Capítulo 42
Estando un poco abrumados por la repentina forma en que salieron de aquel santuario se deslizaron por la cola de Enzo cayendo a tierra para reincorporarse nuevamente.
Una ventisca muy fuerte volvió a azotarlos dificultando su visión dejando a Enzo en su forma humana con la vara en mano. Gotas de lluvia comenzaron a caer aumentando su intensidad dejándolos en plena montaña mojados por la llovizna.
— (Bufido) Genial, no faltaba más que una lluvia para que nos terminemos de ensuciar —se quejó Morghan observando sus ropas.
Régis tenía el ceño fruncido y Charlotte pudo sentir que estaba un poco… decepcionado, cosa que le dio curiosidad, pero luego lo averiguaría. Fijando su mirada en quien los saco de allí quedo sin palabras al encontrarlo. Enzo estaba con su típico abrigo rojo y el cabello le llegaba a la cintura igual que a Nilda. Todos lo observaron también extrañados por el inesperado cambio para que él al sentir la mirada de todos volteara a encararlos.
― ¿Qué? ¿Algún problema? ―pregunto serio.
Todos negaron en respuesta evitando provocar su mal genio. Excepto Bábil que ignoro la situación y se le abalanzo en brinquitos de felicidad.
— ¡Joven amo! Estoy tan feliz por usted, por fin es el dueño del arma de su padre y también tiene su apariencia.
—Sigue siendo una simple vara…
Examinó el objeto para suspirar en resignación y guardarlo en su cinturón.
—No es que odie el agua… pero me gustaría no seguir siendo empapado por la lluvia.
Encaminándose por la vegetación todos se vieron a las caras y no les quedó de otra que seguirlo para buscar un refugio temporal. En el camino contaron lo que tuvieron que hacer cada uno por separado y así como se sorprendieron rieron por las acciones heroicas del cuervo, quien se iba quejando porque se reían de él, pero también se les unió.
Llegando a lo que parecía ser una posada se hospedaron allí para pasar la noche y resguardarse de la lluvia.
Después de darse una ducha y colocarse una de las batas que proporciona el lugar Charlotte sentía que había vuelto a la vida. Compartía una habitación con Morghan mientras que Régis compartía con Vincent y Enzo se quedaba con Bábil porque todos estaban seguros que si los juntaba uno de los dos saldría mal herido… o hasta peor.
Mientras Morghan salía a alimentarse de los huéspedes y empleados, ella aprovechó el momento y recorrió la posada para sentarse en las afueras disfrutando del paisaje nocturno y el fresco olor a lluvia y tierra mojada.
El lugar era pacífico y le permitía aclarar su mente, pensar con tranquilidad. Recordar las palabras de Enzo en el laberinto le sacaron una sonrisa que la dejo meditabunda. Tenía sentimientos por él, pero… ¿será mutuo?, tampoco quería volver incomoda su relación de todas formas el tiempo lo dirá, ahora debía centrarse en ir a Egipto y descubrir quién es en realidad.
Un quejido no muy lejos de ella llamó su atención haciendo que se colocara de pie y se acercara lentamente a uno de los pilares que sostenían el techo. Al estar más cerca se encontró con Vincent sentado en el suelo sudando como si fuera corrido una maratón y su respiración era pesada dificultándole pronunciar alguna palabra.
Inmediatamente ella se acuclilló a su lado recorriendo la mirada en todo su cuerpo buscando alguna herida, pero no encontró nada. Él abrió levemente sus ojos para encontrar una mirada llena de preocupación y angustia, pasó su mano por la mejilla de ella dándole una sonrisa de lado para que una oleada arremetiera contra su cabeza y lo hiciera chillar de nuevo sujetándose del cabello tratando de evitar el dolor.
Charlotte no sabía qué le pasaba, quería ayudarlo, pero ¿Cómo?, viéndolo sufriendo sintió confusión y una oscuridad que abrumó su mente mareándola un poco. Sacudiendo su cabeza se colocó de pie y salió corriendo a su habitación en busca de su bolsa.
No podía dejarlo en ese estado. Hurgando en su bolsa encontró los dos anillos que le dieron los gemelos, tomándolos los observó detenidamente. El amarillo era hermoso al igual que el rojo, pero este desprendía una pequeña chispa en su interior que le hizo saber a Charlotte que era el indicado. Saliendo en dirección a donde Vincent, el cual continuaba tirado en el suelo. Ella se colocó a su lado para tomar su mano.
Vincent mantenía los ojos cerrados con su respiración agitada y su cuerpo estaba caliente como si tuviera el peor de los resfriados. Sin pensarlo dos veces coloco el delgado anillo en su dedo y por un momento pensó que no le quedaría, pero se expandió adaptándose a su mano para que la chispa que desprendió se intensificara solo un poco y se detuviera. Al instante Vincent respiro en alivio sintiendo la presión de su cuerpo desaparecer y volver a tener pleno control de sus sentidos.
