Capítulo final
La consorte Azzar se despertó confundida, ya no estaba en la sala imperial sino en la habitación de su palacio. Didi y Yasmina estaban en la cabecera esperando que su ama despertara.
—Su alteza, ¿cómo se siente? —Yasmina la ayudó a sentarse sobre el lecho.
—Me siento bien —susurró débilmente.
—Alteza, la princesa Shakti está encerrada en el castillo del desierto… ¿Qué va a hacer con ella?
—Castigarla —respondió contundente.
—Ahora lo importante no es castigar a la princesa. Debe recuperarse —Didi habló
—Lo sé, pero ya me siento mejor. Prepara el carruaje, iremos a ver a Shakti.
—Pero usted está débil, apenas ha descansado en la noche —Didi reprochó.
Ezra no prestó atención a Didi y extendió uno de sus brazos hasta Yasmina para que esta la ayudase a poner de pie.
—Su alteza… —Didi trató de detenerla
—Es una orden —pronunció con firmeza.
Pronto el carruaje estuvo listo y Ezra junto con Yasmina partieron hacia el castillo del desierto. Al llegar ambas se encontraron con guardias custodiando las entradas del lugar con recelo.
—Abran las puertas —imperó en cuanto estuvo frente de los hombres. Pero estos le sellaron el paso.
—Tenemos órdenes de la Consorte Azzar para no dejar ingresar a nadie al castillo —respondieron
Ezra aceptó las palabras de los hombres. Como llevaba puesto el velo sobre el rostro, nadie la conocería. Pero si tenía algo que comprobaba su identidad.
—Soy la Consorte —avisó mientras les mostraba el sello real.
Los hombres le abrieron paso de inmediato. Y Ezra ingresó al castillo; los viejos recuerdos de ese lugar volvieron a su mente. Recordó que la Consorte Akil había muerto allí.
Sin embargo, una voz femenina la sacó de sus pensamientos.
La noche se hace cada vez
Más fría, pero tú solo miras sin
Energías el futuro.
Belleza, perfume y encanto;
Fui dotada con inusual intelecto.
Pero, ¿Por qué todo se ha vuelto borroso?
Mi corazón sigue perseverando en una causa perdida.
Aún si tengo que cruzar
Un valle lleno de espinas te seguiré,
Aún si mi cuerpo se desgarra
Y mi vida se desvanece te anhelare
Ezra escuchó aquella melancólica melodía y estuvo de acuerdo en que era hermosa. Los toques tristes y nostálgicos impregnaban la composición de una aire etéreo y lejano.
—Shakti, por fin tendré oportunidad de conocerte así sea un poco más —Inició
—¿Qué hace aquí? ¿No tiene miedo de que la mate? —preguntó sin mirarla al rostro.
—No, porque sé que no lo harás
—No me rete —gruñó
—No vengo a pelear contigo, Shakti. Vengo a conversar antes de que mueras…
Shakti no pudo evitar soltar carcajadas, pero algunas mezcladas con lágrimas.
—Adelante —concedió entre risa.
—Desde que llegaste al palacio me di cuenta que no querías el favor del rey, y poco después me enteré de la razón. Pero ahora no sé cómo la situación terminó aquí, tan odiosas y con rencores.
—Esto era inevitable, Azzar
—¿Qué hay de Goli? —hizo otra pregunta
—Ella es mi hermana gemela, somos hijas de la misma madre. Pero por las inseguridades de mi padre terminamos separadas, él fue tan estúpido de pensar que una de las dos no era su hija… Al final me eligió a mí porque no tenía mancha o algún defecto en el cuerpo mientras que Goli tenía un lunar bajo uno de sus ojos; eso la condenó a una vida de miseria. Sé que moriré, pero por favor, libere a Goli. Ella no la ha afectado en nada —dijo con la voz quebrada—. Fui yO quien la utilizó como una pieza de ajedrez.
