Chapter 30: Capítulo 30

Asma Cadi visitó el palacio de la belleza eterna y encontró a Ezra sentada en el sillón ubicado al final de la sala principal. No hubo protocolo de saludo entre ellas, pues Cadi ingresó y se sentó en otra de las sillas de la cámara.

—Veo que no has tardado en arrebatarme lo que tengo —inició Cadi

—No tienes ningún derecho a acusarme por algo que todas las concubinas del rey hacemos… al fin y al cabo es lo único que importa cuando se nos ha sometido a maltratos.

—¿Te estás justificando? —carcajeó sorprendida—. No me hagas reír. En pocas palabras estás diciendo que es mi culpa.

—Tómalo como quieras. Por fin pude conocer tu verdadera cara.

—Y cuál es mi verdadera cara?

—Si analizo tus acciones en el pasado diría que eres cautelosa, orgullosa y astuta. Pero al mismo tiempo puedes ser confiada y asustadiza cuando tienes la amenaza de ser descubierta.

Cadi bufó iracunda

—No conoces nada de mí, señora Azzar

—Tal vez, pero al menos tengo una noción de ti. —asintió con desinterés—. Ahora, dígame ¿qué parte de la administración del harén me encargaré? —interrogó contundente.

—¡Ninguna! —la mujer gritó iracunda

—Será una lastima, pues el rey se pondrá furioso si no acatas su orden.

—Maldita —escupió con asco. Tras titubear algunos minutos accedió—. Deberás administrar los palacios de las asistentes. Yo me encargaré del resto de palacios.

Ezra asintió de inmediato. Luego se puso de pie y avanzó hasta la salida. Salió de la sala en silencio, al final a Cadi le tocó retirarse de la sala y encaminarse a la salida del palacio de la señora Azzar.

…

La pelea entre la señora Cadi y Azzar empezó a dar de que hablar en el haren del rey. Las bellezas eran testigos de una contienda feroz por el poder. Ya Azzar rivalizaba con la autoridad que ostentaba la señora Cadi, Ezra todavía era la favorita del rey, y en todos lo rincones del palacio imperial no se hablaba de otra cosa que de el encanto y deseo del rey por esta. Pero además de hablar de Azzar, otras se atrevían a actuar y apoyar a una de las beligerantes. Y ese era el caso de la concubina Samira Farah. Sin embargo, ella pretendía apoyar a uno de los bandos.

Samira tenía un objetivo en mente; salir del harén del rey. Y pretendía ayudar en todo a una de las bellezas que repuntaba en la cima de la jerarquía. Y sí, Farah no encontraba a nadie mejor que Azzar.

Aquella tarde salió de su residencia con destino al palacio de la belleza eterna.

—Saludo a la señora Azzar —inició en cuanto Azzar la invitó pasar a la cámara.

—¿Qué te trae por aquí, Farah?

—He oído sobre tu poder en ascenso y vengo a ofrecerme como un ayudante tuyo.

—¿Ayudarme? —siseó

—Así es —aceptó

—¿Y qué pides a cambio?

Samira sonrió levemente y avanzó hasta donde estaba Ezra.

—Que me saque del palacio.

Ezra se sorprendió con la petición de la muchacha y con su expresión lo comunicó a Farah.

—Quiero salir del palacio, este no es mi lugar.

—¿ Qué garantías me das de que no estás ayudando a otra de las esposas?

—Mi vida —declaró severamente—. No ayudaré a nadie más que usted.

Ezra no pudo contener las carcajadas y estas salieron sin ningún control de su garganta haciendo respingar a Farah. Pero de inmediato adoptó esa expresión seria que llevaba desde que había empezado a hablar con Azzar.

—¿Por qué yo?

—Usted empezó siendo una asistente, la base más baja de la jerarquía. Pero ha sabido llegar hasta donde está. Mire… es una esposa oficial, rivaliza con el poder de Cadi, la mitad del palacio está a su cargo.

—Mmmm…—titubeó—. Entiendo, es estrategia… me interesa mucho tu forma de pensar. Si es así que me quieres utilizar para salir del palacio, así lo haré.

—Bien, ya sabe que soy su aliada y la ayudaré a obtener el poder. Cuando eso suceda debe prometer que me sacará de aquí.

—Lo prometo —declaró

—Me retiro —se levantó del sillón, reverenció y caminó hasta la salida de la sala.

Al tiempo de Farah salir del lugar, Didi entró.

—¿Enviaste la carta a casa de mis padres? —preguntó al eunuco

—Sí, mi señora. Pero podría tardar varios días en llegar.

