Cap. 42.2

─ ¡Daniela! ─ ¡Mauricio! ─ y empezó la actuación levantando las primeras miradas curiosas. ─ ¡¿Qué haces con éste imbécil?! ─ Oye tío, más respeto ¿Quieres?, ella está conmigo y la estamos pasando bien ─ ¡Tu no te metas mamón!, que le estoy hablándole a mi mujer no a ti ─ Mauricio, por favor…─ decía Catalina sujetándole la mano a Mauricio para tratar de controlarlo y fue el detonante perfecto para que Daniela entrara en acción. ─ ¡Suéltale la mano a mi hombre, guarra! ─ Mira quien habla, la zorra que se revuelca con el otro a espaldas de su marido ─ ¿Eres casada? ─ preguntó Jason con perplejidad, en cambio Daniela lo ignoró por completo para enfocarse en su discusión con Catalina. ─ No es tu problema lo que yo haga ─ ¿A sí? ─ ¡Me debes una explicación, Daniela y estoy esperando! ─ ¡He!, no le grites, y si no está contigo es porque no la haces feliz en la cama, cosa que si yo puedo darle ─ dijo Jason apretándole una nalga a Daniela con posesión y autosuficiencia.

Daniela respinga asombrada por aquella reacción, no sabía si era improvisación de Mauricio, pero el puñetazo que soltó fue a la velocidad del rayo que Jason no lo vio venir tirándolo a la piscina ─ ¡No vuelvas a tocarla!, ¡¿Me oyes?! ─ nop, esto no era improvisado, éste era Mauricio cabreado de verdad, y Daniela se tuvo que interponer con Catalina para contener a Mauricio. ─ Mauricio… Mau… Mau, mírame ─ suplicaba Daniela buscando la mirada e instado a Mauricio a buscar la suya, pero Mauricio, con su respiración pesada a causa de la furia que brotaba, tenía a Jason en su mira como un punto fijo a arroyar. ─ Mauricio… por favor, ya vámonos, yo te amo ─ le susurró y esa frase fue suficiente para hacerle olvidar todo y enfocarse totalmente en ella. ─ ¿Nos vamos? ─ preguntó Daniela con sus cejas enarcadas en espera de una respuesta, pero fue una seña de Lucía quien la distrajo y era que… ¿mirara su móvil?, Daniela no perdió el tiempo y vio que había un mensaje de Walter y Lucía y ambos decían lo mismo. ─ Está aquí y está grabando ─ Daniela le muestra el móvil a Mauricio y éste frunce el ceño, genial ahora si que lo había cagado todo, porque Mauricio cabreado y el amarillista cerca…

Daniela pensó que la vista le había fallado, porque cuando vio que Walter les hizo señas delatando la ubicación del amarillista, vio que Mauricio creció en tamaño e iba en dirección a su objetivo, dejando que los otros universitarios sacaran a Jason de la piscina totalmente inconsciente, las únicas palabras de Daniela fue un lo siento murmurado y se fue detrás de Mauricio junto con Catalina y ahora era Lucía quien grababa todo el evento. ─ Esto es para rememorar ─ pesó con aquella sonrisa socarrona y llena de entusiasmo disfrutando del espectáculo.

Cuando el amarillista se vio comprometido, salió de su escondite, detrás de unos arbustos y unos botes de basura, con todas las intenciones de salir corriendo otra vez, pero fue interceptado por Walter. ─ ¿Vas a alguna parte? ─ preguntó. ─ Apártate ─ dijo el amarillista tratando de empujar a Walter, pero fue en vano, ya que Walter rápidamente sujetó la muñeca y le hizo una torsión impidiéndole todo movimiento. ─ ¡Déjale! ─ dijo Mauricio aun furioso, y cuando Walter lo soltó, fue Mauricio quien lo sujetó por la playera dispuesto a romperle la cara, pero se contuvo al escuchar un nombre. ─ ¿Julián?, ¿Tu eres quién estás publicando todas esas cosas? ─ el pobre idiota solo podía saltar de un rostro a otro totalmente empalidecido. ─ ¿Se conocen? ─ preguntó Mauricio aun cabreado y con ganas de partirle la cara al amarillista, pero aun no, no era el momento, una palabra mal dicha y se despediría de sus dientes.

