LAS ULTIMAS PUERTAS

Al entrar, era una habitación tan chica que justo alcanzábamos John y yo. Y para mayor gracia de todo esto, frente a nuestras narices estaba la puerta con el número siete, pero ninguno de los dos podíamos mover los brazos para alcanzar la perilla y abrir la última puerta.

- ¿Y ahora qué hacemos? – me preguntó él

- No lo sé, no puedo darme la vuelta para regresar por donde entramos

- No puedo alcanzar la perilla para que sigamos

- Este lugar es muy chico

- ¿Y me lo dices a mí que te tengo atrás de mí?

- ¿Qué insinúas?

- Nada, pero es mejor que pienses en agua fría

- Déjate de payasadas, y pensemos que hacer para salir de aquí

- Me vas a perdonar, amigo, pero se me están durmiendo los brazos porque no los puedo levantar

- Los hombros me están doliendo

- Y tengo que ir al baño a hacer el segundo

- ¿Eras tú? Por dios, que olor más horrible

- ¿Y qué esperas?, hace rato que no voy al baño

- Estuvimos en uno, y ¿no fuiste?

- Disculpa pero estábamos escapando, nadie se siente cómodo para pensar en ir al baño, sentarse y hacer sus cosas con cariño y ternura, no creo que alguien pueda bajo presión mandar en su %$&%&/% y poder hacer las cosas como quisiera

- Sí, te entiendo, tienes razón, ya calma, esto lo vamos a resolver

- ¿sabes? Estoy feliz

- ¿de qué? ¿de perfumarme?

- No, que estamos aquí como dos amigos bien “cercanos” – y se rio con tal fuerza que me contagió y pasamos de la risa a las carcajadas, y nuevamente el ruido tan peculiar nos dio más motivo para reír

- Si no salimos pronto de aquí, John, moriremos de asfixia o envenenados – y las risas continuaron más seguidos

- Oye, ¿conoces algo de clave morse?

- No, John, ¿por qué?

- Tal vez alguien nos escuche del otro lado y nos abran

- ¿Después de todo el ruido que hemos hecho, y crees que si hubiera alguien no nos hubiera escuchado?

- Sí, tienes razón mala idea

- ¿John?

- ¿Qué?

- Tengo que orinar

- No, por dios ¿ahora?

- Ya no me aguanto

- ¿y dónde estaba todo ese sermón de que tuviste la oportunidad de hacer tus necesidades en el baño?

- Es diferente

- ¿En qué es diferente?

- Tus olores no son a rosas, mientras que lo mío es simplemente agua

- Como quieras, es cuestión del punto de vista con que se ven las cosas para uno, pero adelante, te invito a que me orines todo el rabo

- Lo siento en realidad lo siento – y no me quedo más remedio que abrir el grifo de mi vejiga – ay, qué bien se siente

- Ahora huele a berrinche, bueno, es mi turno que esas cervezas me llenaron completamente

- Adelante

No sabíamos cuánto tiempo teníamos de estar en esas posiciones inmóviles, pero realmente era muy molesto y las piernas estaban flaqueando del cansancio.

- Qué horrible, morir como sardinas – exclamó John

- Cuando algún día abran esta puerta, encontraran dos esqueletos

- Ya no aguanto más, ¿Qué diablos es esto? ¿una trampa? – John, estaba comenzando a impacientarse

- No tiene sentido, venía bien, abría y cerraba las puertas

- Esto no está bien, nada bien

- Bueno, solo que esta vez, entre contigo junto, sin ver el espacio que había

- ¿Cómo iba a saber que entrarías como siamés pegado a mi sin darme la oportunidad primero de abrir la otra puerta?

- ¿y por qué eres tan lento? ¿Qué se tarda en abrir una dichosa puerta?

- ¿Y ahora resulta que yo soy el culpable?

- No he dicho, pero simplemente, digo que las primeras cinco puertas, las abrí porque entraba solo y no había problemas, es todo

- Bueno si no te gusta la situación, salte del closet solito

- Ni que fuera Houdini

- Entonces, deja de decir tonterías ¿quieres?

