MI TESORO
Al momento de escuchar esas palabras, la mujer de cabello negro se puso fría, un escalofrío recorrió toda la espalda así llegando a todo su cuerpo, tenía la piel erizada y pálida como la porcelana, no hay que mentir, ella ya tenía en mente que el chico estaba por morir o en sus últimos suspiros. Durante unos dos minutos ninguna de las dos se dió el atrevimiento de seguir hablando, estaban en completo silencio, pero la peli negro decidió volver a hablar para saber más del tema.
—Lo siento, no sé que decir al respecto tal vez no quieras hablar del tema, pero...¿me puedes decir qué le pasó?–dijo a un casi tono de susurro y con una voz media temblorosa, sus manos se cerraban y abrían, sus piernas titireaban y sus cuerpo seguía algo frío por el impacto.
—Su cáncer comenzó a atacar más fuerte, hace tres días está internado...–respondió con el mismo tono de temblor, pero se escuchaba un eco de fondo, como si estuviera en el pasillo del hospital o en una habitación totalmente vacía–Según lo que me comentó Gustau, se tendrá que quedar durante unas semanas, más bien, meses más...
—Ah...estoy completamente en blanco, lo siento tanto, me gustaría ir a visitarlo o algo, pero no me creo capaz...–dijo con un tono de dolor, no era nada del chico, solo lo vio una vez, pero desde esa vez comenzó a tener un apego emocional bastante fuerte, algo que nunca tuvo que hacer.
—Debes de estar muy ocupada y más con el caso este que peleaste mucho para obtener, no te preocupes María...Le enviaré tus deseos y bendiciones–dijo intentando calmar a la mujer, parecía que en cualquier momento su voz se quebraría por completo–Tengo que irme, lo siento, pero te llamaré más en la noche, ¿De acuerdo?.
—Claro, no te preocupes, seguiré trabajando y Aurora...–respondió haciendo una gran pausa entre la frase–Gracias.
María termino la llamada antes de que la otra mujer pudiese responder, el impacto que se provocó simplemente por querer conocerlo, fue muy fuerte. Dentro suyo había una voz que le repetía una y otra vez su error, se sentía bastante vulnerable, comenzó a creer que era cierto que el chico tenía un don para que las personas se acoplarán rápidamente con él.
"Tengo que adelantar todo" pensó mientra se levantaba de su silla para llamar a su secretaria, quería que todo el juicio legal comenzará de una vez para que no sea demasiado tarde. Cuando la dulce chica entro a la oficina, noto con simpleza que su jefa se la veía tensa y estresada, ya conocía que pasaba cuando la veía de esa forma. La mujer le empezó a explicar que debían de adelantar el caso, no dijo las verdaderas razones, solo dijo que era necesario por su apretada agenda. Después de una hora tratando de buscar un día en específico para comenzar el tribunal, decidieron que sería era el día lunes 5 de septiembre, era dentro de unas dos semanas semanas y media, era lo más cercano porque tenían que recolectar información, antecedentes, etcétera. Desde ese momento, todo fue un caos para poder comenzar a trabajar.
"Colgó muy brusco..." Pensó Aurora quien estaba esperando en el pasillo del hospital, la mujer estaba muy afligida al no saber que hacer, le habían recomendado no estresar ni angustiar al chico porque podría interferir en su salud. Dentro de la habitación estaba únicamente la madre del chico, su hijo y Tamara habían ido a comprar unas cosas, también regresaron a la casa para poder buscar ropa limpia, entre otras cosas. Después de estar varios segundos fuera, decidió entrar a la habitación para estar con la mujer, se la veía tensa, estresada y angustiada.
—Luvia, ¿no quieres dormir un rato en ese sofá? Yo me quedaré aquí con él–dijo Aurora poniendo su mano en el hombro de la mujer, cuando la volteo a ver se la veía tan cansada, tenía los ojos rojos con grandes ojeras.