— ¿Estás bien?
Charlotte pasaba su mano por todo su rostro y parte de su pecho buscando que la temperatura tan alta que tenía fuera descendiendo. Vincent tomo su mano reincorporándose en el pilar para darle una sonrisa.
—Ahora lo estoy gracias a ti.
La miró fijamente haciendo que se quedara más tranquila y se sonrojara un poco al sentir la profunda mirada que él le brindaba haciendo que volteara la mirada.
—N-no hay porqué agradecerme —ella lo miró de reojo pestañeando rápidamente —De todas formas, no podía verte sufriendo de esa manera… ¿Qué te sucedió?
Vincent deseaba decirle la verdad, pero sabía que si lo hacía no solo él se pondría en peligro, sino que ella también. Sintiendo una mirada a lo lejos observo hacia la vegetación haciendo que ella hiciera lo mismo sin entender nada.
— (Suspiro) Y-yo… solo tengo secuelas de algunos… castigos que me hicieron en mi confinamiento… eso es todo.
Colocándose de pie le tendió su mano para que ella hiciera lo mismo y notara el anillo que adornaba su mano. Él enarcó una ceja en sorpresa.
—No te lo quites ―tomo su mano para mirarlo y luego centrar su atención en el anillo—Me dijeron que… esto podría ayudarte con ese tipo de dolores por los que pasas y… creo que de todas formas no te lo puedes quitar (risas).
Charlotte le tendió una sonrisa nerviosa jugando con uno de sus mechones. No entendía a lo que los gemelos se referían con el propósito de cada anillo, pero tampoco le mencionaría nada si no estaba cien por ciento segura, aun así, en su interior sentía que era lo correcto.
Vincent tocó la joya en su dedo y noto un brillo muy mínimo en su interior. Suspirando en alivio le agradeció el gesto abrazándola, gesto que la tomó por sorpresa.
Dudando un poco ella correspondió su acción para luego separarse y caminar por los alrededores en una grata charla. Él se sentía más tranquilo y a salvo solo… que… esto le traerá problemas, pero no le interesa, con tal de estar a su lado haría lo que fuera.
—Por favor quédate a pasar la noche —insistió el hombre halándola por el codo.
—Lo siento querido, pero ya obtuve lo que necesitaba gracias por tus donativos.
Sonriente, Morghan le dio un beso en la frente haciendo que el hombre cerrara sus ojos y cayera dormido en su silla. Retirándose de la habitación ella se topó con una figura que se ocultaba con la oscuridad de la noche.
—Te gusta jugar con tus presas ¿no? —preguntó fijando su mirada en ella.
—Todo depende de los intereses para los cuales se desean llegar.
Sonriendo se acercó a ella dejándose ver por la tenue luz de la luna y las luces de la posada.
—Por nada eres la dama de las arañas… eres experta tejiendo trampas.
—Y tú eres experto espiando a los demás.
Morghan se cruzó de brazos enarcando una ceja haciendo que Régis alzara sus manos en derrota.
—Mentiría si lo niego ¿Caminamos un rato?
Ella meditó por un segundo su oferta y acepto colocándose a su lado.
—No sabía que Enzo fuera de esos hombres que tienen el cabello tan largo.
—La primera vez que lo conocí… (Suspiro) tenía esa apariencia solo que era mucho más joven e inexperto — la miró de reojo y había captado su atención —Con el tiempo en una de sus misiones accidentalmente le cortaron su melena y te podrás imaginar cómo se puso.
—Como una adolescente con crisis existencial.
Régis asintió sonriendo al recordar aquel momento haciendo que ella también riera.
—Desde entonces siempre mantuvo el cabello corto y solo dejaba que yo se lo cortara y por más que esté acostumbrado sigue siendo una lucha para que se deje hacer mantenimiento —dijo rodando los ojos.
— (Suspiro) Mi hijo es igual de vanidoso con su apariencia… —su voz se tornó nostálgica mientras observaba el nublado cielo nocturno.
— ¿Lo extrañas?
—Mucho…
Su mirada se entristeció al recordar aquella época, pasó su mano por sus ojos evitando cualquier lágrima para que él tomara su mano e hiciera que tuviera contacto visual.
—Morghan te prometo que te ayudaremos a que cumplas con tu objetivo y podrás volver con tu hijo… eso tenlo por seguro.
Ella se sintió un poco perdida por aquel azul tan profundo en su mirada para sonreír y asentir ante su afirmación.
—Gracias Régis… sé que así será.
Dando un giro a la conversación. Morghan enarco una ceja picara haciendo que él la mirara dudoso.