—No tengo razón para aceptar, aún así lo haré. Pero debes confesar todos tus crímenes —concedió
Shakti se agachó frente a la Consorte y tocó el suelo con su frente
—Gracias, su alteza.
—Habla
—Yo, la princesa Shakti de los Gurjara soy culpable del asesinato de la concubina imperial Alid, de intentar matar a la princesa Banuqa y al rey —completó
—¿Qué le has hecho al rey?
—Estos dos años yo le he suministrado una mezcla venenosa y es probable que muera pronto… Todo fue planeado junto con Cadi, principalmente por ella. Pues, solo de esa forma se aseguraría su puesto, pero al finas usted se adelantó y ganó… Uno nunca sabe para quien trabaja.
Luego, en silencio se encerró en el castillo dejando atrás a Ezra. Caminó con lentitud hasta alcanzar uno de los candelabros, reunió basura y los pocos muebles de madera disponibles del lugar en el medio del interior del castillo.
Sus piernas se doblaron sobre el suelo sin ganas de volver a levantarse. Su corazón era terco y no aceptaba su horrible realidad… Su mente no hacía otra cosa que cuestionarla.
Frente al montón de basura se arrodilló, en sus manos sostenía la carta escrita con el puño y letra del señor Kumari. Leyó por última vez el contenido y lanzó el candelabro sobre los papeles haciendo que estos se encendieran poco a poco.
—Perdón —susurró entre lágrimas—. Me mantuve casta pensando que algún día lo volvería a ver, pero fui estúpida… Fui yo quien lo mató, fui yo quien acribilló al pueblo condenándolo a una muerte segura. No hay más culpables que yo —completó con voz entrecortada por el llanto.
Después de eso el fuego se avistó desde el exterior del castillo. Shakti ya no quería ver el mundo arder, ahora ella ardía en él.
En medio del fuego Ezra pudo ver la figura de Shakti. Luego, un grito desgarrador cortó el aire y se talló con pluma caliente en la memoria de la Consorte. Su piel se erizó ante el grito, pues ella no podía entender como Shakti había terminado su vida de una forma tan dramática.
Poco a poco las llamas fueron consumiendo todo el castillo borrando por completo la efímera huella de la princesa Shakti en el mundo.
—Su alteza, el castillo se está quemando —el guardia entró para sacarla del lugar.
—Controla el fuego, pero deja que este consuma en su totalidad al castillo —ordenó antes de montar el carruaje y marcharse del lugar.
…
Ya había pasado una semana desde la muerte de la princesa. Ezra ya había cumplido su palabra liberar a Goli y ordenarle marchar lejos o de lo contrario no tendría misericordia otra vez.
El harén se sentía más tranquilo, pues la confrontación entre concubinas y esposas por fin había cesado. Ya todas sabían que competir a esas alturas con Azzar era pelear contra el viento.
Ezra había consolidado su poder en el harén y ahora monopolizaba los asuntos de estado por ser la madre el único heredero aparente.
—Madre, ¿Por qué no sonríes? —La pequeña Banuqa interrogó.
Ezra salió de sus pensamientos y centró su atención en la niña.
—Porque hacerlo cuando no quieres duele, ¿Sabías?
—Pero si una persona sonríe es porque quiere
—No siempre es así, Aisha. A veces las personas llevan cicatrices dónde nadie las ve
—¿Cómo dónde?
—En el corazón
La princesa miró confundida a su madre
—Cuando crezcas lo entenderás
La conversación quedó a medias, pues el eunuco real del rey anunció su entrada
—Su alteza
—¿Qué pasa?
—El rey solicita verla —el eunuco se acercó más para que sólo ella escuchase—. El rey no está bien… temo que en cualquier momento puede morir
—Llévame con él
Cuando Ezra entró a la habitación, una sensación horrible se instauró en su corazón. Un frío helado recorrió su cuerpo.
—Estás aquí —el rey señaló
—Sí
—Yo realmente fui malvado contigo, Ezra. Lo siento.
