Chapter 45: Cap. 32

Tal como había solicitado Lenaya, sus amigos fueron traídos ante ella, todos pudieron ver cuan intimidante e imponente lucía su amiga sentada en aquel extraño trono, como si hubiera sido hecho para ella. Rosa, aun nerviosa por la actitud de su hermana Renata, que al llegar se postra como los demás súbditos, Lenaya se percata de dicha actitud y frunce el ceño, repentinamente se levanta de su trono, todos en silencio, atentos, con mirada expectante ante cualquier reacción de Lenaya, baja lentamente a paso señorial los escalones, sus pasos haciendo eco en aquel gran salón. ─ ¿Harley? ─ pregunta Rosa dubitativamente con tristeza en los ojos. ─ No, pero sigo siendo yo, Rosa ─ contesta Lenaya con una serena sonrisa. ─ ¿Qué será de nosotros? ─ pregunta José. ─ Pueden quedarse si lo desean, son bienvenidos… en cambio a ti, Renata ─ Lenaya toma una mano de Renata. ─ Te libero de tu juramento… ─ Renata suplica para que no sea liberada luchando por soltarse del agarre de Lenaya, pero el símbolo desaparece de su mano. Un grito desgarrador de un por qué resuena dentro del salón del trono, Renata cae de rodillas aferrándose a su mano, donde se había encontrado el símbolo, Lenaya recorre con la mirada todo el lugar. ─ ¡Salgan todos! ─ ordena Lenaya. En efecto, su orden se cumplió en el acto, una vez a solas, Lenaya se agacha de puntillas hasta estar a la altura de Renata que aún se encontraba en el suelo sollozando, José le hace señas a Caroline para saber cómo se sentía, pero ésta solo abre los ojos, y con un ligero ademán de su mano le indica que debía esperar, Lenaya se percata de las señas, sin embargo, no dijo nada. ─ ¿Por qué quieres el juramento? ─ pregunta Lenaya por fin prestando atención total en Renata, ésta sorbe por la nariz, ─ No te quiero perder, eres nuestra cuate ─ responde Renata entre sollozos entrecortados, con la mirada fija en el suelo. ─ No es verdad, contesta ─ Renata levanta la mirada con los ojos rojos por el llanto, sus mejillas húmedas por las lágrimas, Renata traga saliva. ─ No te quiero perder, y… y (sorbe por la nariz), quiero ver tu reino ─ ¿Es todo? ─ Renata asiente limpiando su nariz con el dorso de la muñeca, en ese instante Darién hace acto de presencia escoltado por Darlen. Lenaya levanta la mirada, Darién la miraba con expresión ilegible.