—Por cierto… no te había visto en ningún momento con una cara de niño con juguete como cuando estábamos en la cola de Enzo.
Su comentario hizo que abriera mucho los ojos y se quedará en blanco haciendo que ella riera por su reacción y continuara con su andar.
—Espera… eso tiene su explicación —objeto siguiéndola.
—Eso no lo dudo—dijo para seguir riendo mientras él se defendía.
Sentado en el centro de la habitación con la bata puesta a medias y una toalla alrededor de su cuello, escuchando las gotas de la lluvia caer en el techo, mantenía la mirada fija en el trozo de madera en el suelo al frente de él.
— (Suspiro) No creo que todo este problema fuera solo para esta cosa —dijo negando con la cabeza.
Quitando de golpe los platos de comida que tenía encima, el hombrecillo se le acercó de un brinco sentándose al frente de él.
—Joven amo no juzgue el arma sin palpar sus habilidades antes… eso no ayudará a su relación.
— ¿Relación? ¿Qué? ¿Se me va a confesar? —pregunto enarcando una ceja haciendo que el hombrecillo se diera un pequeño golpe en su frente.
—Su nombre lo dice joven amo, ella tiene vida y al elegirlo a usted como su portador legítimo mantiene una relación solo con usted —explicó dándole toques con su dedo a la vara —Esta es solo su forma pasiva… cuando entra en modo de ataque puede cambiar a cualquiera de sus facetas.
—Explícate, porque lo único que veo es un trozo de madera que me envolvió en mi verdadera forma y eso fue todo.
—Claro porque optó una forma defensiva ya que si cambiaba a otra de sus habilidades no le seria de mucha utilidad. Esta específicamente diseñada para su padre y usted.
Bábil acercó otro de los platos y comenzó a comer los aperitivos.
Enzo detalló el arma más de cerca. Dentro de la madera oscura podía ver pequeños hilos de luz que la recorrían en su interior como si fuera un torrente sanguíneo creando un flujo que pasaba por el centro donde estaba la empuñadura de metal con ciertas runas extrañas.
—Acumula energía…
—E-exacto —afirmó Bábil tragando.
Dejo su plato de lado y se cruzó de piernas fijando toda su atención en Enzo.
—Ella está compuesta por cuatro elementos: aire, hielo, rayo y fuego, todos especialmente asignados a una forma en especial, la cual puede mezclarse con cualquiera de los otros tres elementos, pero… —elevó su dedo enfatizando la importancia de su explicación —Solo sucede cuando su portador alberga una gran cantidad de energía y su relación es estrecha, sino habría grandes consecuencias.
—Pero no cambia por más que le dé vueltas.
Se quejó moviendo el arma en todas direcciones sin obtener un resultado.
— ¿¡Acaso no me escucha cuando le hablo!?
—Claro que sí, con una voz tan fastidiosa te escuchó a kilómetros de distancia —se excusó dejando el arma en el suelo.
Colocándose de pie observo por la ventana y divisó a Vincent charlando con Charlotte tranquilamente. Él no sabía porque… pero hay algo que no le encajaba y esa presencia que sentía furibundamente desde que estaba con ellos lo alertaba en gran manera.
—Debe sentir aquella corriente de energía que emana el arma y unirse a ella como si fuera una extensión más de su cuerpo, esa es la única manera que cambie de forma… (Suspiro) amo necio… la señorita Charlotte tiene razón —dijo susurrando las últimas palabras para que Enzo lo fulminara con la mirada y él juntara sus manos disculpándose.
La noche pronosticaba que no pararía de llover. Dejando caer sus hombros en resignación, Enzo se sentía más calmado consigo mismo por lo menos las confusiones y arrebatos de furia los podía controlar un poco más, pero… aun así le causaban intriga. Recordó las palabras de aquel gigante de piedra y observo el arma “Eres digno”, su diente milagrosamente si creció nuevamente, pero a qué precio.
Tomo de nuevo la vara y esta vez trato de sentir su flujo y unirlo a su propia energía. Escucho un leve susurro acompañado de la misma sensación que tuvo al transformarse y las runas comenzaron a brillar en una luz blanca haciendo que el arma cambiara totalmente.
La vara se había extendido tomando la apariencia de una gran lanza con cuchillas de doble filo en ambos lados con runas y detalles labrados recorriendo toda la empuñadura. Bábil dejo de comer para dar brincos en el suelo cantando de alegría.
— ¡Lo logró joven amo! Esa es su forma de aire, con ella podrá manipular cualquier ventisca o incluso producirla, pero así es cómo funciona su mecanismo.
La emoción que sentía el hombrecillo no entraba en su cuerpo. Enzo sonrió al arma y supo que por lo menos su padre no le había dejado algo tan malo como herencia. Esperaba con ansias el momento para usarla en combate.