Capítulo 33
Goli sacó a Rani de la pequeña oficina y la guio hasta una de las habitaciones más escondidas de la enorme mansión. Tras de ellas iba la muchacha que la recibió en la entrada, esa misma que le había hablado con altanería.
—¿Quién es ella? —interrogó a Goli
—Ella es nueva, disculpa su falta, por favor —respondió
—Ella debe venir con nosotras —completó
Goli se detuvo en seguida y miró extrañada a Rani.
—¿Por qué?
—Te lo explicaré en el camino de regreso… Su alteza tiene un plan para salir de la ciudad árabe…. Te hago una pregunta, ¿Cómo están las habilidades de tus muchachas?
—Todas son muy capaces. Sin embargo, escogeré las mejores.
—Está bien. Avísales rápido… Saldremos hoy en la noche. Diles que recojan sus pertenencias y esperen hasta la noche.
—Si.
…
En la capital árabe, un banquete se estaba realizando. En él estaban los hombres más importantes de la dinastía, casi la mayoría eran funcionarios del rey. Entre ellos estaba el general Amir junto con sus hombres de más confianza. Aunque, no había solo hombres en aquella sala, también estaba la señora Cadi, hermana del general y la señora Azzar, que tras insistir mucho pudo convencer al rey de llevarla a dicha fiesta.
Tanto Ezra como Asma se escondían tras sus velos brillantes y coloridos, pero aquello no bastaba para esconder su belleza, la vista en general de las mujeres era tapada por una fina tela de seda amarilla que cubría los palcos en los que estaban. En pocas palabras, aquellas dos mujeres significaban un real misterio para el resto de los presentes en la sala. Casi nadie conocía sus rostros.
—Amir, hace poco has llegado a la capital. Dime, ¿Cómo te han tratado? —empezó a hablar el rey.
—Me he sentido muy bien, majestad —respondió.
—Aquí, tras el velo está tu hermana, la señora Cadi. ¿No quieres saludarla? —interrogó mientras señalaba el palco de Cadi.
Amir asintió, se levantó de su cojín y dirigió su mirada al palco dónde suponía estaba su hermana.
—Saludos, señora Cadi —reverenció
Cadi sonrío alegre tras el velo, pero tuvo que aguantar las ganas de correr al encuentro de su hermano, abrazarlo y besarlo. Tanto tiempo alejados y cuando por fin este volvía, una fina tela los separaba.
Saliendo de sus pensamientos, Cadi aceptó su saludo y le permitió nuevamente sentarse en su puesto.
—¡Bien, bien! Bebamos por el regreso del general Amir —ordenó el rey
—¡Sí! —gritaron los presentes mientras bebían de sus copas de vino.
Casi la mayoría de los presentes en la fiesta del rey se dedicaron a comer y beber. Y hasta ese punto, Ezra todavía se mostraba terca a irse… algo le decía ese día ocurriría un suceso malo para ella o su familia. Sin embargo, nadie había hablado algo que fuese de su verdadero interés… Tan solo banalidades.
Poco a poco las cosas estaban tornándose cada vez más pesadas por el comportamiento del rey, quien para ese momento ya estaba ebrio.
—Majestad, me retiraré. Usted debe descansar.
—¿Descansar? Todavía es temprano Amir… Además, no estás autorizado para irte —respondió
—Su majestad…
—¿Qué? ¿No puedo darte órdenes? ¿No soy digno de ti? —bramó enfurecido.
—¡No me atrevería, majestad! —Declaró
—Entonces, siéntate y escucha mis órdenes. He arreglado tu matrimonio —soltó
—¿Mi matrimonio? —Su voz sonó rasposa.
—¡Sí, tu matrimonio. Te casarás con la señorita Salsa! —declaró irritado
Amir no intervino más en la conversación, dejó que el rey le comunicará por completo su orden. En su mente resonaba el nombre que quien sería su futura esposa… Salsa. Aquel nombre le parecía conocido, pero por más que tratara de recordar no llegaba a nada en concreto.
—¿La chica sabe? —preguntó después que el rey terminó de hablar.
—¿Qué importa si ella lo sabe o no? Su opinión no importa, ¡Mi decisión es la que cuenta. Yo soy el rey! —gritó.