Darlen se postra delante de Lenaya, mientras que Darién hacía una pantomima de reverencia. ─ ¿Quería verme, “su Majestad”? ─ Si, te voy a dar una oportunidad de redimirte ─ ¿Y si no quiero? ─ Dijiste que si me volvía reina hablara contigo ─ Hasta ahora no me has impresionado ─ esta vez Darlen pierde el control, y con sus ojos inyectados en sangre, sujeta por el cuello a su hermano incrustándolo en una columna. ─ ¡No te permitiré que vuelvas a faltarle el respeto! ─ amenazó Darlen prácticamente con un gruñido animal. ─ ¡Darlen!, ¡suéltalo! ─ los amigos de Lenaya dan un respingo por la reacción de Darlen, ésta obedece liberando a su hermano de su agarre, Darién, trastabillando se frota el cuello fulminando con la mirada a su hermana. ─ ¿Quieres redimirte? ─ vuelve a preguntar Lenaya enarcando una ceja. ─ Bien, bien, ¿Qué quieres que haga? ─ Renata… ¿Quieres ver mi reino? ─ Si ─ ¿Ustedes también quieren? ─ todos asienten dubitativamente ente la pregunta de Lenaya. ─ Donde vaya mi hermana iré yo ─ agrega Rosa. ─ La neta, todos debemos estar juntos, somos una banda, ¿No?, ¿No? ─ comenta Sebas recorriendo con la mirada al grupo en espera de apoyo, sin embargo Lenaya entiende su punto y sonríe, se levanta en toda su altura. ─ Les encargaré una tarea que es de vital importancia ─ todos esperan saber cual es la misión en cuestión con miradas expectantes. ─ Voy a necesitar que vayan a buscar mi verdadero cuerpo ─ todos quedan atónitos y confundidos, incluyendo Darlen y Caroline, ambas no esperaban que Lenaya tuviera la osadía de asignarle tal tarea a un grupo de humanos. ─ ¿Cómo?, ¿Cómo que tu verdadero cuerpo? ─ pregunta Rosa. ─ ¿Cómo que busquemos tu cuerpo? ─ pregunta José. ─ Verán, no puedo abandonar éste lugar… ─ ¿Y por qué no? ─ pregunta Sebas. ─ Debo protegerlo, con lo que acabo de hacer, muchas amenazas vendrán hasta aquí y no todos están preparados para enfrentarlas ─ Pero si lo desea podemos ir Caroline y yo, su Majestad ─ No Darlen, ustedes deben quedarse, ahora es cuando más las necesito, pero eso no quiere decir que ustedes no sean importantes, chicos, su tarea es igual de imprescindible, inclusive diría que es vital para mi reino ─ Lenaya le ofrece una mano a Renata, ésta se levanta aceptando gustosamente. ─ Chicos, si no confiara en ustedes no les encomendara ésta tarea ─ ¿Y yo que pinto en todo esto? ─ Tú los escoltarás ─ todos protestan en desacuerdo, de igual forma Darién protesta. ─ No estás en posición de negociar, Darién, ni ustedes tampoco chicos. Irán con Darién ─ Pero… ─ intenta protestar Sebas. ─ No Sebas, no saben con que se encontrarán durante el viaje ─ ¿Adónde iremos? ─ pregunta Renata con mirada expectante. ─ Troya ─ ¡¿TROYA?! ─ preguntan todos al mismo tiempo. ─ ¡No manches!, la neta se te voló la maceta, ¿Troya?, ¿pero cómo chingados…? ─ la pregunta de Rosa se ve cortada mostrando sus manos sin disimular su asombro. ─ Darién, de seguro has oído hablar de Ganímedes ─ Si, se decía que era padre del rey de Troya, la estrella principal de la constelación de acuario ─ Exacto, mi cuerpo está en ese lugar, y tú Darién, te encargarás de encontrarlo junto con ellos ─ Ya va, un segundo, ¿Cómo carajo vamos a encontrar una pinche tumba con estrellas? ─ pregunta Sebas, José le da un manotazo por la nuca por su indiscreción. ─ ¿Y qué te hace pensar que no haré algo con tu cuerpo? ─ Simple, sé que no lo harás ─ ¿Estás segura? ─ una sonrisa maliciosa se cruza en los labios de Darién, Darlen aprieta fuertemente sus puños, tensando cada músculo de su cuerpo, lista para arremeter otra vez. ─ Mi señora, permita que yo vaya ─ se ofrece Darlen nuevamente estrechando la mirada en su hermano. ─ No. Caroline busca a Sofía y a Wyatt ─ Dalo por hecho ─ Caroline cruzó el salón a zancadas. ─ Darién, tu tarea es simple, es escoltarlos y protegerlos hasta encontrar mi cuerpo, luego traerlos hasta aquí ─ durante un largo y tenso silencio todos parecían sopesar la orden, se cruzan de miradas con Darién, que a su vez, éste los miraba con expresión ilegible, luego después de un par de minutos, Renata toma la palabra. ─ ¿Qué les pasa a todos?, ¡es Harley!, chicos, se trata de nuestra carnal, ella nos necesita ─ Renata… ─ interviene José con un triste suspiro. ─ Ella no se llama así, ella ya no es Harley ─ ¡Si lo es!, no me importa como se llame… ─ la voz de Renata busca quebrarse, pero se mantuvo firme. ─ O como le digan, sigue siendo ella, sigue siendo nuestra Harley ─ Sebas toma una postura detectivesca. ─ Si no eres Harley… ¿Cómo te llamas ahora? ─ pregunta Sebas cruzándose de brazos. ─ Lenaya ─ Sebas asiente comprensivamente, entornando la mirada en Lenaya como si hubiera descubierto una pieza clave de un gran misterio. ─ Si serás de idiota ─ protestas Rosa empujando a Sebas por el hombro. ─ ¿Cuándo partimos? ─ pregunta Renata dando un paso al frente. ─ Espera dulzura, aún no he dicho que si ─ refuta Darién. ─ Serás lindo y todo, pero contigo o sin ti, iremos ─ replica Renata.

