Cap. 33
Unos pasos acelerados se acercan al salón del trono, un guardia se interpone dando el aviso de no poder pasar, pero aquel intruso hace caso omiso. Una algarabía se siente desde las afueras del salón, Lenaya, con mirada expectante, contempla la puerta, lo mismo sus acompañantes, se les podía leer en la cara la intriga, la curiosidad de saber lo que acontecía afuera. Las grandes puertas se abren estrepitosamente siendo impulsadas por un cuerpo que salió disparado entre ellas, los mismos pasos se detienen abruptamente delante de la mesa dándole un fuerte golpe con la mano, desde el asiento de Lenaya, se podía contemplar a unos guardias inconscientes y el otro arrastrándose, disculpándose con Lenaya por no haber cumplido su cometido, Lenaya lo disculpa volviendo a reparar en el invitado no invitado. ─ Dime que es un maldito chiste ─ Gusto en verte de nuevo, Darién ─ saluda Lenaya perezosamente con una sonrisa casual, recostándose en el respaldo de la gran silla, cruzándose de piernas. ─ Si quieres a tus “amigos” lejos, ¿Por qué no los echas y ya? ─ ¿De qué hablas? ─ interviene Caroline. ─ No te permitiré… ─ Ahórrate las advertencias ¿Quieres? ─ interrumpe Darién a su hermana. ─ ¿Qué se supone que harán dos peluqueras y unos técnicos en cámaras en Turquía?, ¡los matarán a la primera y lo sabes! ─ señaló Darién con su dedo. ─ Cuatro humanos no se ven tan sospechosos que un Nefilim merodeando por allí, dirán que son turistas ─ (sonrisa irónica), ¿En serio?, no me digas, la misión se cancela, no iré con unos inútiles novatos a un lugar la cual no se sabe que nos espera ─ Ese es exactamente el punto Darién, tú te encargarás de reducir esas posibilidades ─ No seré la niñera de tus mascotas ─ No son mis mascotas, son mis amigos ─ Para ser tus amigos te aseguras de que los maten ─ Darién se da la vuelta para retirarse de aquel salón. ─ Darién ─ ¿Qué? ─ contesta con brusquedad sin dar la cara. ─ Sé que eres tan poderoso como tu padre, inclusive hasta más, sé que podrás con ésta tarea ─ No soy como mi padre, y me alegra que te des cuenta ─ Pero eso no cambia mi idea de que irás a Turquía con ellos ─ Darién se gira bruscamente colocando un dedo sobre la mesa. ─ ¿Quieres que lo haga?, una simple redención no será suficiente, iré yo solo ─ No estás en posición… ─ Entonces me largo ─ ¿Qué pides? ─ (segundos pensativo) La espada de mi padre ─ ¡No tienes derecho! ─ protesta Darlen poniéndose de pie. ─ Gánatela ─ condiciona Lenaya. ─ No soy un perro que va detrás de un hueso, ¡me pertenece por derecho! ─ ¡Darién!... tu no… ─ Está bien Darlen, no te preocupes. Es mi última palabra Darién, debes ganártela y estás a una misión de obtenerla ─ Darién trata de protestar, pero Lenaya se adelanta agregando enarcando una delicada ceja. ─ Puedes verlo como una paga ─ durante unos largos minutos caminaba de un lado a otro, mirando con aprensión a Lenaya, considerando la propuesta. ─ Los llevo, los traigo junto a tu inútil cuerpo, me pagas y me iré ─ De acuerdo ─ Darlen, Sofía, Wyatt y Caroline miran con asombro el tipo de trato realizado entre ambas partes, Darién se retira a zancadas del salón del trono, Darlen y Caroline tratan de protestar por la negociación, pero solo Lenaya dibujaba una sonrisa en los labios, Darlen mira hacia el lugar donde estuvo parado su hermano con tristeza, recordando las últimas palabras de Darién antes de retirarse. ─ Me pagas y me iré ─ no puede ser que su hermano se haya rebajado a tanto, ¿será posible?
