Capítulo VI: El Pantano Perdido (1)

El dios del plasma, en realidad, había seguido los pasos de los dioses; intrigado por saber el obsequio pretendido y misterioso de Amsiret. Y desde la ventana de la pequeña cabaña, previó el acontecimiento amoroso entre ambos, hasta que irritado, se volteó y se fue alterado hacia las profundidades del bosque, en dirección hacia su palacio, derrotado.

Cayendo el atardecer, el poderoso ser del plasma cruzó por el sendero de luz en dirección hacia la entrada de su palacio de cristal; entra la fría ventolina del sur de la isla. Y en la entrada del palacio, estaba su amada, recibiéndolo con los brazos abiertos.

–¿Cómo te fue, amor?

–Fatal–responde Arac–. No quiero hablar de eso.

–Pero, ¿por qué? ¿Qué pasó?

–¡Dije que no quiero hablar de eso! –exclama Arac, enfurecido–. ¡El árbol no funcionó!¡El plan se fue a la borda!¡La semilla era una mentira, y ahora no hay nada que seguir haciendo!

–Vamos, Arac–dice Emérita– No todo puede estar así de perdido.

–¡Los vi haciendo el amor Emérita! – responde el hombre. ¡Se acabó!¡Y todo por un tonto espejo!

–¿Un espejo? –responde Emérita.

–¡El retardado le regalo un espejo!¡Y le gustó más que el árbol más grande que jamás han visto estas tierras! ¿Puedes creer eso?

–Arac, el corazón de una diosa no lo vas a ganar con lo material. Marlina ha estado esperando por cien años, por una sola cosa.

–¿Qué es?

–Te diré lo que vas hacer, pero vas a necesitar de mi presencia en esto, y probablemente no te va a gustar.

–¡Dime ya mujer!

Varios días más adelante, sobre el norte de la isla, estaban derramándose las cortinas de la noche. Una singular vista desnuda en estrellas; sobre el misticismo, el nocturno era apreciado, en las alturas de la colina done sus almas se habían reconocido. Sobre el mismo tronco donde los dioses habían revelado su intimidad por su amor, la primera vez. En ese mismo tronco, reposaban ambos amores; la diosa de la luz, reposaba su rostro en los hombros suaves y seguros del dios de los aires; observando, el espectáculo del anochecer vislumbrante entre las colinas de la armonía, y la confianza.

–No tengo que esperar más, sabes–exclama Marlina.

–¿Así? ¿Por qué lo dices?

–Eres exactamente todo lo que estuve esperando estos años Amsiret–responde la mujer–. Empatía, cariño, comprensión, y tanto amor. No puedo creer que estas aquí

–Amor, ¡es el día tres del Ciclo Gont!–dice el dios del aire entre risas–. Todavía te faltan veinte días para decidir esto, ¿No crees que au–

–No hay nada que esperar–responde la mujer–. Es claro para mí, tu corazón es el indicado. ¡No sé para que Elgoneth hizo esto, debió haberme enviado a ti si conocía tu corazón!

–Basta Marlina, me das muchas flores–respondeAmsiret–. Tu hermano sabe lo que hace, quizás no debamos confíanos mucho

–Tonterías Amsiret–responde la diosa–. Toda mujer lo que quiere es un futuro son su amado, y esa visión esta nítida para mí, en mi mente.

Los seres divinos bajaron desde la colina lentamente; dirigiéndose hacia la pequeña cabaña. Al llegar a ella, miraron una última vez, hacia el firmamento cubierto de estrellas, y ambas lunas se hallaban en su estado completo; llenas,, reflejando una energía portentosa que desde hace mucho tiempo no veía la diosa de la luz, justo antes de entrar ambos adentro de su hogar.

–Me alegra que hayas decidió pasar la noche conmigo. Estas lunas me traen un buen presentimiento.

El dios del aire no dijo nada; parecía estar acomodando algunas cosas en la chimenea.

–¿Amor? –exclama Marlina.

–Lo siento, Marlina, creo que nos hemos quedado sin leña para el fuego–exclama el hombre–. Es mi culpa.

–No digas eso–responde Marlina–. Debimos habernos acordado los dos.

–No amor, me lo mencionaste en la tarde. Que tonto, pero no te preocupes; iré a buscar leña de inmediato y así podremos cenar juntos.

–¿Seguro? ¿No crees que es un poco tarde para eso?

–No te preocupes–exclama Amsiret–. Regresaré en seguida, y te traeré una sorpresa.

–Me gusta eso–responde la mujer–. Pero no te demores, ¿sí?

El hombre salió de la puerta principal, después de darle un beso en la frente a su amada; y rápidamente se adentró entre los bosques.

De pronto, unos pocos instantes después, la puerta volvió a tocar. La diosa de la luz se preguntaba porque su amado volvería tan rápido, y se dirigió abrir la puerta.

–Sabía que algo se te ib–

–Hola Marlina

–¿Emérita?

–Tiempo sin verte, ¿crees que podamos, conversar’

La diosa de la luz quedo impresionada, llevaba días sin saber de la princesa y, aunque le pareció muy extraña su aparición repentina, decidió permitirle entrar.