Ezra era testigo de todo el teatro que estaba dando el rey frente a los funcionarios de su gobierno. Ella se había quedado paralizada en su palco en cuanto escuchó al rey decir que quería casar a Salsa con el General de la familia Cadi. Ya se lo había, pero escucharlo tan pronto le generaba asfixia.
—¿Salsa? —susurró para sí.
Cadi sonrío cínicamente tras su velo y también miró de reojo a Azzar.
—Seremos familia, Azzar. Estaría bien mantener buenas relaciones ahora que pronto nos emparentaremos —habló con voz clara.
Ezra no prestó atención a las palabras sin sentido de la esposa Cadi. Sin embargo, todo se estaba yendo de sus manos, no podría salvar a su hermana si no actuaba antes.
—¿Te alegra que tú hermano se case con la mía?
—En lo absoluto, pero es la orden del rey. Nadie se atrevería a desobedecer o incluso refutar su decisión.
—Sabes que el rey desconfía del poder de tu hermano, si se lo propone en uno de sus arrebatos, de seguro conspirará contra él… No solo se perjudica a mi hermana, también a tu hermano.
—Sí, lo sé. Y trataré de prevenir al general Amir.
Ezra miró esperanzada a Cadi, ella quería escuchar de la boca de esa mujer que quería una tregua entre ellas. Sin embargo, eso nunca pasó, y en su lugar unas carcajadas reprimidas se escucharon débilmente.
—Eres una ilusa, Azzar —Cadi dijo entre pequeñas carcajadas—. Jamás haría una alianza contigo, pero tampoco permitiré que el rey mate a mi hermano. Aquí no hay treguas, Azzar. No hay alianzas y mucho menos amistades. Solo hay estrategias, y el más fuerte es quien gana—respondió mordaz
Azzar salió lentamente de que ensoñación. Finalmente, cayó de nuevo en su cruel realidad.
—Ahora tengo más que claro que somos enemigas, y que al igual que tú, también pelearé hasta el final… No dejaré que todo lo que he perdido en el proceso se vaya por la borda con mi estupidez momentánea. La entiendo, yo misma me estoy reprendiendo por pensar que podíamos llegar a un tipo de alianza… Pero piénselo.. al final estaremos trabajando para un mismo objetivo, salvar a nuestros hermanos. Solo me pregunto si será capaz de cumplirlo —soltó con frialdad.
[...]
La señora Cadi rió por lo bajo ante las palabras de Azzar. Sujetó parte de su vestido y se retiró del palco. Azzar en cambio, volvió a sentarse en el cojín y miró fijamente la situación que se estaba presentando. Sin embargo, se retiró poco después. Ella no quería que el rey se acordara que ella estaba allí o tendría que soportar su borrachera; de tan solo pensarlo su estómago se revolvía.
—Vámonos, Sahabat.
—Sí, mi señora.
Ambas se retiraron silenciosamente del banquete, nadie se dio cuenta del momento en que se retiraron del lugar. Y horas después, Ezra se enteró de que el rey no se había quedado en ninguno de los palacios, pues se había quedado en el palacio imperial.
—Mi señora, no hemos oído ninguna noticia del castillo del desierto —señaló Sahabat
—Si, es muy extraño. La princesa Shakti ha estado muy callada durante estos días, temo que debe estar planeando algo.
—¿No va a hacer nada?
—No puedo adivinar sus acciones, solo me queda ver qué hará. Allí es cuando podré contraatacar
Sahabat asintió con su cabeza
—¿Desea que la ayude a desvestirse?
—No, puedes retirarte —pidió
La muchacha se retiró con pasos lentos, y pronto la soledad envolvió una vez más a Ezra, pero para ese momento, la soledad se había vuelto adictiva, su mejor compañía. Después de todo, no tenía a nadie de íntima confianza para hablar. Las relaciones que mantenía con las demás esposas eran por beneficios o simple rivalidad.
Ezra se había sentado en una silla frente a una de las ventanas de su habitación. Duró muchas horas viendo la luna, otra de sus grandes confidentes. Finalmente, el sueño tocó sus ojos y soltando un suspiro cansado se acercó hasta su lecho para dormir.
[…]
Tras varias semanas de viaje, Rani y las bailarinas rajput estaban entrando a la ciudad árabe, Bagdad. Los carruajes entraron rápidamente a la ciudad cuando el guardia les abrió paso.
En poco tiempo las mujeres entraron al castillo del desierto, todo fue muy discreto y controlado por parte de Rani.