Jessica y sus amigas aun discuten sobre la cuestión de matar o no humanos, pero las protestas de Andrea de ser una Eterna con privilegios hacían enfurecer a Jessica. ─ ¡No podemos, Andrea!, ¡¿Cuántas veces tengo que explicarlo?!, los humanos son creaciones de Dios, al eliminar uno es como mover los hilos de una gigantesca telaraña, ¡¿No te das cuenta de las chorradas que dices?! ─ ¡Pero, Flora ha matado! ─ protesta Ana. ─ Lo maté porque era un descendiente de cazadores ─ contesta Flora convirtiendo el corazón del joven oficial en polvo. ─ ¿Cazadores? ─ pregunta Carla confundida. ─ Cazadores de Eternas o de brujas si lo prefieren llamar, sin embargo, su sangre estaba muy diluida ─_ ¿Qué quiere decir con diluida, señorita Flora? ─ pregunta Jessica con sumo interés. ─ Era descendiente de un hijo bastardo de uno de los cazadores ─ ¿Es posible? ─ Claro, Jessica, ahora, ¿Qué pretendían asesinando a un oficial de policía? ─ ¿Yo?… no… mi verdadera intención, señorita Flora, era detenernos y borrarles la memoria ─ ¡Eso sería trabajoso! ─ protesta Andrea nuevamente. ─ Asesinarlos era lo más rápido, y yo no lo maté, él solito se disparó en la cabeza. Además, creí que las Eternas podíamos hacer lo que quisiéramos ─ Cierto, por una parte lo entiendes, pero a la vez no, has cometido dos errores al provocar las cosas sin pensar, uno: has golpeado a un oficial robando una tienda, sabiendo que podías hacerlo sin levantar ningún revuelo, dos: aun no son Eternas, son aprendices ─ (bufido) Y ahora eres Dios para juzgarme ─ No podemos intervenir mucho en las vidas humanas, al ser Eternas ya no pertenecemos al mundo de los cielos, ni del infierno, otra cosa Andrea, podemos hacer lo que queramos, sí, pero tenemos leyes para no levantar sospechas en el mundo sobre nuestra existencia, hay cazadores, y gracias al descuido de unas cuantas todo se fue a la mierda. Jessica, debes imponer un castigo ─ Pero señorita… ─ Hazlo. Arrodíllate, Andrea ─ ordena Flora, Jessica trata de refutar sobre imponer el castigo a su amiga, a pesar de que a veces ella era pesada, seguía siendo su amiga, pero Flora le coloca una mano sobre el hombro causándole un espasmo y un jadeo dejando sus ojos blanquecinos.
Solo fueron unos segundos, cuando por fin Flora corta el vínculo con Jessica, ésta se tambalea un poco aturdida, mira sus manos, dos cuchillas pequeñas yacían en su palma, ornamentadas con dos serpientes enroscadas en la pequeña empuñadura se encontraban en ellas. ─ Ya sabes lo que tienes que hacer, si no lo haces, el castigo será el doble para ti ─ Flora se da media vuelta desapareciendo entre los bosques, Jessica contempla las pequeñas cuchillas y a su amiga arrodillada con tristeza y algo de pesar. ─ Extiende las manos, Andrea ─ insta Jessica, ésta obedece con expresión solemne, si Flora esperaba que suplicara, no le daría el gusto, Jessica sujeta una mano, y tomando una gran y profunda bocanada de aire, uno de los cuchillos es clavado en la palma de la mano, Andrea ahoga un grito apretando los dientes colocando una mano en el piso, gotas de sangre comienzan a caer en la carretera. ─ Ahora la otra ─ el rostro de Jessica ya no mostraba emoción alguna, Andrea, con los ojos inyectados en rabia, mirando a su amiga levanta la otra mano, Jessica vuelve a clavar el otro cuchillo, pero Andrea apoya los codos en el suelo mientras la sangre rodaba por sus brazos. ─ Perdóname Andrea, quise advertirte, pero no escuchaste ─ No importa, hiciste lo que tenías que hacer y yo no le di el gusto ─ contestó Andrea con los dientes apretados y la respiración pesada. ─ Chicas, por favor, ayúdenla y atiendan las heridas de Andrea ─.
