Chapter 37: Epílogo
La reina viuda entró al palacio ubicado entre los más alejados del complejo imperial. El lugar estaba oscuro, frío, sucio y desprovisto de cualquier lujo. Allí al final del corredor, la señora Cadi estaba tirada sobre el suelo; sus cabellos negros se pegaban sobre su cabeza en una maraña enredada y grasosa.
Sus ojos quedaron fijos cobre la figura que entraba a su palacio y con una sonrisa descompuesta recibió a su mayor enemigo.
—Otra vez está aquí —dijo
—Sí, ya sabes. Vengo a hacerte la misma oferta
La señora Cadi bufó sin ganas
—¿No está cansada de que siempre le diga que no?
—Es una gran oportunidad para ti, Cadi. Durante estos años has estado encerrada aquí y no ves la luz del día. Esto es una humillación para ti, la que un día fue una gran esposa del rey Mahdi.
—Todavía no entiendo cómo eres la reina —contestó con voz fría—. Yo había labrado mi puesto con duro esfuerzo, pero al final todo se fue a la borda cuando el rey se fijó en ti. No sabes cuánto te llegué a odiar en ese momento.
—Pudimos ser aliadas, pero no quisiste.
—¿Aliadas? Solo una podía ser la vencedora y admito mi derrota —declaró
—De nada te sirve seguir aquí, ya yo gané y no quiero tener que venir todos los años a hacerte la misma oferta.
—Usted tiene razón. No tiene sentido seguir viviendo.
Tras esas palabras un eunuco entró al palacio sosteniendo una copa de vino envenenado y la ubicó justo frente a Cadi.
—Es la última vez que vendré aquí. Si te niegas vivirás toda tu vida en miseria, serás la historia de terror para todos los niños del país.
—Adiós, Azzar —Cadi le dio la espalda.
Ezra salió de dicho palacio dejando a Cadi junto con la copa de vino.
Cadi miró de reojo la copa ofrecida y la tomó con los brazos temblorosos. Su mirada se perdió en el contenido del recipiente mientras las lágrimas salían sin control abriendo un camino sobre sus mejillas. Sin pensarlo dos veces bebió el vino y sintió como el líquido rasgaba su garganta.
Luego, en el palacio abandonado se sintió el resonar de la copa en cuanto cayó al suelo.
La señora Cadi, la que fue una de las esposas más poderosas del harén murió en medio de la miseria, la deshonra y el olvido.
—Lo siento, Naya. No fui una buena madre para ti —susurró antes de cerrar los ojos para siempre.
[…]
—Su majestad, el príncipe Jaffar está aquí junto con su hermana —Didi avisó a la reina
—¿Ya están aquí? —preguntó asombrada—. Hazlos pasar
—Sí
Poco después Jaffar y Salsa entraron al lugar, la saludaron y luego se acomodaron en los sillones del recibidor.
—Su majestad —Salsa saludó cortésmente
—Salsa, soy tu hermana, no me llames así —dijo con una sonrisa—. Igual para ti, Jaffar
—Gracias —respondió el hombre con una sonrisa
—Han pasado muchos años desde la última vez que los vi
—Once años, hermana
—Sí, es mucho tiempo.
—Hemos estado todos estos años cerca del territorio de su padre, majestad. Yo personalmente quiero agradecerle por avisarme que mi hermano quería casar a Salsa con otro hombre.
Ezra sonrió
—Mi hermana estaba enamorada de ti, por supuesto que iba a ayudarla a salir de esa penosa situación.
—Sin embargo, mi hermano murió muy temprano y no alcanzó a casarla. Tengo entendido que fue envenenando por dos de sus concubinas, ¿verdad?
—Sí, pero ya ambas fueron ejecutadas. Una de ellas fue la señora Cadi
Jaffar se sobresaltó cuando escuchó el nombre de dicha concubina.
—La señora Cadi era muy reservada, nunca creí que hiciera eso
—Ya no importa, Jaffar. Eso quedó en el pasado. Ahora, solo quiero conocer a su hija, ¿cuántos años tiene?
Salsa sonrío alegre y salió para ingresar a su hija. Una niña hermosa de piel morena, cabello largo y ojos color esmeraldas, igual que su padre.
—Shaina, saluda a su majestad
La niña caminó con presteza hasta llegar frente a Ezra, luego hizo una elaborada venía
—Saludos a su majestad —saludó la niña
—¿Cuántos años tienes? —preguntó
—Tengo nueve
—Ven acá —Ezra la llamó con una sonrisa—. Tal vez no me conozcas, pero soy tu tía, preciosa —acarició sus cabellos.
—¿Eres mi tía? —preguntó asombrada—. ¡Madre, soy la sobrina de la reina! —exclamó todavía sorprendida
La reacción de la niña hizo reír a Ezra. Aquella escena la llenó de alegría, al menos Jaffar y Salsa se habían reencontrado y hecho de su amor el pilar de la relación. Azzar se llenó de alegría al ver la mirada dedicada del príncipe y los sonrojos de su hermana; el amor que se profesaban era único, eso nadie lo podía negar. Al menos Salsa había encontrado el amor.
The End
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