Darién, ignorando completamente a Renata, agrega. ─ Necesito preparar a tus nuevos cachorritos para el viaje ─ propone Darién señalando con el pulgar a los amigos de Lenaya. ─ ¿Cómo que “cachorritos”? Tenemos nuestros nombres grandísimo animal ─ esta vez fue el turno de Rosa en protestar haciendo un gesto vulgar con el dedo del medio, Lenaya se frota la frente en exasperación. ─ ¡Basta!, partirán pasado mañana, creo que con eso es tiempo suficiente para alistarse ─ Dame cuatro días ─ ¿Crees que con cuatro días es suficiente? ─ ¿Quieres que devuelva tu cuerpo?, dame cuatro días para alistarlos, por lo menos para ponerlos al corriente de lo que se les espera ─ Hecho, ahora retírense chicos, por favor, tengo una reunión importante ─ todos se retiran solo quedándose Darlen con Lenaya. ─ ¿Crees que podemos confiar en mi hermano, su Majestad? ─ Solo dale tiempo Darlen, y llámame Lenaya, ¿Quieres? ─.

Caroline llega con Sofía y Wyatt. ─ ¿Su Majestad? ─ Alteza ─ ambos hacen una reverencia, Caroline se para al lado derecho de Lenaya, mientras que Darlen yace parada del lado izquierdo con una mano posada sobre el respaldo del trono. ─ Quería hablar con ustedes ─ ¿En qué podemos servirle? ─ pregunta Wyatt. ─ Por ahora han llevado bien la situación y las riendas de la organización, y en eso me enorgullecen, sin embargo, no tomaron en previsión que… en mi regreso necesitaba una corte con la cual pueda contar ─ Pero… ─ intenta Sofía de excusarse, no obstante, Lenaya levanta la mano para silenciarla. ─ Descuiden, ya eso está solucionado ─ Usted dirá ─ dijo Sofía con un leve asentimiento. ─ Wyatt, tú te encargaras sobre los comercios, he notado que eres bueno con los números y tienes buen ojo con los negocios y los tratos ─ Si, su alteza ─ Sofía ─ Sofía se tensa. ─ ¿Su Majestad? ─ Tú te encargarás de eventos y relaciones sociales, negociaciones y tratados, eres buena con las palabras y con las personas ─ (reverencia) Será un honor, su Majestad ─ Ambos tomarán la labor de embajadores a la hora de las negociaciones ─ Sofía y Wyatt nunca se habían sentido tan honrados ante semejante postura en la corte personal de Lenaya. ─ Caroline y Darlen serán… ─ prosiguió Lenaya. ─ De ahora en adelante, mis consejeras y escolta personal ─ ambas se sobresaltan en asombro dejando sus ojos tan abiertos como platos, mirándose a las caras al no poder controlar tanto honor y orgullo en su pecho por tan alto puesto, ambas se postran una a cada lado de Lenaya, cada una sujetando una mano. ─ No te decepcionaremos ─ dicen las dos al mismo tiempo.

Durante la noche, las amigas de Jessica se mantuvieron en constante entrenamiento, los mismos pasos que Flora había hecho con ella, ahora ella se los hacía a sus amigas, aromatizando y haciendo té con las hierbas y usando las piedras en lugares estratégicos para canalizar sus energías, fue una noche larga para todas, sin embargo, no se sintieron cansadas, más bien la emoción de saber de lo que eran capaces de aprender y hacer les cortaba todo sueño o cansancio. Las primeras horas fueron explicaciones, risas y bromas. ─ Chicas, presten atención, al primer momento sentirán una leve corriente recorrer su cuerpo, solo piensen el cómo se sintieron cuando lo hicieron por primera vez, esa corriente que pasó por su cuerpo y luego se dejaron llevar por el momento ─ las chicas se miraron las caras las unas a la otras algo confundidas. ─ Ahora cierren sus ojos ─ solo fue cuestión de unos segundos, Andrea comenzó a fingir un orgasmo, todas ríen a carcajadas. ─ Ya chicas, parad, déjense de chorradas, esto no es broma, vamos, de nuevo ─ insta Jessica entre risas cortas. ─ ¿Cómo vamos a “canalizar energías” si no sabemos cómo? ─ pregunta Ana ─ Para eso son las hierbas y el té, sus canales de energías están obstruidas, esto ayuda a limpiarlas, solo necesitan abrirles el paso, ahora cierren los ojos y tómense de las manos ─ Pero la mirra y el olivo saben a mierda y olerlas es un puntazo ─ protesta Carla. ─ Nadie dijo que sería agradable, pero lo será cuando lo controles por ti y no necesites hierbas para hacerlo ─.

