Capítulo 51: Raarta
Las bolsas de sangre se terminaron, y la poca cordura que abrazaba en su interior con recelo pendía de un hilo.
De repente, en el momento en el que la última gota tocó su garganta y llegó a su sistema, en el que el sabor se perdió en el fondo, mientras su corazón comenzó a latir sin control, y necesitó respirar para tratar de mantenerse lúcido, un gran dolor recorrió su cuerpo, desde las piernas hasta la cabeza, y una tremenda pesadez cayó sobre su espalda.
Allí estaba él, tirado en el suelo con la vista en el techo, y sin fuerzas para moverse; Luke lo había hecho regresar minutos atrás cuando, en un arranque de ira, saltó sobre él y le rasguñó la cara y el pecho. Cómo se arrepentía de eso en este momento.
Las piernas comenzaron a temblarle, y el pecho a arderle. En su cabeza, los pensamientos se revolvieron en un sinfín de posibilidades que lo llenaron de dolor. Cada una de las corrientes comenzó a hablarle, y las voces se agruparon más y más, hasta que solo se hartó de ellas.
De repente, unas tremendas ganas de llorar lo abordaron.
«¿Por qué?, ¿por qué me pasa esto a mí?», se preguntó en una lamentación profunda, tratando de dominar las demás voces, justo al momento en el que una punzada dolorosa atravesó su torso. Era la locura que quería meterse furtiva en su interior. No podía dejarla.
Entonces, la imagen de Luke apareció en su mente, y su pecho se contrajo en tristeza por alguna razón. El frío se regó desde sus pies y manos hacia el centro, y se abrazó como pudo, sin despegarse demasiado del suelo.
Sabía que, al otro lado del salón, pegado a la pared, Luke lo miraba con paciencia. ¿Cómo es que él era capaz de mantener la cordura en esta situación?, ¿por qué?, ¿no se suponía que él tenía la maldición de los grilletes encima?
Sus pensamientos se llenaron de brumas negras, y el dolor se agudizó; un bramido abandonó su garganta, y sintió la sangre viajar con prisas por todo su cuerpo, causando tirones que lo lastimaban. Se dio vuelta sobre sí mismo y terminó viendo hacia el blanco techo, donde apenas se encontraban un par de luces empotradas.
¿Por qué Luke tenía una sala de reuniones en un lugar como este?, ¿iba a sentar a los zombis alrededor de esta gran mesa, acaso?
De repente, ese pensamiento gracioso fue arrancado de la primera línea, y la imagen del rubio apareció ante su campo visual, pero no de una forma en la que él le hubiera visto antes.
Cerró los ojos para distinguir con más claridad, y se dio cuenta de que Luke lloraba: la sangre recorría sus mejillas como largos caminos oscuros, y terminaba sobre él… ¿sobre él?
¿Qué era eso que sus ojos veían?
Súbitamente, la sensación de que su cuerpo no existía lo tomó por sorpresa, y se descubrió a sí mismo siendo solo su cerebro, su cabeza, como si el resto solo flotara, o como si no fuese nada. El miedo lo abrumó. Un estacazo impactó contra su cráneo, y abrió los ojos de golpe, para descubrir sus manos alrededor del cuello de un rubio que lo miraba sin ninguna emoción aparente, apretando con fuerza.
Lo vio con impresión y soltó su agarre en seguida, asustado por tal acto involuntario, para dejarse ir hacia atrás y caer de sentón en el suelo.
—Luke yo…
Pero ya no había nadie que lo controlara.
Dentro de su embotada cabeza, miles de cristales se rompieron, y el solo ver el rostro del mayor se transformó en una tortura. Una gran inundación de entendimiento azotó cada rincón de su mente, y temió.
—¿Por qué…? —murmuró Blaise.
Sus ojos se abrieron de par en par, y saltaron hasta casi salirse de sus cuencas. Su voz se volvió ronca, y entrecerró el mirar en el otro.
Los pensamientos comenzaron a caer sobre él como piedras que le hacían daño: el cuerpo enfriándose, las puñaladas en su pecho, la piel endureciéndose sin control, y el terror de un alma condenada a vagar.
Apretó los pies con toda la fuerza que pudo, y no pudo evitar que las lágrimas de sangre inundaran sus ojos y comenzaran a caer por sus aún pálidos mofletes. Un gran nudo se formó en su garganta, y los brazos le pesaron.
—¡¿Por qué?! —aulló exigente desde la profundidad, y llegó de un saltó a acorralar a Luke contra la pared, tomándolo de los hombros y apretándolo—. ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué tengo que necesitarte?! ¡¿Por qué te deseo?! —Llevó las manos a su cuello de nuevo, y comenzó a apretarlo con fuerza.
Los ojos del rubio lo contemplaron imperturbables, y eso solo hizo que su ansiedad aumentara, así como la fuerza en sus manos.
—¡¿Por qué tengo que amarte?! —bramó con fiereza y zarandeó al otro, que se bamboleó como un trapo, mas no reaccionó.
Blaise se mordió el labio inferior, y la sensación de su cuerpo siendo apuñalado lo bañó de nuevo. Algo entraba y salía de él con dolor por todo el pecho, por el cuello, y lo hizo gruñir con propiedad. Comenzó a temblar, y afirmó sus manos en el cuello de Luke, tan fuerte que sus uñas atravesaron la piel. Entonces, escuchó el crujir del primer hueso. ¿Era eso una vértebra?
