Capítulo 35
En el amor todo ha terminado cuando uno de los amantes piensa que sería posible una ruptura.
Paul Charles Bourget.
Ezra Azzar entró al gran banquete y se dejó guiar por una doncella hasta el que sería su lugar, justo frente a la señora Cadi. Con calma se sentó en su lugar en la mesa y saludó con una leve inclinación a Asma, quien le respondió de igual forma.
El rey todavía no había entrado y por eso el ambiente en la sala se sentía relajado; las concubinas y esposas allí presentes, alrededor de unas siete, charlaban tranquilas mientras esperaban al rey.
Cuando ese hizo presencia en el lugar todas las voces se silenciaron y de manera inmediata se levantaron de sus cojines para saludar al rey.
—Saludos, majestad —se escuchó una sola voz.
—Siéntense —concedió el hombre.
El hombre caminó por todo el corredor hasta llegar a la cabecera del comedor.
—Majestad, esta es una ocasión especial —Cadi empezó a hablar—. Recientemente una nueva compañera ha entrado al harén, este banquete es para recibirla, pues sabemos que usted aprecia las buenas relaciones entre nosotras; sus esposas —completó con voz melodiosa.
Cualquiera que no conociera su verdadera naturaleza pensaría que estaba frente a una esposa virtuosa y dedicada. Pero la realidad era muy distinta
—La señora Cadi ha hecho sus mejores esfuerzos para este evento. Es un mérito a su favor —comentó la señora Azzar con aparente desinterés.
—¡Bien! —Mahdi exclamó con emoción—. Disfrutemos de esta comida.
Con el permiso del rey, todas las mujeres presentes en la sala iniciaron la comida.
El silencio se apoderó del lugar; lo único que se podía escuchar era el chocar de las cucharas contra las vasijas de porcelana. Pero en medio de la comida, Cadi hizo señas a Macnuka para que ejecutara todo el plan que previamente habían concretado.
Macnuka empezaba a dudar en hacer lo que Asma le había pedido, pues lo que tenía que hacer iba en contra de su moral. Aún así, se levantó de su lugar, se acercó hasta Azzar y se arrodilló frente a ella sosteniendo una copa de vino
—Me es un honor servir al rey y a usted mi señora. Por favor, permítame servirle está copa de vino —ofreció con nerviosismo.
Ezra sonrió ampliamente y tomó la copa ofrecida por Macnuka. Sin embargo, pudo percibir el nerviosismo en sus palabras, lo que le hizo dudar de sus acciones, y dispuesta a extremar su ansiedad demoró en llevar la copa a sus labios.
—No lo beba —Macnuka susurró moviendo apenas los labios.
Ezra detuvo el camino de la copa colocándola sobre la mesa.
—Aquí todos somos hermanas, no tienes que hacer esto Macnuka —avisó
Cuando Ezra dijo esas palabras, Macnuka tomó la copa y bebió su contenido de un solo sorbo. Luego, inclinó levemente su cabeza en señal de aceptación.
La Señora Cadi no estaba nada contenta con la acción de Macnuka. Enfurecida apretó la mandíbula y los puños.
—Majestad, tengo algo preparado para amenizar el banquete —Cadi desvió la atención de lo que acababa de ocurrir.
Tiempo después muchas bailarinas entraron a la sala principal del palacio, y empezaron a ejecutar su baile. Aquello era una mezcla de belleza, telas hermosas y perfume.
El ambiente quedó paralizado en las bellas mujeres que se movían libremente por el lugar, y tal como se había planeado, el rey quedó embelesado con las mujeres. Satisfecha con el resultado, la señora Cadi sonrío con alegría, al menos esa parte del plan había funcionado.
El rey durante esos días se había entregado a la bebida y los placeres, abandonando por completo el harén y a la señora Azzar.
Desde ese momento, Goli llegó a reemplazar a Ezra en el corazón del rey y poco a poco lo fue envenenando para que este estuviera en contra de Azzar.
[…]
Dos años después…
Ya habían pasado dos años y la situación en el harén no había cambiado mucho; el rey sorpresivamente se había dejado seducir por las bailarinas, y por eso ya casi no la visitaba. Por otro lado, Ezra había logrado dar a luz un hijo varón, lo que la elevó al estatus de Consorte, por encima de la señora Cadi.
Durante esos años, Ezra tuvo que lidiar con el temperamento de la señora Cadi y la princesa Shakti, pues a cada oportunidad no dudaban de atacarla a ella o a sus hijos.
Ese día, la consorte Azzar abrió las puertas del palacio imperial de un solo golpe. En su interior circulaban de un lado a otro esas mujeres que tanto dolor de cabeza le habían dado. Pero para ese momento ya lo tenía bajo control, y por poco podía saborear el éxito en el ascenso.
Cuando estas se dieron cuenta de su entrada al lugar detuvieron el baile y la música. Entonces, Ezra aprovechó para caminar hasta el diván dónde se encontraba tumbado el rey, junto a dos hermosas bailarinas.