Ezra asintió sin darle mucha importancia a las palabras del muchacho. Ella después de pensarlo detalladamente había cambiado el mensaje que inicialmente enviaría a su hermana. En esa carta no le avisaría de la intención del rey por casarla, más bien le iba a preguntar si quería casarse… Lo fundamental era no asustarla.

—¿Cree que podrá detener al rey de su objetivo? Yo no lo creo, mi señora… Esto no se trata de un capricho de su majestad, es una medida para neutralizar el poder del general.

—El rey teme la rebelión del general Amir, no es extraño que quiera repartir el poder del hombre entre dos familias, y no que quede con la familia bint Cadi.

—Pero hay un problema.

—Sí —asintió débilmente—. El rey hará lo que sea por debilitar completamente al hermano de Cadi, y no le importará dañar la reputación de Salsa.

—Mi señora, no debería dejar que el rey case a la señorita Salsa con el general Amir

—Lo sé, Didi.

—¿Qué piensa hacer?

—Tal vez la única alternativa que me queda será rogar porque el rey reverse su decisión. No quiero que mi hermana sufra el mismo destino que yo… Tal vez pueda hacer algo por ella y evitarle el desazón de un matrimonio no deseado. —comentó con una sonrisa. Aunque esa expresión escondía su preocupación tras una fachada de tranquilidad.

[...]

Una mujer paseaba alegre por una de las calles de la ciudad mientras veía encantada los adornos para vestidos en uno de los tantos negocios que se establecían a lo largo y ancho de la ciudad. El ruido era exasperante, pero ella parecía ignorarlo.

Amir Cadi quien ya había llegado a la capital árabe, y no pudo evitar mirar a la hermosa mujer que tenía frente a sus ojos.

—¡Señorita! —oyó gritar a otra muchacha.

—¿Qué pasa?

—Su hermano se enfurecerá cuando se entere que ha salido sin su permiso.

La mujer resopló con burla.

—No me regañará —dijo segura.

La doncella asintió y siguió caminando junto con la señorita.

Una ráfaga de viento quitó de su rostro el niqab que llevaba puesto, haciendo visible su hermoso rostro a Amir. La mujer se dio cuenta que él la estaba mirando y con rapidez se acomodó el velo otra vez sobre la cara, y escapó entre la multitud junto con su doncella.

—¡Señorita Salsa! —Amir escuchó su nombre.

Turbado trató de seguir con sus ojos el camino de ambas mujeres. Sin embargo, era imposible, las calles estaban repletas de personas y aquellas dos jóvenes se habían perdido entre toda esa gente. Aún así Amir trató de avanzar de su sitio y encontrarlas nuevamente, pero varios de sus hombres impidieron seguir.

—Salsa… —susurró

—General, ¿dónde va?

—Yo… —Amir no supo que responder y prefirió quedarse callado.

…

El palacio de la señora Cadi se encontraba en el más aterrador de los silencios, su dueña de encontraba descansando en sus aposentos. Aunque había tratado de dormir un poco, sus ojos se negaban a cerrarse. Y era imposible pensar en dormir cuando una concubina amenazaba con desplazarla de su lugar. Asma trataba de contener la furia encapsulada en su pecho por el hecho de saber que el rey no la visitaba ni aunque se equivocara… Y solo le había entregado el manejo del harén por la muerte temprana de su emperatriz. Lo peor de todo era que ella sabía que ese cargo sería efímero si no detenía el avance de la concubina Azzar, sí, para Asma ella seguía siendo una concubina, una sucia mujer que se atrevía a derrumbar su duro trabajo de tantos años y sufrimientos dentro de aquel infernal lugar. Sonrió contenta en cuanto recordó que el rey no había entrado al harén en casi un mes. Sí, ella se alegraba de que Azzar no pudiera seguir ganando territorio dentro del palacio por medio del califa.

Sus pensamientos se cortaron bruscamente cuando escuchó alboroto en el recibidor de su palacio. Enfurecida se levantó del lecho e ingresó al recibidor.

—Su señoría, traté de contenerla —la doncella se disculpa

Cadi sonríe en dirección de la intrusa, saca a la doncella y ordena sentarse a la mujer.

—¿Qué es eso tan urgente que me levantó de mi descanso?

—Señora Cadi, le aseguro que no querrá volver a acostarse cuando sepa lo último que ha ocurrido en el palacio.

—Habla.

—Yo, Shakti he encontrado la forma de desmoronar el poder de la señora Azzar —avisó triunfal—. Lo mejor es que no he participado de ello, pero podré aprovecharlo a nuestro favor.

