CUESTIONES DE CADA QUIÉN
Luchamos en caída libre, él tratando de asesinarme y yo intentando quitármelo de encima. El viento me azotaba el cabello a la cara y silbaba en mis oídos, no podía respirar ni mucho menos luchar. Girábamos y girábamos en un descenso que parecía no tener fin. La cara del Cazador estaba tan cerca de la mía que podía ver el triunfo en sus facciones, a pesar de nuestra situación, creía que ganaría. Agité brazos y piernas tratando de asestarle un golpe, no moriría por nada. Mi Cazador sonrió y de un solo movimiento me tomó por los hombros, colocándome en posición al suelo para que muriera cuando impactáramos. Quise gritar al ver el nevado suelo aproximándose rápidamente. Estaba segura de que él no moriría, no era humano y él también lo sabía, en cambio yo…
Yo sonreí ante la idea que se me acababa de ocurrir.
Zafé mis brazos de su agarre y sin perder un segundo clavé mi daga en su vientre, soltó un grito mitad de sorpresa y mitad dolor. No desaproveché mi oportunidad, tomé la empuñadura con ambas manos y empujé la hoja más profundamente, oyéndolo gruñir y maldecirme. Inmediatamente la sangre bañó mi mano, apenas lo noté. Él no saldría indemne, quizá no podía morir, pero si ser herido.
Antes de darle tiempo para atacarme otra vez, saqué la hoja de su abdomen y me llevé la reliquia a la boca. Estábamos tan próximos el uno del otro que pude ver mi reflejo en sus ojos negros, la furia bullía en su mirada y la rabia marcaba sus duras facciones. Le sonreí con arrogancia y superioridad, al tiempo que murmuraba un par de palabras al objeto en mis manos manchadas con su sangre. El Cazador apretó los labios al tiempo que un hilillo de líquido carmesí brotaba de ellos, volví a sonreír y la ya familiar sensación llegó, en sus negras pupilas me vi fragmentarme poco a poco en pequeños trozos color oscuro, para después desvanecerme en el viento frente a sus ojos. Lo último que vi de él antes de desaparecer fue su rabia contenida, y su promesa silenciosa.
Giré y giré por lo que me pareció una eternidad, cayendo en espiral y sin poder respirar o moverme.
Un segundo después empecé a sentir golpes fuertes y duros azotándome el cuerpo sin misericordia. Abrí los ojos, pero una masa verde me impedía ver mi entorno, seguí cayendo entre golpes y rasguños. No podía gritar, ni protegerme de los azotes. Pareció transcurrir un buen rato para cuando rodé una última vez, de repente dejé de ser golpeada y mi cuerpo impactó con un golpe seco. De inmediato mi boca se llenó de nieve y jadeé en busca de oxígeno. Mi cuerpo magullado protestó cuando rodé sobre mi espalda respirando con rapidez, por un buen rato solo permanecí boca arriba, mirando el cielo ennegrecido y al árbol sobre mí.
Al final me llevó un esfuerzo descomunal sentarme sobre los talones, sentía los huesos rotos, o como mínimo astillados. Nada, nada allí me resultaba familiar, todo me era completamente desconocido.
«Cam» mi mente lo llamó, estaba lejos de él, nuevamente sola.
Pero a pesar de saber que él no se encontraba cerca, no pude evitar buscarlo con la mirada y llamarlo a gritos, desesperada por encontrarlo. Nadie contestó, era obvio. Los ojos se me llenaron de lágrimas y no pude reprimirme más, sollocé al tiempo que me levantaba con prisa y corría por todos lados, llamándolo por los alrededores.
Sin embargo, la realidad no tardó en golpearme, dejé de gritar su nombre con la garganta ardiéndome por el esfuerzo, me deslicé cansada al pie de un sauce. Suspiré abrazándome a mí misma bajo una capa bordada de color negro, me eché la amplia capucha sobre la cabeza y hundí el mentón en el pecho, igual que los pajarillos.
