¿ME DAS UNA MANZANA?

Me aproxime a la cascada rojiza y por curiosidad me agaché a oler aquel líquido que en realidad expedía un aroma agradable, así que observé si había algo nadando en el estanque en que caía y luego me apreste a meter mi mano derecha para tomar un sorbo de aquello. Vaya, en realidad, estaba frío, pero no estaba congelado. El sabor inolvidable de mi niñez, una soda de cereza. Sin esperar, bebí y bebí hasta llenar mi estómago y me recosté en un frondoso lirio para dormir un rato. Aún estaba pendiente comer algo. Desde donde me encontraba pude ver un gran árbol de manzana, pero era muy alto para mí. Pero no se notaba nada más que se pudiera consumir, así que esperaría un rato para luego buscar la forma de bajar uno de esos frutos.

Sin saber cuánto tiempo había dormido, el hambre volvió a recordarme la gran odisea que tenía que experimentar para adueñarme de un manzano. Me aproxime a aquel gran árbol y por alguna razón pude sentir que podía subir sin problemas. Pero por más que lo intenté no pude, me resbalaba y volvía al mismo punto en que empezaba. Finalmente me di por vencido y con tristeza solo pude echar una mirada más y caminar en busca de la salida de ese lugar. Fue en ese instante que algo golpeó mi cabeza. Mientras sobaba mi cuero cabelludo, nuevamente sentí que algo caía sobre mí, y en el suelo mire el corazón de una manzana. Alguien la había comido. Mire hacia arriba y en una de las ramas una especie de primate, un chango, comía placenteramente otra manzana, que al terminar dejaba caer sus restos, precisamente donde yo me encontraba.

- Oye tú, ten más cuidado – le grité a aquella criatura peluda

- ¿Y por qué no simplemente te quitas de ahí? – me respondió tranquilamente mientras continuaba masticando la manzana

- ¿No puedes fijarte hacia donde arrojas la basura? – Le respondí en tono molesto

- Desde aquí arriba es muy difícil saber hacia dónde caerá – continuo masticando el bellaco

- Solo por eso, deberás lanzarme una manzana – sentí que podía sacar algo de ese chantaje

- Ah, ¿entonces no estás molesto? – Me preguntó con una sonrisa

- Claro que no – tenía que ocultar mi disgusto a cambio de una de esas sabrosas frutas

- Bien, ahí te va – y me volvió a lanzar una de las manzanas recién mordisqueada por el peludo amigo

- ¿Qué te pasa? – Le grité enfurecido

- Me dijiste que te arrojara una manzana, eso es lo que dijiste – Volvió a replicar

- Pero me refería a una manzana sin masticar, una nueva, de las que tienes al lado de ti

- Deberías saber explicarte, tú eres grande, yo pequeño, deberías saber hacerlo

- Bueno, bueno, ya, está bien, envíame una manzana pero nueva, sin masticar

- Lo siento, no puedo – me dijo mientras mordisqueaba una nueva manzana

- ¿No puedes? ¿Y por qué no? – La molestia me provocaba dolor de estomago

- Porque no puedo darte lo que tuve que cortar – fue la respuesta más tonta que había escuchado

- Pero ahí tienes muchos

- Si, corté los suficiente para el día de hoy

- Pues tú ya estás arriba, podrás cortar más si quieres ¿no?

- Ya veo – dijo mientras me lanzaba otra manzana masticada – y como estoy arriba tengo que darte lo que me costó trabajo hacer sin tu ayuda

- Pues claro, de eso se trata ayudar. Ya que estás arriba, puedes alcanzar las manzanas que quieras y compartir algunas

- Eres muy egoísta

- ¿Egoísta yo? ¿Quién es el que no quiere compartir una de sus manzanas, ah?