Ahora la fiesta estaba centrada en ellos con la música totalmente apagada, todos atentos y al pendiente de lo que acontecería. ─ Si… lo conozco. Con él… fue con quien me fue infiel Maximiliano ─ ¡mierda!, todo se estaba destapando, y por mala suerte Maximiliano estaba allí presente y los que lo conocían como el macho vernáculo, ahora lo estaban viendo con burla, otros con grima, otros estaban tan asombrados que no se lo creían y Maximiliano solo podía escabullirse dejando a Julián solo con todo el muertito encima, y más cuando Daniela… ─ Maximiliano le chupaba la polla a Julián cuando los encontré en su habitación ─ dijo y muchos abuchearon ante aquella revelación y por cada palabra era una gota de ira que iba creciendo en ella y explotó cuando… ─ Y la pasamos divino, y si se acostó conmigo fue porque contigo no consiguió lo que quería en la cama ─ dijo y Mauricio se sorprendió cuando vio un puño volar por su hombro atinando en la boca de Julián. ─ ¡Au! ─ dijo sobándose la mano. ─ Espero que tengas un buen abogado ─ comentó Walter con una sonrisa radiante e irónica. ─ Los voy a hundir ─ amenazó Julián brotando un hilillo de sangre por la comisura de la boca. ─ ¿Por qué empeñarte en fastidiarle la vida a Daniela? ─ preguntó Lucía y en realidad era una buena pregunta. ─ Ella destruyó la vida de Max, ahora él es solo el perrito que lame el suelo por donde pasa la perra esa ─ ¡Pum!, otro puñetazo y Mauricio corroboró de verdad que Daniela tenía una buena izquierda porque dejó a Julián viendo estrellitas y un labio partido. ─ ¡Joder! ─ gritó trastabillando Daniela volviéndose a sobar la mano. ─ ¿Cómo pueden soportar los hombres estar repartiendo ostias? ─ se preguntó mirándose y flexionando los enrojecidos nudillos, y fue Catalina quien se ocupó de estudiar su adolorida mano y colocar una pañoleta, en cambio Daniela pensó que el día de mañana lamentaría en haber repartido puñetazos, porque la mano le amanecería hinchada, pero por haberle partido la boca a Julián era un precio que valía la pena aceptar.

─ Realmente no merece la pena golpearlo ─ dijo Mauricio empujando a Julián y éste cayó estrepitosamente sobre los botes de basura, Lucía grabó segundo a segundo todos los acontecimientos en vivo y directo. ─ Espera la citación ─ advirtió Mauricio dándole la espalda mientras abrazaba a Daniela por la cintura y se la llevaba seguido de Walter, Catalina y Lucía, dejando toda la fiesta en silencio, solo las risillas de algunos y murmullos de otros.

Catalina, Lucía y Daniela se montan en los puestos traseros con Walter, Daniela sentada en las piernas de Lucía y Catalina en medio y Walter en la otra ventanilla dejando a Mauricio y a Carlos capitanear el coche. ─ ¿Tenías que golpearlo? ─ preguntó Walter con media sonrisa. ─ ¿Qué podía hacer?, me dijo perra ─ Mauricio… ¿Estás más… tranquilo? ─ preguntó Catalina dubitativamente, era la primera vez que veía a Mauricio echar chispas. Mauricio respiró profundamente y se peinó el cabello con los dedos, sujetó el volante con fuerza y afirmo. ─ Si, estoy más tranquilo ─ era mentira, solo recordar que aquel idiota le había tocado las nalgas a Daniela le daban ganas de bajarse y volverlo a golpear, pero fue Daniela quien se inclinó hacia delante y con un beso en el cuello le felicitó por ser su héroe, Mauricio tomó su mano y besó sus nudillos. ─ ¿Nos vamos? ─ preguntó Lucía. ─ Tienen que contarme todo con detalles ─ exigió Carlos con picardía y ojos bien abiertos, pero Lucía le tendió su móvil para que viera todo de primera mano, mientras que Mauricio ponía en marcha el coche. ─ ¡Dios mío!, ¡Mauricio!, que agresivo, niño… ¡Daniela!, ─ decía Carlos muerto de la risa.