—Estoy bien...no quiero dejarlo solo–respondió frotándose los ojos y volviendo a ver el delgado cuerpo dormido–Nunca me imaginé ver a mi propio hijo en este estado, es tan...devastador–volvio a hablar, su voz ya parecía afónica y quebrada, a duras penas podía seguir.
—Te comprendo a la perfección, y por eso mismo insisto en que vayas a dormir algo...estoy segura de que a él no le gustaría verte así de cansada–dijo dejando su bolso a un lado y sentándose en la otra silla libre que yacía en el lado derecho de la mujer–Yo me quedaré aquí, además, Gus y Tamara no tardarán en llegar.
—De acuerdo...–dijo aceptando después de varios segundos sin responder, se levantó de la silla y fue a dormir un poco en el sillón rojo de la esquina.
Aurora se quedó viendo toda la habitación, como cualquier hospital, era blanca con eco y un abrumante ambiente. Dante estaba en la habitación 15, creían que era la habitación con mejor vista, estaba repleta de flores, cartas con mensajes alentadores, globos, etcétera, la (todas) mayoría eran por sus compañeras de trabajo, cuando Samantha y Victoria se enteraron de la decaída del chico, decidieron contarle a todas las chicas sobre la verdadera razón por la cual Dante ya no asistía al trabajo. Todas estaban bastante afectadas, aún recordaban la última vez que vieron al chico por el café, se lo veía tan magnífico, espléndido y tranquilo, nunca creyeron que lo verían tan decaído, demacrado y triste, lo extrañaban cada día. Durante esos tres días que él estaba internado, iban por la mañana o tarde a dejarle cosas, era algo que eligieron hacer para poder hacerlo un poco más tranquilo y hacerlo sentir en su propia creación (Ziho), también le llevaron alguno de los libros que él estaba leyendo o en su lista de "Libros por leer", todas lo fueron a visitar, excepto Gisel. El realidad ella no tiene mucha historia, después de que Gus la sacará a casi patadas de su casa, no sé volvió a aparecer por el café, lo tomaron como renuncio y contrataron a otra chica.
—Ya llegamos–dijo una voz agitada entrado por la puerta, era Gus, parecía como si se hubiese corrido toda Sevilla, cerró la puerta y se sentó en la silla libre–¿Cómo sigue él?
—Él está durmiendo, sus pulsaciones están bien, ¿Y Tamara?–respondió notando que faltaba la presencia de la chica.
—Fue al baño, convenciste de que durmiera...–dijo volteando a ver a Luvia que se veía que estaba en su octavo sueño.
—Sí, le dije que yo me quedaría a cuidarlo mientra llegaban–respondió sin quitarle la vista al chico que estaba durmiendo, se veía tan tranquilo, y relajado–Tengo que decirte algo, Gus...–volvio a hablar, está vez lo volteó a verlo, su cara estaba sudada y roja, su respiración entre cortada indicaba que si había corrido para llegar a tiempo–María me llamo para decirme que si le dieron el caso...si Dante sigue en esta condición, deberás de ir tu a testificar por él...
—No, perdón, pero ni él ni yo iremos, no lo dejaré aquí solo–dijo interrumpiendo por completo, estaba feliz de que el caso se le haya asignado a la mujer, pero dentro suyo quería ser egoísta y no quería dejar ir al chico a ese lugar donde lo pondría mucho más tenso–Nos dijeron que no debe de estresarse, ni angustiarse, y no lo quiero dejar aquí durante no sé cuántas horas, quiero estar a su lado hasta que mejores.
—Hijo, escúchame, alguien tiene que testificar contra Sebastián y tú eres el único que lo puede hacer–volvio a hablar tomándole las manos para que se pudiera calmar un poco, se lo veía temblando y algo exaltado–Mira, yo te prometo que solo irás a testificar y ya luego no volverás aquí, haré lo posible para que no vayan, pero te necesito al menos en una de las sesiones...