Ana y Carla rasgan sus vestiduras para vendar las manos de Andrea, ésta sisea ahogando un sollozo de dolor apretando los dientes. Las chicas abordan el auto mientras que Jessica se encargaba de los cuerpos, cuando ésta arrastra el cuerpo entre los arbustos del espeso follaje, se topa con Flora. ─ Ellas tienen que entender cuál es su lugar ─ Jessica respinga por la impresión cayendo sobre su trasero, se levanta sacudiéndose sus vaqueros. ─ ¿No cree que fue demasiado el castigo? ─ Nosotras somos Eternas, es verdad, pero ser Eternas tiene sus reglas, inclusive para las aprendices, y esas reglas fueron fijadas por la misma Eva y Lilith, podemos hacer lo que queramos, sí, pero el ser humano no está preparado para recibirnos o entender lo que somos y en lo que se pueden convertir ─ Jessica asiente comprendiendo la aclaratoria de Flora, de pronto ella entorna los ojos sobre su maestra. ─ Usted está buscando a alguien, ¿No es así? ─ Flora ladea la cabeza con una ligera sonrisa. ─ Eres más lista de lo que pareces ─ Me está enseñando bien ─ Así parece ─ ¿Y por qué mató a ese oficial? ─ Es una tarea adicional que me propuse ─ Ahí si me perdí ─ Gracias a una Eterna inescrupulosa y descuidada, cinco familias se aliaron para cazarnos y matarnos ─ ¿Las cruzadas de brujas? ─ Exactamente ─ Y usted los caza a ellos, es por eso su medallón ─ Flora coloca una mano en su pecho. ─ El medallón está hecho con la gota de sangre de cada familia de cazadores, me simplifica la búsqueda… ─ Flora mira hacia el cielo. ─ Es hora de moverse, dejemos que la naturaleza se haga cargo de los cuerpos ─ abordando el auto, Jessica le pregunta a las chicas sobre el estado de las manos de Andrea, éstas escudriñan las manos y se asombran al descubrir que no tenía ninguna herida en sus manos, ni mucho menos las cuchillas, Jessica se voltea para cerciorarse, ésta también escudriña las manos, ni dolor, ni sangre, nada, mira el retrovisor, y lo que era un auto patrulla, se había convertido en un montón de fierros oxidados y viejos, ¿obra de Flora?.
En su habitación, Lenaya leía un libro, lo cierra y lo coloca donde estaba, unos ojos brillaron en la oscuridad en un rincón de la habitación. ─ ¿Me mandaste a llamar? ─ una neblina negra se acumula en dicho rincón oscuro, dando forma a Caroline. ─ Si ─ Lenaya detalla de arriba abajo a Caroline, vestía toda de negro, desde botas a pantalones y camisas de cuero ajustados. ─ ¿Planeas salir? ─ pregunta Lenaya. ─ Si, me disponía salir a comer ─ Quería hablar contigo ─ Tu dirás ─ Al final no me has terminado de contar en que consiste tu dieta ─ Caroline agacha la mirada, considerando la petición de Lenaya. ─ Creí que ya… ─ Y así es, no lo tomes a mal, solo quiero saber, nada más ─ Mi dieta consiste en animales como dije aquella vez ─ ¿Animales? ─ Si ─ Caroline se encoge de hombros aun con la mirada fija en el suelo. ─ Cuéntame más ─ ¿Qué quieres saber?, ¿Quieres saber si disfruto de la dieta de animales?... no mucho, no es igual que comer carne humana, créeme, que al principio me fue difícil, tuvieron que encadenarme en muchas ocasiones, era tal mi ansia que dolía hasta en los huesos, pero comiendo vísceras de animales se hace un poco más… soportable ─ Y… ¿Qué hay de la comida normal? ─ Lo puedo disfrutar como cualquier otro ser humano, pero no me satisface, ni me alimenta y no sé por qué coño me engaño a mí misma de que si ─ Entiendo ─.
Caroline mira por la ventana con una expresión meditabunda, como si su mente viajara a otro lugar. ─ Una vez luché contra un bendecido ─ ¿Y qué pasó? ─ ¿Qué crees?, casi muero, su sangre es toxica para mi ─ ¿Y por qué rechazaste la mía? ─ Dos razones ─ Dímelas ─ La primera, eres mi reina, no puedo aceptar tal cosa y la segunda… en el estado que te encontrabas, a medio recordar, tu sangre me hubiera matado ─ Y… ¿Qué hay de la sangre de los demonios o los ángeles? ─ Es casi lo mismo que la de los humanos, pero sabe horrible, es como comer comida descompuesta y la de los ángeles es veneno ─ Lenaya suspira profundamente, Caroline aun continuaba con la mirada fija en la ventana, frunce ligeramente el ceño al escuchar el tintineo de una copa. ─ Desnúdate ─ ordena Lenaya, Caroline se gira sorprendida por tal orden. ─ Desnúdate ─ repite Lenaya tranquilamente ─ ¿Estás loca? ─ No. Me debes lealtad y obediencia, así que desnúdate ─ con los dientes apretados y de malagana, Caroline se desnuda delante de Lenaya quedando en ropa interior. ─ Toda la ropa ─ Tanto que me costó arreglarme ─ protesta Caroline con los dientes apretados, Lenaya sonríe con travesura.