Y para celebrar, Lucía propuso ir de fiesta a otro establecimiento, al mismo club donde todo había empezado, y como era de esperarse, todos estuvieron de acuerdo, y cuando el furor y la adrenalina bajó, todos no paraban de reír al recordar todo aquello, el como Daniela había golpeado a Julián como toda una boxeadora profesional, inclusive, Carlos le preguntó si no estaba interesada en cambiar de carrera. Comieron, tomaron, bailaron, fue la mejor noche para todos y para Lucía, en haber conquistado otro galán, cosa que no le sorprendió en lo más mínimo a Daniela.

A las cuatro de la mañana, todos salieron del club con todas las intenciones de irse cada quien a sus casas, la primera en dejar fue a Catalina, ella se hospedaba en el hotel de siempre y Mauricio le aseguró que le ayudaría a encontrar un buen alquiler, aunque ella quiso negarse, Mauricio insistió ya que como Catalina se establecería en España para dirigir el foto estudio con Carlos y Walter. La siguiente fue Lucía, pero todos pensaron que Daniela se quedaría con ella, pero no, ella se quedó, dijo que necesitaba hablar algo muy importante con Mauricio, muchos compartieron miradas y sonrisas cómplices mas guardaron silencio, así que llevaron a la linda parejita al santuario de Mauricio, ambos se despidieron de Carlos y Walter mientras los dejaban delante del local.

Tomados de la mano, entraron a la casa y… ─ ¿Qué es eso tan importante…? ─ Daniela no le dejó terminar la pregunta, había tomado desprevenido a Mauricio con un buen beso apasionado, no obstante, Mauricio no se quedó atrás, cuando por fin reaccionó, correspondió el beso con la misma intensidad. Caricias volaban por todo sus cuerpos, y por fin, ¡por fin!, Daniela podía disfrutar bien el acariciar a Mauricio con ambas manos y prenderse de él. Chocando con todas las paredes, se fueron acercando hasta el elevador, y entre tanteos, buscaron el botón para llamarlo, y durante toda la espera no dejaron de besarse ni mucho menos en dejar de demostrarse las ganas que tenían de estar juntos. Esos besos que Mauricio le daba en el cuello eran como caricias de pétalos de flores que le robaban el aliento y ella se aferraba a los cabellos de Mauricio y a su cuello tirando de él para sentirlo aun más, a veces clavaba sus uñas en su chamarra tratando de contenerse.

El único momento donde cortaron los besos y las caricias fue cuando abordaron el elevador y cerraron las persianas de seguridad, y una vez abordo, los besos y las caricias siguieron. Otra pausa al bajar y más besos, más caricias, mas pasión, y fue Mauricio quien comenzó por quitarle la blusa beige a Daniela en la plena oscuridad, solo las luces de las calles las que se colaban por las ventanas, le daban la iluminación perfecta y suficiente para disfrutar el momento a toda su plenitud, ver la silueta de Daniela entre las sombras era una poesía para la vista, y Daniela, sentir las caricias de Mauricio en la oscuridad, avivaba sus sentidos a limites casi imposibles de imaginar. Tomando otra pausa ambos se quedaron aferrados en los brazos del otro con sus frentes juntas, con sus respiraciones aceleradas y sus cuerpos ardiendo por sentir más, sus labios llamaban por más, era una adicción sentir los besos y las caricias mutuas, pero… ─ Daniela…─ Mauricio quiso decir algo, tal vez una confesión, pero Daniela no quería una confesión, no quería nada que interrumpiera o arruinara el momento, así que lo interrumpe siseando, colocando un dedo en sus labios y como ya sus ojos estaban acostumbrados en la penumbra, podían apreciarse con total nitidez sus rostros, y para los ojos de Daniela era lo más hermoso que había visto jamás.

Tomando la mano de Mauricio, lo guio a la habitación, y Mauricio se dejó llevar por ella. Ya dentro, cerraron la puerta, comenzaron a bailar lento y suave, besos entrecortados iban y venían, sus dedos jugueteaban y pequeñas risitas hacían eco en la oscuridad, hasta que se quedaron frente a la cama y ambos le dieron un vistazo, ahora fue el turno de Daniela querer decir algo. ─ Mauricio… no creas que pretendo ocupar el lugar de Emily, no pretendo ser ella ─ decía dibujando círculos en el pecho de Mauricio. ─ Inclusive… no sé si me llegues a amar con la misma intensidad con la que la amaste ─ confesaba aun con la vista puesta en el colchón, no quería verle a la cara, no se sentía con el valor de hacerlo, tal vez porque se le rompería el corazón al ver que Mauricio la rechazaba, en cambio Mauricio, gentilmente la instó a encontrarse con los suyos, cuando se encontraron sus miradas, a Daniela se le fue el habla, y más cuando… ─ Me gustaste fue por eso, tu no pretendes, no intentas ser alguien más, y gracias a ti me estoy dando la oportunidad de dar éste paso… queriéndote… besándote… amándote…─ por cada motivo era un beso en distintos lugares que le iban robando la razón a Daniela, su aliento, sus labios, sus… sus besos, sus besos y las puntas de sus dedos eran el encendedor y la leña que iniciaban ese fuego y la locura en su cuerpo.