La mirada de Gus estaba perdida en el chico que aún dormía, analizaba todo su rostro que trasmitia cansancio, después vio el monitor dónde estaban las pulsaciones, los cuales estaban estables. Estaba decidido a no dejarlo ni un día solo, no pensaba en que el chico fallezca ni nada, solo no quería que se pusiera peor y no estar ahí para ayudar a estabilizarlo, pero también quería que todo el caso terminará de una vez para dejarlos tranquilos a ambos.
—Solo será una vez, de verdad, no quiero estar lejos–dijo después de unos cuantos segundos, tenía un pensamiento muy contradictorio con todo lo que estaba pasando, quería que todo ese juicio legal termine de una vez, pero tampoco quería alejarse del chico–¿No te dijo cuándo será la primera sesión?
—No, pero espero sea pronto, se la veía muy preocupada por él–dijo volviendo ver al chico.
—Tal vez, él se veía muy cómodo con ella, pareciera como si ya se conocieran de hace tiempo...–dijo intentando recordar si alguna vez el chico le había comentado sobre alguien como María, pero no sabía porque nunca se conocieron antes, solo era una simple coincidencia de auras parecidas–Ah, olvidé decirte algo...–dijo tocándole el hombro para que se diera vuelta a verlo–Cedí la mitad de mi testamento a Sebastián.
—¿Qué? ¿Por qué hiciste eso?–preguntó algo sorprendida y exaltada, ella sabía que el chico no quería esa fortuna, pero también sabía que era casi imposible hacer eso.
—Él quería eso, estuvo toda mi vida detrás de mi para poder conseguir eso, y ahora está detrás de Dante únicamente para hacerle daño, prefiero complacer su deseo antes de perder a mi tesoro–respondió viendo las manos del chico que se encontraban ligeramente rojas por el frío de la habitación.
La mujer se lo quedó viendo un gran tiempo, no parecía molesta, si no más bien conmocionada por lo que hizo, ella no tenía porque interferir en las decisiones del chico, pero si se quedó pensando un rato en como había convencido al escribano.
—¿Cómo lo hiciste?, digo, para poder convencerlo–dijo viendo como el chico se levantaba de su lugar para poder cubrirle las manos con la manta al chico.
—Le mostré las cartas, y le expliqué las razones mías para no querer nada de eso–respondió a susurros mientra movia su silla al otro lado de la cama para sentarse más cerca del chico–Después de mucho tiempo tratando de convencerlo, acepto, pero dijo que solo podía ceder la mitad, estuve de acuerdo porque según sus palabras estaba arriesgando mucho.
—Oh, ya veo, eso es bueno–respondió tras cinco segundos en silencio, se había quedado pensando en todo lo que decían las cartas.
—Sí, solo quiero que termine todo esto, ya no quiero saber nada de él–exclamó acariciando la mejilla izquierda del chico–¿No se podrá tener algún calefactor o algo? Sus manos y mejillas están algo frías, la habitación está algo fría y esto que estamos en verano...–dijo cambiando por completo el tema, tocaba las manos y estaban ligeramente frías.
—Iré a preguntar, también voy por un café, ¿Quieres uno?.
—Esta bien, gracias–dijo viendo como la mujer se levantaba y salia de la habitación.
En los últimos días que se habían visto, él comenzó a tener algo de confianza por su madre, la cercanía que estaban teniendo era algo que nunca creyó volver a tener y se podría decir que todo fue gracias a Dante, si no hubiese sido porque el chico abrió la puerta esa mañana, ni siquiera se verían en papel de calcar.
—Disculpe señorita, ¿Podríamos llevar un calefactor o algo para la habitación quince? El paciente tiene algo de frío–le preguntó Aurora a la primera enfermera que se cruzó, vió que llevaba un carrito con medicinas y era la única por el pasillo a la vista.
—Claro que sí, iré a preguntar primero–respondió con una agradable sonrisa encantadora.
—Muchas gracias–dijo antes de que la chica se retirará, ella fue al ascensor para poder ir al primer piso donde estaba la cafetería.