Acercándose al cuerpo de Caroline una vez ya desnuda, con las manos a solo pocos centímetros del cuerpo, Lenaya comienza a recorrerlo desde el cuello hasta el vientre, repite el recorrido un par de veces hasta quedar a la altura de su estómago, con sus ojos brillando levemente en plata y colocando las manos como garras en el estómago de Caroline, ésta comienza a sentir como una ligera presión en él. ─ No te muevas ─ indica Lenaya, minutos después se levanta y se acerca hasta la copa, toma su daga Colmillo y se corta la palma de la mano izquierda, comienza a recitar palabras que para Caroline eran desconocidas. ─ Creo que con esto es suficiente ─ la herida de la palma de la mano de Lenaya se cierra al instante, le acerca la copa. ─ Bebe ─ Caroline la mira como si estuviera loca. ─ Tienes que beberlo si quieres ser inmune ─ ¿Inmune?, ¿A qué? ─ Cállate y bebe ─ Lenaya le acerca más la copa, Caroline contempla la copa luego a Lenaya varias veces sopesando la orden, la toma dubitativamente y le da un ligero sorbo, Caroline frunce el ceño y la nariz, prácticamente el sabor le produjo arcadas, el simple contacto de la sangre se sintió arder en su lengua y en toda la boca. ─ ¡¿Te has vuelto loca?!, ¡¿Me quieres matar?! ─ Bebe ─ ¡No! ─ Caroline, bebe, no serás inmune a menos que bebas ─ Caroline vuelve a contemplar la copa, toma una gran bocanada de aire para agarrar valor y beber de un solo trago.
Dejando caer la copa, Caroline cae de rodillas con las manos en el suelo, tosiendo y haciendo los intentos de vomitar, sin embargo, solo eructaba tan fuertemente que sonaban como gruñidos o los intentos vanos de un perro al vomitar, Lenaya se agacha para darle de palmadas en la espalda y solo consiguió una mirada furibunda de Caroline con sus ojos inhumanos, totalmente negros. ─ Eso es lo que me agrada de ti, tu exceso de sinceridad y confianza hacia mi ─ Si esto es por las veces que te he asustado… ─ replicó Caroline con voz áspera, pero tuvo que obligarse a cortar su comentario ya que con el simple intento de hablar le hacía doler la garganta.
Lenaya esboza una sonrisa serena que Caroline no supo interpretar, ésta más calmada, se levanta algo mareada por la sensación de la sangre de Lenaya. ─ ¿Qué me hiciste? ─ Digamos que te puse un protector gástrico ─ Caroline frunce el ceño confundida. ─ Ahora Caroline, ésta si es una orden ─ el rostro de Caroline se vuelve impasible. ─ Cuando llegue el momento, no te contengas, libera todo tu poder ─ Caroline asiente postrándose delante de su reina. ─ Ahora, esto es lo que harás, debes entregarle esto a Renata y… ─ le hace entrega de un medallón que parecía ser muy antiguo, y en su centro brillaba un ojo azul como el agua, Lenaya comienza relatar su plan mientras que Caroline se levantaba y se vestía sin perder detalle de cada palabra.