—Su alteza —Rani saludó a Shakti cuando esta salió del castillo para recibirlas.
La rajput sonrió alegre en cuanto vio a su vieja compañera, Goli. La bailarina caminó rápidamente hasta la princesa mientras una sonrisa en el rostro, quiso arrodillarse frente a la princesa, sin embargo, Shakti no la dejó.
—Goli, levántate —ordenó
—Su alteza, ¿Cómo está? Ha pasado mucho tiempo desde que la vi por última vez. Además, Rani dijo que me iba a necesitar, ¿Cómo lo haré?
—Pasemos adentro, allí te explicaré.
Ambas caminaron hasta el interior del castillo con pasos calmados.
—Estoy planeando una forma de salir del palacio, pero además tengo que ayudar a una persona antes de irme de aquí —informó
—¿Qué vas a hacer? —Goli interrogó.
—Lo que te voy a decir debe quedar entre nosotras, nadie lo puede saber ni siquiera mi única aliada en el harén… Yo no confío plenamente en ella.
Goli asintió
—De hoy en un mes, el Califa hará un banquete con sus concubinas, allí es donde debes empezar a actuar. Ese día la señora Cadi ingresará a ti y a tus demás bailarinas para que bailen al rey… Debes llamar su atención, pero es aún más importante mantenerla. Solo así lograremos quitarle el favor a la señora Azzar una víbora poderosa y astuta.
—Lo entiendo. Eso que me pides será fácil para mí —completó seriamente.
—Bien, cuando sea el momento indicado deberás dejar uno de tus carruajes escondido cerca del castillo, dejaré este horrible lugar. Tal vez me demore meses en salir del palacio, pero tengo que hacerlo con cuidado...
—Pero, ¿no es peligroso? —se preocupó. No por ella, sino por la princesa.
—Lo es, pero valdrá la pena correr el riesgo.
—Te apoyaré —dictaminó
Shakti sonrió con sinceridad y trató de contener lágrimas de emoción. Estar frente a Goli otra vez parecía un sueño efímero. La princesa Shakti envidiaba la frescura y bondad que caracterizaba a la bailarina, eran polos opuestos; una frágil otra dura, una amable otra cruel, una era oscuridad y la otra la luz.
—En poco llegará la señora Cadi. Recuerda, no debes contarle el plan completo, solo cuéntale la parte que a ella le conviene.
—Está bien —aceptó
Cómo si llamaran a la señora Cadi, Rani la anunció.
La señora Cadi entró al interior del palacio en una tromba de lujo y coloridas telas. Su andar elegante y decidido se paró abruptamente cuando vio a Shakti y a Goli. Sus ojos se abrieron por con sorpresa e incredulidad, pestañeó varias veces y restregó sus ojos con las manos pensando que su visión estaba fallando.
—Señora Cadi, ¿Qué le ocurre? —Shakti habló mientras sonreía graciosa.
—¿Quién es ella? —señaló a Goli. Su expresión atónita era algo que le hizo mucha gracia a la princesa Shakti.
—Le presento a Goli, mi vieja compañera y hermana —dijo
—¿Hermana de sangre? —preguntó
—Sí, crecimos en el mismo vientre, somos hijas de la misma mujer.
La señora Cadi miró fijamente a Shakti, luego a Goli. Al parecer la única diferencia entre ellas eran las vestimentas que llevaban puestas sobre sus cuerpos. Sin embargo, Asma fue un poco más observadora y consiguió otra diferencia entre ellas; la bailarina tenía un lunar bajo su ojo derecho.
—¿Cómo pueden ser tan parecidas? Son como dos gotas de agua... —replicó— ¿Como es que ella no es una princesa?
Shakti rio con ganas, pero no quiso dar largas a dicha conversación.
—Señora Cadi, Goli está aquí para ayudarme a completar nuestro plan. Al final podrás obtener eso que tanto deseas; el trono de reina. No importa la historia de mi hermana y yo —respondió con lentitud—. Eso sí, el resto del éxito dependerá de usted y de como convence a la esclava del rey para que la ponga a cargo de su hijo.
—Dalo por hecho.. Bien, cuando eso suceda te sacaré de aquí
Shakti solo asintió con la cabeza, y aunque no confiaba en Cadi, algo le decía que la mujer si cumpliría. De todas formas, no quería dejar el tema de su salida a la deriva, no había nadie mejor que ella si quería velar por su futuro.