En el hospital no habían tantas personas, algunas solo iban para consultas y otras para visitar a pacientes, en el piso donde estaba Dante solo estaba él y unas cuantas personas más, pero estaban en distintas habitaciones. A Dante lo aislaron a una habitación solo porque querían evitar que alguna bacteria lo atacará, es así que también tenían que entrar con cubre bocas en cualquier caso, como eran "muchas personas" que lo iban a ver, se dictaba un tiempo determinado para que pudieran estar en la habitación, aún que el chico pidió específicamente que tres personas se quedarán con él en todo momento, Luvia, Tamara y Gustau. Tuvo que pelear un poco para que le pudieran conceder lo que quería, pero pudo hacerlo después de tanto rogar. Aurora fue durante todos los días a verlo a él y a su hijo, pero luego de unas dos horas se debía ir porque estaba incumpliendo el horario de visita y también para poder seguir trabajando en el caso.
"Latte...Americano..." leía en su mente los distintos tipos de cafés que había en la cartelera, sabía que Gus tomaba café negro sin ningún endulzante y a Tamara el americano, pero el dilema es que a ella le gustaban todo.
—Buenas, ¿Qué desea pedir?–una gruesa voz interrumpió sus pensamientos, cuando bajo la mirada para poder ver a chico de unos veinticinco años detrás del mostrador sosteniendo una libreta.
—Ah sí, lo siento, deseo un café negro, un latte con leche de avellanas y un americano...para llevar, por favor –respondió viendo la variedad de las leches, cuando volvió a bajar la mirada el chico ya estaba preparando su pedido.
"Aquí sí hay más personas..." pensó mientra miraba que habían más de cinco mesas repletas de personas, es como si solo el piso donde estaba Dante no hubiese nadie más que él.
—Su orden está lista, serían cuatro euros–volvio a hablar el chico interrumpiendo todo lo que pensaba la mujer.
—Aquí tiene, muchas gracias–dijo entregándole el dinero, tomando los tres cafés y yéndose a la habitación nuevamente.
En la habitación ya estaba Tamara a un lado con el celular viendo algún que otro video en Instagram para poder distraerse, Gus se quedó viendo a la ventana también para poder distraerse un poco, la enfermera había ido a la habitación para decirles que tenían abrigara bien a Dante porque aún no le habían dado la autorización para traer lo que querían.
—Odio los hospitales, no me gustan que sean tan tenebrosos, irónico porque trabajo en uno–dijo el chico rompiendo por completo el silencio de la habitación–En realidad, no me gusta el sentimiento de angustia y desesperación que me genera...
—Sí te entiendo, tampoco me gusta–respondió la chica sin quitar la vista de su teléfono–En Argentina los hospitales son más ruidosos que aquí, en realidad, este parece un hospital del miedo comparado con los de mi país.
—Me imagino–respondió entre una risa baja–Lo bueno es que no lo llegaría a estresar tanto ruido...–dijo volteando a ver a Dante y tomarle la mano para que pudiera pasarle un poco de calor.
Tamara dejo de ver el celular para quedarse viendo la escena, después de tantos años nunca creyó verlos juntos de una forma tan dolorosa. Volvió a ver el teléfono tratando de no volver al pasado, estaba feliz que el el presente estuviesen juntos, pero aún así le dolía verlos a ambos tan lastimados. De repente Gus sintió como la mano de Dante se empezó a mover de forma que también se la estaba tomando, al voltear a verlo el chico estaba abriendo los ojos ligeramente despacio.
—¿Qué hora es?–dijo el chico con la voz dormida y débil frotándose los ojos mientras intentaba sentarse.
—Despacio, tranquilo–respondió Gus ayudándolo a poder sentarse–¿Cómo te sentís? ¿Querés algo para comer?.
—Son las cinco de la tarde, ¿no tenes ganas de merendar algo?–respondió la chica dejando el celular a un lado para poder acomodarle las mantas que se cayeron al suelo tras levantarse tan rápido.
