VENERACIÓN Y REPRIMENDA

Sonreí notando luz tras los párpados, estaba teniendo un buen sueño.

—Es imposible —Ese susurro destrozó los restos de mi sueño y terminó por despertarme.

Abrí los ojos de mala gana, Cam me miraba estupefacto, arrugué el entrecejo. Se hallaba inclinado sobre mí, notaba sus largas piernas al lado de las mías, y un brazo a mi alrededor.

—¿Qué sucede? ¿Pasa algo? —quise saber con creciente angustia.

Negó lentamente, pero esa expresión conmocionada se quedó en sus hermosos rasgos pálidos, mallugado y herido daba lo mismo, seguía viéndose igual de bien, perfecto.

—Entonces dime qué te pasa a ti —pedí alzándome sobre los codos para verlo mejor.

No contestó, sino que tocó mi mejilla, ahí donde el líder me había golpeado con su puño, hice una mueca ante la punzada de dolor que siguió a su tacto.

—¿Duele? —inquirió y yo asentí—. No lo entiendo.

Mi desconcierto se transformó en irritación.

—¿Qué tal si me explicas qué es lo que no entiendes? —sugerí.

Sacudió la cabeza una vez.

—Los hematomas se han ido, los cortes y también la herida del labio. No tienes ninguna marca en la piel, es como si nunca te hubieran atacado.

Sé que esperaba verme igual de conmocionada que él, o cómo mínimo, un poco desconcertada. En cambio revisé mis brazos, efectivamente él tenía razón, la piel estaba limpia y sin marcas.

—Lo sé, me pasó lo mismo hace un par de días —dije y Cam alzó ambas cejas para luego fruncir el ceño, puse los ojos en blanco—. Tuve un encuentro desafortunado y salí mal parada, pero gané —añadí al ver como su gesto se profundizaba.

Antes de darle la oportunidad de regañarme, le conté sobre las Sentencias y todo lo que me había pasado, dejando de lado lo de Scarlett Fleury, por supuesto; no quería explicar que le había puesto el nombre de su novia a una Sentencia. Pero le hablé de todo lo demás, de cómo habían parecido materializarse de la nada, su apariencia nebulosa y oscura, la manera en cómo me reconocieron, y claro, lo peligrosas que eran.

—¡¿Las mataste?! —me interrumpió cuando llegué a esa parte del relato.

Hice a un lado el escalofrío que recorrió mi columna y contesté, incómoda:

—Pues… pues sí, ellas no eran muy amables —me defendí—, eran ellas o yo.

Negó y una gran sonrisa iluminó su cara. Ya no me miraba como antes, sino más bien con algo parecido al orgullo y… ¿veneración? Sentí que me estaba perdiendo un chiste, hice un mohín.

—¿Estuvo mal?

Pero Cam ignoró mi pregunta.

—¿Cómo lo hiciste?

Señalé el collar de tela que colgaba en mi pecho, asintió, mirándolo pensativo.

—Si, por supuesto, el Cristal es muy poderoso, solo él podría haberlo logrado.

Odiaba que me excluyera de esa manera, como si mis méritos no existieran, bastó que viera la mirada que le dirigí para darse cuenta de mi presencia, y la razón de mi enfado.

—Lo que hiciste fue increíble, francamente imposible —explicó con un deje de admiración—. Aunque hubiera preferido menos daños para ti —añadió de mala gana, luego continuó explicando—. Siempre pensamos que las Sentencias eran imposibles de matar, nunca nadie les logró hacer siquiera un rasguño. Que matarás dos de ellas es impresionante, y desde luego, sin tener en cuenta el Cristal. Carol, batirte con ellas es ya de por sí increíble, pero matarlas es más que impresionante.

Sé que esperaba que me alegrará e incluso verme extasiada, pero en su lugar fruncí los labios y miré mi collar con fijeza.

—Todo fue el Cristal, ¿no es así? De otra manera, nunca lo hubiera logrado.

—Sí, el Cristal guarda mucho poder —admitió—. Pero reduciéndolo, has sido tú, tenías el arma y el valor, sin eso nunca habrías hecho lo que hiciste.

Deseé creerle, confiar en los puntos que me daba y dejarlo estar, pero me era imposible, no lo sentía como un triunfo, pero no iba a hablar de mis inseguridades con Cam. Mejor seguí con mi relato, aunque también dejé fuera la advertencia que esa Sentencia me dirigió antes de morir, no eran para nada algo lindo de contar.

—Aunque las heridas me siguieron doliendo por horas —dije arrugando la nariz, esperando más halagos de su parte.

Pero para mi disgusto, él me miraba con desaprobación.

—Debiste haber huido desde el principio, todo el daño que recibiste fue innecesario.

Me enfadé, no tenía derecho a reprenderme.

—Me tomaron por sorpresa, ¿vale? Ellas no hubieran permitido que me fuera, de todos modos.

Cam pareció tener la intención de replicar, pero lo pensó mejor y lo dejó.

—Bien, pongámonos en marcha —bajó del árbol con un salto de agilidad sorprendente, seguía enojado.

Bajé después de él, al parecer ya no sabíamos hacer otra cosa más que discutir, resultaba agotador. Caminé detrás de él y su ropa pintada de rojo sangre, su andar ya era más ligero y parecido al que estaba acostumbrada. Cam me había dicho que sanaba mucho más rápido que un humano común, aunque no tan rápido como yo.

Cerca de la media tarde se detuvo tan abruptamente que por poco chocó con su delineada espalda, irritada lo fulminé.

—Y ahora, ¿qué? —dije con más brusquedad de la que pretendía.

Me miró por encima del hombro, su expresión rayaba la inquietud.

—Hemos llegado —musitó.

Una ola de nerviosismo trepó por mis piernas y me oprimió el pecho. No estaba lista, de hecho, no estaba segura de qué hacer. Demasiado tarde me había dado cuenta de que nunca le había preguntado acerca de los habitantes de la Comunidad Roja.

«¿Cómo eran? ¿Cómo les explicaría Cam sobre la Custodes? ¿Qué pensarían ellos de todo eso? ¿Les molestaría tener a alguien como yo entre ellos?».

Miré más allá de él, esperando ver la Comunidad Roja emerger del suelo, sin embargo, no había nada extraordinario adelante, solo la nieve y los árboles de siempre. Aunque los árboles eran más tupidos y se encontraban más pegados unos con otros, pero fuera de eso nada era distinto.

—Carol, permanecerás conmigo en todo momento.

Aunque no lo dijo como pregunta, igualmente respondí:

—Está bien.

—¿Vamos? —preguntó suavemente. Tomó mi mano y la acarició como solía hacer cuando quería tranquilizarme, apreté la suya en respuesta y tomé una gran bocanada de aire.