Capítulo 43

Oscuridad, gritos de sufrimiento, súplicas, muertes, sangre, un campo lleno de cuerpos inertes y asesinatos sin parar se desplegaba en su propia cara. La imagen era perturbadora, criaturas aladas se llevaban a las personas matándolas en el aire mientras que otras acechaban desde la oscuridad de los callejones jugando con sus miembros para devorarlos. Unos ojos negros y espantosos se fijaron en ella lanzándose al ataque. Sin poder soportar más aquella escena Charlotte se despertó de golpe con la respiración acelerada y sudando con los pelos de punta.

Morghan estaba a su lado viéndola con preocupación acariciando su cabello para calmarla.

—Todo está bien tranquila yo estoy aquí —susurró llevándola a su pecho para abrazarla y consolar su llanto.

Charlotte entró en shock no entendía nada de lo que había pasado y su cuerpo no reaccionaba. De golpe la puerta de su habitación fue abierta dando paso a los tres hombres que las acompañaban.

— ¿Qué fue lo que sucedió? —pregunto Régis sin despegar la mirada de su vinculada, la cual estaba perdida.

—No lo sé… simplemente comenzó a murmurar cosas hasta que gritó y luego despertó quedando así.

Su angustia aumentó y Morghan noto eso.

Alejándola de su cuerpo dejó que él tuviera acceso a ella. Régis tomo su rostro y fijó la mirada en esos ojos que no eran de ella, halo de su vínculo y la podía sentir, pero era como si vagara sin rumbo.

Un grito se hizo presente no muy lejos atrapando la atención de todos.

—Esta pestilencia solo puede provenir de algo detestable.

Enzo frunció el ceño en desagrado mirando la dirección de donde se escuchó el grito.

—Un diablillo… —dijo Vincent.

—Su presencia fue mucho para Charlotte…

Régis limpio las lágrimas que caían por su rostro inconsciente.

—Es demasiado susceptible a este tipo de auras y la ha dejado en trance… no puedo dejarla sola sino la presencia que emana el diablillo tratara de controlarla, deben ir ustedes.

Todos asintieron ante las indicaciones de Régis y se desplegaron a deshacerse con mucho gusto de su inesperado invitado.

Desplazándose entre la oscuridad de los pasillos Morghan percibió el olor intenso a sangre fresca. Se apresuró en llegar a la habitación de donde procedía el olor y al abrir la puerta vio a un hombre con un cuchillo de cocina en mano lleno de sangre.

El hombre tenía su uniforme manchado al igual que su rostro. Ya se había cargado a uno de los empleados, mientras que el resto se mantenían alejados en un rincón tratando de protegerse con una de la silla de madera. Todos al verla quedaron pasmados temblando del miedo, en cambio el hombre voltio con los ojos emblanquecidos lanzándose al ataque.

Morghan sabía que no era culpable del derramamiento de sangre que causó, simplemente estaba siendo manipulado, así que lo esquivo golpeando su mano para deshacerse del cuchillo y tirarlo al suelo. Utilizo un poco de su energía para obligar a que el diablillo se retirara del cuerpo y funciono.

De la cabeza del hombre comenzaron a brotar burbujas negras indicando que el diablillo saldría, justo en ese momento en el que salió Morghan lo iba a atrapar, pero Vincent apareció abriendo las puertas haciendo que el diablillo gruñera y huyera.

Morghan suspiro en decepción.

—Casi lo tenía.

—Lo siento, pero tampoco creo que vaya muy lejos con Enzo rondando. Si quieres ve, yo me encargare de limpiar esto.

Vincent observó a los empleados arrinconados y se dispuso a entrar para sacarlos del lugar, pero Morghan lo detuvo.

—Yo me quedo; dudo que tú tengas la habilidad de borrar sus memorias, debo reescribir lo sucedido en sus mentes para que la muerte de su compañero tenga algo de lógica y no recuerden nada de esto.

—Comprendo… tienes toda la razón, después los cazadores nos querrán quitar la cabeza si se enteran.

Morghan asintió para darse la vuelta y encargarse de la situación.

Vincent salió de allí y se centró en perseguir al diablillo.

Cayendo al suelo con cuidado de que no se golpeara Enzo dejó a una jovencilla que fue manipulada por el diablillo.

— ¿Lo encontraste?

Enzo sintió molestia al solo escuchar aquella voz.

