Capítulo 116

Al entrar en la habitación de Liam lo encuentro colocándose las botas. Hace algunos días intenté explicarle que el baile con Ansel no fue nada más que práctica y que fue su abuelo quien lo sugirió. Como tampoco me pareció gran cosa, acepté. Lo mal que hice fue decirle que Ansel se comportó muy bien conmigo al no aprovecharse de la situación. Se me pasó por alto que por decir algo bueno de él, mi novio estallaría de rabia. No lo culpo, no ha de ser fácil lidiar con el constante murmullo sobre el buen chico que es ese sujeto y yo fui un estúpido al soltar mi opinión también.

—Liam…

—Por favor, quiero hablar con mi terapeuta sobre otras cosas, no de cómo sigo enojado contigo por bailar con ese tipo.

—¿Y crees que enojarte tanto por algo que no tuvo importancia es algo para obviar? Estoy cansado de todo esto. Entiendo que no toleres a Ansel, pero desquitarte conmigo no es la forma de borrar lo que pasó. Te lo expliqué mil veces. Ya te pedí perdón por no medir el peso de lo que hacía, cosa que no me parece justa cuando ni siquiera hice algo malo, y ni siquiera eres capaz de reconocer el problema.

—¡Lo siento por no tener la cabeza bien puesta! Sabías que me molestaba un tipo llamado Ansel.

—Y yo no hice nada malo con él —insisto—. No lo besé, no lo miré dos veces, ¡ni siquiera estaba pensando en lo que hacía sino en ti! Pero está bien, sigue imaginando que hasta me quiero casa con él.

—¡Mason!

—¡Estoy cansado! —exclamo desde la puerta—. Hace días que intento acercarme a ti otra vez; sabes cómo estás y preocupándome porque me evitas. Es suficiente. Si así me vas a condenar por los errores que cometa entonces prefiero estar solo.

Camino por el pasillo decorado con algunos cuadros, jarrones extraños y retratos de Darlene cuando era más joven. Necesito salir del problema por un rato. Me ha estado agobiando y he perdido la paciencia. Repasé lo que hice una y otra vez y nada me parece que estuvo mal. Yo no busqué a Ansel; no le hice ojitos, no estuve babeando por él, fue solo alguien que me ayudó a practicar y ni siquiera hubo una segunda oportunidad de bailar.

Liam exagera y tiene que darse cuenta. Si así va a ser cada vez que haga algo malo vamos a tener muchos problemas y la verdad es que no me veo aguantado esas cosas.

Una impresionante melodía me saca de mis casillas por lo profunda y hermosa que es. Es igual a estar expectante por la llegada de un ser místico. Camino los últimos metros hasta acercarme a la puerta del cuarto de Darlene porque de ahí proviene la música que continúa acentuando esas partes graves, combinándolas con sonidos juguetones de vez en cuando, pero igualmente conservando ese aire de mística y fantasía espectral. No es como lo que el principito tocó alguna vez; esto es algo poderoso porque el instrumento así lo hace sentir.

Abro la puerta y encuentro a Ansel, pálido como un vampiro, tocando el chelo con pasión desenfrenada. Los dedos largos y huesudos del chico vuelan por las cuerdas superiores. El arco no para de rasgar las cuerdas del centro y los sonidos se vuelven salvajes. Todo adquiere rapidez extrema de pronto y despierta intriga hasta el punto de querer tocar cada nota como si fueran pétalos levantados por el viento.

Ese chico es uno con su instrumento.

Ansel termina de ejecutar su encantador acto. Abre los ojos lentamente y ambos nos encontramos cara a cara.

—Hola.

—Hola, lamento si interrumpí tu práctica. —Me siento en la alfombra —. Tocas muy bien, aunque, seguro que ya oíste eso muchas veces.

—Es bueno recibir retroalimentación de cualquier tipo. —Ansel mira hacia la puerta abierta—. No va a venir Liam a cortarme la lengua por hablar contigo, ¿verdad?

—No he arreglado las cosas con él desde lo del baile… Ah, lamento que Emerson te haya forzado a eso.

—No hay problema. No creí que Liam armara tanto escándalo por eso. ¿Quieres que intente hablar con él?

Lo único que quiero preguntarle es quien fue el que empezó a castigar al principito con ideas tontas sobre cuál de los dos chicos es mejor. Ansel no parece malvado ni egoísta, solo se ve como un chico despreocupado por los demás y preocupado por sus propias responsabilidades.

—Ya veré la forma de arreglar las cosas con Liam. Por cierto, quisiera saber si podrías contarme algo de lo que pasó cuando estabas en Aspen… Ya sabes, esos días en los que todo el mundo veía mal a mi novio y nadie lo quería cerca.

Ansel hace una mueca y mira para otro lado. Su rostro antes en calma parece atravesar una tormenta de emociones que no puede expresar, pero se ven claramente en sus ojos puestos en cualquier cosa de la habitación.

—Eso es culpa de mi familia —admite—. Como sabrás, aquí hay muchos que mantienen la malacostumbre de ser conservadores en extremo. No está mal tener tus propias creencias, pero eso no te da la autoridad de ser juez. Nadie estaba a favor de que Liam sea el típico chico que se acuesta con cualquiera y no le importa nada, cosa que no era tan cierta, pero nadie quería ver más allá de eso. Mi familia especialmente esparció ese rumor. Darlene le confió algunos pesares a mi abuela, pero ella no esperó para ir con el chisme por todos lados.

—No puede ser…

—Eso no es lo peor —continúa—. Mi abuela se esforzó por crear dos opuestos: me puso como un ángel y a Liam lo vistió de demonio. Lamento decir que no hice mucho sobre eso. Lo único que me importa es mejorar en la música y cumplir mis objetivos, pero la cosa se salió de control y ahora veo que Liam quedó muy afectado por eso.

—Sí, obviamente. Intento entenderlo, pero es complicado. Ni siquiera arregla las cosas con sus abuelos, y la última vez que tu abuela se apareció por aquí no dejó más que problemas.

La verdadera enemiga de Liam en realidad es una anciana. Si tan solo él quisiera escuchar a Ansel quizás lograría aliviar un poco ese rencor que todavía sigue guardando dentro. Hasta resulta irónico que mi novio tenga un pasado casi tan complicado como el mío.

—También se complica para mí —sigue Ansel—. Mi abuela quiere que me case con Lena, mi novia, pero ella en realidad es solo una pantalla para cubrir algo que hasta ahora nadie puede entender.

—Ser gay no es malo.

Ansel sonríe lentamente.

—En realidad soy asexual arromántico.