- Ya, está bien, no liquidemos el poco oxigeno con discusiones vanas

- Es lo que estaba pensando, caray

Aquello parecía una eternidad, todo mi cuerpo estaba dormido, inerte, no sentía absolutamente nada. Y John, como si no pasara nada, se quedó dormido, así de pie, y lo podía escuchar roncar. “No podía ser peor” pensé. Hasta que al final no aguante más, y estalle.

- Abran, abran, abran – gritaba con todas mis fuerzas moviendo mi cabeza para golpear las paredes

- Cálmate, cálmate, que ni van a venir, y me vas a hacer estallar mis oídos

En eso se oyeron unos pasos al otro lado de la puerta siete, y como si nos hubiéramos comunicado mentalmente, ambos comenzamos a gritar que abrieran y a golpear con la punta de los dedos y las cabezas, las paredes. Finalmente, la puerta se abrió y ambos caímos hacia el frente, uno encima del otro porque no podíamos dar un solo paso. Qué dolor tan espeluznante recorría nuestros cuerpos, mientras un hormigueo nos decía que la sangre volvía a recorrer nuestras venas y delante de nosotros, el diminuto amigo Kwark, quien nos veía como bichos raros.

- Gracias, muchas gracias por habernos oído y rescatado

- No sé a qué te refieres, pero solo vine a utilizar el baño

Nos movimos para que el pequeño sujeto ingresará en la habitación que dejábamos y tras de sí, cerró violentamente la puerta. Aún no entendía lo que había ocurrido, pero al menos John y yo estábamos con vida.

- Esto sí que fue pesado ¿no lo crees? – fueron sus primeras palabras tras el trágico momento que habíamos enfrentado

- Bueno, si tú lo dices – lo dije con un mal sabor de boca

- ¿Me vas a decir que no estuvo de pelos? – y esta vez sonrió mientras me daba una palmada en mi espalda

- Bueno, lo importante es que ya salimos

- Eso sí, siempre lo importante es salir a tiempo – y la carcajada fue la culminación de su frase celebre

- ¿En dónde estaremos? – Solo se veía cielo azul y nubes, un hermoso espectáculo frente a nosotros, por lo que parecía nos encontrábamos en la cima de alguna montaña, aunque no se notaba más cerros en los alrededores

- Me parece que es el Himalaya

- ¿tú crees? – Me daba cierto temor arrimarme a la orilla del risco

- Pues, si no se puede ver nada más, es porque estamos en el pico más alto

- ¿En el más alto? ¿Y cómo es que podemos respirar entonces?

- Ah, mi amigo, ese es uno de los misterios más maravilloso de la naturaleza

- No lo sabes ¿cierto?

- No, no lo sé, pero lo podremos averiguar

- ¿Cómo?

- En esa humilde choza allá arriba

- ¿Cómo lo sabes?

- Pues, si alguien vive ahí, es porque puede respirar mejor que nosotros, y si puede respirar con tanto tiempo aquí arriba, entonces tiene la respuesta a nuestra inquietud

Acto seguido, se alejó de mí en dirección a aquella pequeña casa hecha de paja y barro. Casi no sentía mis pies, pero igual, no podía quedarme ahí esperando, tenía curiosidad por ver quien habitaba aquellos parajes y además tener la esperanza de encontrar otra persona normal y al mismo tiempo que tuviera algo que comer y beber. El lugar no tenía puerta alguna, solo dos ventanas a cada lado pero sin nada que lo cubriera, el piso era de madera, y John, ingresó luego de avisar que estábamos presente pero nadie contesto.