- Porque estás abajo solo críticas y todo lo ves desde tu punto de vista. Te vi tratar de subir, pero te diste por vencido

- Tal vez porque no tengo cola, ni la habilidad de subir a los árboles como tú – le repliqué mientras exhausto me sentaba al lado del árbol

- Pues no tengo cola, como dices, y poseo las mismas manos y pies que tú, la diferencia es que yo persistí por la necesidad de comer la manzana, en cambio, tú que eres más grande quieres aprovecharte de los más pequeños

- Bien, bien, ya no me digas más, si no quieres compartir no lo hagas, por sí ya se me quito el hambre

No había finalizado la frase, cuando de pronto a mi lado se encontraba aquel peludo animal, efectivamente su altura no me llegaba ni a la rodilla, y me extendió con su mano un hermoso y suculento gran manzano, que dude de tomar inmediatamente, hasta que la mirada de aquel chango me provoco confianza, y lo tomé y comencé a morderlo y tragar con desesperación. Estaba exquisito. El chango se sentó a mi lado a comer otros dos que tenía en su poder. Recordando mi experiencia pasada con la abeja no quise pasar por lo mismo.

- ¿Y cómo te llamas? – le pregunté animadamente mientras comía

- Mi nombre comienza con A y termina con S – me respondió con aquella bendita adivinanza

- Ah, ya se, AS – le contesté sin mayor dilación

- No, Aristóteles – y siguió masticando mientras mi rostro lucía como un completo tonto

- ¿Acaso todos son así en este mundo? – Le interrogué

- Depende

- ¿Depende de qué? – Me sentía desesperado

- De cuál mundo te refieres – Tiró la última manzana y sin decir más se retiró

Al verlo alejarse de mí, no supe qué decir ni que hacer. Terminé de comer aquel hermoso fruto que fue suficiente para saciar mi hambre y luego tomé un poco más de agua del manantial rojo. Luego me puse a caminar hacia el lado opuesto de lo que pensé había sido mi ingreso, en espera de encontrar la puerta de salida. Estaba tan concentrado en mis ideas que no me fije en la gran telaraña frente a mí. Me quedé totalmente pegado. La enorme pared tejido me auguraba un animal de tales proporciones para comerme de un solo bocado. El terror se comenzó a apoderar de mí hasta que escuché una leve voz tosca y enojada que gritó:

- ¿Y a éste quien lo invito? – Volví a ver quien hablaba de mí, cuando una araña con cabellera oscura y ataviada de un traje de colores y una guitarra, pero del tamaño de mi pulgar llegaba hasta mi nariz

- No lo sé cuate – dijo otra araña más obesa, con un tupe y con un bajo – es la primera vez que lo veo por este lugar

- Qué chido – dijo una araña más delgada con cabello rojizo con unas maracas en sus manos – en realidad que está bien grande este cuate

- Oigan, ustedes, ¿vamos a ensayar o no? – apareció una linda arañita de cabellera rubia, ojos verdes y buena figura, con un vestido plateado y escotado

- Mira, mi cherry, cuando decimos que vamos a ensayar es lo que vamos a hacer – contesto al parecer el líder de la banda, que portaba un micrófono, y tenía un fleco que caía por su frente y vestía un uniforme blanco con escarcha y una pose de galán de películas

- Bueno, entonces, quita a ese monstruo de nuestro escenario y empecemos – dijo la rubia

- A ver, vos Cristiano, quita a ese adefesio del entarimado – fue la orden del líder al obeso

- ¿Estás loco? ¿Cómo quieres que haga eso?, si está más pegado que chicle recién masticado – le respondió el gordito

- Bueno loco, si quieres ensayamos con este tipo aquí que nos sirva de público – sugirió el cabello rojizo

- Qué buena idea – respondió el de cabello oscuro - ¿Qué te parece Elvis? – le dijo al líder

- Bien, a mí me da lo mismo, mi arte puede ser escuchado hasta por los monstruos, qué más da, se podrá sentir afortunado – concluyó mientras se peinaba el cabello con un peine