–Es inesperada tu visita, no sé qué puedo ofrecerte. ¿Té quizás?

–Ya sabes cual me gusta

–En realidad, pensé que nunca te volvería a ver.

–Sí, la verdad, yo tampoco–responde Emérita–. Pero me he sentido mal por cómo me fui desde la última vez. Ya sabes, no fue la manera apropiada.

–Tampoco fue la mía–dice Marlina–. Sabes que eres como una hermana para mí, y después de todo lo que vivimos juntas, no es justo para ninguna de las dos.

La diosa de la luz le entregó el té a Emérita, y se sentó sigilosamente al frente de ella, pues conocía a la princesa bien, y algo no le cuadraba. Ni su apariencia, ni su repentino interés.

–¿Qué pasa?

–Nada, es solo que, me es muy extraño que estés aquí. La empatía no s siempre tu estilo, ni lo habitual.

–Bueno ya sabes, la conciencia me ha pegado un poco. He estado en el sur, he estado en el este. He visto muchas colinas, montañas. He sabido apreciar la naturaleza, y realmente, creo que nada de esto lo hubiera logrado si no hubiese sido por ti.

–Vaya–responde Marlina–. Sí que te han servido estos días. Bueno, han pasado ya casi tres ciclos desde la última vez que te vi. Te ves hasta más madura.

–Gracias Marlina–exclama Emérita–. Pero no vine aquí para hablar de mí. ¡Cuéntame de ti! ¿Cómo van esos pretendientes?

–Si te contará, no me creerías–dice la mujer–. Pero ha sido tan claro para mí.

–¿Así?

–Es Amsiret, Emérita–responde la diosa de la luz–. Es un hombre tan dulce, tan amoroso; tan lleno de caridad y de nobleza. Justo ahorita se fue a buscar más leña para dormir juntos aquí, ¿puedes creer?

–Pues, la verdad no

–Es increíble–responde la diosa–. Me siento tan bendecida y afortunada. Mi hermano realmente me ha sorprendido. Jamás creí que el amor se sentiría así.

–¿Qué hay de Arac?

–No lo sé, no es para mí–exclama Marlina–. Me regalo un árbol, sorprendente. De hecho, seguramente lo has visto. Es bueno, pero, Amsiret es excatamente lo que mis sentimientos quieren.

–Pues, ¡enhorabuena mi amiga! –dice Emérita–. Me alegro mucho por ti.

Prosiguió un silencio en la sala. Ambas mujeres mirando hacia los lados, hacia las esquinas, pues se quedaban sin temas para conversar. La diosa de la luz, comenzó a saborear su te, cuando de pronto notó algo extraño dentro de la prenda de la princesa.

–¿Qué pasó con tu collar de oro?–pregunta Marlina.

–¿Mi collar?

–SI, ya sabes. El collar que te regale cuando eras niña. Siempre lo llevabas puesto.

–¡Ah si cierto el collar!–exclama Emérita–. Lo tire al pantano. El de Clarenden.

–¡¿Qué?!

–¡Sí!–responde la mujer–. Casualmente, hoy en la tarde.

–¡¿Por qué diablos hiciste eso?!

–Por ti amiga–dice la princesa–. No entiendo como no lo ves.

–Emérita, te lo juro por todos los prados de esta tierra, si no me explicas en este instante de que di–

–No lo ves, Marlina–interrumpe la princesa–. ¿Crees que no sé lo que está pasando entre tú y Amsiret? Espere toda la tarde hasta que se fuera de aquí. Había un poco de leña, y yo misma la quite; así se fuera. Y ahora que lo he visto, debo decir, esperaba más de ti.

–¡¿Qué demonios tiene que ver esto con el único collar que me regaló mi madre y te lo obsequie a ti, solo para que lo lanzaras al pantano más peligroso de toda esta isla?!

–Que ese collar no me pertenece a mí, Marlina–dice la mujer–. Créeme, ya soy una mujer independiente. Puedo valer por mí misma. No necesito de estos objetos divinos, ya no. Este collar, te pertenece a ti. Y si en realidad crees tanto en ese hombre, deberás darle la oportunidad a que el mismo se adentre al mal, y lo encuentre por ti.

–¡No puedo creer nada de lo que estás diciendo!¡Ese collar posee la energía más pura de mí!

–Y por esa misma razón, aquel que merece tenerte sabrá utilizar su intuición, su inteligencia, y su energía para encontrar la esencia más pura de ti; hasta con los ojos cerrados. Sabes que encontrarlo significa, encontrarte a ti misma.

–Emérita ya te lo dije, mi corazón ha escogido a Amsiret–responde Marlina–, no necesita demostrarme más. No tienes idea como me hace sentir, después de décadas de sequía dentro de mí.

–El amor no se basa solo en sentimientos Marlina–responde Emérita–. ¿Qué paso con esa diosa de la claridad? ¿Qué sucedió con esa mujer fuerte y exigente? ¿Dónde están esos límites y esas barreras que tenía la dueña de estas tierras? ¿Crees que eso estaba mal? ¿Crees que el rey de esta isla, y tu legítimo esposo de por vida, merece estar contigo, tan solo por cómo te hace sentir?

