Capítulo 31

La noche fue tormentosa para Ezra, quien no paraba de pensar cuáles serían sus próximos pasos. La frustración que sentía era imposible de parar, la incomodidad y aquella llama ardiente que se posaba en su corazón sería imposible de apagar, aquel calor abrasador quemó toda la sensibilidad en el corazón de la concubina, convirtiéndolo en dura piedra.

Ezra soltó un grito, pero este se extinguió en la oscuridad de sus sueños.

—Didi —llamó al eunuco.

—¿Qué pasa, mi señora?

—Siento que he perdido el rumbo —

—Mi señora, no debe pensar tal cosa. Solo se siente traicionada.

—Dime, ¿Cómo me saco este dolor del corazón?

—Ahora no importa ese dolor, mi señora. Lo que necesita es consolidar su poder con un hijo varón.

Ezra soltó una carcajada sonora

—¿Hijo? Un embarazo no me dará la seguridad de un hijo varón. Además, ni siquiera el reye ha visitado.

—Debe buscar la manera de llamar su atención nuevamente —sugirió

—He hecho eso muchas veces, pero ahora me resulta difícil.

—No creo que le resulte difícil, recuerde que de pronto el rey viene para aclarar la situación que usted vio… No desaproveche la oportunidad.

Está asintió lentamente arrastrando su cabeza sobre el lecho. Didi se retiró, y en ese lugar, acostada sobre la comodidad de su diván prometió endurecer su corazón y no volver a ser endeble como un suave pétalo de flor. Ella podía ser una flor, una rosa pero una con espinas. Y quién quería apreciar su belleza también tendría que someterse a los pinchazos de sus espinas.

[…]

—Didi, ¿qué dijo mi padre?

—Mi señora, lealo usted misma —pasó el papel a las manos de su ama

Ezra rompió el sello y leyó rápidamente el contenido de la carta.

—No está con ellos —susurró

—¿Cómo?

—Viajó para acá… probablemente se esté quedando en casa de mi hermano. Sal del palacio y avísale que la invito a una audiencia privada.

—Si, mi señora.

…

—Hermana, ¿para qué me necesitas? —Salsa interrogó en cuanto vio a Ezra

—Tengo algo importante que conversar contigo.

Salsa miró expectante a su hermana.

—El rey quiere casarte —soltó

La expresión de Salsa hizo sonreír levemente a Ezra, pues agrandó una vez más los ojos, que para ese momento parecían dos posos profundos.

—¿Qué? —susurró

—Dime, ¿quieres casarte? Si no quieres te prometo que haré todo lo posible por sacarte de ese matrimonio.

—Ezra… Yo, por supuesto que quiero casarme, pero no así… Cuando me case quiero amar a esa persona, y que ella me ame a mí.

—¿Estás enamorada de alguien? ¿Hay alguien en mente?

Salsa quedó en silencio por unos momentos.

—No lo sé.

—¿Cómo que no sabes? —interrogó mientras dejaba asomar una sonrisa entre sus labios.

—Tal vez… —confesó sonrojada.

—¿Quién es?

—No lo sé… Son pocas las veces que he hablado con él, creo que es un príncipe. Pero no estoy segura. Lo he visto en el palacio, solo sé eso de él.

—¿Príncipe? —

—Casi todos los hermanos del rey están casados, pero creo que hay uno que todavía no lo está.

En ese momento una chispa se encendió en la cabeza de Ezra.

—Averiguaré todo. Pero dime, ¿Te gustaría casarte con ese príncipe que dices?

Salsa asintió en silencio.

…

El plan de Ezra empezó a funcionar cuando el rey por fin se dignó visitar el palacio de la señora Azzar. Ya Ezra no se sentía igual en compañía del rey, se sentía incómoda, como si el fuese un extraño y no la persona con quién llevaba más de tres años viviendo.

Las sensaciones estaban a flor de piel. Sin embargo, ella misma reprimía todos sus reclamos, pues no le convenía enemistarse con el rey ahora que tenía una nueva amenaza dentro del harén, una que tenía lo que todas deseaban; un hijo varón.

—Ezra, yo tengo cosas qué explicar

—Su majestad haría bien en darme explicaciones. Sin embargo, no está obligado a hacerlo —trató de sonreír, pero solo consiguió forzar una sonrisa.

—Ella es mi esclava y el niño que está con ella es mi hijo.

Ezra bajó los hombros adolorida y se sentó en uno de los sillones.

—¿Es su hijo biológico?

—Sí —aceptó.

[...]

El rey miró expectante a la señora Azzar, como si esperara alguna reacción de parte de ella. Y al no ver nada en su rostro se exasperó. Desvío la mirada de sobre ella evitando nuevamente su imagen fría.

—¿No me dirás nada? —reclamó

—Su majestad, ¿Qué quiere que le diga? ¿Qué estoy enojada, que siento celos de esa mujer? Eso no pasará. Pero quiero saber cómo la conoció.

—La compré durante una gira a los territorios del sur, y a los pocos años de tenerla como mis esclava ella me dio un hijo.

—¿Por qué la trajo hasta ahora?