- Bueno, entonces, a rocanrolear – dijo el rojizo

El lugar se oscureció y la telaraña brilló con varias luces por todo el telar con diferente bombillos de colores y en una de las líneas descendía la arañita rubia, mientras un sonido acústico iniciaba los primeros acordes, y luego todo se volvió eléctrico con un ritmo inigualable que me encantó aunque no podía moverme mucho, trataba de seguir aquella música con los pies. El rojizo había dejado las maracas y explotaba toda su energía en una especie de batería fabricada con hojas y ramas. Tanto el de cabello oscuro como el gordito le ponían sabor al bajo y a la guitarra, y el tal Elvis, cantaba con su voz melodiosa junto a la chica, bueno a la arañita.

Cuando todo había terminado, la energía y vibraciones, me permitieron soltarme y seguido aplaudí por la presentación ante el asombro de las arañas que simplemente hicieron una reverencia en respuesta a mi entusiasmo. Ellos sonrieron y se alejaron mientras todo se volvía a iluminar y detrás de la telaraña vi la puerta de salida. De alguna forma aquella experiencia había sido diferente que las anteriores y me sentía mal dejando ese bonito lugar. Pero tan feliz me sentía, que no vi a Kwark y caí sobre él, aplastándolo.

- Demonios, ¿Por qué te apareces sin avisar? – le repliqué

- ¿Por qué no eres cuidadoso donde no conoces? – fue su singular respuesta y se marchó

- Oye, espera, ¿Dónde está la salida? Oye, aún tengo que encontrar a mi amigo – la respuesta fue el silencio mientras observe que la puerta que estaba delante de mi dibujaba el número cuatro. No quedaba más remedio que ingresar.

Nuevamente la oscuridad era la constante en todas aquellas habitaciones. No podía pedir mucho a Kwark, ya que no hablaba como quisiera, pero al menos había salido bien librado de todas las otras aventuras. Esperaba que esta fuera igual de menos peligrosa.

- Hola – me dijo un hombre de unos 45 años, de bigotes alargados y vestido de vaquero

- Hola – le respondí - ¿Quién eres tú?

- Eso no importa, lo que importa es saber quién eres tú

- ¿Y eso por qué es importante? – le pregunté con curiosidad

- Porque en realidad no sabes quién eres para poder preguntar a los demás quienes son ¿comprendes?

- Yo si se quién soy yo

- ¿En serio? ¿A ver dime, quién eres?

- Bueno, eso no es importante en estos momentos

- Ajá, si claro, como no – dijo con un tono burlesco

- En realidad no me interesa lo que pienses de mí, lo que me interesa es encontrar la salida de este lugar

- ¿y quién dice que debes salir de aquí?

- Pues la lógica

- ¿Y esa quién es? –

- Ay, por favor, no tengo tiempo para entrabarme en este tipo de conversaciones, así que muchas gracias, pero me tengo que ir

- Bueno como quieras forastero, que tengas buen viaje

- Mira a quien le dice forastero, ah – lancé una exclamación de indiferencia

- ¿Tienes algún problema con mi hermano? – Me salió al frente un gigantón de por lo menos dos metros y medio, con una complexión de montaña, cada brazo parecían un mapa topográfico con vertientes, llanuras y ríos y todo.

- No, no señor – le dije con tono de preocupación – no hay ningún problema

- Entonces, porque sigues frente a mí, aléjate de mí vista

Sin contestar nada, traté de apartar la vista de su mirada y avance en el camino, cuando de pronto todo se iluminó y me enteré que estaba dentro de un foro de grabación de cine. Alguien gritó que se editaba la toma, y una señorita de unos veinte años se aproximó a mí, para limpiar el sudor de mi rostro, mientras la gente iban y venían por todo el lugar.