Las chicas se vuelven a mirar a las caras mientras que Jessica les ofrecía una sonrisa, respiran profundamente y relajan sus mentes y sus cuerpos, cuando de pronto, después de un largo minuto, todas se sobresaltan. ─ ¿Sintieron eso? ─ pregunta Carla acompañado de un jadeo lleno de asombro. ─ Relájense ─ indica Jessica con voz monótona aun con los ojos cerrados, guiando. Las chicas vuelven a concentrarse dejando el lugar en un silencio sepulcral, las llamas mortecinas de las velas aumentan de tamaño, lentamente, hasta quedar de diez centímetros, inesperadamente las cuatro chicas abren los parpados al mismo tiempo con los ojos blanquecinos, minutos después, Jessica, cerrando los ojos, va cortando lentamente la canalización hasta quedar todo como antes, las cuatro chicas abren nuevamente los ojos, parpadeando varias veces, emocionadas ríen y jadean anonadadas por lo que hicieron y sintieron, habían logrado entrar entre sus mentes, no lo podían creer, por lo consiguiente siguieron con las canalizaciones por un par de horas más, Jessica también les mostró las cosas que le había mostrado Flora, a cuenta gotas, tal cual como ella le había enseñado. Una ligera sonrisa traviesa se cruza en rostro de las cuatro una vez finalizada la sesión.

El sol amenaza en despuntar en el horizonte, eran las cinco treinta, las chicas recogían maletas y mudas de ropa como para una excursión de varias semanas. ─ ¿Qué están haciendo? ─ Andrea se burla por la pregunta de Jessica contestando con otra. ─ ¿Qué crees?, empacando ─ Recuerden que debemos ir ligeras de equipaje ─ Pero si no sabemos a dónde vamos ─ protesta Andrea tirando a un lado un sostén. ─ ¿Fue otra de las revelaciones de Flora? ─ He… si ─ Chorradas, se está comportando como un puto Dios ─ las protestas de Andrea se hacían cada vez más intensas. ─ Quiere que nos lancemos a la deriva con nada y solo ella proveerá ─ De hecho, ella nos dijo que debíamos proveernos solas ─ Carla resopla. ─ Lo que nos faltaba, una Diosa que desatiende a sus seguidores ─ Jessica se encoge de hombros sin tener idea que contestar, cuando de pronto se le ilumina el rostro en una sonrisa y entusiasmo, en cambio sus amigas la miran como si se hubiera vuelto loca. ─ Oigan, ¿Y si esto es como un retiro o algo así? ─ ¿Cómo así? ─ pregunta Ana frunciendo el ceño ligeramente, sus amigas comenzaron a tomar interés en el asunto. ─ Un retiro, un entrenamiento o, o, lo que sea como se llame… es para ver y probarnos a nosotras mismas que tan buenas podemos ser y mejorar nuestros poderes ─ Andrea lanza un bufido. ─ Suenas como caricatura vieja ─ No importa como suene, solo piénsenlo ─ Carla, Andrea y Ana se miran a las caras dubitativamente, pero la espina de la incertidumbre carcomía sus corazones. ─ ¿Qué sugieres que llevemos? ─ pregunta Carla. ─ ¿Qué sé yo?, eso lo deciden ustedes, esto no es una jodida iglesia ─ las chicas se vuelven a mirar las caras, y asintiendo con una mueca, se encogen de hombros en comprensión.