—Si Raita estuviese viva le haría la vida imposible. Cadi es mucho más pasiva y tú eres muy bondadosa, estoy seguro que nunca le harías daño.

—¿Por qué me dice eso, cuando en veces anteriores no confío en mí? —recriminó

—Porque me he dado cuenta que decías la verdad y que la sigues diciendo, fuiste inculpada en aquel entonces.

—Majestad, espero que usted entienda que ya no soy la misma niña inocente que entró al palacio. Si esa esclava no respeta mi autoridad le aseguro que no me quedaré de brazos cruzados. Pero tenga una cosa presente… Yo jamás tocaría una sola hebra del cabello de su hijo.

—¿Cuándo me piensas perdonar? ¿Nunca más piensas darme lugar en tu lecho?

—Su majestad, es mi marido —contestó

El rey sonrío ampliamente y tomó a Ezra de la cintura, ambos entraron a la habitación principal del palacio. Y después de un año y varios meses, Ezra volvió a pasar una noche con el rey.

Para Azzar aquello no significaba nada más que su posibilidad de tener un hijo, solo rogaba porque ese encuentro fuese suficiente para engendrar a un niño en su vientre.

Cuando el rey se quedó dormido, Ezra se levantó del lecho y ajustó un batín sobre su cuerpo. Su corazón latía lentamente, sus ojos estaban cristalizados y amenazaban con soltar las lágrimas que se amontonaban en ellos.

“¿Por qué tenía que ser todo así? Si tan solo me amaras no harías todo esto que me hace daño. Pero no forzaré esto nunca más” pensó

…

El palacio de la princesa Shakti lucía muy descuidado, y durante las noches era el único que nunca encendía las luces. Quienes caían en desgracia como Shakti no tenían las comodidades de otras concubinas favorecidas por el rey. Y sí este nunca las visitaba, no tendrían porqué prender las velas y candelabros.

A Shakti no le importaba andar a oscuras las noches en su palacio, de todas formas su presencia significaba oscuridad, y no pasaba nada si se mezclaba más con su misma esencia. Ella y la oscuridad eran íntimas aliadas y jamás estarían de pelea.

—Su alteza, aquí está su recado —Su doncella alzó una caja cubierta precariamente con una tela blanca

—Bien.

Shakti sonrió alegre y sacó de la jaula un pequeño gatito, lo acomodó en su regazo y lo acarició por unos breves momentos.

—Pequeño, ¿Sabes que me ayudarás mucho? —susurró

Días después…

La esclava del rey llevaba varios días dentro del harén. Sin embargo, su posición no había cambiado, y como su estatus no era nada elevado no podía vivir en un palacio, tan solo se tenía que conformar viviendo en una pequeña casa alejada del palacio del rey, eso fue establecido por la señora Cadi. Sin embargo, aquello no fue impedimento para que el rey se movilizaran hasta allá, y en todos esos días fue a visitar a la esclava, cuyo nombre era Macnuka. Aquello no solo generó malestar en Cadi, también en Azzar, quién con el paso de los días había perdido el favoritismo del rey. Ya ella no era la favorita, el rey la seguía visitando, pero con poca frecuencia.

Cadi en ese momento tenía los sentimientos divididos, pues le alegraba que el rey ya no tuviese puesta su atención en Ezra Azzar. Sin embargo, su alegría terminaba cuando recordaba que ahora el rey favorecía a su esclava.

Esa mujer tenía algo que a ella le interesaba; su hijo. Con ese niño ella podía ascender hasta el trono de reina sin ningún impedimento. Solo de esa manera lograría ganarle la carrera a la señora Azzar.

Para lograr lo que quería, primero tendría que convencer a dicha mujer de trabajar con ella o más bien para ella.

—Tu sierva Macnuka se presenta —saludó torpemente

Asma Cadi asintió

—Hace tiempo que quería conocerte. —La mujer sonrió nerviosa y agachó la cabeza—. Seré directa en mis palabras… Aquí solo hay dos bandos; estar a favor mío o en mi contra. Si decides no apoyar a nadie, temo que caerás en las garras de otras concubinas. Entonces, te doy mi protección a cambio de tu ayuda, además puedo darte los lujos y el rango de una concubina imperial, puedo convencer al rey de liberarte de tu estatus de esclava.

Macnuka miró sorprendida a Cadi. Ella no entendía ninguna de las palabras que esa mujer le estaba diciendo. Sin embargo, si ella la iba a proteger, se sometería a su cuidado y voluntad. Ella sabía que vivir en el harén tenía sus peligros. Además, para una esclava el ser liberada un sueño inalcanzable, por eso sin pensarlo dos veces accedió.

[…]

—Mi señora, la princesa Banuqa ha vuelto a recaer. Está enferma —Yasmina informó.

Ezra de inmediato dejó lo que estaba haciendo y acompañó a Yasmina hasta la habitación de su hija.

—Banuqa, mi pequeña. ¿Te duele algo? —preguntó a la niña.

La niña asintió señalando su pecho.

—Llama al médico —ordenó

La muchacha salió de la habitación con premura mientras Ezra se sentó frente al lecho de su hija.