Adentro, había una pequeña mesa con cuatro taburetes, o sillas de tres patas de madera artesanal, y una pequeña chimenea, con fuego y lo que parecía ser una olla de hierro con algún tipo de líquido que expelía un aroma refrescante, que parecía más menta que otra cosa. En el interior, y a pesar de mis advertencias, John, se encontró con solo una habitación, sin cama alguna ni muebles, más que un pedazo de lona en el suelo y unos objetos de madera, cuyas figuras amorfas indicaban que el lugar era algún tipo de centro de adoración o de brujería. Escuchamos pasos en el patio trasero, y nos apresuramos hacia allá.

La vista era hermosa. Árboles frutales de todo tipo, un verdor en la grama, venados y cabras por doquier y un pequeño hombre calvo, vestido como monje tibetano, alimentando con granos unas gallinas. John y yo, nos vimos, y nos aproximamos donde aquel hombre que parecía que no le importaba nuestra presencia o al menos es lo que parecía. John, rompió el silencio:

- Muy buenas, hola, hello, hallo –

- Seguro no entiende nuestro idioma – le dije en respuesta a su insistencia

- O en realidad él es sordo – me contestó sonriendo

- Disculpen ustedes, pensé que hablaban con las gallinas – dijo el despreocupado anfitrión

- ¿Por qué íbamos a hablar con las gallinas? – le preguntó John

- Porque ellas son las únicas que cacarean sin parar

- Disculpe es que le estuvimos saludando y usted no nos respondía – realmente me sentí que nos quería ver la cara de babosos

- ¿Por qué saludar? No ser mi cumpleaños – continuaba lanzando los granos sin vernos a los ojos

- Es parte de los buenos modales – le respondió John, un poco alterado

- ¿Ser parte de los buenos modales entrar a un lugar sin ser invitados? – Ambos nos volvimos a ver comprendiendo que aquello era un reclamo

- Mire señor, lamentamos haber ingresado sin permiso, pero el lugar estaba abierto

- Abierto porque no haber puerta, pero tampoco haber letrero que diga que pueden pasar

- Lo entiendo pero…- quise aclarar las cosas

- Estos animales tener mejores modales, esperar a que Yovita, venga a dar de comer, no entrar a casa de Yovita

- Yovita ¿usted es Yovita? – John se le aproximo para buscar los ojos del monje

- ¿Tener cara de Yovita? – le respondió

- Bueno, es que en el contexto de lo que dice, era claro que se refería a usted – quise ayudar a John para que las cosas se calmara

- Yovita, ser el balde de comida que Senyak lleva en las manos

- Disculpe usted, es problema del idioma – sentía que no íbamos para ningún lado

- Problemas de oídos, no de idioma – Dejo de lanzar el grano y se metió a la casa, detrás nos fuimos

- Perdón señor, …- no recordaba bien su nombre

- Sankey, o algo así – repuso John

- Oigan, ustedes, ser cierto que en occidente cometen mismo error dos veces – nos salió al encuentro cuando íbamos por su habitación – Y ser Senyak, no Sankey

- Perdón, pero ya le dijimos que sentimos entrar pero es que necesitamos respuestas

- Solo hay respuestas a preguntas y aún no las haya – se sentó en el centro de la habitación en aquella lona

- ¿Dónde estamos?

- En mi humilde morada

- Ya lo se

- ¿Por qué preguntar entonces?

- Lo que mi amigo quiere saber, es que lugar es este, algún monasterio? - dijo John, mientras se sentaba al lado de aquel sujeto

- Es lo que ustedes quieren que sea

- En ese caso quiero que sea McDonalds – respondió John

- McDonalds será – apuntó el monje

- Fue una broma de mi amigo – agregué – ese McDonalds, es un restaurante de hamburguesas

- Él quería que fuera McDonalds, entonces lo es

- ¿sí? ¿Y las hamburguesas? – consulto John en tono burlesco

- ¿Tener dinero para comprarlas? – preguntó el oriental

- Bueno, claro que no

- Entonces no interesa que existan las hamburguesas

- Olvidemos esas tonteras de las hamburguesas ¿podría decirnos donde está la salida de este lugar?