Conduciendo por la estatal ya de noche, la suave neblina apenas dificultaba la visión en la carretera. ─ Quiero ir al baño ─ solicita Ana, ─ ¿En mitad de la noche?, ¿Estás loca?, ni de coña ─ Entonces me orino en el auto ─ Jessica se orilla a un lado de la carretera refunfuñando, Ana sale corriendo hacia los arbustos, Jessica rueda la mirada dejándola en blanco suspirando por su amiga, se gira en su asiento. ─ ¿Cómo te sientes, Andrea? ─ ¿Cómo crees que me siento? ─ contesta Andrea con una sonrisa desdeñosa, luego concentra toda su atención en la noche por la ventanilla, solo el motor encendido y los grillos era lo único que se escuchaba en la noche, unos gritos de horror se sintió desde el otro lado de los arbustos, Andrea, Jessica y Carla salen corriendo para ver lo que pasaba. Una niña toda sucia de cabello amarillo, lo que aparentaban ser ondulados o lo fueron una vez, ojos ámbar ¿o eran miel?, de más o menos ocho o nueve años, con la ropa rasgada y harapienta apareció entre los matorrales de aquel bosque, aparentemente había estado corriendo durante horas. ─ ¿Estás bien? ─ pregunta Jessica tendiéndole la mano algo preocupada, la niña retrocede un paso. ─ Está bien, estás a salvo… ¿Cómo te llamas? ─ la niña vuelve a correr adentrándose al espeso bosque, Jessica llama a la niña, pero ya era demasiado tarde. ─ Hay que seguirla ─ propone Carla, las cuatro chicas se ponen en marcha en busca de la pequeña niña.
Darién caminaba por uno de los pasillos de la gran mansión, sumido en sus pensamientos y sin rumbo alguno, de pronto comienza a escuchar gemidos, gritos y gruñidos, ¿están peleando?, se acerca a una habitación, con la puerta entreabierta se podía divisar a una mujer golpeando un saco de boxear, Darién observa con interés a aquella mujer, ¿era Renata?, por un instante sintió el impulso de entrar, ver sus movimientos torpes y su mala postura le hizo esbozar una sonrisa, sobre todo las veces que la vio caer sobre su trasero al intentar algunas patadas, aunque su determinación y fiereza reflejada en cada golpe, por más torpes que fueran, le hizo sentir algo de admiración y respeto, lo pensó mejor y decidió dejarla sola, quizás era lo mejor para ella concentrarse en su entrenamiento.
Corriendo por el bosque, Jessica, Flora, que vuelve aparecer inesperadamente, Carla, Ana y Andrea buscaban a la niña, de pronto Flora levanta la mano, todas se detienen en el acto, entre los arbustos vuelve aparecer la niña agitada, con su respiración acelerada, su corazón desbocado como un colibrí y con su sucio rostro envuelto en pánico, Carla atrapa la niña entre sus brazos, la niña comienza a patalear y a gruñir, luchando para liberarse, Carla sisea acunándola entre sus brazos para tratar de calmarla, y en un abrir y cerrar de ojos miles de bestias deformes y desconocidas brotan de aquel espeso follaje, Jessica y sus amigas se abrazan entre sí, Andrea se queda paralizada de miedo, Flora, abriendo los brazos de par en par detiene el tiempo, hondas brillaron entre cada una de las bestias y aberraciones como el efecto de una gota al caer en el agua, Jessica se le ocurrió la idea de abrir los ojos, pudo ver la forma humanoide de una de esas cosas, solo que no era nada humano, sin cabeza, lo que parecía ser su rostro lo tenía en el pecho, y varios rostros más entre el estómago, hombros y piernas, lo que debían ser manos eran grandes garras con unas uñas del tamaño de su brazo, aquel rostro en el pecho no tenía dientes comunes, eran aserrados como una piraña y sin ojos, con nariz de murciélago, los que eran pies eran patas de un animal con espeso pelaje y garras.