—¿Qué pasó, Banuqa?

—Gatito, mami. Jugué con gatito —palabreó

Al poco tiempo el médico imperial llegó al palacio, pero no llegó solo. Pues Yasmina también había avisado a la emperatriz viuda.

La anciana canosa entró a la habitación, y cuando Banuqa la vio sonrió alegre, sus ojos brillaron con entusiasmo.

—¡Abuela! —gritó

—Mi Aisha, ¿Qué tienes? —casi que corrió al lado de su nieta.

—Ha recaído, tiene fiebre, le duele el pecho y respira con un poco de dificultad. —respondió Azzar

—Medico imperial, ¿Qué tiene la princesa?

—Ella ya ha presentado esta enfermedad antes. Pero no saben si se debe a algún alimento, el viento, la arena o el frío.

—Ella me dijo que ha jugado con un gato, pero, ¿dónde estaba ese gato? ¿Cuándo jugaste con ese gato, Aisha?

—¿Gato? Mi señora, la princesa Aisha puede ser alérgica al pelo del gato —el médico intervino.

—Ayer, mamá. Pero es un secreto… —con sus pequeñas manos tapó su boca—. Es un secreto

Ezra sonrió levemente a su hija tratando de ganarse la confianza de la niña, y que así le contara el “secreto”

—Aisha, yo puedo guardar ese secreto, no le diré a nadie —susurró en el oído de la pequeña.

La pequeña negó contarle

—Déjamelo a mí —dijo la emperatriz viuda—. Aisha, ¿Quieres que te cuente un secreto? —la pequeña asintió feliz—. Pero debes decirme el tuyo.

—Si.

—Yo no tengo cabello, pequeña Aisha —la mujer levantó levemente el cabello postizo haciendo ver a la princesa su cabeza lisa y sin una hebra de cabello.

Aisha abrió los ojos sorprendida, también tapó su boca con ambas manos.

—¿Quieres saber por qué no tengo cabello?

—¡Si!

—Te lo contaré después que me cuentes tu secreto.

La princesa Aisha asintió varias veces con su cabeza, luego se acercó hasta el oído de su abuela.

—Gatito afuera palacio

—¿Saliste del palacio?

La niña asintió

—¿Quién te enseñó el gato?

—No sé —encogió sus hombros

—¿Recuerdas algo de ella?

—Rojo—Aisha señaló entre sus cejas.

Ezra enseguida supo de quién se trataba, salió del palacio junto con Didi y otros eunucos de su palacio para la residencia de la que había jugado con la salud de su hija. Sin embargo, Ezra seguía sin entender como esa mujer pudo descifrar que su hija padecía de una alergia, siendo que apenas ella se enteraba.

—Señora Azzar, ¿Qué hace aquí? —Shakti o cuando vio a Ezra pasar el umbral de la puerta de su palacio.

En cuanto estuvo frente a Shakti, Ezra le dio una bofetada.

El servicio del palacio de Shakti se sorprendió cuando vieron aquella escena y algunos se movieron junto a su ama para defenderla, ese fue el caso de Rani, la doncella personal.

Shakti en cambio fue incapaz de decir una sola palabra, ni siquiera alzó nuevamente el rostro a Ezra.

—¿Cómo se atreve a golpear a nuestra ama? ¿Qué razones tiene para hacerlo? —Rani trató de defender a Shakti, quien todavía estaba estupefacta.

—¡Busquen en el palacio! —ordenó severamente.

—No pueden entrar aquí —la doncella trató de detener el paso de los eunucos, pero no logró nada.

El ejército de eunucos entró furiosamente al palacio interior de la princesa Shakti e inspeccionaron cada rincón del mismo buscando al animal. Mientras ellos lo hacían Ezra se acercó más a Shakti.

—Me he cansado de soportarte, Shakti. Has matado a la concubina imperial Alid, y también querías matar a mi hija. Te aseguro que no descansaré hasta acabar contigo, y esto empieza aquí —amenazó en un susurro. Solo Shakti pudo escucharla.

—Lo que dices no tiene fundamento. Nadie te creerá —contraatacó

Ezra sonrió con burla y pasó hasta el palacio interior mientras Shakti la seguía de cerca. En cuanto entró a una de las salas vio de inmediato todo el material medicinal y hierbas de Shakti. En un solo movimiento logró llegar hasta dicha mesa y con su brazo tiró al suelo todas las pociones medicinales, estas se estallaron en miles de pedazos y su sonido resonó en todo el palacio.

—¿Qué hizo? —Shakti gritó aterrada.

—A la princesa Shakti no le importa la vida de una persona, pero si le dolería perder aquello que más quiere, ¿Qué puedo hacer? Quitarte todas esas cosas que le importan. Y algún día me encargaré de hacerle arrastrar en su misma suciedad.

Shakti quedó viendo fijamente sus medicinas regadas por el suelo. Sus ojos se quebraron y soltaron lágrimas de ira. Pues, Azzar había dado con su debilidad y había atacado por allí, había tocado y retorcido la herida generando mucho dolor en su corazón.