Colocándose de pie observo a Vincent sin muchas ganas, estaba un tanto ajetreado por correr en los pasillos.

—Si lo fuera encontrado ¿crees que estaría aquí afuera desperdiciando el tiempo?

—No es momento para que salgas con tu sarcasmo, necesitamos deshacernos de esa cosa por el bienestar de Charlotte ¿o es para ti una pérdida de tiempo protegerla?

Enzo lo tomo con fuerza de la camisa.

—Cuida muy bien tus palabras, protegerla nunca será una pérdida de tiempo.

Vincent se rió en su cara tomando la mano de Enzo forzando su agarre.

—Dudo que tengas la moral para estar tan seguro de algo como eso porque… si así fuera, no creo que habrías permitido el que Crono la capturara o incluso que tardaras tanto en rescatarla, pero según tú puedes protegerla, eso hay que ponerlo a prueba ¿no crees?

Enzo estuvo a punto de golpearlo cuando una sombra paso velozmente a su lado captando la atención de ambos.

El diablillo se escabullo en las rendijas de un ducto de ventilación natural haciendo que otro grito se escuchara. Enzo soltó el agarre en la camisa de Vincent.

—Te dejare ir esta ocasión porque tenemos otras prioridades, pero solo te diré que te mantengas alejado de Charlotte si es que aprecias tu cara.

Vincent alzo sus manos al aire, mientras él pasaba por un lado chocando groseramente su hombro.

—Me gustaría desistir ante tu amenaza, pero eso es algo que no puedo prometer.

Enzo lo fulmino con la mirada, las ganas de quitarle los dientes cada vez aumentaban, pero debía concentrarse en su objetivo. Dejándolo solo, se dirigió al lugar donde se escuchó el grito.

Encontrando el origen del grito abrió la puerta de golpe encontrándose a una pareja siendo atacada por la criatura quien le sonrió antes de introducirse en el cuerpo de la mujer, haciendo que se retorciera luchando contra su voluntad y atacara con lo que encontrara a su esposo. Cuando los iba a separar Morghan hizo acto de presencia noqueando a la mujer y obligando a salir al diablillo.

— ¿No me vas a dejar acabar con este tampoco? —se quejó al ver cómo se encargaba ella sola.

—Deja de lloriquear y prepárate el intruso saldrá —indicó Morghan cuando una pequeña criatura se desprendió de la mujer saltando al techo y siseando en advertencia—Es del tipo controlador.

Enzo se lanzó para borrarlo de la existencia, pero el hombre se le atravesó impidiendo atacar.

—Se escapó—dijo mirando al hombre con el ceño fruncido.

—Tranquilo déjalo, ya olvidará todo esto, de todas formas, el diablillo no irá muy lejos, sígueme.

El cuerpo de Charlotte se enfriaba al pasar los minutos y Régis podía sentir como luchaba internamente contra el dominio de la criatura. Sudaba sin parar recostada en las sábanas cuando se colocó de pie por sí sola haciendo que Régis la sujetara por los hombros.

—Debes volver a la cama… ¿Charlotte? ¡Charlotte!

Él la llamaba, pero era inútil, ella no reaccionaba, por dentro gritaba con desesperación sin tener control de sus acciones. Régis no dejaría que un ser inmundo la tocara, sentándola en un sillón comenzó a murmurar para crear un campo de protección. En rechazo a la protección, la influencia que el diablillo tenía en Charlotte le causaba dolor.

Charlotte tomó del brazo a Régis aguantando la pelea sobre el control de su mente.

―Concéntrate en mi voz, no dejes que entre en el núcleo de tus recuerdos.

―Y-yo…es muy difícil.

La experiencia que estaba sintiendo era algo complicado de explicar, sentía como algo la retenía y al mismo tiempo deseara que se rindiera. Su mente era borrosa, imágenes retorcidas aparecían mezclándose con sus recuerdos haciendo confuso todo. Charlotte mantenía los ojos cerrados, temía que al abrirlos vería algo mucho más desagradable, pero la presión era intensa. Una voz conocida le susurro al oído haciendo que su corazón diera un vuelco. Sin importarle ya nada los abrió, tenía que comprobar que no era cierto lo que escucho.

Saida estaba al frente de ella sonriéndole y llamándola para que la siguiera.

Charlotte sin dudarlo dos veces se levantó siguiendo el camino que le indicaba su abuela, pero algo que la sujeto impedía su caminar.

―No dejare que te lleve a ninguna parte.