Vio las mandíbulas del mayor apretarse una contra la otra después de eso, pero no cedió.
—Te veo y no puedo tenerte… ¡Lo odio! ¡¿Por qué no puedo morir en paz?! ¡¿Por qué siempre tengo que regresar a ti?!
Solo entonces, vio el desencanto dibujarse en los orbes ajenos. Una nostalgia incluso más antigua que sus propios recuerdos, que su propia y actual vida. Pero no desistió.
—Eso… es lo que… me he… preguntado… siempre… —La voz de Luke se escuchaba rasposa, presionada y queda por esos dedos que la apretaban, queriendo enmudecerla..
»Pensé que… entendías… querido Blas…
Blaise apretó más, y escuchó otro hueso quebrarse. La ira se instauró en su mirada, en sus pensamientos, como un zumbido temible, una corriente potente y peligrosa que no lo dejó escuchar nada más.
Pero Luke no volvió a hablar. Él solo se quedó quieto, como si no le importara que el menor estuviera tratando de dejarlo sin cabeza.
Pero… ¿Qué se suponía que debía entender?
Las lágrimas tan solo siguieron su camino, y un nudo se formó en su garganta. Un fuerte calambre invadió sus brazos, y «algo» que no tenía forma o masa, cayó en su estómago.
No era la dominación, no…
¿Qué era?
La desesperación se regó por su cerebro a un ritmo temible, las corrientes eléctricas lo hicieron temblar, y las imágenes de tragedia se transformaron en recuerdos felices, en sonrisas, en cariño, en armonía, en deseos bonitos y esperanza.
No todo fue malo, no…
Además… ¿Solo él sufrió en el camino?
Presa de una culpa extraña, lo soltó, y cayó sentado al suelo, mirándolo con una impresión temible. Tragó, tragó y volvió a tragar decenas de veces, mientras lo veía mover la cabeza de lado a lado, de seguro recomponiendo sus huesos.
—El Kétnemü, querido Blas… pensé que, a estas alturas, lo habías comprendido a cabalidad.
Los ojos ansiosos de Blaise lo contemplaron, y volvió a tragar. Las lágrimas no se detuvieron, y el dolor pinto su expresión.
«Kétnemü», era un nombre tan sencillo de pronunciar, un «proceso» tan fácil de describir.
Pero no… resultaba en algo incluso más profundo de lo que él había concebido hasta ahora. Las sonrisas, el llanto, el dolor, el sufrimiento, la felicidad, el odio… todo eso le dio la respuesta.
—Luke… —murmuró con desconsuelo, y una sonrisa llena de nostalgia lo recibió.
Se colocó sobre sus piernas, con las palmas sosteniendo el resto de su peso, y sintió como si su corazón se rompiera. Los recuerdos, mezclados con lo que sabía del pasado de ese rubio, lo abrumaron en una avalancha y, de repente, ya no tenía sed, ya no sentía ira, ya no quería hacerlo responsable de su dolor.
Porque… era el dolor de los dos.
Su semblante se desdibujó, y rompió en un llanto desmedido, echó su cuerpo hacia atrás y se cubrió el rostro con las manos, sin poder evitar dejar salir las lágrimas, el dolor, la presión.
Le dolía… pesaba, lo aprisionaba.
Pero no era solo a él. Nunca había sido solo él.
Cuando los brazos de Luke lo cubrieron en un abrazo fuerte, pero ameno, como si de una manta de consuelo y vida se tratase, Blaise Habsburg por fin comprendió lo que el verdadero sentido del Kétnemü traía consigo.
Horas más tarde, bañados y limpios, y con todo reacomodado en su lugar, ambos abandonaron el laboratorio y la sede de El Infierno. Para ocultar su verdadera potencia, Luke puso en Blaise un pequeño encantamiento, que duraría lo suficiente como para que no levantara ninguna clase de sospechas.
♦ ♦ ♦
Denisse Edevane no entendía por qué, pero su hermano regresó a casa con una mirada perdida y pensamientos difusos. Sin embargo, lo que experimentaba ahora le parecía extraño.
Durante estos dos días, Luke se posesionó de Ailen, exprimiendo su capacidad de darle sangre al máximo, y también de Raúl. Esos dos seguían en sus habitaciones, mientras Blaise los cuidaba con paciencia. Y ahora era su turno.
No negaba que la sensación de los colmillos de su hermano en sus muñecas, en su cuello, en su abdomen, y en cada parte donde él quisiera morderla, eran lo mejor que había sentido en mucho tiempo, pero no podía evitar preguntarse las razones.
Desnuda ante él, que apenas conservaba sus pantalones, veía la ferocidad en sus ojos acrecentarse. «Se induce un jazba», llegó a su mente tras las primeras horas, pero desapareció con rapidez al tenerlo dentro, presa de las primeras etapas de esa condición.
Más de litro y medio de sangre extra dentro de él, que ya había bebido antes en exceso de ambos alimentadores… solo indicaba peligro, descontrol.
En aquella habitación, dominada en la cama, Denisse no pudo hacer más que dejarlo hacer lo que quisiera con su cuerpo, aun si eso le causó mucho dolor en determinados momentos.
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—Raarta: Conexión inexplicable con otra alma.