—Quiero agua por favor, ¿Dónde está mi botella?–dijo a duras penas sin abrir bien los ojos, estaba algo aturdido por tantas voces hablándole.
—Esta aquí, toma–respondió Tamara entregándole una botella de agua metálica, estaba fresca aún.
Dante se sentía bastante sediento, su boca parecía un desierto por lo seca que estaba y sus gruesos labios estaba rojizos al punto de romperse, Tamara se levantó para ir a buscar una enfermera y poder avisarle que había despertado, le pidió que si le podía traer algo para comer porque se lo veía algo hambriento.
—¿Y mi mamá?–preguntó después de bajarse toda la botella de agua, se sentía un poco mareado, hace mucho no estaba en esa misma habitación, ni recordaba el helado clima que trasmitia, estuvo a sus inicios de quimioterapia ya que necesitaba quedarse un tiempo para revisión, pero está vez estaba acompañando de Gus.
—Esta durmiendo, cariño, quedaré tranquilo–respondió Gus tratando de analizar sus expresiones faciales, lo noto bastante relajado–¿Estás bien?
—Justo a ti, estoy más que bien–respondió con voz dormida y con una sonrisa pequeña, esa vez si era diferente.
La salud de Dante estaba empeorando al pasar de los días, eso era algo evidente, su cáncer había avanzado al cuarto nivel, era muy riesgoso y mortal para él, lamentablemente, habían pocas esperanzas. Desde que comenzó su primer quimioterapia, lo pusieron en la lista para encontrar un donante de médula ósea, también tuvo bastantes transfusiones de sangre, pero cada vez atacaba más fuerte, decidieron dejarlo internado hasta que encontraran un donador. Dante ya sabía que en cualquier momento ese día llegaría, fuera el cáncer u otra cosa, para él ya estaba en las últimas instancias de su vida, pero a él no le parecía preocupar mucho, tenía el pensamiento de que ya había vivido todo lo que tenía que vivir y su tenía que irse, lo haría.
—¿Por qué estás triste?–preguntó viendo como Gus tenía una leve expresión de tristeza, sus ojeras delataban que no podía dormir por la angustia.
—Sabes la razón–dijo tratando de evitar volver a responder.
—Bueno sí, pero no me gusta verte así–respondió dejando el postre que le habían dado a un lado para poder tomarle la mano.
—A mí tampoco me gusta verte aquí–dijo correspondiendo el agarre de manos, sus manos seguían algo frías–Me gustaría que estemos en otro lugar...me siento horrible por no estar contigo durante todo ese mes y estos años...–volvio a hablar con algo de rencor en sus palabras, su miraba se dirigió al piso para evitar cualquier contacto, se sentía avergonzado y dolido.
—Hey, ya, cállate–dijo interrumpiendo todo lo que estaba por decir–Tú no tienes la culpa de nada, ya hablamos de esto y sabes que no me gusta que lo repitas, lo importante es que estamos aquí juntos–siguio tomando su rostro para que pudiera verlo a los ojos, su mirada indicaba paz y tranquilidad–No importa cuanto tiempo nos quedé, lo único que me importa es estar a tu lado–termino de decir para luego bajarle el cubre bocas y darle un beso en la mejilla.
—Espera, sabes que no puedo estar sin cubre bocas, por más que quisiera–dijo poniéndose su cubre bocas nuevamente.
—No hay nadie aquí, tu mamá y Tamara están hablando con el doctor y mi mamá duerme, solo quiero poder darle un beso a mi novio, no le diré a nadie–respondió con un tono rezongante, viendo como el chico no cambiaba su expresión de ojos serios, se rindió–Ya entendí, seguiré comiendo.
—Ya vuelvo–dijo el otro chico levantándose de su silla notando como el otro ignoraba su voz para seguir comiendo su flan, no tuvo otra opción para que complacer el berrinche. Se acercó y le dió un beso en la mejilla izquierda, vio como el chico tenía una sonrisa tierna transmitiendo su sensación de ganador, se rió ante la situación y salió de la habitación.