Horrorizada Jessica vuelve a acurrucarse aún más a sus amigas cerrando los ojos con fuerza, en un instante Flora cierra sus brazos en un fuerte aplauso regresando todo el tiempo a su cauce. Cada bestia, cada poseído, cada cosa inhumana explotaron en el aire dejando solo trozos de carne muerta y pútrida a su alrededor, bañándolas a todas en el hedor mísero y asqueroso de la sangre negra de las bestias demoníacas. ─ ¿Están bien? ─ pregunta Flora. ─ Si ─ Si ─ Si ─ No ─ contesta Andrea con voz áspera y agónica, las chicas miran horrorizadas a su amiga Andrea clavada en un árbol con una de las enormes uñas de una de las bestias. ─ Quítenme esta mierda ─ pide Andrea luchando a duras penas por arrancarse la enorme uña, Flora con la ayuda de Jessica, que, de hecho, le costó tomar alto valor para poder tocar aquella aberrante uña, lograron arrancarla, Andrea cae al suelo sujetándose la barriga con espasmos, tratando de respirar y tragando saliva con dificultad. ─ Les dije que me sacaran esta mierda ─ ruega Andrea, los ojos blanquecinos de Andrea le dijeron a Flora de que todo era tarde. Con un ligero movimiento de la mano de Flora, raíces salieron del suelo para sujetarle brazos y piernas, inesperadamente Andrea comienza a emitir gruñidos con convulsiones, Jessica y sus amigas no paraban de sollozar y mirar con horror en lo que se había convertido su amiga, la cual, su rostro ya no tenía casi rasgos humanos, asustadas y dolidas por su amiga, solo podían sollozar y rogar para terminar con su pena, con expresión inescrutable, Flora trata de acariciar el cabello de Andrea, pero ésta trata de morderla, Flora se levanta e invoca una espada de hielo. ─ Que nuestra madre te cobije y te dé el descanso que te mereces ─ recita Flora con pesar en su rostro, y de un solo golpe con la espada, cercena la cabeza de Andrea, las chicas dan un respingo por el impacto sin dejar de sollozar. ─ Vámonos ─ ordena Flora. ─ ¡¿Qué mierdas eran esas cosas?! ─ pregunta Carla al recordar cómo se hablaba. ─ Esas “cosas”, una vez fueron humanos ─ Flora mira a su alrededor. ─ Ya no más ─.
En la mansión, Lenaya corta la conversación con Caroline abruptamente, se tensa ante una extraña sensación que le hizo erizar cada bello de su cuerpo, lo mismo con Caroline. ─ ¿Sentiste eso? ─ pregunta Lenaya. ─ Están cerca ─ ¡Su majestad! ─ Darlen entra corriendo a la habitación de Lenaya. ─ Estoy bien, pero… ─ Están cerca ─ No, Darlen, ese poder está aún muy lejos, sin embargo, sea quien sea dueño de este poder, es sin duda alguien de tomar en cuenta. Caroline prepara la salida de Darién, ya sabes lo que tienes que hacer ─ Dalo por hecho ─ Caroline desaparece entre volutas de neblina negra. ─ Darlen, alista a los hombres, podrán estar lejos, no sabemos qué tan rápido se puedan mover ─ Como ordene ─ Darlen se retira a zancadas con una rápida reverencia.
Aún más calmadas las amigas de Jessica, caminaban de regreso al auto, quejándose de lo apestosas que estaban y peleando por no haber hecho nada para salvar a su amiga Andrea, Flora se detiene en un claro, se da media vuelta para escrutarlas a todas, Carla con la niña en brazos dormida, Jessica abrazada a sí misma tratando de controlar el frío y Ana aun no paraba de tiritar los dientes y de temblar, no sabía si era por miedo o frío, quizás un poco de ambas. ─ Nunca dijiste que debíamos enfrentarnos a éstas cosas ─ protesta Carla en voz baja controlando su temperamento para no despertar a la niña. ─ Una cosa es segura Carla, en éste mundo hay cosas que no sabemos que esperar y para ello debemos estar preparadas ─ ¡Y una mierda!, dijiste que nos enseñarías a ser como tu ─ protesta Ana. ─ Para ser como yo necesitan deshacerse de algo que se llama alma ─ ¿De qué coño estás hablando? ─ pregunta Carla, Flora suspira profundamente. ─ Dios nos dio un libre albedrío de doble sentido, un libre albedrío que a su vez es nuestra prisión, nos dio almas, el alma es lo que nos hace tan individualistas, es lo que nos consume cuando un demonio nos ataca como el que atacó a Andrea ─ Cada vez te entendemos menos ─ comenta Jessica con el ceño fruncido. ─ Es… complicado, solo presten atención, se los simplificaré, el libre albedrío es algo parecido a una hojilla, y Dios le da una hijilla a un niño para que juegue y decida