Régis la sujetaba mientras halaba del vínculo buscando de hacerla entrar en razón.

―Apártate ―ordenó inexpresiva.

Régis cayó de rodillas al suelo forcejeando contra la obligación del vínculo ante sus exigencias, pero era inútil, no podía ir en su contra.

Saliendo al patio de la posada con la respiración pesada sin importarle la lluvia que la empapaba Charlotte se quedó de pie mirando a su abuela, quien extendió sus brazos invitándola a que se acercara.

— ¿Dónde está?

Enzo apareció en la habitación donde Régis se encontraba postrado al suelo.

―El patio…

― ¿Por qué estas…

― ¡Enzo! ―interrumpieron haciendo que saliera de allí.

Al ver el patio se encontró con Charlotte en plena lluvia abrazando a la nada y hablando como si hubiera perdido la cabeza.

— ¿Qué rayos hace Charlotte allí?

―Está jugando con su mente, debe de estar enseñándole algo que anhela, tienes que sacarla de allí ―dijo Morghan.

Enzo se disponía a ir por ella, cuando en ese momento ella dio unos pasos quedando de frente a la vegetación y una extraña sensación de tristeza lo confundió.

—Salto a los arbustos, pero es rápido debe de salir en cualquier momento.

Un chillido se escuchó seguido de la criatura que se abalanzó a donde ella para poseerla haciendo que Enzo reaccionara, pero antes de intentar hacer algo un gruñido bajo salió del techo junto a una gran sombra que atacó al diablillo sacándolo de su escondite partiéndolo en dos y triturándolo con sus patas.

Todos se quedaron espabilando. Ninguno se esperó eso.

Vincent salió corriendo a donde Charlotte quien volvió a sí misma, pero se desmayó por la ruptura del control que mantenían en su mente. Tomándola en brazos él recorría la mirada en todo su rostro.

Llegando apresuradamente Régis los encontró observando al patio para ver la escena.

Vincent se colocó de pie con Charlotte en brazos. Ignorando la mirada de todos dio unos pasos, pero halaron de su camiseta haciendo que volteara. Detrás de ellos había una criatura alada muy grande que lo observaba fijamente.

― ¿De dónde salió?

—Es la criatura que ocupaba la celda a mi lado —dijo sonriente, a lo cual la imponente criatura asintió en contestación —Me alegra verte de nuevo.

La criatura hizo una reverencia.

Morghan suspiro en cansancio.

―Por lo menos se deshizo del diablillo y… ―se le quedo mirando para luego recorrer su mirada en Vincent y Charlotte― Deberían entrar, si se siguen mojando se resfriarán.

Estando más tranquilos todos se reunieron en la habitación de ellas para explicarle a Charlotte, luego de haber despertado lo ocurrido y ser mojados por la criatura cuando se sacudió el agua de su cuerpo. Después de haber limpiado el desastre causado por las artimañas del diablillo y borrado la memoria de los testigos. Sintieron pena por los muertos, pero no podían hacer más que enterrarlos.

—Definitivamente hoy fue el día para ser mojados.

Se quejó Vincent secándose con una toalla.

—Entonces… ¿un diablillo trato de controlarme?

—Al principio lo repelías, pero llegó un momento donde sucumbiste a su control, trate de evitarlo y me impediste detenerte, acaso… ¿te mostro algo? —pregunto Régis a su lado.

—Si… me mostro solo muerte, destrucción, caos y a mi abuela…

Ella no quería volver a experimentar aquella sensación tan espantosa y perturbadora en su vida nunca más, se sintió sumamente engañada, quien sabe que fuera sido de ella si dejaba que el diablillo se apoderara por completo de su cuerpo, tan solo pensarlo le daba escalofríos.

—Los diablillos suelen hacer eso para acorralar a su víctima en el miedo o en su anhelo más grande, volviéndolas vulnerables ante su control.

—Debe ser que solo andaba por allí y lo atrajo las presencias de nosotros… —concluyó Enzo para luego señalar con la quijada a la criatura alada —Pero esto fue inesperado, no sé quien lo invitó.

La criatura le dio una mirada plana para centrar su vista en ella.

—Era otra de las criaturas capturadas por Crono y por lo que se ve se encariño con Charlotte.

Vincent estaba sentado en uno de los sillones observando con una ceja enarcada a la criatura.

—Pero… yo recuerdo haberles dicho que fueran libres ¿Por qué nos habrá seguido?