—Eres tú —Mahdi comentó con desinterés.
Ezra no respondió nada.
—Necesito hablar con usted —sentenció con expresión severa, ninguna sonrisa falsa asomó en su rostro, pero al ver que las mujeres no se separaban del rey y no los dejaban a solas, se exasperó —¡Ahora! —ordenó, pero esas mujeres solo la miraron de reojo y rieron levemente.
Después de varios minutos tensos, el rey les hizo señas para que los dejaran solos en la sala. Sin embargo, estas también se negaban a obedecer y se pegaban más al hombre.
—¡Largo de aquí! —Mahdi gritó enfurecido. Sobresaltadas por el grito, se levantaron del lado del rey y salieron de la habitación principal junto con el resto de las bailarinas que estaban allí.
El Califa se acostó nuevamente sobre el lecho y agarró bruscamente el jarrón lleno de alcohol que estaba sobre la mesita y sorbió el líquido ruidosamente. Esta vez, Ezra no sintió nada, no sintió deseos de arrebatarle la botella e impedir que siguiera bebiendo su propia muerte.
Con el paso de los últimos años se había dado cuenta que era un desperdicio.
—He arrestado a la bailarina Goli —avisó
—¿Qué? ¿Por qué has hecho eso? —reprochó con tono amenazador. Para ese momento el rey ya se había levantado del diván.
Sin embargo, Azzar no se dejó intimidar por el hombre, por el contrario, se armó de valor y le entregó la orden de arresto de la bailarina.
—¡No puedes hacer eso, te lo prohibibo! —gritó fuera de sí—. Es mi favorita ahora, no permitiré que la arrebates de mi lado, ¿es muy difícil entender que la quiero a ella? ¿Qué más quieres de mí, mujer? —golpeó el pecho de Ezra con tanta fuerza que su cuerpo se echó para atrás.
—¿Qué más? No deseo nada de usted, majestad.
—Entonces, ¿Por qué insistes?
—Usted ha descuidado el imperio, se ha entregado a los placeres; fiestas, mujeres y alcohol. Goli no solo era su bailarina, también es cómplice de la concubina Shakti…
—Shakti, ¿Qué tiene que ver ella en esto?
—Su majestad nunca ha visto el rostro de la bailarina Goli, pero ella es hermana gemela de la princesa rajput. Y mientras usted se perdía en el hedonismo, Shakti estaba saliendo de la ciudad con la ayuda de la bailarina Goli.
—Nada de lo que dices es cierto. Además, eso no te da derecho a meterte en mis asuntos —atacó
—Cuando se pasan los límites de lo que es permisible ya no se habla de asuntos personales, majestad. La princesa Shakti rompió las reglas del palacio al intentar matar a la princesa Banuqa. No sé si usted quiere a Aisha, pero yo soy su madre y jamás perdonaría a alguien que haya atentado contra ella —dijo para luego quedar en silencio—. ¿Qué más debo esperar de usted, majestad? Durante los años que le he servido no he hecho más que complacerlo y comprenderlo… Perdí muchas cosas majestad; perdí a mi mejor amiga en este lugar, perdí mi felicidad pensado que algún día el amor podía regresármela, pero ya no estoy dispuesta a seguir perdiendo… Lo dejaré hacer lo que quiere, ¿Quiere a Goli? Se la daré en libertad, pero a cambio déjeme castigar a Shakti y nombrar como heredero a mi hijo —solicitó—. Su majestad conoce lo que es conveniente para el imperio… Las tribus de las estepas mongolas están interesadas en nuestro territorio y se han aliado con los rajput. El ejército Abasí ha logrado vencer varias veces a los rajput, y en poco tiempo podrán conquistar la ciudad. Sin embargo, usted debe tener un heredero que asegure la posteridad de nuestro imperio, y el único candidato elegible es mi pequeño Rashid.
—Eres muy astuta, Azzar… Pero no te daré el gusto de ser la madre del heredero —el rey se burló.
—Entonces su majestad no debe esperar buenas acciones de mi parte. Su majestad ya no es nada, usted se ha convertido en un voluble hombre. El rey árabe se dejó seducir por las bailarinas de un burdel, contaminó el palacio con su ineptitud y cobardía —bramó enfurecida. Su voz sonó entrecortada por las emociones que afloraban en su corazón.
La expresión del rey cambió por completo, apretó la mandíbula con rabia y se acercó peligrosamente a Ezra. Luego, el golpe que sintió en su mejilla la hizo caer al suelo confundida, con una de sus manos se apretó la mejilla y dolida regresó la mirada al rey, quien se veía todavía enojado y sin el más mínimo remordimiento. Sin embargo, así estuviese de rodillas pidiendo perdón, Ezra nunca lo perdonaría. Si se hacía una vez, lo haría cuántas veces quisiera.