qué hacer con ella, te puede ser de utilidad, pero también puede ser tu perdición, el alma es lo mismo, por medio del alma podemos sentir, amor, pena, dolor, tristezas, alegrías, envidias, odio, una infinidad de emociones que al final si no lo manejamos con cuidado caeremos en un círculo de caos y los demonios y los ángeles se aprovechan de ello para confundir al hombre e incluirlos en sus guerras ─ Flora vuelve a suspirar y añade. ─ Lo que le pasó a Andrea fue una versión mil veces de lo que se puede convertir el ser humano en su forma más aberrante de sí mismo ─ las chicas miraban horrorizadas la explicación de Flora. ─ Y… ¿Cómo se hace para superar…? ─ ¿Evitar tal cosa?, tienes dos opciones Carla, y una de ellas no es de fiar ─ ¿Cuáles son? ─ pregunta Ana. ─ Una es morir, la otra es aceptar ─ ¿Aceptar?, ¿Aceptar qué? ─ pregunta Jessica. ─ Aceptar la imperfección, aceptar lo que eres, como fuiste creado y tus defectos como humano, si lo haces el demonio o su veneno no te consumen ─ ¿Eso es todo?, es… esto no tiene nombre, ¡es una muerte segura!, es una mierda, ¡todo es una mierda! ─ Calma Ana, quiero que te calmes ─ ¿Calmarme, (bufido), ¿Calmarme?, calma esto Flora ─ Ana le hace un gesto grosero con el dedo del medio. ─ ¡Ana! ─ ¡Tu cállate!, tu nos metiste en ésta mierda y por tu culpa Andrea está muerta ─ Espera un momento, yo no tengo culpa de esto ─ ¿Ha no? ─ Solo quise que fuéramos como la señorita Flora, nada más ─ replica Jessica. ─ Me largo de ésta mierda ─ Ya no puedes, Ana ─ ¿Quién me lo impide? ─ Nadie, ahora tienes la verdadera libre elección, pero una vez abierto los ojos de la conciencia, veras la verdad y la realidad en todas partes, verás las cosas como son en realidad. Como verán, no todo los seres humanos aceptan su realidad o la verdad y luchan contra ella, lo que le pasó a Andrea fue que no aceptó, luchó contra sus miedos con su odio a no morir, su orgullo, eso alimentó al veneno y terminó por consumirla, es por eso que es recomendable deshacernos del alma ─ Si nos deshacemos del alma, ¿No morimos? ─ pregunta Carla. ─ Nuestro cuerpo funciona con el espíritu que se nos dio, el alma es lo que nos define como humanos, un precinto de seguridad por así decirlo, si nos deshacemos del alma liberaremos nuestro verdadero potencial como seres creados ─ ¿Evolucionamos? ─ pregunta Jessica. ─ Se podría decir que sí. Ana, a mí me afecta la muerte de Andrea, aunque no lo creas, quiero reconstruir la orden basada en las leyes de Eva, nuestro verdadero origen del conocimiento es gracias a ella, nos hacíamos llamar Aíonia, las Aíonia hemos existido durante eones, desde la creación del mundo se podría decir… ─ Flora mira a su alrededor. ─ Ahora les sugiero que nos movamos, después les seguiré explicando ─ Flora encabeza la marcha, y las chicas siguen sus pasos aún más llena de interrogantes, no muy convencidas del viaje, pero con una cosa en común, ambas querían seguir aprendiendo, Carla se acomoda a la niña en los brazos para estar más cómoda al cargarla.
Cuatro de la mañana, Darién con su pequeño grupo de humanos se preparan para salir, toda la mansión Dietrich y Gilbert era todo un revuelo. ─ Muy bien señoritas, es hora de separar a los niños de los adultos ─ comenta Darién colocándose su abrigo marrón ladrillo. ─ ¿Por qué todos corren? ─ pregunta Rosa estrujándose los ojos dando vueltas sobre sus talones. ─ Tendremos compañía y no es recomendable estar aquí para cuando pase ─ contesta Darién acomodándose el cabello. ─ Aquí tienen pasaportes, pasajes, todo listo ─ informa uno de los hombres a cargo del viaje haciendo entrega a cada uno sus papeles. ─ ¿Iremos con éste? ─ pregunta Sebas señalando con el pulgar a Darién, en cambio Darién sonríe con ironía. ─ No, ustedes irán en un avión clase turístico, yo iré en el avión privado, así que les sugiero que muevan el culo señoritas, no me gustan los retrasos y menos cuando me sacan de mi cama a altas horas de la madrugada ─ dijo Darién dándose la vuelta dejando a los amigos de Lenaya fulminándolo con la mirada, Renata le hace un gesto grosero con el dedo del medio frunciendo el ceño y la nariz. ─ Vi eso cariño ─ señaló Darién despidiéndose con despreocupación sin siquiera dar la cara para terminar abordando una limosina y los amigos de Lenaya otra.