Jessica sale de la habitación para preparar algo de comer antes de partir, también prepara un pequeño morral con algunos suministros y alimentos para el viaje tarareando una canción. Jessica ya tenía casi listo su pequeño morral, cuando de pronto sus amigas salen de la habitación también con pequeños bolsos y vestidas casi iguales, Jessica ladea la cabeza confundida escrutando las vestimentas, ¿de qué película quisieron salir? ─ ¿Qué?, es lo más recatado que pudimos conseguir ─ aclara Ana acomodándose un mechón de su cabello negro alisado detrás de su oído mirándose a sí misma, mostrándole a Jessica su punto, Ana estaba vestida con pantalones negros ajustados, trenzados a los lados en sus muslos a la cadera, una camisa trenzada ajustada enseñando el ombligo del mismo color y unas sandalias, Andrea con una minifalda negra de cuero, una blusa de tela transparente, debajo de la blusa un top negro, unas medias de mallas raídas en las rodillas y unas botas de talle alto, y Carla una minifalda de jeans negro mullida en los dobladillos, con unos leggins y zapatos deportivos, y una camisa parecida a la de Ana pero de Jeans, todas de negro, y cada una con un abrigo negro de diferentes modelos, el de gabardina para Carla, el mullido para Ana y el otro tipo chal para Andrea. ─ ¿No te vas a cambiar? ─ pregunta Carla con una media sonrisa, Jessica vestía un conjunto de vaqueros y chaqueta de jeans azul claro prelavado, franela blanca y zapatos deportivos a juego. ─ Pero… ¿Qué coño…? ─ Tu dijiste que decidiéramos y eso fue lo que hicimos, que teníamos que ir ligeras ─ replicó Andrea apoyando su peso en una pierna. ─ Si pero… ─ Jessica arruga la nariz negando con la cabeza. ─ Olvídenlo, si están listas, por mi está bien… ¿Nos vamos? ─ Andrea y Carla asienten mientras que Ana sonríe en respuesta, su viaje de iniciación empezaría al cruzar por la puerta, desde luego no saldrían con el estómago vacío.

Disfrutando cada bocado de desayuno, las chicas se preguntaban las posibles cosas que harían en su viaje, ¿Cuánto ha vivido Flora?, ¿conoció a Adán y a Eva?, ¿vivió en la segunda guerra mundial?, ¿qué tanto es suficiente para viajar al este?, muchas preguntas brotaron de las bocas de Carla, Ana y Andrea, preguntas que Jessica no supo contestar, Flora le contaba cosas del mundo, mas, nunca le hablaba de ella ni de su vida, les aclaró de que la primera Eterna fue Lilith, seguida de Eva, y que sus cuerpos nunca fueron hallados. ─ Pero las noticias y la ciencia dicen… ─ Dicen mucha mierda Carla ─ interrumpe Jessica untando su pan con mermelada. ─ Solo los ignorantes creen que es posible cuando no conocen la verdad ─ Entonces, ¿Qué fue de Caín y Abel? ─ pregunta Andrea. ─ Abel obviamente si fue asesinado por su hermano, pero Caín no se volvió un Eterno, o brujo o como se llame… se convirtió en un partícipe de ésta absurda guerra ─ ¿Cuál guerra? ─ pregunta Ana. ─ ¡Hola!, obviamente entre el cielo y el infierno ─ Y… ─ Ana muerde su pan tostado. ─ ¿Qué pinta Flora en la guerra? ─ ¿Ella?, nada, aun desconozco lo que quiere, pero nos quiere enseñar a ser como ella, ¿No?... puedo sentir que ella busca algo, pero no estoy segura que ─ A lo mejor quiere un sitio donde estar tranquila y no participar en una estúpida guerra ─ opina Andrea. ─ Quizás ─ Pero si Eva y Lilith fueron las primeras Eternas, ¿Eso no la hace a ella como una participe más de la guerra? ─ pregunta Carla dando un sorbo a su jugo ─ No lo sé, solo sé que una de las partes solo quería a los humanos que lo idolatrasen siendo ignorantes, mientras que el otro quería lo contrario, quería enseñarles el propósito de haber sido creados y todo el conocimiento posible, estuvieron en desacuerdo y por allí empezó la discusión como dos hermanos pequeños peleándose por una mascota, Flora también me contó que Eva no fue desterrada con Adán, Eva se fue con ese conocimiento junto con Adán dejando a los dos con su gran berrinche armado y ahora los humanos están metidos en un paquete bien gordo sin tener la más puta idea ─ Carla, Ana y Andrea permanecieron en silencio, fascinadas por la historia de Jessica, de pronto Ana agrega. ─ Eso quiere decir que Flora es Eva ─ No, ella me mostró donde había nacido, y ella nació hace muchos siglos, en el año de mil cuatrocientos y algo, y con lo de Adán y Eva, solo me lo contó, más no me lo mostró como las demás cosas ─ ¿Y cómo sabes que son ciertas si no te las mostró? ─ pregunta Carla. ─ Mm… bueno es algo diferente a todo lo que has visto y aprendido durante toda tu vida, ¿No?, además, con las cosas que ha demostrado creo que es suficiente para creer que es verdad lo que te cuenta ─ En parte tienes razón… pero… ─ A decir verdad, no tengo todas las respuestas, Flora me dice que si me da todo el conocimiento que ella tiene me mataría a mitad de proceso ─ las chicas se quedan un tanto pensativas, meditabundas. ─ Creo que es hora de movernos ─ sugiere Jessica poniéndose de pie. Tomando sus bolsos salen del pequeño apartamento, solemnes y erguidas hacia su nuevo destino, se sentían como aquellas películas donde aparece el grupo de chicas que son las protagonistas y a su vez son las chicas malas.