- Ah, buena pregunta – exclamo el monje

- Qué bien, ¿y cuál es la respuesta? – volví a insistir

- ¿A qué? – mantenía los ojos cerrados como si meditara

- Usted dijo que era buena pregunta, entonces, quisiera saber cuál es la respuesta

- ¿A qué? – volvió a preguntar y eso estaba cansando

- A la salida ¿Dónde está la salida de este lugar?

- Respuesta muy fácil, la salida estar detrás de ustedes, que tengan buen viaje – y comenzó a realizar un tipo de canto profundo, John y yo comprendimos que no obtendríamos ninguna respuesta con ese hombre, así que salimos

- Estamos sobre una montaña, lo lógico será buscar la forma de bajar de ella

- ¿Estás loco John?

- Es lo que siempre me decían, pero en realidad no lo estoy

- Perdón, no quería referirme a eso, si no es una expresión tu sabes

- Tranquilo, estoy bien, ahora cómo bajamos

- No lo sé, realmente creo que deberíamos explorar los alrededores primero, tal vez exista alguna puerta que nos permita salir sin necesidad de que nos vayamos a quebrar la madre en esos riscos

- Bien dicho, entonces a buscar

- Pero rodeemos la casa, para que el loco ese no se vaya a enojar nuevamente

- Tienes razón

Finalmente ambos coincidimos en caminar hacia el patio trasero de aquella choza, para ubicar alguna otra salida de ese lugar. Pasamos entre los animales domésticos que tenía aquel sujeto, y seguimos caminando hasta llegar a lo que sería el final de aquella cima. Y al igual que el otro lado, no había nada, más que un abismo y montañas a lo lejos. Nos sentimos frustrados, al parecer nos encontrábamos en un camino sin salida, en una dimensión que nos aprisionaba en aquel lugar. No había más alternativa que volver a la casa de aquel extraño monje.

Esta vez fuimos más cuidadosos, golpeamos el marco de la puerta, que no tenía puerta alguna, pero nadie nos respondió. Era obvio que había alguien adentro porque en el patio no había nadie, de ahí veníamos, así que un poco molesto ingresé de todos modos y como ya era conocido su interior, me fui directamente a donde estaba aquel loco, pero más bien al cruzar el umbral, una chica completamente desnuda bañándose dentro de una especie de caldero, gritó con todas sus esfuerzas asustad al verme invadiendo su privacidad.

- Disculpe, señorita, disculpe – Salí inmediatamente del aposento avergonzado, que por poco colisionó con John, que había acudido al escuchar el grito

- ¿Qué paso? – me preguntó sorprendido

- No, no entres – le puse mi mano derecha en su pecho – ahí adentro hay una chica bañándose desnuda

La sola mención de la desnudez de la chica, sirvió únicamente para que John, me quitara la mano y siguiera hacia aquel cuarto. Nuevamente el gritó de la chica no se hizo esperar mientras mis ojos se cerraban en clara alusión que era lo que se podía esperar ante la intromisión de John. Él por su parte, regresó sonriendo de aquella hazaña, mientras sacaba un cigarrillo, el cuál inmediatamente le quité de la boca.

- Oye, ¿Qué te pasa? – me inquirió

- Estamos a miles de metros del nivel del mar, y te atreves a fumar aquí, donde casi no hay aire y ¿vas a quemar el poco oxigeno de tus pulmones? – lo mire detenidamente

- Si – fue su respuesta cortante mientras me quitaba el cigarro nuevamente y lo encendía

- ¿Ahora qué hacemos? – le pregunté a John, sin tener más ideas

- No sé tú, pero yo volveré a entrar – Me dijo mientras realizaba el típico movimiento juvenil de espiar a aquella chica, pero al querer detenerlo, él mismo se sonrió y regresó junto a mi

- Francamente aquí hay gato encerrado, ¿no lo crees?

- Bueno, no sé si un gato, pero allá si hay una chica encerrada en su baño

- Este lugar es muy sencillo, no tiene más que una habitación y un patio, y la parte frontal, ¿de dónde salió esa chica?