–¡No! –responde la mujer–. Eres mi amiga, eres como mi hermana. Y de ninguna manera voy a permitir que te ciegues así; no hasta que el demuestre bajo todas las pruebas que es el indicado para ti. Necesitas el hombre más inteligente, el más audaz; pues ni su corazón ni sus buenas intenciones le servirán en Carenden. Lo sabes bien, y si él es el elegido, y quien dices que es, no veo porque no pueda demostrarlo con su mente también.

Emérita se levantó, y se dirigió hacia la puerta lenta y apáticamente. La diosa de la luz, no sabía ni siquiera que decir.

–Aunque no te guste, es por tu bien, mi amiga–dice la mujer–. En el día 13 de Gont, estaré en el centro del pantano; es decir, en diez días. Encuéntrenme allí, justo al amanecer, y les diré en que zona arrojé el collar. Así, empezará la travesía, y la búsqueda del objeto que más te representa a ti misma. Avísale a tu amado, y avísale a su hermano; creo que harán las cosas más interesantes para él. ¿O crees que le asuste un poco de competencia?

–Ya batallaron, y créeme, Amsiret es mejor que él–responde Marlina–. Esta vez, lo verás con tus propios ojos. Allí estarán ambos.

–¡Perfecto entonces! –dice la mujer–. Y recuerda Marlina, hice esto porque te quiero y porque te considero la mejo–

–Emérita, sal de mi casa, antes que se agrave esto.

–Está bien, está bien–responde la mujer–. Solo quiero cooperar. Después me lo vas a agradecer. Todavía quedan unos días antes de que llegue Elgoneth. Tendrán ambos, su última oportunidad.

Emérita abre la puerta, y en la entrada estaba el dios del aire, junto con las leñas que había recolectado durante la misteriosa y fría noche.

–¿Emérita? –pregunta Amisret,

–Buena suerte, sabandija–responde Emérita.

La princesa de la flora se desvaneció sobre las frondosidades del bosque infinito tan rápido como pudo; entre los arbustos del misterio y la confusión. La diosa de la luz, irritada, pensó más de dos veces si lanzarle una rafage de luces y corrientes, pues de su mano, brotaba un poderío impresionante que reflejaba una luz de frustración.

–¿Qué pasa amor mío?¿Por que estuvo aquí?

–¡No puedo creer que esa noña este jugando conmigo así!–dice Marlina–.¡No lo puedo creer¡¿De donde diablos saca un ser tan pequeño tanta maldad?!

–Pues, no cr–

–¡Silencio tu tambien!–exclama la mujer–. ¡Cierra la puerta y siéntate! Vas a prestar mucha atención a lo que te voy a decir Amsiret, pues esto lo vas a ganar, si o si!

La mujer se perdió en la ruptura de la noche hasta que llegaron las primeras vísperas del amanecer. Llegando a la entrada del palaco del crital donde ahroa, lo esperaba su amado con ansias.

–¿Y bien?–exclaama Arac–. ¿Funcionó?

–Claro que funcionó–exclama Emerita–. Solo debemos esperar.

De pronto una pequeña criatura comenzó a volar en dirección hacia ellos, parecía acercarse en dirección hacia ellos; volando tenuemente, sobre las primeras brisas de la mañana primaveral.

–¿Qué es eso?–pregunta Emérita.

–Es un flinger*–exclama Arac–. Dragones mensajeros, no veía uno desde hace mucho tiempo.

–Es un poco pequeño para ser un dragón–dice Emerita

–Son los primeros de esta generación–exclama Arac–. Elgoneth tiene decenas de ellos en su Asamblea. Traen mensajes consigo.

El pequeño dragón voló sobre ellos y de sus patas lanzó un rollo en forma de pergamino, cayó justo sobre la entrada del palacio, donde ambos se encontraban, mientras el pequeño dragón verdoso se perdía sobre las alturas del cielo.

–¡Fíjate que es!–dice Emerita.

–Calma mujer–exclama el dios–. Parece ser una nota.

–¿Una nota?¿De quien?

–Marlina

El hombre abrió el pequeño pergamino, y comenzó a leer en voz alta.

“Dios del Plasma,

Parece que vas a tener tu oportunidad para demostrar tu valor, y tu honor. Un collar muy especial para mí ha caído sobre los pantanos del oeste, las marsimas de Clarenden. Es un pantano embrujado, y el más éligroso de toda esta zonas comunes. He eestado durante décadas aquí, y solo he estado una vez allí, y me prometí no volver a regresar más nunca. Es el lugar más tenebroso que he visto en esta isla.

Desafortunadamente, este collar representa mucho para mí, y por condiciones que no puedo explicar ahora, ha caído en los laberintos embrujados de este. El día trece de Gont, estaré allí para explicarte la travesía de como pueden encontrar esto, junto a tu hermano, pues quiero serjusta y darle la oportunidad a ambos. Espero verte allí, si es que es de tu interés aún conquistarme, aunque te advierto, no tengo idea de que demonios y brujas se encontraran allí. Es una misión, que no promete retorno.

Con cariño,

M. Eroelle. “