Capítulo 122
—Me encanta como te queda esa chaqueta. —Liam me mira como si fuera una obra de arte—. Los detalles en dorado, el color verde pino que resalta tus ojos te hace ver tan guapo.
Vuelvo a mirarme al espejo y realmente no veo por qué tanto alboroto alrededor de la chaqueta que apenas vio en la tienda, se lanzó a ella y dijo que yo usaría eso en la fiesta. No tuve oportunidad de decir una sola palabra porque mi novio ya estaba buscando mi talla y arrastrándome hasta el probador. Es imposible decirle que no. Si antes no lo podía creer después de salir de esa tienda quedé convencido.
—No exageres, lo único que tengo encima que es interesante es esta chaqueta, lo demás sigue siendo una simple camisa blanca y pantalones negros que usaría cualquiera.
Mi novio niega con la cabeza, aproximándose a mí y cerrando el primer botón de la camisa.
—¿Por qué crees que elegí solo una cosa que destacara? Sé que no te gusta llamar mucho la atención.
Sonrío de lado, admirando su atuendo. Él sí tiene mucho con qué lucirse. Esta vez decidió vestirse completamente de blanco, desde la camisa de encaje hasta sus pantalones. Añadió un pendiente con diminutas esmeraldas formando una lluvia que roza su hombro y un cinturón de cuero negro con una hebilla de rosa, como las flores doradas que están en mi chaqueta. Una espléndida combinación de pareja.
—Ahora es mi turno. —Lo tomo por su cintura y le doy tiernos besos —. Te ves hermoso.
—No exageres, es solo la belleza que traigo de nacimiento lo único peculiar. Lo demás es ropa y accesorios bien combinados, pero todavía me falta algo para terminar —advierte. —¿Serías tan amable de ayudarme con eso? —Mi novio me empuja hacia la mesa alta debajo del espejo y señala un pequeño cofre transparente—. Usemos brillos.
Busco lo que necesito en el pequeño cofre sobre la mesa y esta vez no tiemblo cuando deslizo la brocha cargada de brillo dorado a un costado de sus ojos. Mi idea es formar una pequeña constelación allí, la misma que Bella hizo una vez a Martie, pero con brillos y estrellas doradas. Cuando todo está listo mi novio acomoda su cabello y mueve su cabeza de un lado a otro para revisar el arte alrededor de sus ojos.
—Me encanta que hayas aprendido a hacer esto. —Me envía un beso al aire mientras continúa revisando los detalles—. ¿Quieres que te haga algo como esto?
Asiento, señalando el grlitter de estrellas diminutas.
—Utiliza las más pequeñas, no quiero llamar tanto la atención y no pongas una excesiva base de brillo, solo haz una pequeña sombra dorada.
—Está bien. Vamos a impactar a todo mundo.
Liam pasa los siguientes minutos arreglando una fina capa de brillo sobre el mismo sitio que en él luce los suyos mientras observa la forma en la que le va quedando el diseño.
—¿Qué es lo que miras tanto? —pregunto, pestañeando un poco porque todavía es un poco raro sentir que tengo maquillaje por mi rostro.
—No puedo creer que me estés permitiendo esto. —Deja a un lado las brochas y respira de nuevo—. Quiero decir, cuando te conocí no creí ni por un segundo que serías de los que no le molesta usar estas cosas.
Observo el brillo de las pequeñas estrellas doradas en el reflejo del espejo grande.
—De vez en cuando es bueno experimentar. —Satisfecho con el resultado, beso la mano de mi novio—. Gracias, lo hiciste exactamente como quería.
Terminados los detalles, el principito se mueve con gracia hacia mí y deja que rodee su cintura.
La fiesta empezó a las diez de la noche por lo que vamos media hora atrasados, lo que no es un problema realmente. Todos los invitados están llegando recién y los padres del principito también han de estar en ese montón porque nos dijeron en el almuerzo que pasearían por la ciudad toda la tarde.
Estando cerca del salón el principito extrae su teléfono y vuelve a repasar su atuendo y brillos en el rostro usando la cámara frontal como espejo.
—Te ves increíble, etéreo e inalcanzable; confía en mí—. Le quito el celular porque estoy un poco ansioso por entrar y ver cómo quedó el salón que tanto hizo dar vueltas la cabeza de Emerson y Darlene.
Mi novio sonríe, dejando que lo lleve con un poco de prisa hacia las puertas abiertas del salón de baile que ya tiene el murmullo de la gente alrededor como los suaves sonidos de la música clásica. Apenas entramos casi dejo escapar un silbido. Todo alrededor parece una típica escena de película navideña. Hay luces doradas como rastro de estrellas fugaces por todo el techo y las columnas alrededor. Preciosa decoración dorada en cada rincón, mesas extendidas llenas de comida alrededor de las personas que comienzan a probar algunos bocados, otros buscando copas de champaña, varios saludándose y abrazándose.
El árbol de navidad es el centro de atención. Casi tiene el tamaño del árbol que todos los años se arma en el Rockefeller Center, con sus infinitas luces navideñas y decoración de todos colores y tamaños, coronado por una estrella dorada tan luminosa como el sol de las mañanas.
Llevo a mi novio a explorar todo el salón. Hay personas que se toman su tiempo para observarnos; un poco curiosos, un poco impresionados, pero otros susurran o codean a otro a su lado e indican con el mentón. Al pasar por un grupo de chicos que parecen ángeles en la tierra, siguen con los ojos al principito. La charla entre ellos se intensifica y las risas vienen después.
—¿Qué miras? —Liam gira su cabeza hacia ese grupo—. ¿Te parecen lindos? Sabes que son solo cáscara, ¿verdad?
Ahogo una risa y mi novio me da un golpecito en el brazo.
—Los miraba, como a todos los que hasta ahora cruzamos, porque cada vez que te ven su charla se vuelve ruidosa y hay ciertos gestos que…
—Ya te dije que soy famoso. —La sonrisa de mi novio de repente es salvaje—. Hasta donde sé eso no te molesta.
—Claro que no. —Acerco más a mi novio hasta que puedo besarlo—. Ahora soy tuyo.