Ezra clavó sus ojos iracundos y decepcionados sobre el descompuesto rostro del rey.
—Le he permitido todo en esta vida, pero ya estoy cansada. No lo haré más —Dio media vuelta con intención de abandonar el lugar, pero la voz del rey la detuvo.
—¿Estás rompiendo la promesa? Prometimos estar juntos hasta envejecer —reprochó—. Nunca te dejaré ir, ¿Entendiste? La muerte será lo único que nos separará —vociferó.
Ezra sonrió cínicamente mientras negaba con la cabeza.
—Su majestad rompió primero la promesa, y si la muerte es lo único que nos separará, entonces que un rayo caiga sobre mí y termine con este tormento.
Después de esas palabras, la Consorte salió de la habitación dando pasos calmados. Cuando pasó el umbral de la puerta de la sala, escuchó la tos ahogada y seca del rey, a sus espaldas el hombre se desplomó sobre la lujosa alfombra
Ezra no prestó atención y en su lugar salió totalmente del palacio, cuando lo hizo avisó al eunuco real sobre la enfermedad del rey… El alcohol ya empezaba a cobrarle factura en su cuerpo.
…
Meses después…
—Mi señora, tengo una mala noticia —Rani avisó
—El reino Gurjara ha caído, su alteza —soltó la noticia.
Las palabras de Rani taladraron en la mente de la princesa rajput. Sin esperarlo, las tazas de comida que sostenía en sus manos cayeron al suelo haciendo un estruendo horrible.
Shakti no esperó más y salió corriendo de la habitación, cruzó la puerta del castillo y recorrió con rapidez el largo pasillo de piedras que separaba el castillo del desierto del resto de la ciudad
En un tornado de telas descoloridas, Shakti corrió a través de las calles de la ciudad hasta llegar a las puertas del palacio imperial del rey. Los guardias no la dejaban entrar, pero al final logró escabullirse por una de las paredes.
Las puertas de la sala resonaron dolorosamente cuando chocaron contra las duras paredes del palacio imperial. En medio de las puertas estaba la princesa desarreglada, con sus cabellos sobre el rostro y las ropas arrugadas.
—Consorte Azzar —reconoció a Ezra. Quien tras la enfermedad del rey se había encargado personalmente de los asuntos de estado. Nadie se atrevería a contrariarla, pues se había proclamado la madre del próximo Califa.
—Veo que no has tardado en llegar
—¿Qué ha hecho? —gritó dolida
—Yo no he hecho nada, Shakti. Solo seguí las órdenes dejadas por el rey antes de enfermar
—¿Cómo pudo?
—Este es un gran imperio, jamás íbamos a permitir que esa rebeldía del rey rajput moviera los cimientos de la dinastía.
—Mi padre era vasallo de los abasíes, si amenazó fue solo por su terquedad y orgullo.
—¿Terquedad? ¿Orgullo? —Ezra se mofó—. Tu padre quiso rebelarse y dirigió su ejército a las frontera para expulsarnos, no solo eso, también se alió con una tribu de las estepas mongolas ¡Tu padre sobrepasó los límites!
—La ciudad…
—Cayó, mucha gente murió y otros serán convertidos en esclavos.
—Mi madre…
—Murió —completó nuevamente—. Toda la familia real de la ciudad murió; tu padre, la primera esposa y tu madre
Shakti cayó al suelo producto de la debilidad tanto física como mental. Toda su familia se encontraba muerta, no tenía sentido seguir viviendo.
—¡No! —gritó— ¡Mientes!
—No solo tu familia murió, también un hombre de apellido Kumari, el líder del ejército rajput tenía esta carta guardada entre sus ropas —Ezra le pasó el papel—. Mi traductor dijo que es una carta de amor del general Kumari a ti, la princesa Shakti.
Aquello terminó de desmoronar el corazón de Shakti. Sus ojos se cristalizaron, las lágrimas empezaron a nublar su visión y su respiración se hizo pesada, ella sentía morir en vida.
“Señor Kumari, ¿Por qué me dejó? —susurró entre lágrimas mientras sostenía la carta del hombre.
—Princesa, no provoques más problemas y regresa por dónde viniste.
—Esta dinastía mató a mi familia, y usted hace parte de ella. No esperaré más tiempo para vengar sus muertes —gritó llena de ira
La princesa Shakti corrió con pasos contundentes hasta la Consorte Azzar, y cuando estuvo frente a ella sacó velozmente de entre sus ropas una pequeña daga y apuñaló a Ezra. El grito agudo que soltó la Consorte fue suficiente para que los guardias entraran a la sala y arrestaran a la princesa Shakti.
—¡Maldita seas Azzar, no sabes cuánto te odio! —bramó cuando los guardias imperiales la separaron de la Consorte y la apresaron.
—Llévenla al castillo del desierto, vigilen el lugar. Nadie podrá salir o entrar allí si no es con mi autorización —decretó en un susurro antes de caer desmayada sobre el trono.