades.
—¿Has hecho esto antes, un jazba?
Luke, aún tirado en el suelo, en aparente comodidad, llevó la vista a Blaise y sonrió.
—No con alguien más, pero he pasado por varios en mi vida. Casi todos me los provoqué yo mismo, para saber qué se sentía u obtener alguna clase de beneficio extra.
—Estás loco… —Blaise llevó la vista al otro lado del salón—. ¿Te sientes bien?
—Por ahora, sí. No te preocupes.
Cerca de las siete, Luke envió a Blaise al otro lado del cuarto, mientras él sacaba dos bolsas más de sangre. Las lanzó al menor, quien las devoró en cosa de un minuto, y que se lanzó de forma directa hacia él, arrinconándolo contra la pared.
Blaise le rompió la camisa, y el rubio comprendió que el verdadero jazba apenas comenzaba.
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Año 2015 d.C., 16 d.G. Venecia, Territorio de Vitéliu, Düster.
Adhemir crió a Malcom para ser el jefe de la familia, el Gran Patrizio y señor de su clan. Su padre era un ser paciente, mucho más que él mismo, y solía advertirle sobre lo incorrecta que era su forma de actuar respecto a Luke, pero… ¿qué podía hacer?
¿Se había equivocado acaso en el cómo abordó las cosas? No. Él nunca se equivocaba.
Delante de él, al otro lado del escritorio, Markuss lo miraba con curiosidad, pues lo notaba perdido en sus pensamientos.
—Padre, lo siguiente es inspeccionar las villas colindantes y el cordón de seguridad —dijo Markuss, pero Malcom no le prestó atención, por lo que se fue hacia adelante y puso una mano sobre la tabla.
»¿Estás bien?
El tacto sobre el escritorio alertó a un mayor que subió la vista y encontró los inquietos ojos de su hijo mirándolo. Negó.
—Estoy bien… solo un poco distraído.
—¿Distraído? —apuntó Markuss con genuina impresión, pues eso era inconcebible para alguien como su padre.
Malcom lo miró con ojos confusos, y luego desvió la vista al costado.
—¿Se trata de Luke? —La tensión en los hombros del mayor, y su espalda enderezándose, confirmaron eso para el vástago.
»¿Qué te preocupa sobre él?
—Creo que eso es obvio —contestó el padre con aspereza y sin voltear a verlo.
Markuss se sonrió y negó, porque sabía hacia dónde se dirigían los pensamientos de su progenitor respecto a su hermano mayor. Siempre había sido así.
—Padre… pensé que a estas alturas ya te habrías dado cuenta de la realidad.
Malcom volvió a mirarlo, y cuestionó con sequedad, molesto de tener que hablar sobre su primogénito:
—¿Qué quieres decir?
El menor dejó los documentos que tenía entre manos sobre el escritorio, y se relajó en su asiento, colocando las manos sobre sus muslos. Él usaba camisa, abierta hasta el segundo botón y jeans negros. Malcom, en contraste, usaba un traje de dos piezas.
—Luke, de todos nosotros tus ocho hijos, es quien más se preocupa por nuestra familia, por nuestro clan.
Malcom soltó la risa de golpe, y negó..
—No… no… no digas bromas como esas, Markuss. Tu hermano es un irresponsable que solo piensa en sí mismo.
Markuss frunció los labios y asintió.
—No te quito razón en eso: él es un ser muy afín a seguir sus impulsos personales. Sin embargo, si solo pensara en sí mismo, ¿por qué terminó en la Ciudad Neutral en primer lugar?
»Desde donde todos nosotros lo vemos, Luke ha estado haciendo su trabajo a la perfección desde cualquier lugar dentro y fuera de los territorios de la familia, aquí en Düster. Entonces… ¿por qué cumplir con sus deberes justo ahora, y dirigir la incursión familiar a la Ciudad?
Malcom se mojó los labios, y su mirar se perdió por unos segundos en un lugar alejado de esa habitación.
—Él fue allí por sus propios negocios, Markuss. Es algo bastante simple. Que sus negocios beneficien a nuestra familia de alguna forma, es solo mera fortuna.
El más joven no evitó soltar una carcajada divertida, por lo que su padre lo miró con sorpresa y exigencia.
—Padre… creo que entiendes lo que trato que decirte, y es probable que te plantearas estas preguntas incluso antes que todos nosotros, pero simplemente te niegas a creer que Luke de verdad es capaz de pensar más allá de sí mismo, y que sí se preocupa por nuestro clan.
—Tu hermano ha sido un problema para este clan desde su nacimiento.
—¿Y si solo lo has abordado de la forma incorrecta?
Malcom aguzó el mirar en su hijo. Se sentía desafiado en ese momento, a pesar de que el otro habló con total serenidad.
—¿Estás cuestionando mi forma de criarlos?
Markuss negó.
—No la forma en la que nos criaste, sino la manera en la que criaste a Luke. Después de todo… ¿no dicen los rumores que se lanzaron profecías sobre él que anunciaban una grandeza que jamás se cumplió?
»También hemos escuchado que solo aquello que tu llamas un «mal presagio» se cumplió en nuestro hermano. Pero… ¿y si solo trataras de enfrentarlo desde un ángulo diferente?
Markuss se marchó poco después, a arreglar un inconveniente surgido en una de las casas secundarias, pero la reflexión se quedó con el padre por largos minutos, que se volvieron horas y horas de dividir los pensamientos entre sus deberes y sus inquietudes.
Su hijo era tan molesto, que atormentaba su existencia incluso estando a varios cientos de kilómetros de distancia.
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—Jazba: Fuerte deseo o pasión.