EPÍLOGO

Canta de nuevo esa horrible canción de los suyos, una especie de grito de triunfo, su gente suele cantarla después de un importante asesinato, por ejemplo, la trágica muerte de un Custodes. Aunque esta letra es un poco diferente, ha añadido algunas frases que no forman parte de la versión original:

>>Impaciencia y euforia, tiñen la vida.

No puedes volver al pasado.

Y nunca cambiará el sufrimiento.

La paciencia es una cualidad.

El miedo tiene sabor, sabor a desesperación.

La esperanza de los fieles es falsa.

¿Por qué debes sangrar? Espera por mí.

No puedes huir de los días oscuros.

Las bestias devoran los restos.

La seguridad es irreal...

¿Quién vendrá a darme muerte?

Sin dolor no hay ganancia.

Recuperaré lo que fue arrebatado y ocultado.

Nada volverá a ser igual. El ayer no vuelve, el presente

te abruma y ...

el porvenir te aplastará<<.

Está sentado donde siempre, mirando las montañas y vigilando al pueblo entre ellas, igual que un perro bien entrenado. Verlo me provoca repugnancia, desde que llegó buscando mi cabeza apenas he tenido un día libre; y todo por su culpa, por su manía de meter las narices en asuntos ajenos.

—Allí no hay nada para ti —bajo del árbol y caigo de pie en el río, el agua me salpica las botas y la cara, pero yo no desvío la mirada de esos ojos.

El hombre ladea la cabeza bajo el sombrero.

—¿Estás segura? Creo que en ese pueblito hay una chica de las tuyas, una Custodes.

No respondo, ni siquiera reacciono.

—Somos raíces de un gran árbol —recita con una sonrisa engreída—. Somos las venas que fluyen bajo tierra. Somos la base que mantiene de pie esta civilización. Tú y yo, las Custodes y el Fratribus, los Guardianes y Cazadores; todos nosotros componemos el universo, todo lo que vive y se retuerce en este mundo es gracias a nuestra mera existencia. Nuestra sangre vibra cuando nos encontramos, nos sentimos desde la distancia, olfateamos al enemigo y entonces nuestra razón de existir Despierta de su letargo: enfrentarnos hasta la muerte.

Desenfundo la espada y lo apunto con ella, esta tediosa rutina de peleas entre ambos termina ahora. Tengo algo que proteger, muchas vidas dependen de mi éxito o fracaso, y hoy, en este lugar, yo pondré fin a esta interminable guerra entre razas, y con ello aseguraré la vida de quiénes más amo.

—Mi existencia es solo una decoración que brilla sin sentido, pero si he de entregarla, será para que una mucho más valiosa dé el último gran impulso. Las Guardianas somos protectoras, así que no nos compares con tus sucios amos —le devuelvo la misma sonrisa—. Tú no eres más que un perro fiel bajo sus órdenes, un simple vasallo. ¿Has oído hablar de Sacra, Cazador? Dicen que es el exilio al que van a dar muchos de los tuyos por órdenes del Fratribus.

El Cazador suelta un gruñido y desenfunda su espada; este será nuestro último enfrentamiento, el decisivo.

—No es un lugar que exista, pero la reliquia puede invocar muchas cosas, incluidos otros mundos.