- Esa es una buena pregunta, y creo que deberíamos ir allá y preguntárselo – y lanzo una carcajada

- Déjate de broma, que esto es serio, necesitamos encontrar al monje y obligarlo a que nos diga cómo salir de aquí

- Y, no se te ha pasado por la mente que tal vez, ese monje no era monje, sino esa muñeca que está ahí adentro – me miró pícaramente

- Vamos, John, cómo va a ser posible eso, aquel anciano convertido en esa bella chica – mi posición era escéptica a aquel comentario, pero también mi mente no desechaba aquella absurda idea, sobre todo porque no me encontraba en un lugar normal - ¿tú crees?

- No sé, pero la lógica dice que en este lugar solo estamos nosotros dos y esa chica, así que si el anciano no es un fantasma entonces, tiene la habilidad de – e hizo el sonido y movimiento de mano caída

- Creo que hubo una caricatura sobre eso de un chico que se volvía chica a su voluntad

- ¿Ya te estás enamorando del viejito? – me toco la mejilla con su característica sonrisa sarcástica

- No juegues – la idea me resulto divertida y sonreí – entonces, vamos a preguntar

Muy despacio, me aproxime al umbral, y con mi mano derecha hice un movimiento al interior de la habitación para que la chica viera mi mano primero y no pensara que íbamos a ingresar.

- ¿Qué quieren? – preguntó ella

- ¿Eres tú el monje? – desde un lado de la pared pregunté un poco incomodo

- No, ese es mi abuelo – volví a ver a John, un poco más tranquilo sobre aquella descabellada idea

- Ah, ya veo, ¿y no sabes cuándo regresa tu abuelo?

- Él está afuera alimentando a los animales

- No puede ser, acabamos de venir de ahí, y él no estaba en el patio

- ¿Dices que estoy mintiendo? – su voz sonaba amenazante

- No, no, simplemente estaba asegurando que veníamos de ahí

- Pues no los había visto pasar desde el patio

- Es que rodeamos la casa

- Entonces venían del otro lado, no del patio – aquellas palabras nos abrumaron y al mismo tiempo nos contrariaba

- ¿a qué te refieres?

- Que nuestra humilde vivienda solo tiene patio, interior y frente, al lado es otro mundo

- ¿Quieres decir, que a los lados de la casa, se ve su casa pero ustedes no están ahí?

- Que rápido entender ¿Ahora me pueden dejar bañarme, por favor?

- Sí, claro – me iba a retirar cuando recordé que la misión era hablar con el monje – no, disculpa

- ¿No? – gritó la chica – que son ustedes ¿Unos pervertidos?

- Disculpa – se apresuró John, en intervenir – pero es que debemos pasar por el frente de tu puerta para ir hacia el patio

- Háganlo entonces, pero no vuelvan a ver para acá

- Como si fuera fácil – me susurró John al oído

- Bien, señorita, vamos a pasar ya – le anuncié a la chica

Llevando nuestra mirada del lado contrario y a paso rápido, cruzamos el corredor hacia el patio, que por esa acción, no miré que había una cabra obstaculizando la puerta, y caí de bruces sobre ella, y luego golpeando mi rostro en la tierra. El dolor fue terrible y las carcajadas de John, no se hicieron esperar.

- Otra vez ustedes aquí – nos dijo pasivamente Yovita

- Sí señor, parece que por el momento estamos atorado en este lugar – le contestó John, mientras se movía hacia un madero que utilizo para sentarse

- Eso no es posible, de dónde ustedes vinieron, es por donde ustedes deben regresar

- Esa es la solución a nuestros problemas, pero la razón que no podemos cumplir con esa ecuación, es que no sabemos por dónde venimos

- Eso no tiene lógica alguna – nos contestó pacientemente el monje – pues todos venimos de algún lugar y eso es algo que sabemos, por ejemplo, ustedes vienen del interior de mi humilde morada hacia aquí en este patio

- Parece que no nos vamos hacer entender – se levantó John, tratando de mediar en este debate – mire humilde anciano

- Mi nombre es Yovita

- Lo que sea – respondió John, quitando parte de la importancia hacia el Monje – lo cierto es que por alguna razón, vinimos a este lugar por una puerta mágica y la misma desapareció, y hemos descubierto que estamos en la cima de una montaña en la cual no hay salida alguna, y menos si queremos bajar de aquí sin rompernos el cuello, ¿comprende?