—Su majestad, no vine aquí para recordar el pasado, eso no es bueno.
—Se que moriré, y debo dejar un heredero antes de morir, por eso te llamé —susurró débilmente.
—Lo escucho, majestad
—Se que el rencor que sientes es justificado, y como mi último decreto dejaré a Rashid siendo mi heredero y tú como su madre te convertirás en el tutor —decretó.
—Majestad, pensé que alguna vez iba a entender que no todo se compra con dinero o regalos. Al final entendí la razón por la que la emperatriz Khatri se comportó como lo hizo, ella y yo no somos muy diferentes, pues peleamos por aquello que nos asegurara un futuro junto con nuestros hijos —dijo suavemente. Ella quería parecer fuerte, pero sus ojos ya se habían cristalizado—. Las bellezas del rey se pelean por su atención, y construyen su poder sobre una base sin cimientos y movediza; su deseo…
—Ezra, yo no sé cómo llegamos hasta aquí.
—Su majestad, usted me obligó a llegar aquí. Usted fue muy egoísta con todas nosotras. Fue un mal esposo y un mal padre. Pero no puedo vivir de rencores toda mi vida, yo estoy dispuesta a perdonarlo aunque la muerte nos separe.
—Gracias —susurró
La Consorte Azzar dejó el palacio del rey y caminó a través de las callejuelas y pabellones giratorios del harén; un lugar de ensueños para unas, pero una jaula de oro para otras. Tan perdida en sus pensamientos no se dio cuenta que frente a ella se ubicó la esclava del rey tapando el camino.
—Su alteza —saludó con respeto—. Tengo unas palabras para usted
—Habla
—Mi hijo y yo no sabemos que hacer si eventualmente el rey muere… —estrujó sus manos con nerviosismo.
—Me ayudaste en el pasado —le recordó el momento en que la había avisado de no beber de la copa de vino que ella una vez le ofreció—. Te dejaré en paz, pero no podré dejarte salir del harén porque eres madre
—¿Qué será de mí?
—Vivirás tranquila aquí, si quieres puedes ser mi dama de honor.
—Su alteza, muchas gracias —reverenció
[…]
Dos años después…
La nieve había regresado después de diez años y nuevamente las capas blancas de nieve sumergían en su totalidad los tejados del harén imperial.
Los vívidos recuerdos se acumulaban en los pensamientos de Ezra generando un vacío en su corazón. Sí, ella recordó el día que ingresó al harén como la concubina del rey; en aquel momento no imaginó lo que tendría que hacer para mantenerse con vida en ese lugar. Sin embargo, al final lo había logrado. El precio que tuvo que pagar muchas veces fue muy alto, pues todos golpes le habían endurecido gradualmente el corazón.
A dos años de la muerte del emperador la nieve volvía a caer, el frío era casi imposible de mermar, pero al parecer a la reina viuda no le importaba.
Ezra estaba en medio de la nieve con los brazos abiertos recibiendo gustosa el invierno.
Los criados del palacio de la redención, su nuevo hogar, se afanaban para tratar de cubrirla del frío con un abrigo de piel de zorro. Sin embargo, la reina parecía estar absorta en un mundo que sólo existía en sus sueños más íntimos.
La ráfaga de nieve caía sin cesar por toda el territorio, cualquier lugar resaltaría por la blancura del hielo endurecido.
La reina viuda danzó alegre mientras era acompañada por su reciente amiga; la nieve. Ambas armonizaban un baile lento y elegante.
—Majestad, ¿Qué hace? No debe resfriarse —Didi corrió hasta ella y colocó el abrigo sobre sus hombros.
—Siento nostalgia, ¿sabes la razón?
—De seguro se acuerda del día en que entró al harén… Fue un día lúgubre y frío como este.
—Sí, lo recuerdo.
