LA GUERRA NO HA TERMINADO
Ambos reímos de buenas ganas con esa ocurrencia, pero nos deslizamos a través de varios escombros sin poder observar de donde provenían los disparos ni quienes estaban combatiendo. Entre tanto, John, había avanzado casi dejándome atrás, mientras un pedazo de metal se me había incrustado en mi mano izquierda, lo que me obligó a detenerme y tratar de sacarlo. Para entonces, John, ya había llegado a una casa semi destruida y se encontraba en el alero y con su mano derecha, me indicaba que avanzara hacia donde él estaba. Sin embargo, la cantidad de sonido arreciaba, y parecía que se avecinaban nuevos aviones de guerra super sónico, lo que señalaba que el bombardeo continuaría. Tome valor, y me levanté y corrí, sin pensar que algún francotirador me volara la cabeza, al estar próximo unos centímetros, como un corredor de baseball, me lancé robando la base.
- Eso fue espectacular – me dijo John, sonriendo
- Y si fuera una película, no me gustaría volver a intentarlo
- Tranquilo, por el momento aquí estaremos a salvo
- ¿Por qué lo dices?
- No miras, ya esto está en las ruinas, quien va a querer gastar municiones, disparando nuevamente a lo que ya no está de pie – no había terminado cuando una bomba cayo justo a unos metros de donde estábamos, pero milagrosamente no explotó el misil
- Pues, yo no cantaría victoria, así que es mejor que sigamos moviéndonos – le dije
- Creo que tienes razón
Continuamos hasta una sección de lo que antes fue un puente, y nos escudamos de los pedazos del techo que aún estaba en pie, mientras aún no podíamos distinguir a los bandos ni el lugar en que estábamos, si con los chicos buenos o con los chicos malos.
- ¿Qué hacemos ahora? – Me preguntó
- Tengo experiencia en esto. En esta habitación hay una puerta que nos mostrará la salida y estaremos a salvo
- ¿Habitación? ¿Pues, qué has estado ingiriendo en mi ausencia, amigo? – Aún no comprendía la situación en la que él se encontraba, y era normal que no viera la dimensión del lugar, sino lo que vería cualquier mortal, alguna parte de alguna ciudad de alguna nación, en lugar de un dichoso pequeño cuarto
- Después te explicare, por el momento tenemos que seguir andando
- Bueno, pero también tenemos que buscar algo que comer, amigo, desde hace rato que no pruebo bocado
- Si, tienes razón, en el camino veremos si tenemos la oportunidad de encontrar algo que comer
- Tal vez podemos parar en algún supermercado
- ¿Sabes en qué lugar estaremos?
- Bueno, por los escombros de cemento, metal retorcido, modelo de vehículos, y los misiles que han caído…¿Cómo demonios supone que voy a saber? – me dijo un poco molesto
- Bueno, cálmate, pensé que un par de ojos frescos podrían tener mejor visibilidad, además que tú eres un hombre de mundo, viajero, de continente a continente
- ¿Te olvidas de algo?
- ¿De qué?
- Que soy un hombre de paz, ¿qué crees que he hecho en toda mi vida? ¿Acaso crees que he estado viajando promoviendo la guerra?
- No, claro que no, sé que eres un hombre pacifista pero no te estoy pidiendo que me indiques el tipo de arma que se está usando ni tampoco qué estrategia militar son las que están utilizando, solo quería saber en qué posible ciudad de este loco mundo podríamos estar
- Ah, bueno, eso es diferente
- ¿lo sabes?
- No
- Entonces, será mejor que continuemos
- Espera
- ¿Qué pasa?
- Mira, allá – me señaló un punto a no menos de cien metros, entre el humo de las explotaciones, se podía observar un pub o bar inglés, aún en pie, por lo que con mucho cuidado nos dirigimos hacia ese lugar
Al ingresar, todo estaba iluminado, el lugar estaba lleno a reventar, la barra servía la acostumbrada cerveza, las mesas tenían juegos de barajas, pescados y mucha conversación, con humo de cigarro, pero ninguno de los presentes eran ingleses. Todo lo contrario, eran nicaragüenses. Cuando escucharon el ruido de la campanita de la puerta, todo el mundo dejo de hacer lo que hacían, y nos miraron como bichos raros. Poco a poco ingresamos, aproximándonos a la barra. Sabía que John, no hablaba español del todo y por el rostro de aquellos parroquianos, pareciera que un ciudadano inglés no sería bien recibido, así que me adelante a pedir algo que comer al cantinero.
- ¿Qué tienes para almorzar?
