Capítulo 121
—Dime, ¿cómo es que acabaste en la puerta de la casa? ¿Es que Theo te dijo que había una posibilidad de que Ansel y yo estemos aquí?
Liam termina encima de mi regazo. Juega con mi cabello de repente y yo cierro los ojos porque adoro que haga eso. Cuando escucho su leve risita, entorno la mirada.
—No me distraigas, habla.
—Le pregunté al abuelo si podía llevar a Theo a la casa y él me dijo que sí, que en realidad no había nadie porque tú y ellos estaban en casa de los Wadlow. Enfurecido volví aquí y esperé por ti. Fue pura casualidad que no tardaras mucho en regresar.
El principito ríe un poco más, acomodándose mejor sobre mis piernas.
—Tú y tus dramas —murmuro, atrapando su cintura y acercándolo hasta que sus labios rozan los míos.
—Mmm, estamos solos, hay un poco de ambiente alrededor —susurra, dejando pequeños besos en mi cuello—. ¿Ahora sí está bien para ti?
Cierro los ojos y me dejo envolver por su delicioso perfume y la suavidad de sus caricias.
***
Hasta el momento no hay muchas novedades sobre el problema que nos trajo aquí en primer lugar. Creo que tampoco quieren decirnos mucho acerca de eso y por mí está bien. Me basta con saber que Brody, Regina y los demás están bien; que Irina no tiene tantos problemas con su tío, y que Margot está haciendo todo lo posible para ayudar a los Hundson.
En la casa de los abuelos de Liam la cuestión es diferente. A horas del gran baile que tuvo como locos a todos en esta casa, llegó personal extra para poder dejar en condiciones la casa, el salón de baile y la comida para todos los invitados. Con el principito, viendo que no podíamos ir con libertad a ningún lado porque estorbábamos a todo el mundo, pasamos la tarde en casa de Theo. Él es bueno con el piano. Tocó algo para nosotros, aunque por supuesto no tiene la misma fluidez que Emerson a la hora de cambiar la posición de sus dedos. A la hora de almorzar volvimos a la casa porque los padres de mi novio le avisaron que llegarían y comerían con nosotros.
—¡Mami! —Liam, apenas cruza la puerta, corre hacia los brazos de Aria.
Ambos se quedan abrazados por un buen rato hasta que aparece Connor. Luego de saludarme con una mano se acerca a los dos que todavía no pueden despegarse.
—¿No hay abrazo para mí? —le dice al principito que apenas saca la cabeza de entre las ropas de su madre. Mi novio se aleja de Aria para abrazar a su padre.
—¡Mason! ¡Estás más alto y guapo que antes! —La mamá de mi novio se aproxima a mí y me da un fuerte abrazo—. Gracias por cuidar tan bien a mi niño. Lo veo feliz y gordito.
—¡Mamá! ¡Es la ropa! —Liam se deshace del abrazo de su padre—. ¡Eres malvada!
—Es bueno volver a verlos —digo, aguantando la risa.
Su madre ríe mientras desliza un brazo por mis hombros y me lleva hacia el comedor principal con Liam detrás de nosotros y Connor preguntándole si se comportó en todo el tiempo que estuvo aquí.
—Me comporté según las circunstancias —dice mi novio mientras toma asiento a mi lado—. Mason diles lo buen niño que fui.
Elevo ambas cejas cuando volteo a verlo.
—Sí, a pesar de que hubo algunos problemas… —Liam golpea mi rodilla con una mano, amenazándome con la mirada cuando giro la cabeza hacia su lado —¿Qué quieres que diga? —Sonrío—. Habla tú entonces.
Mi novio resopla, volviendo la mirada hacia sus padres que esperan pacientes.
—Pase algunos días con Theo y creo que estoy superando bastante bien el estrés postraumático —relata—. No he tenido pesadillas en estos días, pero no puedo subir a un auto todavía y mi terapeuta tampoco da buenos pronósticos sobre eso. En estos días los ruidos muy fuertes me sorprenden, pero se podría decir que voy presentando todos los síntomas con bastante calma.
—Me alegra escuchar que dentro de todo estás bien. —Aria junta sus manos sobre la mesa—. Por desgracia, no hay muy buenas noticias de nuestra parte.
—Chicos, lamento decirles que las cosas en casa siguen conflictivas —confiesa Connor—. Pese a que logramos controlar la situación todavía quedan algunos cabos sueltos que mi cuñado está tratando de manejar.
Con mi novio nos observamos y sonreímos, conformes con eso.
—Está bien, papá. —El principito se encoge de hombros—. No te preocupes, disfruta de la paz ahora que tu hijo no está protagonizando un escándalo tras otro.
El padre de mi novio nos advierte que de volver a casa luego de año nuevo, posiblemente, tendríamos que continuar teniendo cuidado por dónde andamos, pero no sería tan malo como para temer ser secuestrados o algo por el estilo. No lo dijo con esas palabras, se entendió así. También se menciona que el principito podría tener que mantener sus sesiones de terapia porque la tensión y el estrés podría causarle serias secuelas y sus padres solo quieren asegurarse de que logre recuperarse por completo.
Cuando acabamos de almorzar sin los abuelos de Liam porque están en la ciudad ocupándose de algunos detalles de último minuto, vamos al cuarto de duende con mi novio porque recibí un mensaje de Irina diciendo si podía conectarme unos minutos para una necesaria videollamada.
En un momento de nuestra charla aparece Margot que me dice que por el momento no tendría de qué preocuparme porque por una vez en la vida alguien hizo algo y lo hizo bien.
Después de ponernos al día, terminamos la llamada y el principito sugiere que lo mejor que podemos hacer es dormir porque en unas horas tendremos que arreglarnos y soportar una larga noche de diversión y drama porque en un salón donde habrán más de cien personas siempre pasa algo. Tampoco hemos olvidado que esta noche Ansel romperá con la ilusión del nieto perfecto y al parecer Liam está dispuesto a brindarle ayuda si es necesario.