Tras la corta conversación con el eunuco, Ezra siguió bailando en la nieve. Su cabeza estaba muy aturdida con la cantidad de recuerdos que llegaban poco a poco; la muerte de Badar, su aborto y las veces que aguantó injusticias. También, la muerte de la Consorte Akil, la emperatriz Khatri y la princesa Shakti, quiénes después de todo fueron víctimas de las tradiciones de la época. Ellas solo trataron de protegerse, pero al final hirieron a otros.
El último recuerdo fue el rey Mahdi.
Ezra todavía creía en el amor, pues era una madre y amaba demasiado a sus hijos. Sin embargo, nunca fue capaz de conquistar el corazón del rey a pesar de sus esfuerzos. En lugar de eso obtuvo desconfianza, pues Mahdi nunca la consideró importante como para renunciar a sus propios deseos.
En cuanto a quien se quedó en su corazón, ninguna lo hizo… En ese lugar no había lugar para otra cosa que los propios intereses de él.
Y poco a poco las expectativas de Ezra se esfumaron, su amor por él se evaporó como el caudal de un río en verano.
El amor que una vez existió en ella se convirtió en rencor. Y para ese momento entendió las palabras de Badar y lo ciertas que eran. Por eso Ezra desistió, pues sabía que su esfuerzo iba a ser en vano.
Entrar al palacio le había quitado muchas cosas, pero también había ganado otras. Por ejemplo, fortaleza y resiliencia…
Las historias no siempre terminaban felices, pero cada final era en realidad un nuevo comienzo, era por eso que ella no sentía que su historia hubiese terminado mal, ya que había sobrevivido y la paz que sentía en su corazón no se comparaba a nada en el pasado.
—Su majestad, se está haciendo tarde. Recuerde que debe reunirse con los ministros esta tarde —Didi esta vez no aceptó más excusas, puso sobre los hombros de su ama el abrigo y la guio hacía el interior del palacete mientras Azzar en su mente tarareaba una melodía propia.
El sonido del tar persa
Y la flauta palidece en la lejanía,
Los pabellones lucen vacíos,
Los jardines se han marchitado;
Las flores han dejado de crecer.
Esa pequeña rosa se marchitó
Causando agonía en todo el palacio.
¿Quién es esa?
Creí en el amor cuando al albor
de la mañana nuestra historia
tuvo un final.
Nuestras vidas son como
la corriente de un río,
Corren y nunca regresan.
La luz fresca de la luna
brilló en el pasado; borrando los buenos
recuerdos y abrazando los
amargos. Nos perdimos en la infinidad
de recuerdos, dejando tan solo
una fugaz historia de amor
convertida en leyenda.
FIN
[...]
Muchísimas gracias por apoyar esta historia, espero que les haya gustado y pues nada, gracias una vez más.
Creo que este no es un final tan bonito como el que algunas de ustedes se esperaban, pero también creo que es el merecido.
¿Por qué?
Bien, es claro que Ezra estaba enamorada del rey y que hasta cierto punto lo llegó a amar. Sin embargo, los sentimientos del rey por ella fueron muy confusos; si confiaba en ella al menos tendría que haberla dejado defender cuando fue acusada... La excusa perfecta siempre fue "las reglas del palacio" y por eso se dejaba engañar fácilmente por otras esposas.
Este comportamiento en el rey no se vio solamente al final de la historia, sino desde el principio, pues el no se interesó en las esposas que ya tenía; Khatri, Akil y Cadi.
Y se cobijó tras la orden de su madre de elegir más concubinas para él, en realidad él sí quería tener más bellezas en su harén Siendo el rey podía pensar que se las merecía. Sus deseos siempre giraron en complacerse a sí mismo, nunca iba a amar a nadie, ni siquiera a Azzar o a cualquier otra mujer. Pues ellas solo fueron sus juguetes.
Bueno, eso es lo que yo pensé a la hora de crear este personaje. Y es con la intención de dejar un mensaje. Una persona que sólo piensa en si mismo e ignora lo que la otra piensa o sienta no es la indicada para amar, si te promete amor, pero es vicioso, violento o egoísta... Simplemente no caigas.