- ¿Qué pasa aquí? – Pregunté molesto mientras le quitaba la mano de mi rostro a la muchacha

- ¿Podrías ser capaz de mostrar un poco más de temor? – Me dijo un hombrecito de metro cincuenta que al parecer era el director encargado de todo el lugar

- ¿De qué habla? – Le increpé

- Sí, es que tu rostro no expresa emoción alguna, mira es muy fácil, - se dirigió a alguien más – Tony, ven Tony – y un joven de dieciocho años llego inmediatamente con todo y buen ánimo, sonriente hacia el hombrecito

- Sí, señor Lomax – le contestó al director

- Estás despedido Tony – le dijo en forma cortante

- ¿Pero, por qué, señor Lomax? – dijo casi lloriqueando, mientras el director me hacía señas con su mirada que le pusiera atención al chico

- Mira, si no te largas en este momento te lanzare a patadas del set – le dijo mientras fruncía las cejas y me volvía a mirar cambiando su expresión a sonrisas

- Muy bien, señor Lomax, no hace falta, muchas gracias por la oportunidad – y se encaminó lejos de nosotros, cuando aquel director de un sobresalto le volvió a gritar:

- No mi amiguito, regresa aquí – lo tomo por la cintura – me hiciste un gran favor, aquí a nuestro actor le quería demostrar la forma como debe verse alguien que recibe una mala noticia y ver esa expresión de “mátenme” porque me quede sin trabajo, ¿comprendes?

- Si, señor Lomax, lo comprendo – el color del rostro regresó en el chico

- Bien, estás haciendo un gran trabajo, ahora vete, continua haciendo lo tuyo que tengo que hablar con mi estrella – yo buscaba detrás de mí para saber de quien hablaba

- ¿Se refiere a mí? – le pregunté

- Vamos, vamos – me tomo por la espalda mientras caminamos hacia unas pequeñas sillas – sé que no siempre tenemos un buen día para hacer lo mejor, pero siempre hay que intentarlo poner de nuestra parte, vislumbrar que ayer fue ayer y hoy es hoy y que todos están esperando mucho de nosotros, sé que es una gran presión pensar en todo eso, pero tienes que hacerlo para eso nos pagan, sabes?

- No tengo ni la menor idea de lo que está hablando

- Vamos, que con esa actitud no vas a llegar a ninguna parte – y sin permitirme hablar gritó hacia un sector del set - ¿ya está lista Jacqueline?

- Sí, señor – gritó alguien desde el fondo

- Bueno, eso está bien, así que vamos a la siguiente escena – se dirigió a la maquillista que no me dejaba en paz – ve que nuestro galán esté listo para la siguiente escena

- ¿De qué demonios…? – y se marchó a tomar una taza de café, mientras seguían colocándome una especie de polvo maté

- Ya está listo, señor y déjeme decirle que se ven bien apuesto – me dijo la jovencita

- Muchas gracias, oye dime, ¿Dónde está la salida? – quería salir lo más antes posible de aquel manicomio

- Tal vez querrá decir la entrada, señor – me contestó ella

- No, la entrada ya sé por dónde fue, pero quiero la salida – le insistí

- Lo siento señor, la salida solo la conoce el señor director

- ¿O sea que todos están encerrados aquí sin poder salir? – No pude obtener respuesta porque en ese momento el hombrecito regresó nuevamente y más animado que anteriormente

- Bien, Gab, es hora de trabajar, a ver de pie, que te ves muy bien – miro rápido a la maquillista – querida ve a ver si Jacqueline ya está lista, gracias

Llegamos a otro escenario que parecía exactamente al dormitorio de la casa de muñecas que mi pequeña hermana tenía en la casa de mi infancia. Una señora se me aproximo con una especie de bata acolchada, mientras otras dos chicas en un santiamén me quitaron la camisa y el pantalón, por lo que inmediatamente me puse la bata. En ello, la mujer más hermosa que haya visto ingresó al cuarto con otra bata color rosa.