Sus manos buscaron, viajaron quitándole la chamarra de Mauricio, a ella le estorbaba, ella quería sentir su piel, pero, también, se sentía temerosa, no fuera ser que Mauricio volviera a frenarlo todo, pero no, no se opuso, al contrario, él ayudó a quitarse la playera cuando le había quitado el sujetador a Daniela, y ella se había quedado sin habla, una vez más, su… garganta se le hizo un nudo al contemplar entre las luces taciturnas la gran cantidad, de cortadas y quemaduras que adornaban su torso y brazos, cicatrices de un pasado tormentoso delante de ella, y por más que lo intentó, no pudo contener las lágrimas mientras trazaba con la punta de sus dedos cada línea de cada cicatriz, ella no veía nada horrendo en ellas, al contrario, era la prueba de amor más profunda y verdadera que podía tener en frente, y sin pensarlo, comenzó a besar cada una de ellas y Mauricio la cubrió con sus brazos cerrando los ojos, impregnándose de la ternura de Daniela.

Esa noche, fue la mejor de las noches de ambos, una entrega total, no de dos cuerpos, era de dos corazones y dos sentimientos volviéndose uno, eran luz que les devolvía la vida a sus vidas. Calor, fuego y amor fundidos en besos y caricias llenas de sutilezas y sublimidad, un viaje por las nubes y las estrellas en el compartir de una cama. Esa noche, Daniela y Mauricio se entregaron de verdad, no hubo rincón del cuerpo de Daniela que Mauricio no hubiese explorado con sus besos, su lengua y sus caricias, robándole a Daniela miles de gemidos, suspiros y alientos, arañando la almohada o estrujando las sábanas, extasiada en placer, en cambio Mauricio se sentía en la gloria, en la cúspide del mundo al recorrer con sus labios todo el ser de Daniela, era como acariciar terciopelo con sus dedos, y saborear el aroma de una flor con sus labios y su lengua, sobre todo en su vientre fue donde derramó todo su deseo, que cuando terminaron, Daniela se sentía tan plena y Mauricio tan vivo. Ambos estaban agotados, satisfechos y con la luz del sol sorprendiéndoles, dándoles los buenos días con su luz y su calor, y por más agotados que estuviesen, no podían conciliar el sueño, no querían perder un segundo estando uno al lado del otro, Daniela sobre el pecho de Mauricio y él aferrándola con un abrazo dibujando círculos en su espalda o simplemente acariciando con las puntas de sus dedos erizándole la piel, eso le encantaba a Daniela, la relajaba dibujando en su rostro una sonrisa con los ojos cerrados.

─ Buenos días ─ dijo Mauricio cuando Daniela suspiró profundamente. ─ Buenos días ─ contestó Daniela arrellanándose en el pecho de Mauricio, tenía sus piernas entrelazadas con las de él, por lo visto no tenía la más mínima intención en dejarlo ir, y eso le recordó a Mauricio aquella mañana cuando Daniela amaneció sobre él en el sofá. Una baja risa se siente retumbar en el pecho de Mauricio y Daniela abre los ojos para verle con curiosidad. ─ ¿Qué? ─ preguntó. ─ Nada ─ contestó Mauricio con la misma sonrisa. ─ No te creo ─ y le mordió el pecho, y si esperaba alguna protesta, fue todo lo contrario, enseguida sintió la erección de Mauricio dominar otra vez entre las sábanas y entre sus piernas, y eso le robo una risa llena de asombro. ─ Más vale que te acostumbres ─ dijo Mauricio con aquella sonrisa traviesa y la besó con demandante pasión, dispuesto para otra ronda.