- ¿Puerta mágica? ¿No están grandecito para creer en magia? – al parecer que lo explicado por John, le ocasionó cierta gracia aunque no la manifestaba

- No esperamos que nos crea, pero lo que le dijo John, es cierto – Soné más a desesperación que a confirmar lo dicho por John

- ¿Y no pueden encontrar esa puerta mágica de la misma forma como entraron por ella? – Lo peor del caso es que ni siquiera nos miraba a los ojos sino que con su pasividad seguía dando de comer a los animales

- ¿Crees que si eso fuera fácil, estaríamos aquí con usted, discutiendo y mirándolo como da de comer a esas aves?

- Hablas con sabiduría – me respondió aquel individuo

- ¿Hay alguna manera de bajar de esta montaña? – le preguntó John, mientras se cercioraba que el contenido de una de los recipientes que el anciano tenía en el suelo, fuera comestible, probó un poco y luego lo escupió

- Usando una alfombra mágica – y me miró fijamente y regreso a su actividad

- Ja, Ja, se me parte los labios de la gracia – contesté en tono de fastidio ante aquella sugerencia que no hacía más que enojarnos, mire a John y agregue: - Es mejor que nos vayamos porque no nos piensan ayudar

- Creo que tienes razón ¿pero, hacia dónde iremos?

- Porque no bajan por el tobogán – dijo la voz del interior de la casa, que había determinado era de la misma chica que se había bañado

- ¿tobogán? ¿Cuál tobogán? – pregunté con curiosidad

De pronto una hermosa geisha salió del interior de la casa, aquella chica que se bañaba, estaba vestida con una especie de kimono tradicional, y en unas zapatillas de madera chistosa, bueno es lo que me parecía, y el cabello recogido con una especie de palillo de madera que lo atravesaba, nos sonreía, y esos hermosos ojos café, nos invitaba a mirarla irresistiblemente, y con un movimiento grácil de su brazo derecho nos guiaba a buscar la salida de la vivienda, lo cual hicimos como hechizados, y la seguimos, esta vez por el lado izquierdo lateral de la choza, y de ahí hasta un desfiladero donde pudimos ver que iniciaba el extremo de una especie de tobogán de hielo, completamente blanco pero que no podía observase en donde terminaba allá abajo.

- ¿Qué crees John? – le pregunté a él ante la adversidad que estaba frente a nosotros

- Bueno, entre quedarse aquí con el viejo loco ese y buscar regresar a nuestra civilización, creo que vale le pena – luego se acercó a mí para susurrarme al oído – y no creo que esta belleza quiera deshacerse de nosotros, enviándonos a deslizarnos hasta el infierno, ¿no crees?

- Bueno, en realidad no me molestaría quedarme aquí con ella – le respondí con la voz baja mientras sonreía

- ¿Necesitas que te empuje? – fue su sugerencia

- ¿Crees que tengo miedo?

- No, yo solo sugería

- Después de ti mi amigo

- ¿La belleza antes que el talento? – repuso

- No, primero el conejillo de indias y luego el compañero –Era obvio que aquello no era le mejor idea pero no teníamos otra alternativa

- Entonces, ni modo, síganme los valientes – y se lanzó al tobogán gritando a todo pulmón y en forma rápida le perdí la vista ante la primera curva debajo de mis pies

- Bueno, creo que será la última vez que nos vemos – le sonreí a la geisha – aunque no supe tu nombre

- Teiko

- ¿Teiko? Lindo nombre

- Gracias

- Lástima que no hubo tiempo para conocernos – me senté en el filo del tobogán para darme ánimo y lanzarme sin que aquella bella chica supiera el miedo que sentía en todo el cuerpo

