LA COMUNIDAD ROJA
Cam me guió entre esos apretados árboles. Sabía que me estaba aferrando a él con demasiada fuerza, pero también que él no se quejaría. Descendimos por un camino escarpado y continuamos bajando por largos minutos, aún no veía nada. Cuando el camino volvió a ser regular, Cam aminoró el paso, yo por precaución me coloqué tras él y sin soltar su mano.
Mi oído, extrañamente más fino que en el pasado, captó voces poco después, y Cam también pareció escucharlas, su paso se volvió mucho más lento. Las voces se mezclaban unas con otras, el bullicio parecía indicar agitación e inquietud. Me recordó a los días de mercado en casa, a la gente conversando en el local de papá, a las risitas nerviosas de las mujeres y a las autoritarias de los varones.
Estaba asustada, mucho más que antes, nunca había sentido tal inquietud, ni siquiera con el Cazador, los Carnos, o las Sentencias… Cam se giró y vio mi expresión, tragó saliva tomando un mechón acaramelado entre sus largos y finos dedos blancos. Parecía querer decir algo mientras rozaba mi mejilla con el dorso de su pálida mano, no lo hizo, las comisuras de sus labios temblaron antes de esbozar una leve sonrisa cansada, acomodó mi sucio cabello tras la oreja y tiró de mí hacía un sendero casi invisible entre la maleza. Volví a pegarme a su espalda, sabía que me defendería si su gente no resultaba ser como la había descrito.
«Y desde luego tú harás lo mismo» replicó una vocecita autoritaria dentro de mi cabeza.
—¡Hey, alto ahí! —La resonante voz varonil nos hizo frenar en seco.
Alcé la vista al árbol más próximo a nosotros, y en uno de los gruesos brazos vi una figura alta, de pie y cubierta de pies a cabeza con un largo abrigo. Cam me dio un apretón y acarició mis nudillos con el pulgar.
—¡Soy yo, Cam! —dijo levantando la cabeza al mismo tiempo que se quitaba la capucha.
El hombre soltó una exclamación y bajó del árbol con un ágil salto, descubriendo su rostro en el proceso. Cuando cayó a unos metros de nosotros, descubrí que no era un hombre joven, aunque tampoco viejo, tenía el cabello algo entrecano y las facciones muy marcadas; vestía unos sencillos pantalones y su largo abrigo estaba desteñido, igual que el de Cam. Extrañada miré como la expresión triste y angustiada en su cara cambiaba a una rebosante de alegría, volteé el rostro y descubrí a Cam mirándolo ansioso, como si quisiera echar a correr a su encuentro. Pasé la mirada de uno a otro, e hice la conexión enseguida, el extraño no era otro más que su padre.
Cam bajó la vista y me miró como pidiendo permiso, asentí con una sonrisa y liberé su mano, él corrió a encontrarse con su padre
—Bienvenido a casa, muchacho —dijo el hombre con la voz rebosante de alegría y alivio.
Estrechó a Cam con fuerza al tiempo que sus hombros se convulsionaban a causa del llanto, tenía la cara apoyada en el hombro de su hijo, los ojos fuertemente cerrados y movía los labios apresuradamente, Cam asentía de vez en cuando.
No pude evitar sonreír, así que era su padre, Marcus Dave.
Cuando padre e hijo por fin se separaron, Cam me echó un vistazo sobre el hombro y luego se inclinó hacia Marcus, quien era más bajo que su hijo, y le susurró al oído. Al principio el hombre me miró con el ceño fruncido, pero poco después sus labios se entreabrieron y casi pude ver sus pupilas dilatarse a causa de la impresión. Sabía muy bien qué clase de cosas le estaba diciendo su hijo, y abochornada no me quedó más que ver como aparecía en él la sorpresa, luego el recelo, después el interés y por último, la admiración, rayando la veneración. Cuando Cam terminó, observé recelosa como Marcus le susurraba en respuesta a su hijo, sin quitarme la vista de encima, igual que si no creyera lo que veían sus ojos. Poco después Cam volvió a asentir y vino hacia mí, tomó una de mis manos y la beso.
—¿Cómo estás? —preguntó, ignorando mi expresión sorprendida.
—Bien —contesté con la cara roja.
Volvió a poner mi mano en la suya y juntos caminamos hacia su padre, sin embargo, nos detuvimos a un par de metros de distancia. Cam pasó un brazo por mi cintura y me pegó a su costado en actitud protectora, enrojecí todavía más, pero a su padre esto no pareció sorprenderlo.
—Se llama Carol —le informó Cam.
Durante un minuto Marcus me estudió con educado interés, luego habló con una voz gruesa, pero amable:
—Hola, Carol —saludó—. Yo soy Marcus…
—Dave —completé por él—. Soy Carol Videla.
Sorprendido miró de reojo a su hijo, después me sonrió.
—Un gusto, me alegra mucho tenerte aquí. Aún no lo puedo creer, lo que menos habría esperado de Sacra es a alguien de los tuyos, una Custodes.
—Opino lo mismo de ustedes —le dirigí una sonrisa igual de amable que la suya.
Por fin habíamos llegado a la Comunidad Roja, Cam estaba en casa y seguramente, igual que su padre, quienes lo querían se pondría felices al verlo. Después de tanto tiempo lejos de su gente, Cam volvía con su familia, con los suyos. Y yo por mi parte, acababa de dar un gran paso, allí encontraría las respuestas al sinfín de preguntas que todavía tenía. Además, mantendría la promesa que le había hecho a Cam, ayudaría a su gente como mejor pudiera. Seguíamos en Sacra, el Cazador continuaba detrás de mí, los Traidores deseaban obtener su redención y volver al Fratribus; pero yo también seguía viva, el Cristal continuaba conmigo y no se los daría de buena gana. Seguiría custodiando la reliquia, cumpliría mi deber como Custodes, y algún día encontraría la manera de dejar este mundo para volver al mío, volvería a casa. Para bien o para mal, Cam y yo siempre habíamos estado destinados a encontrarnos, el resultado todavía era incierto, sin embargo, las cosas podrían cambiar en el futuro. Pero, por ahora, nos refugiaríamos en la Comunidad Roja, después tomaríamos de nuevo el camino y plantaríamos cara al destino.