- Bien, todos listo ¿sonido? ¿Luces? – gritaba el director con un pequeño megáfono, a la que obtenía como respuesta que todo estaba listo – Bueno, acción

Esa palabra dio luz verde a aquella escultural mujer cuyo rostro se transformó en la diva más sensual del planeta. Su mirada tierna se convirtió de repente en una devoradora de hombres, lentamente como si fuera algo coreografiado, se despojó de la bata, dejando ver sus enormes atributos y un pequeño y diminuto bikini color rosa. Quedé embelesado, completamente estupefacto que no me pude mover cuando ella se acercó hasta mi cuerpo que temblaba del nerviosismo.

- ¿No vas a decirme nada cariño? – su tono de voz era celestial, lo más agradable pero al mismo tiempo lo más embriagante

- ¿Decirte qué cosa? – estaba muy nervioso y mi voz casi no salía de mi boca

- ¿Cómo me veo? – Me volvió a interrogar

- Te ves fabulosa – Fue lo único que le pude decir

- CORTE – gritó el enano director - ¿Qué te pasa Gab? ¿Cómo que “fabulosa”? – se dirigió a un larguirucho que estaba sentado a la par de él – Benito, venite corriendo por favor con ese guión

- Sí, señor director – con un timbre algo alemán corrió hacia nosotros, tropezando con una pequeña lámpara y se reincorporó de un salto y le extendió una pequeña libreta de apuntes al director

- ¿Ese es el guion? – pregunté extrañado

- Sí, aquí está toda la película – dijo el enano – a ver, si aquí está, tienes que admirar el cuerpo de tu amada y expresar todo tipo de frases que describan su cuerpo ¿entendido? – me volvió a ver mientras le entregaba la libreta al asistente

- Haré lo posible – le contesté

- ¿Hay que repetir todo? – dijo aquel Ángel convertido en mujer

- No, ahí donde quedamos, continuamos, ¿todo listo? Silencio, y acción

- ¿Cómo me veo? – me volvió a preguntar la belleza

- Te ves hermosa, exuberante, una diosa, lo más bello que he visto en mi vida, y eso que ha sido poco pero ya sabes, es cosa del pasado, no es que lo presente no sea lo único, pero ya me entiendes, es que hay mujeres que se enojan cuando se les menciona que hubo otras y se les compara con ellas, pero francamente es la primera cosa perfecta que he visto en mi vida, y por eso no puedo dejar de contemplarte, y creo que ya he hablado mucho, ¿no? – y volví a ver al director un poco apenado

- ¿Cómo? – dijo molesto – vas bien, así está en el guion, continua, seguimos filmando no paren

- ¿Quieres hacer el amor conmigo? – me sugirió mientras iba quitándome la bata, lo cual yo intentaba evitar porque mi masculinidad se encontraba izando la bandera y no deseaba pasar por la penosa situación que todos esos pares de ojos me miraran como un chaval puberto incapaz de admirar a una mujer bella sin tal reacción

- Tal vez, si vamos a otro lugar más privado

- ¿Qué más privado que nuestra habitación, ken? – me dijo ella

- ¿Cómo me llamaste? – Sentí que había sido un problema auditivo de mis oídos

- Ken, amor, ese es tu nombre – me dijo aquella hermosura

- Ajá, y seguro tu eres la Barbie – le dije sonriendo

- Tú sabes que es así – me miró con esos coloridos ojos azules

- Ah, ya veo, por eso se me hacía conocido esta habitación – comencé a caminar por el lugar – la lámpara de mesa, las gavetas y el singular reloj de Barbie, ah, veo que también pusieron las sábanas color rosa

- ¿Qué te pasa Ken, no quieres hacer el amor conmigo?

- Por favor, es la pregunta que jamás se debería tan siquiera plantear, no hay hombre alguno que no quisiera estar ahorita en mi lugar

- ¿Y entonces?