- Lo mismo que hubo ayer – me respondió mientras limpiaba un gran vaso de vidrio
- Bueno, debió ser delicioso porque lo están ofreciendo otra vez hoy – agregué con una leve sonrisa sin dejar de quitar la mirada a los presentes
- Gracioso, el amigo – me respondió el cantinero
- ¿Podría ofrecernos algo de tomar también, por favor? –
- ¿Y su amigo qué va a comer? – No le quitaban la vista a John, por lo blanco de su piel entre morenos, pieles curtidas y cabellos oscuros
- Lo mismo, por favor, sírvale lo mismo
- ¿Acaso él no puede hablar por él mismo? – subió de tono el mastodonte que estaba muy cerca de mi
- No señor, él no puede hablar, por eso solo me tiene a mi
- Parece que este tipo es algo así como gringo – mencionó un delgaducho cerca de la ventana, vestido tipo cowboy
- Sí, creo que tienes razón, este tipo es un gringo – seguían insistiendo otros que estaban presente
- Por favor, ¿gringo éste? – tenía que buscar la forma de evitar una confrontación en ese lugar al que nos iba a ir muy mal – nada que ver, señores, este hombre es descendiente de españoles
- Odiamos los españoles de España – respondió rápido el mastodonte
- No dije nada de España
- Dijiste que descendía de españoles – contestó el cantinero
- Pues estás oyendo mal, lo que dije que es que descendía de españoles no de España si no que hablan español, ¿o no es así?, lo que hablan alemán son alemanes, los que hablan inglés son ingleses, pues los que hablan español son españoles
Por un momento hubo un silencio atroz, y finalmente, todos se vieron los rostros, hicieron una mueca de convencimiento, y aceptaron mi explicación, así que la vida volvió a la normalidad.
- Yo soy de León – me dijo el mastodonte - ¿de dónde eres tú?
- Yo soy de Granada – les dije sonriendo
- ¿Granada, España? – me repuso
- No, claro que no – emite una fingida carcajada
- ¿Y tú amigo, de qué parte de Nicaragua?
- Bueno, él es, la verdad es que es chistoso este asunto, porque verás, su papá es de Granada, ya sabes todos blancos, y su mamá de Estelí, bellas, rosaditas, frío que hace ahí, y pues ahí vino mi amigo
- No, no me has dicho de donde
- Ah, que si está más que claro
- Para mi no – comenzó a enfurecerse – ahora dime ¿De dónde? Porque odio a los de Estelí
- ¿Y a los de Chinandega? ¿Los odias?
- No, a esos no, tienen buen equipo de baseball
- ¿Ya lo ves? – me dirigí a John – otro que ama tu ciudad
- ¿Ah? ¿Él es de Chinandega? – Volvió a insistir el cara dura
- Queda más que claro – y me apresure a tomar la cerveza que me servía el cantinero
- ¿Y del todo no habla el hombre? – se aproximó un anciano de unos noventa años, pero con la agilidad de uno de treinta
- Así es, el pobre es mudo
- Ah, qué bueno, al menos puede escuchar – insistió el anciano
- Disculpe, no me dejo terminar, él es, es sordomudo
- ¿pero sabe hablar por señas, no? – preguntó el mastodonte
- ¿Alguien sabe hablar por señas aquí? - Quería curarme en salud
- No, claro que no – dijo el anciano
- Ah, bueno, qué lástima, con eso si se defiende él, ya saben hablar con gestos
- Pero mi nieta si sabe – agregó el condenado anciano
- Pero usted me dijo que…
- Sí, que aquí nadie sabe, pero ella no está aquí, está en el traspatio, ya la voy a llamar, esperen aquí
Mientras se retiraba el viejo, muchas miradas aún coincidían en donde estábamos al final de la barra.
- ¿Qué vamos a hacer, ahora amigo? – me susurró John
- Francamente no sé qué vamos a hacer ahora, John, pero creo que tenemos que buscar la manera de irnos de aquí
- Pero aún no he comido – me contestó con tristeza
- Pues si no nos vamos antes que regrese el hermano de matusalén, no tendrás dientes para probar alimento alguno
- Sí, tienes razón, aunque la cerveza no está nada mal
- Qué bien, llévate una para el camino
Con gran disimulo nos dirigimos a la puerta, cuando en ella estaba entrando el anciano y una linda chica de unos veinte años de edad, morena, cabellera larga oscura, y ojos negros.
- Ella es mi nieta, la Yoli
- ¿La Yoli? – volví a ver a John
- Sí, le decimos así desde que era pequeña pero su nombre es…
- Yolanda para servirle – me dio un beso en la mejilla derecha – Y este es su amigo que es sordomudo – fue hacia John, y le dio un beso en la mejilla izquierda.