La voz de una anciana les interrumpe su momento de gloria, ésta les reclamaba el retraso en la paga de la renta, las chicas se miran a las caras la una a la otra, luego sueltan una carcajada llena de complicidad y travesura prosiguiendo su camino mientras que Andrea le hace un gesto grosero con el dedo del medio. De camino por las calles se topan con una de sus anteriores compañeras de oficio, ésta le cuenta la noticia del presunto suicidio de Sara, la excusa fue que no soportó la muerte de su compañera Kandy, la encontraron en un callejón con las venas de sus muñecas cortadas y desangrada, las chicas ensombrecen la mirada en tristeza. ─ ¿Pero no tienen la menor idea de quién pudo haber sido? ─ pregunta Andrea, se notaba la rabia en su voz. ─ ¿Acaso la ley nos toma en serio?, (resoplido), somos putas, a ellos les valemos mierda, de todos modos da igual, algún día moriremos. Nos vemos, tengo que seguir trabajando ─ la prostituta se despide de las chicas agitando su mano mientras se perdía entre las calles contoneando sus caderas exageradamente, éstas se cruzan de miradas, en el silencio se dijeron mil palabras, inclusive más de lo que una conversación normal lo haría.

Un auto se detiene al lado tocando la bocina, se baja el cristal. ─ ¿Las llevo preciosas? ─ las chicas se miran a las caras, escrutan el auto en cuestión, un Pontiac Clásico, era un hermoso auto, no es que ellas supieran de modelos o cosas así, solo la música si la reconocieron a todo volumen, sonaba algo de Busta Rhymes, sonríen en complicidad, luego abren las portezuelas del auto para abordarlo. ─ ¿Y bien?, ¿A dónde se dirigen? ─ pregunta el joven, que a juzgar por Jessica y las muchachas, era un pequeño idiota jugando a ser un chico malo de los suburbios, de piel oscura, cabello trenzado y sujeto en dos coletas, fumaba hierba, luces de neón dentro del auto, debajo y en las ruedas, y un buen equipo de sonido, y en él sonando música urbana, el auto se pone en marcha y las chicas riendo con algo gracioso mencionado por el joven incauto.

Siete de la mañana, Jessica se detiene en una gasolinera, ¿Dónde estaba el joven incauto?, las chicas se adentran al local para comprar algunas cosas, Jessica se dispone a llenar el tanque esperando la llegada de las chicas, minutos después las tres chicas salen disparadas de la tienda con varios víveres, Jessica se sobresalta subiéndose al auto, las chicas abordan a toda prisa, Jessica acelera a fondo a petición de Andrea, una vez a una buena distancia de la gasolinera, Carla, Andrea y Ana comienzan a reír a carcajadas, Jessica confundida no sabía que pensar de sus amigas, quizás se habían vuelto locas por el susto.

Primer día de alistamiento, Darién se reúne con los amigos de Lenaya, se cruza de brazos apoyándose en el umbral de la puerta del salón comedor, ninguno había percatado la presencia del Nefilim. ─ Supongo que no podemos hacer otra cosa que cooperar ─ opina Darién con amarga aceptación causando un susto al pequeño grupo, Rosa se atraganta con su desayuno, Sebas le da golpes por la espalda para ayudarle pasar el mal bocado, una vez pasado el susto, Rosa, con la respiración pesada, fulmina con la mirada a Darién. ─ Se supone que debo alistarlos para partir dentro de tres días, que es lo que nos resta sin contar el día de hoy, ¿Por qué no nos ahorramos el tiempo y me dicen lo que son capaces de hacer? ─ todos se miran a las caras confundidos, Darién intrigado se acerca a la mesa y se apoya en el respaldo de una de las sillas, escrutando uno a uno sus caras… ─ Si… la “reina” los escogió fue por algo, ¿No?, así que díganme, ¿Qué saben hacer? ─ preguntó con mirada inquisitiva y expectante sobre el grupo.