- Tal vez nos veamos mañana

- ¿Ah, sí?, pues no lo creo – y en eso conté mentalmente hasta tres para impulsarme

- Sí, porque mañana viene el helicóptero que nos llevara a mi abuelo y a mí al pueblo – fue lo último que escuché sorprendido “¿un helicóptero?” y nosotros bajando como locos en aquel tobogán de la muerte

- ¿Qué? – fue lo último que grité mientras la velocidad en que me deslizaba no sabía si la chica había escuchado. Y era cierto, “por qué?” ¿Por qué no nos había dicho que un transporte llegaría por ellos para ir al pueblo, así hubiéramos esperado un día más y no tendríamos que sucumbir ante aquel vacío que me llevaba los pelos del cuerpo de punta.

La tercera y cuarta curva, eran más sinuosas y aumentaba la velocidad, hasta que me di cuenta que era porque seguido venía una recta y con ella tres semi círculos, que sin necesidad de asiento, ni ruedas, giré en cada una de ellas, muy similar a las montañas rusas modernas, y luego delante de mi había una bifurcación, con dos entradas pero no había forma de escoger alguna, así que solo me lleve las manos a los ojos para no ver contra que iba a chocar. No se por alguna razón la música “Rock and Roll Music” de la banda británica, en la voz de John, se me vino a la mente mientras aquel tormento se me hacía interminable.

Luego llegué a la autopista de toboganes, en un lado pingüinos y en el otro morsas y focas, mientras a lo lejos alcance a ver a John, que iba leyendo una especie de periódico tan tranquilo que pensé que faltaba que alguien llegara a servirnos una taza de té con una rodaja de limón, nuevamente frente a mi cuatro cuevas con sus respectivas entradas, no quería saber a dónde llevaría las otras así que me mantuve en mi tobogán. Y sin lugar a duda en ese lugar nada era normal. De pronto todo se oscureció y aun podía sentir la fuerza de la atracción por la velocidad pero no podía ver nada, más que el ruido del viento y el de mis dientes rechinando.

Podía escuchar como pedazos de hielo se desprendían de algún lado, y caían haciendo un estruendoso ruido a mí alrededor, y pensé que era mi fin, alguno de aquellos casquetes me molería el cerebro si llegara a caer como un enorme clavo sobre mi cabeza y me taladraba los pensamientos. ¿Por qué yo? ¿Por qué me estaba pasando aquello? Lo único que quería era enseñarle a John, que había un lindo lugar donde las luces tenían música, pero lo menos que habíamos logrado era escuchar música. Escuchar “From me to you” en esos momentos fue bastante confortante, y de pronto aquella oscuridad dio paso a pequeñas esferas de colores que flotaban por todos lados, al ritmo de aquella canción que sonaba en mi interior.

De seguido “Can´t buy me love”, “Revolution”, y luego en lugar de esferas, eran laser de colores y globos transparentes con las letras de las canciones en azul, que cuando quise atrapar una de ellas, la voz cambiaba, y parecía que era yo quien cantaba, y luego, la voz de una chica, de un niño, de un anciano, de un robot, aquello parecía de nunca acabar y me divertía que se me había olvidado en el gran peligro que significaba aquello. Y esa frase “all right” de que todo iba a estar bien, parecía que alguien me hablaba y me apoyaba. De pronto, salí a la luz nuevamente, y había llegado al final del recorrido y las cosas habían cambiado, incluso yo mismo, todo era caricatura animada.

- Llegaste al fin, mira, ni siquiera cuando filmamos Yellow Submarine, pudimos hoy en día con todos estos avances ser más reales

- Sí, parezco los Simpsons

- Somos mejores que ellos, sobre todo porque no somos amarillos

- Claro, ahora somos dibujos animados

- Y los dibujos animados siempre están felices

- Pero no puedo pasar como tal toda mi vida

- ¿Por qué no? Ellos son eternos

- ¿Y para qué ser eternos?