- Si, así es
- ¿Cómo se llama? – me preguntó la chica
- ¿Quién? ¿él? – No tenía cómo responder
- Ajá, si él
- Bueno, él es, él es,…el gran Oscar
- ¿El gran Oscar? – preguntó el anciano - ¿Por qué el gran Oscar? ¿Acaso es artista de circo?
- No, claro que no – sonreí más por nerviosismo – es que tiene una nariz grande y así lo molesto
- ¿Lo molesta que le diga el gran Oscar? Pero él no te puede escuchar ¿Cómo se molesta?
- Es que le hago la seña, ya sabe, como pinocho, me estiro la nariz y él comprende que estoy hablando de su gran nariz, y.. olvídelo, ¿quiere?
- Bien, hija, es todo tuyo – le dijo el anciano a la chica y ésta se puso frente a John, quien no sabía que hacer
- Hola, Oscar, ¿Cómo estás? – aunque ella acostumbraba a realizar la gesticulación con las palabra en voz viva, John, no entendía español, así que era igual de “sordo”
- ¿Qué le pasa a su amigo, que no responde? – me preguntó el anciano porque John, obviamente no conocía el idioma de los sordomudos y no quería
- ¿Esas señas son las correctas? – le inquirí a la chica
- Bueno, son las que he utilizado por cinco años desde que me gradué en el idioma para sordomudos, en la escuela
- Tal vez, alguna coma, algún acento, pueda que sean diferentes
- Eso sería posible si estuviéramos escribiendo, y…ah, qué buena idea, tal vez su amigo estaría más tranquilo si utilizamos el sistema brailey, ya regreso
- No se preocupe, tómese todo el tiempo que pueda – pensé que esa era la oportunidad para escapar, pero el vejete no se movió del lugar y nos invitaba con su brazo derecho a sentarnos en una mesa circular en la esquina donde unos parroquianos se retiraban
- ¿Sabe qué? Nos va a disculpar pero mi amigo, tiene que ir al baño – John, no sabía lo que yo decía pero me miró donde me agarré entre las piernas e hice el gesto universal de problemas urinarios, así que inmediatamente agarro el santo y seña y comenzó a retorcerse tomándose la entrepierna con sus manos, y moviendo sus piernas mientras fruncía las cejas y rechinaba los dientes
- Ah, bueno, si como no, allá al fondo a la derecha – aunque no queríamos ir al fondo si no a la salida, no tuvimos más remedio que ir hacia donde nos indicaba el anciano
- ¿Y ahora qué hacemos? – me preguntó John, mientras nos encaminábamos al baño
- Esperemos que ese lugar tenga ventanas
Efectivamente, el lugar tenía unas hermosas ventanas a una altura adecuada para escalar y largarnos de ahí. Solo teníamos que esperar que dos individuos que utilizaban los orinales se fueran.
- ¿Y qué quería la chica? – me preguntó susurrando
- Solo te estaba saludando
- Ah, pensé que le había dado un ataque ¿Qué fue todo eso?
- Les dije que eras sordomudo porque no hablas español y esos individuos afuera odian a quienes hablen inglés, sobre todo a los gringos
- Pero yo no soy gringo
- Ve y se los explica a esos tipos
Nos quedamos callados mientras los gorilas salían de ese lugar. Una vez afuera, corrí a cerrar la puerta, pero como siempre, todo en mal estado, me quede con la perilla en la mano, así que aproxime la escoba para trancar la puerta. Acto seguido le ayudé a John, a subir y pasar la ventana y luego él me ayudó a escalar, una luz brillante surcó frente a nosotros y el sonido de las explosiones, nos informaba que volvíamos a aquel infierno, así que agarrados de las manos, nos lanzamos al vacío para escapar de aquel lugar.
Cual fue nuestra sorpresa, que en vez de caer sobre asfalto y en la ciudad, estábamos de regreso en el corredor, muy cerca de la puerta número seis.
- ¿Qué paso? ¿Dónde estamos? – John, estaba un poco desconcertado por lo que veía
- Es lo que he tratado de decirte, desde que entré a este lugar, he tenido que estar lidiando con este juego de las siete puertas, cada vez que entró a una, ingresó a un mundo de locos, y tengo que buscar la salida para continuar, esperando que cuando esto finalice ya me encuentre fuera de la pirámide, o el quiosco este a donde ingrese
- Más me pareció un obelisco
- Lo que sea – dije en tono molesto
- Bueno si la divina providencia quiere que continuemos, pues vamos
- ¿Qué será ahora, dinosaurios, extraterrestres, la sexta dimensión?
- Eso que dijiste fue gracioso
- ¿Ves que me estoy riendo?
- Oye, no te enojes conmigo que no soy culpable de lo que está ocurriendo
- Okay, perdona, estoy un poco frustrado es todo
- Aquí estoy contigo amigo, calma
- Bien, vamos