Jessica llevaba el auto a todo su límite de velocidad, pisando acelerador a fondo refunfuñaba y protestaba, sin contar los reclamos que le hacía a sus amigas por su gran locura. ─ ¡¿Por qué coño lo hicieron?! ─ ¡Fue idea de Andrea! ─ contesta Carla. ─ ¿Y si Andrea te dice salta un despeñadero lo haces? ─ Relájate Jessica, ya no respondemos ante nadie ─ refutó Andrea con una gran sonrisa, ─ ¡Claro que sí!, ¡respondemos ante Flora! ─ No, tu respondes ante Flora ─ señala Ana. ─ ¡Y ustedes deben responder ante mí!… (gruñido de frustración), ¡mierda y ahora tenemos una puta patrulla detrás de nosotras!… ¡¿Por qué tuvieron que golpear a ese policía?!, ¡¿Ahora cómo vamos a salir de ésta?! ─ ¿Por qué no los matamos y ya? ─ propone Andrea con sonrisa maliciosa. ─ ¡No! ─ Anda Jessica no seas aburrida ─ suplica Carla. ─ Estoy harta de que nos traten como… cosas ─ ¡No podemos! ─ ¡¿Por qué no?! ─ pregunta Andrea con tono desafiante. ─ Porque… ─ Solo detén el auto, algo se nos ocurrirá ─ propone Ana. ─ Si. Ya sé que hacer ─ Jessica detiene el auto, la patrulla igual. Jessica sale del auto con las manos en alto, las chicas de igual forma, el oficial ordena colocar las manos sobre el auto apuntando a las chicas y ordena a su joven compañero revisarlas y esposarlas, de pronto Andrea dirige una mirada furibunda al oficial, éste con la mirada perdida, toma su pistola, se la coloca en la sien y dispara, el joven oficial da un traspié sobresaltado por la impresión del disparo, se horroriza al ver a su compañero tendido en el suelo con sus sesos desperdigados por el suelo, Jessica también horrorizada empalidece aguantando las ganas de vomitar, Andrea dibuja en sus labios una sonrisa triunfal y maliciosa. ─ ¡¿Qué has hecho?! ─ reclama Jessica hecha una furia. ─ ¿Yo?, nada… él solito se mató ─ contesta Andrea con cara de no tener idea encogiéndose de hombros, Ana y Carla sentían la adrenalina correr por sus venas y en sus caras una sonrisa demencial se dibujó.

─ ¡La idea era borrarles la memoria! ─ ¡Tardaríamos demasiado! ─ ¡Basta las dos! ─ Andrea y Jessica envían miradas llenas de rabia hacia Ana, pero algo no andaba bien con ella, sus ojos blanquecinos y su voz, la voz de Flora en el cuerpo de Ana, el joven policía estaba congelado en pánico, no podía creer no solo lo que veía, sino lo que oía, ¿Quiénes son éstas mujeres?, el joven policía trata de huir aprovechando el pequeño descuido de las extrañas mujeres en su discusión, al darse la vuelta, se topa con otra extraña mujer deteniéndolo en seco, ésta mujer infundía más miedo que las otras cuatro, sus ojos amarillos y su belleza aterraban, Ana se tambalea casi perdiendo el equilibrio. ─ ¿Ibas a algún lado? ─ pregunta Flora sonriendo levemente, Jessica nota una luz sobresaliendo del pecho de Flora, ésta se percata a donde miraba Jessica, frunce el ceño levantando la mirada hacia el joven policía. ─ Dame tu nombre ─ instó Flora con voz sombría y gélida. ─ Ma, Ma, Marcos ─ ¿Marcos qué? ─ Zabala, Marcos Zabala ─ Interesante ─ ¿Qué es lo interesante, señorita Flora? ─ pregunta Jessica intrigada. ─ Éste joven posee sangre de inmigrantes, inmigrantes cazadores de brujas, creí haberlos arrasado a todos los de su familia ─ No le entiendo, ¿Cómo que cazador? ─ Flora ignora a Jessica. ─ Te daré una oportunidad Marcos, ya que veo que la sangre que corre en ti está muy diluida, no eres del todo culpable de los actos de tus antepasados ─ el joven sin pensar saca su arma para defenderse, Flora sonríe con ironía, y en un abrir y cerrar de ojos el corazón de aquel oficial se encontraba en su mano. ─ Sin embargo, está en ti el luchar por una supuesta justicia ─.