- En eso tienes razón, llegaría ser aburrido haciendo las mismas tonteras

- Mira, John, allá – Mi alegría fue infinita, allá estaba la puerta con el rotulo de salida

- Mira, Spielberg, mejor que Avatar – John, se había montado sobre una especie de ave gigante y despegó surcando los cielos

- John, bájate, que tenemos que irnos – le gritaba pero aquel parecía un niño en su juego infantil

- No seas agua fiesta, habrá tiempo para seguir en tu aburrida vida, diviértete ahora

- ¿Divertirme? – En realidad, había estado tan compenetrado en buscar la salida que no había aprovechado la aventura que estaba viviendo en todos aquellos pasajes. De repente me di cuenta que había pasado más preocupado, buscando la salida más rápida que toda aquella emoción de vivir algo diferente, había pasado a segundo plano. Me quedé observando aquella puerta de salida.

John, hacía piruetas con su nueva mascota, y de un pronto fijo su mirada buscándome, y no me vio. Se entristeció porque pensó que había cruzado aquella puerta y me había ido, cuando de pronto le grité, estaba en otra ave más grande volando a su lado.

- Parece que tienes complejo por el tamaño – me dijo sonriendo

- Era lo único que estaba disponible – mi carcajada como siempre fue la más sonora que rompía la velocidad del sonido, bueno tal vez exageraba

No recordaba cuando fue la última vez que había atentado contra la gravedad, éramos dibujos digitales computarizados, pero reales, volando sobre unos bichos extraños de múltiples colores, sobre cerros, grandes y altos árboles. De repente pude reconocer la montaña del monje, ahí estaba junto con sus animales y la bella nieta. Moví mis brazos saludándolos.

La ciudad bombardeada, con los nicaragüenses de aquella taberna, todos nos saludaban. Luego aquellos diminutos seres en aquel gigante jardín, los actores, los extraños seres jugando fútbol, cada uno de los pasajes que había visitado, ahora los miraba desde arriba, y era curioso como extrañaba toda aquella emoción, algo dentro de mí parecía que había cambiado. Nada sería igual. El ave graznó avisando que estábamos al final de la travesía. Descendió como una pluma despacio hasta el suelo de ladrillo rojo. Ahí estaba kwark, esperándonos.

- Espero que no hayan lastimado a las yorkinas

- No, para nada son buenas aves – me baje y le acaricie la cabeza

- Esto estuvo pesado – John, parecía un crío feliz con todo lo acontecido

- Me alegra que les haya gustado el paseo – dijo el diminuto amigo

Las aves, comenzaron a disminuir de tamaño y mientras eso sucedía se transformaron en unas hermosas chicas. Bueno, había escuchado de sapos que se volvían príncipes, pero esto sí que era demasiado.

- Wow, mira amigo, veníamos montado sobre ellas – sonreía mi compañero de viaje

- Perdón, no lo sabíamos

- Tranquilos, ellas ofrecen ese servicio sin cobrar – salió al paso nuestro anfitrión

- Sí que todo esto fue bien extraño ¿no John?

- Pues, me pareció completamente divertido amigo

- Si me acompañan, les mostrare la salida – dijo kwark, y se adelantó en el pasillo para llegar a la última puerta que simplemente decía SALIDA.

- Al fin

- ¿Qué pasa? ¿Ahora no quieres irte? – Había algo detrás de la pregunta de John, que sabía esperaba una respuesta inmediata

- No, no es eso, simplemente que aun saliendo de este edificio, aún tenemos camino por recorrer para encontrar o el lugar del que te hable o el regreso a casa

- Vamos, sea lo que sea, seguimos juntos, y verás que llegaremos a dónde queremos ir

- Bien dicho – agregó Kwark – y como es mi día de descanso, iré con ustedes

- ¿En serio? – grito John – mi propio duende

- No soy ningún duende – respondió molesto

- Bien, pongámonos en marcha – les dije