- Bueno, te voy a ser sincero, no soy actor, bueno si lleve algunas clases de actuación, pero en realidad fueron pocas y no por ello me puedo decir que soy actor, tal vez, simplemente un aprendiz de actor, ya sabes, y por tanto, no creo que pueda calzar los zapatos del tal ken, que es un muñeco infantil con buen rostro, buena quijada, con hoyuelos en la barbilla… - no había terminado de hablar cuando al pasar por el tocador y verme al espejo, ahí estaba frente a mí, la imagen de Ken, el muñeco – Dios mío ¿Qué me ha pasado?

- Amor, te estoy esperando – la chica se había metido en la cama, y sus dos montañas levantaban las sábanas a alturas imposibles. Sin dejarme de mirar, ella metió sus manos debajo de las cobijas y luego emergió su diminuto bikini y lo hizo girar al aire mientras sonreía y luego lo lanzó al suelo

- Te juro que estos muñecos me caían mal, de hecho mis mejores juguetes fueron los soldados y los Transformers, ah, y prefería un pedazo de madera para imitar que montaba a caballo, no lo tomes a mal, pero no te pareces en nada a la Barbie, bueno no con ese cuerpo

- Esas épocas ya cambiaron, la cintura diminuta, y muy delgada, lo que actualmente refleja la belleza femenina son medidas que desean todos los varones

- Bueno, eso si los tienes, bastante medidas

- Ven a la cama

- Mi mente dice que si pero mi miedo me dice que no

- ¿Me tienes miedo?

- Imposible de creer ¿cierto? Pero no sé qué hay debajo de las cobijas

- ¿Por qué no vienes a descubrirlo por ti mismo?

- Eso es lo que me da más miedo que acepté la invitación y luego no salga vivo de esas cobijas

- Te estás comportando como si no me desearas

- Todo lo contrario, me estoy comportando como el hombre que todos debemos ser, tranquilos y controlados

- ¿Creo que por eso han dejado de ser hombres?

- ¿A qué te refieres?

- La cultura de que las niñas jueguen con muñecas, y luego preguntan por qué hay más lesbianismo en el mundo

- Realmente no lo había pensado así

- Pero a mí me encanta mi Ken – en eso salió desnuda de las cobijas y se lanzó sobre mí, pude esquivarla y correr alrededor del cuarto mientras ella me seguía.

- Por favor, para, para, detente chica – le grité pero sin lograr que ella se detuviera

- Quiero sexo salvaje y tú me lo vas a dar – me gritaba enfurecida como loca

- Las cosas no son así, todo tiene su momento y este no es el momento

- ¿Qué? ¿Eres gay? – se detuvo y me lanzo una mirada abajo

- No, para nada, bueno eso creo – Me miré por dentro de la bata – Estoy bien seguro no soy gay

- ¿Y entonces?

- Mira, soy muy tradicional, chapado a la antigua, y con esos ojos que nos ven, no me dan ganas de que nos vean haciendo el amor, ¿comprendes?

- ¿De quienes hablas? – me pregunto sorprendida

- Pues de… - y efectivamente no había nadie, el cuarto estaba absolutamente cerrado en sus cuatro costados, no habían cámaras ni nadie

- ¿Te sientes bien? –

- Pues francamente estoy un poco anonadado, no sé qué está pasando aquí pero quiero sentarme

- Creo que no quieres decirme la verdad – me miró con ojos llorosos - ¿Tienes a otra cierto? ¿Quién es? ¿la Barbie malibu?

- ¿La quién? No, nada de eso, estaría loco en querer engañarte

- ¿En serio? – se me sentó en mis piernas

- Bueno, corazón, estoy cansado de la corrida, y si en realidad me quieres mucho, enséñame la salida ¿sí?

- ¿Quieres irte ya? – me vio nuevamente con los ojos llorosos

- Pero no de ti, sino a caminar, ya sabes, a tomar un poco de aire, así regreso luego con más fuerza con más ánimo con más brillo, ¿comprendes?

- Sí, bueno sal por la puerta y estarás afuera, ¿pero regresarás pronto?