—¿Qué es? Solo rápido.

—Señora Cadi, el rey ha traído una mujer al palacio —comunicó con una sonrisa.

—¿Qué? —exclamó sorprendida—. Espera, no estoy entendiendo nada —su expresión confundida lo decía todo.

—El rey ingresó una mujer al palacio, y no solo es, con ella hay un niño

—¿Un niño? —preguntó extrañada

—Sí, un niño, de más o menos diez años.

Cadi se sentó sobre el sillón apostado en el recibidor y pensó un momento en las palabras de Shakti. ¿Cómo el rey iba a entrar una mujer al palacio? ¿Porqué tenía un niño? ¿Qué relación tenía con el rey? Todas esas preguntas ella se las hacía. Sin embargo, no lograba encontrar una respuesta acertada… O tal vez si… ¿Podía ser hijo del rey?

—¿Estás segura?

—Sí, el rey acaba de ingresar con esa mujer y su hijo. ¡Yo misma lo he visto!

—Pero…

—Vamos, Cadi. Piensa un poco más, no importa si es hijo o no del rey. Pero lo podrás convertir en tu hijo… Esa mujer acaba de ingresar al harén, si le hacemos daño y la convencemos de que fue Azzar, de seguro trabajará para ti con tal de protegerse ella y su hijo —exclamó enérgica. Sus grandes ojos negros miraron a Cadi firmemente mientras hablaba. Su expresión era la de una verdadera víbora. Shakti sabía que Asma Cadi era difícil de engañar, y por eso le convenía apoyarla para que luego la liberarse de los grilletes.

—Tienes razón —asintió—. Pero creo que no tenemos que ser tan extremas Shakti —criticó sutilmente los métodos crueles y sádicos.

Shakti fingió no verse afectada por las palabras de Cadi, pero por dentro tuvo ganas que despotricar en su contra y todos en el palacio. Ella tuvo que tragarse su propio veneno, intoxicando un poco más su corazón.

—Usted decide cómo lo hace —comentó con una sonrisa falsa.

No solo el palacio de Cadi estaba en revolución por la llegada de una mujer al harén, también lo estaba Ezra y todo su palacio. Y no era para menos, pues el rey volvía a ingresar al harén después de mucho tiempo. Pero para sorpresa de todos, no ingresaba solo.

En cuanto escuchó aquello no dudó en ir a la sala imperial del rey y comprobar con sus mismos ojos lo que tantas concubinas estaban hablando. Al final del lugar estaba el rey junto con una mujer y un niño.

La mujer era hermosa y joven, aunque era mucho mayor que ella. Tal vez unos cinco años más.

Ezra se detuvo abruptamente de su caminata acelerada cuando escuchó una frase que cristalizó en mil pedazos sus ojos.

—¡Papá!

La alegría en la voz del niño opacó los sentimientos contenidos en el corazón de Azzar; celos, ira y frustración. En cuanto el rey se dio cuenta del intruso dirigió su mirada hacia ella. Azzar no logró sostener la mirada del hombre y salió corriendo del lugar.

—Ezra…

Ella no prestó atención al rey y siguió su camino de regreso al palacio.

…

…—¿Qué piensa señora Azzar? —interrogó la concubina Farah,

—En que puedo perder lo que ya llevo en ascenso.

—¿Qué piensa hacer?

—No lo sé… —sus pensamientos quedaron perdidos en la infinidad de los recuerdos.

—Si lo sabe, más que nadie lo sabe —presionó

En ese momento, Ezra regresó nuevamente al mundo. Sonrió forzosamente y pensó en lo estúpida que había sido al pensar que el rey podía llegar a quererla en algún momento. Ahora, estaba segura que eso no ocurriría. El califa Abasí solo la consideraba un objetivo que tenía que conquistar. Tan solo generó expectativa en el rey y su deseo. Al final aquellos intentos del rey por retomar una vida pasada fue producto de su orgullo masculino. Pero ni siquiera había perseverado en conquistarla.

Carcajeó con estruendo.

¡Qué estúpida había sido!

Amor… ¿Qué era el amor? No servía para nada en aquel lugar.

La sangre hirvió con furia en sus venas al pensar cuanto se habrían reído las bellezas de sus pesares y desastres.

“El sol no brillaba para sí mismo, tampoco el río tomaba su propia agua. Siempre he vivido para complacer a los demás, pero en cambio recibí desprecio y humillaciones. Ahora, no me juzguen si actúo con crueldad” pensó

—Necesito un hijo —declaró con voz severa y fría.