Capítulo 114
Emerson baja de la pequeña escalera que está en una esquina de la biblioteca de dos pisos internos. Al verme esperándolo frunce el ceño y mira hacia el reloj de péndulo, lo más antiguo y extraño de este espacio.
—¿No deberías estar de camino a la ciudad?
—Liam le tiene terror a la idea de volver a subir a un auto —le digo.
—Ya le decía yo a Darlene que debíamos haber tomado la opción de terapia en casa.
El abuelo de Liam y yo vamos a buscar a Darlene, pero ella nos encuentra en el camino. Había ido a buscar unos libros que debía guardar. Su esposo le comenta lo que sucede y me sorprende que en vez de discutir sobre su error al no considerar otros síntomas posibles en Liam, busquen formas de resolver el problema. Como los padres del principito, este matrimonio sin dudas demuestra por qué pudo durar tantos años.
Me preocupa que sea Liam el que ponga obstáculos. Sigue distante de sus abuelos y creo que más que pensar que lo apoyan, él lo verá como una hipocresía de su parte y aumentará el rechazo hacia ellos.
En el cuarto, el principito sigue envuelto en mantas, aunque no llora tan fuerte como cuando lo dejé.
—Liam, querido, ¿qué sucede? —Darlene trata de apartar las mantas que lo cubren—. Habla con nosotros, vamos a ayudarte en todo lo que podamos.
—Estoy bien —susurra.
—Estás sudando, temblando y tus ojos son tan grandes como los de un búho —comenta su abuela—. Estás asustado y entiendo por qué es eso. Trataremos de calmarte, ¿bien?
—Pequeño querubín, te sentirás mejor con música de por medio. —Emerson extiende su mano hacia el principito—. ¿Vamos a la habitación especial del abuelo?
Todos caminamos detrás de Emerson que rodea de manera protectora los hombros de su nieto que apenas levanta la cabeza de entre la manta que todavía lo envuelve. En mi caso, voy acompañado por Darlene que se arropa mejor en su sweater de color blanco.
La habitación especial de Emerson está al frente de la de su esposa. Un precioso espacio lleno de libros en las paredes, alfombras antiguas adornando el piso, algunas estatuas, obras de arte y la atracción principal: un piano negro en el centro.
Emerson invita al principito a sentarse a su lado mientras él sube la tapa que cubre las teclas del instrumento. Darlene se coloca al lado del señor Hundson y yo me quedo en el otro extremo del piano, pero sin apoyarme en la superficie.
—¿Recuerdas la canción que te cantaba cuando eras niño? —le pregunta Emerson a Liam.
El señor Hundson mira con diversión a su esposa que niega con la cabeza, pero sonríe de todos modos. El abuelo de Liam canta con un gracioso tono de voz mientras sus dedos presionan las teclas y hace exagerados movimientos que combina con los gestos en su cara. Darlene lo acompaña, pero su voz es dulce y aguda. Emerson resalta las partes que canta su esposa con los alegres y simpáticos sonidos del piano. Sin importarle nada, hace gestos exagerados mientras mira al principito que apenas sonríe. Su abuelo se mueve de manera graciosa al tocar las teclas y Liam comienza a reír como un niño que disfruta de las payasadas y el exagerado francés. De repente el principito se une a la canción y toca algunas notas junto al panista que sigue animándolo. La voz del principito es suave, alegre, con un toque de niño aún.
Los tres se entusiasman con eso hasta que la pareja da el gran final como el perfecto dueto que parecen formar.
—No pensé que recordaras esas cosas —confiesa mi novio, dándole un leve golpecito en el hombro a Emerson—. Creí que la música clásica era tu única musa.
—Cómo no voy a recordar la canción que te hacía reír como si no hubiera un mañana. —El abuelo de Liam amplía su sonrisa—. Es una linda y romántica canción, pero a ti te sacaba más de una carcajada. Dios bendito, salías con dolor de panza de esta habitación.
—Connor pensaba que tu abuelo te daba dulces hasta que tu estómago estuviera a punto de explotar —agrega Darlene—. Una vez demandó estar presente y ver con sus propios ojos lo que te hacía doler la panza. Emer tuvo que hacer todo el espectáculo frente a tu padre hasta que al fin pudo creer en nuestra versión de los hechos al verte aplaudir y reír como loco.
Liam se sonroja y vuelve la mirada hacia mí.
—Era un mocoso muy problemático desde entonces.
Suspiro, aliviado, al ver que él se siente mejor.
—¿Te sientes mejor? —pregunta su abuelo, tocando la nariz del principito.
Liam asiente.
—Sí, pero por un tiempo no podré subir a ningún vehículo.
***
Tengo lista la cobertura de chocolate para los Eclairs. Agnes sostiene la cámara instantánea lista e instruida para tomar la foto cuando vea la cubierta de chocolate deslizarse lentamente. Comienzo con esa satisfactoria tarea hasta que considero que la fina capa que quedó sobre los Eclairs es suficiente.
—Deberías haber hecho más. Quiero comérmelos todos. —Agnes me entrega las fotos y yo las dejo lado para esperar a que se revele la imagen.
—La señora Hundson me puso a prueba, otra vez —le digo—. Esto se lo lleva a la reunión con las demás damas del vecindario.
—Espero que al menos le den un mordisco. Esas señoras son ariscas; si los postres finos no vienen de Francia o de la santísima mano de un chef pastelero que estudió en el extranjero, ni los miran.
—Mason. —Darlene aparece en la cocina—. Ah, qué bien, ya tienes todo listo. Agnes por favor empaca todo para que pueda llevármelo. Mason, ve con Emerson, te estaba buscando.
—Señora, con todo respeto, si las damas no prueban un bocado de esta delicia por favor tráigala de vuelta que en esta casa todos babeamos cuando Mason prepara comida —pide Agnes, suspirando cuando mira lo que preparé.
—¿Por qué comida se pelean ahora? —Emerson se acerca a nosotros —. ¿La de Agnes o la tuya, Mason? Por cierto, ven conmigo. Te busqué por todos lados; debí venir aquí directamente en vez de perder el tiempo.
—Espero que disfruten de esos Eclairs —le digo a Darlene y me voy con su esposo.
Desde que Agnes me dejó usar su cocina y demostré que puedo hacer comida sin quemar la casa en el proceso me permiten hacer cualquier platillo que desee. Agnes también me ayuda a perfeccionar algunas técnicas y me comparte su aprendizaje. Es una manera de distraerme en vez de pensar cómo está llevando la terapia mi novio y no preocuparme demasiado porque ahora pasa más tiempo solo que conmigo.