Colocándose de pie la criatura como pudo se acercó más a ella para sentarse a su lado plegando sus alas para no romper el techo. Mirándola fijamente ladeo un poco su cabeza “Me agradas”, la voz hizo eco en la mente de Charlotte haciendo que abriera mucho los ojos y se pegara a su guardián.

— ¿Qué sucede? —pregunto el moreno recorriendo la mirada entre ellos.

Ella sentía como la criatura se comunicaba.

—L-le entendí —titubeo señalándola con su mano.

—Nunca he escuchado de un Grifo que hablara.

Morghan la miraba como si se fuera golpeado y perdido la cabeza.

— ¡No estoy loca! No me vean así de verdad le entendí.

Régis sabía que cada sangre pura tiene habilidades diferentes por ende creía lo que ella decía, mientras discutía a capa y espada con Morghan y Vincent, la criatura hacia expresiones según el humor de ella. Hasta que hubo un momento donde Enzo toco su hombro para hablarle y los nervios se hicieron notar como días anteriores haciendo que el Grifo quisiera esconder su cabeza. Él no se podía creer lo que había descubierto.

Emocionado se colocó de pie sonriendo haciendo que todos posaran su atención en él.

—Ella tiene razón.

— ¿La tengo? —pregunto dudosa.

— ¿La tiene?

Morghan la observo nuevamente insegura para que ella rodara los ojos y se acercara a su guardián.

—Lo mismo me paso en la torre con Champ y Nilda… pero no me preguntes que no entiendo porque les escucho hablar (suspiro), siempre me decían que luego me explicarían y nunca lo supe.

Se sentó en la cama cruzándose de brazos con una mueca de decepción en su rostro.

—Creo que es una de tus habilidades Charlotte.

Régis acariciaba la cabeza del Grifo, el cual disfrutaba de su tacto.

—Todo los sangre pura se distinguen por algo, pero tú siempre me das sorpresas… puede ser que una de tus habilidades es entender a las criaturas compartiendo una especie de empatía sentimental.

— ¿Quieres decir que él siguió a Charlotte desde New York hasta aquí porque ella le entiende?

—Ella —corrigió Charlotte a Enzo.

La corrección hizo que él la mirara espabilando para luego observar a Régis.

—Puede ser que si… —concluyó Vincent para ganarse una mirada fulminante del desteñido —Cuando escapábamos de la torre ella nos ayudó a no morir en manos de los vampiros y clases E que atacaron el elevador, así que es una posibilidad.

Unos pasos se escucharon en el corredor para que la puerta se abriera y algo pequeño saltara a donde Charlotte haciendo que todos casi se le lanzaran encima cuando se distinguió que solo era el viejo cuervo.

— ¡Señorita Charlotte! ¿¡Está bien!?

El cuervo la examinaba de pies a cabeza encima de ella para suspirar en alivio al comprobar que no tenía ni un rasguño.

—No sabe el susto que me dio cuando sentí aquella cosa.

Aliviado colocó una mano en su pecho para luego sentir una respiración cerca de él y al voltear su cara y quedar de frente con el Grifo, pego otro brinco que llegó a la otra pared con el corazón saliéndosele del pecho palpitando a mil por hora y la respiración agitada.

— ¿Estabas despierto y fuiste incapaz de ayudar?

Enzo lo observaba con los ojos entrecerrados para que el hombrecillo comenzara a reírse nerviosamente.

— (Risas) E-es que ya tuve bastantes emociones para seguir a un diablillo.

Se excusó rascando su nuca haciendo que Enzo rodara los ojos y suspirara en resignación.

—De todas formas, nada malo paso—movió su mano desdeñosamente.

—Gracias a su ayuda, pero tú no hiciste nada.

Señaló Enzo para que Bábil tragara grueso al ver cómo la criatura se le acercaba quedando casi traspasando la pared.

Olfateándolo, la criatura lo lamio sentándose y moviendo su cola juguetonamente en el suelo. Bábil quedo con todo el cabello como si le fueran aplicadas una lata entera de fijador para el cabello, dejándolo todo encrespado por la saliva del Grifo.

—S-sí, sí, lindo grifito— decía mientras tocaba por encima su cabeza “acariciándolo”.

Su temor respetuoso al Grifo terminó sacándole unas cuantas carcajadas a todos mientras él se quejaba en vano porque nadie le hacía caso para quitárselo de encima.