—Todo vuelve a estar mal, vuelvo a estar sola y perdida —quise llorar de nuevo.
Metí el Cristal en un bolsillo y la daga en el otro, solo me quedaba el arma de Elizabeth, la otra daga se había perdido tras enterrarla en el estómago del Cazador. Elizabeth, pensar en ella revivió las recientes revelaciones del Cazador, después de todo, todas mis tragedias sí eran por culpa de mi madre, y su desastrosa sangre Custodes. Aunque había logrado lastimar al Cazador, no me sentía ni un poco feliz, por pelear con él acababa de perder a Cam, y la poca confianza que aún mantenía en Elizabeth. Sacudí las ramitas de mi cabello, la noche había tomado el mando sin que lo notara y pronto no sería seguro estar a la intemperie, fuera o no una Custodes. Alcé la vista y me fijé en el árbol del que había caído, era grande y frondoso, si no hubiera amortiguado mi caída con sus ramas llenas de hojas y nieve, seguro habría muerto por el impacto.
—Ahora que estoy sola puedo hacer lo que mejor me parezca —me dije con un poco de optimismo al tiempo que me ponía en pie.
Cuando por fin logré subir a una buena altura, me senté en una de las ramas más gruesas y descansé la cabeza en una más pequeña, bostecé. Estaba tentada de usar la reliquia para llegar con Cam, pero decidí no hacerlo. Ya estaba demostrado que no servía para eso, tal vez todavía no sabía a ciencia cierta cómo funcionaba, pero sí que era un objeto engañoso y todavía más peligroso.
Antes de caer dormida ya me había decidido a buscar a Cam antes que cualquier otra cosa, mi propósito original de llegar a la Comunidad Roja para resolver las dudas que me rodeaban quedaría pospuesto hasta encontrarlo.
«Además, él es una pieza importante para encontrar las respuestas que tanto añoras» estuvo de acuerdo mi subconsciente.
Llevaba horas caminando, andando de aquí para allá, sin encontrar ningún indicio suyo. Sin embargo, sabía que él también estaba buscándome, lo sabía.
El bajo de mi ropa se empapó cuando me vi obligada a cruzar un pequeño arroyo, y la piel de mis botas se endureció, ajusté la capa sobre mis hombros desnudos, pues las mangas del vestido dejaban al descubierto mi piel. Rasqué distraídamente los rasguños en mis manos mientras caminaba, extrañaba la compañía y la protección de Cam.
«¿Qué había pensado al volver y no encontrarme? ¿Me buscaría como yo lo estaba haciendo? ¿Estaría asustado, preocupado? ¿Creería que lo había abandonado? No, él no».
Anduve todo el día buscando alguna señal conocida, prestando atención a cualquier ruido que me indicara la presencia de Cam, y haciendo caso omiso a mi estómago hambriento. Cuando volvió la noche, detuve mi búsqueda y repetí mi rutina del día anterior: dormir en los árboles cual ave.
Estaba a punto de dormirme por completo cuando lo oí.
—¡Auuh! —El triste y desesperado aullido casi provocó mi caída.
Agarrada con uñas y dientes presté toda mi atención, un segundo más tarde el aullido regresó, claro y nítido. Temblando y con el corazón en un puño, me encaramé en una de las ramas más altas, no me apetecía para nada otro encuentro con un lobo. El aullido se repitió, y yo no pude evitar sentir una pizca de alegría al pensar que quizá fuese el mismo lobo de antes, aquel que se había lanzado contra mi Cazador. Si fuera el mismo, eso significaría que no había muerto.
Apoyé la cabeza en una rama y volví a cerrar los ojos, al poco rato conseguí dormir a pesar de esos constantes aullidos, los cuáles sonaban… ¿Dolorosos? ¿Desolados? ¿Tristes? ¿Afectados? ¿Humanos?