- Créeme que es lo que más desearía – la miraba de arriba hacia abajo

Salí por la puerta que me había indicado y efectivamente regresé al corredor que ya conocía, donde pude constatar que me faltaban únicamente tres puertas más para encontrar la salida de ese extraño lugar. Estaba a punto de tomar la número cinco cuando de pronto alguien me toco el hombro derecho, lo que me sobrecogió y al averiguar quién era mi sorpresa fue mayor, era John. No lo podía creer se encontraba bien, sonreí y lo abracé.

- Veo que si me extrañaste – me dijo con una voz socarrona

- ¿Estás bien? ¿No tienes nada malo? ¿Dónde estabas? – no podía creer y no podía dejar de preguntar

- Bueno, te contestare en ese mismo orden: estoy bien, no tengo nada malo y no sé dónde estaba pero abrí una puerta y llegué a este corredor y te vi, es todo

- Pero yo te vi caer, como que la tierra te tragaba

- Pues sí, caí en una trampa de topo, no me fije y me hundí, pero luego pude salir y al mirar atrás para saber que era de ti, vi esta estructura, entré y aquí te encontré

- ¿Cómo? Solo abriste la puerta y me viste? – No podía creer lo que escuchaba

- Si, así es, te vi, y antes que entrara a esa puerta, te toqué ¿por qué?

- No tienes ni la menor idea de lo que he pasado por salir de aquí y poder ir a buscarte

- ¿En serio? Pues creo que no tardé tanto para llegar acá, creo que exageras un poco

- ¿Exagerar? Bueno, entonces no tengo que seguir abriendo puertas, vámonos por donde llegaste

- Bueno, sí, claro, es por aquí – y como no esperábamos, la tal puerta por donde él ingresó ya no estaba – Qué extraño, la puerta estaba aquí

- Sí, me imaginé

- No te estoy mintiendo

- Sé que no lo haces, pero este lugar es así, tiene vida propia, ahora los dos estamos encerrados en este lugar

- ¿Y ahora qué hacemos?

- Seguir, no nos queda otra cosa por hacer. Así que vamos

- Bueno, entonces, te sigo compañero

Lo que nos asustó fue el sonido ensordecedor de las explosiones a nuestro alrededor, que como se fuera parte de algo planificado, ambos nos tiramos al suelo y nos arrastramos hasta el costado de un vehículo volcado.

- ¿Qué diablos está sucediendo Gab? – me preguntó John, mientras se llevaba los brazos sobre su cabeza

- Creo que estamos en plena tercera guerra mundial

- Pues, pensé que sería una guerra atómica junto con armas bioquímicas, que exterminaría a la raza humana en tan solo una semana

Aquella intervención de John, no me brindaba satisfacción alguna, y más bien provoco que me pusiera más nervioso, mientras el sonido de balas de ametralladora surcaban el espacio y las explosiones lanzando charneles eran escandalosas.

- Creo que ha llegado nuestro fin – le repuse mientras buscaba entre mis bolsas una pequeña medalla de la virgen de Guadalupe que me había regalado mi querida madre no hace mucho tiempo para que me protegiera y me guardara de los peligros

- Nací bajo un endemoniado bombardeo alemán, y ahora moriré sin saber quién nos está atacando

- ¿Para qué quieres saberlo? ¿Piensas salir a saludarlo? – le dije en tono irónico

- No sería mala idea, hasta incluso creo que le invitaría a tomar una taza de té, ah, sí, aquellos deliciosos momentos de té con la tía Mimi

- John, disculpa que te interrumpa pero creo que debemos buscar la próxima salida

- Ese es el problema de la guerra nunca avisa ni permite que disfrutemos de los mejores momentos de la vida

- Bueno, la próxima vez no olvides de informarlo a los generales que siempre exista un alto al fuego para tomar té

- ¿Te imaginas? ¿Pedir un tiempo fuera, como en el baloncesto?