D.A

Después de ese día la semana comenzó a pasar bastante relajada para algunos y para otros era estresante, bueno solamente para una persona. Sebastián al día siguiente recibió las denuncias, parecía que ya había descubierto quien le hurto su carpeta porque se la paso la mayor parte del día llamándola.

"El número que llama está fuera de rango" se escuchaba cada vez que marcaba al número de su esposa, estaba fuera de control por completo y todos dejaron de saber del hombre luego de ese día, no volvió a salir de la casa ni para sacar la basura.

"¿Cómo pudo hacerme esto?" Pensaba mientra veía esa denuncia que había recibido por parte de su esposa, sus expresiones eran hipócritas, de tristeza y dolor cuando sabía perfectamente lo que había pasado dentro del matrimonio, pero todas esas expresiones cambiaban a odio y remordimiento cuando veía la de Dante, no sabía como se pudo enterar de que lo tenía en la mira, solo sabía que por su culpa su hijo y esposa estaban en su contra. Él nunca pensó que sería culpa suya que ellos se hayan alejado, hasta su propia hija desapareció de su vida aún que ella si lo llamaba a veces, se fue de su lado. En su mente la culpa era únicamente de Dante.

Cuando el día jueves llegó como un parpadeo, Aurora ya estaba en la casa de Dante esperando a que el chico estuviese listo para irse, se estuvo preguntando durante toda la semana porque quería conocerlo, era obvio que no podía tener ningún vínculo de cercanía con los demandantes, de cualquier manera lo llevaría, ya estaban rompiendo tantas reglas, pero necesitaban alejar al chico tan pronto posible del hombre.

—Ya estamos–dijo Gus interrumpiendo todos los pensamientos de la mujer, eran las 16:45 PM según marcaba el reloj y la reunión con María era a las 17:30 pm, debían de salir en ese momento porque el hogar de la mujer estaba un poco lejos de donde estaban.

—De acuerdo, nos vamos–dijo la mujer poniéndose de pie viendo a los dos chicos, nuevamente parecía que se habían puesto de acuerdo para vestirse de los mismos colores, pero estilos distintos y los colores de las prendas estaban investidos, finalmente ignoro eso y se fueron.

La madre de Dante estaba haciendo unas compras con Tamara, quien desde ese incidente iba todos los días para ver como se encontraba el chico, la casa quedó completamente vacía a excepción del gato que se la pasaba durmiendo todo el día. Decidieron irse en el auto de Gus, el peli negro manejaba, de copiloto iba Aurora y en la parte trasera iba Dante que estaba viendo unos vídeos de gatos desde su celular, no era alguien que se relajaba viendo de animales o por el estilo, pero desde que su novio le empezó a insistir de que los viera, él comenzó a tener un cierto aprecio por esos vídeos y más en los momentos de nervios/estrés. Los minutos iban pasando y se iban acercando más a la casa de la mujer, sentían como su nunca iban a llegar hasta que a lo lejos reconocieron una casa completamente blanca enrejada con un gran portón.

—¿No es esa?–dijo Dante señalando la casa.

Aurora se quedó viendo también el lugar, había recordado que la mujer le comentando que lo único que se llegaba a destacar de la blancura era un pequeño poste de luz color rojo en el jardín delantero, y al notar que si estaba ese poste, le indico a Gus que debían ir a esa casa. Tocaron al timbre que estaba por fuera y alguien les respondió desde el micrófono.

—¿Quién es?.

—Soy Aurora, quedamos en vernos hoy.

—Oh, claro que sí, entren–termino de decir para cortar el llamado desde el micrófono y haciendo que las puertas del portón se abrieran.

El interior era un jardín mucho más grande repleto de una sola flor, rosas rojas, eran preciosas y su color era mucho más fuerte que cualquier otra tonalidad, entraron con el auto dejandolo estacionado a unos cuantos metros de la puerta que daba a la casa, la mujer salió de la casa y parecía un ángel a la vista de las tres personas. María tenía treinta y cinco (se había graduado muy joven por lo que decidió ingresar rápidamente a trabajar convirtiéndose en una de las juezas más jóvenes del despacho), tenía un cabello bastante largo color negro azabache y una tez trigueña, su silueta era de un reloj de arena y era muy esbelta, sus rasgos faciales eran muy delicados como si algún pintor hubiese tallado detalladamente cada extremo de su rostro, era muy bella y muchos que la observaban quedaban completamente encantados. Las tres personas se quedaron observando a la mujer que permanecía de pie frente a la puerta, Aurora en realidad nunca la había visto antes y su cara de asombro era completamente notoria, siempre la imagino distinta, los otros dos también la veían con algo de sorpresa, pensaron que era mucho más grande.

—Bienvenidos, por favor, entren–dijo la mujer rompiendo por completo la tensión haciéndose a un lado para que pudieran entrar.

Al momento de entrar se dieron cuenta que María amaba el color blanco, todas sus paredes, objetos y muebles, trasmitia un aura de pureza y tranquilidad absoluta.

—Que bonito lugar...–dijo Dante analizando cada rincón de la casa, sentía que en cualquier momento se rompería un frasco por tan solo hablar.

—Muchas gracias, por favor pasen por aquí–respondió la mujer con un tono más suave y tranquilo, le indico un cuarto que yacía en el final de un pasillo, era el lugar de trabajo de la mujer.

La habitación era todo lo contrario de lo que era el resto de la casa, a pesar de permanecer las paredes blancas y uno que otro accesorio, todos los muebles eran oscuros. Cuando entraron pudieron observar que el escritorio estaba repleto de papeles junto a unos libros de leyes, la mujer les indico que se sentarán en las sillas y esperarán un rato.

—Este lugar es muy bonito, ¿sabías que el color blanco significa pureza?–le susurro Dante a Gus quien estaba a su lado tratando de leer los papeles, parecía que el chico se sentía bastante tranquilo y seguro en ese lugar.

—No lo sabía, es un color muy bonito–le respondió el chico también a susurros viendo la cara de tranquilidad y paz que tenía Dante.

Los dos colores favoritos del chico eran verde menta y blanco, pero no le gustaba la idea de una casa completamente blanca por miedo a que termine con mucha humedad y se vea feo, por eso se sentía tan seguro en un lugar así, el blanco era un color que le traía momentos y recuerdos felices.

—Lamento haberme ido, debía buscar algo–dijo entrando a la habitación y sentándose en la silla que estaba al frente de ellos–Ahora sí, antes de empezar me gustaría que firmen esto–dijo entregándoles un papel que de título tenía "Contrato de Confidencialidad"–Deben de saber que nosotros no podemos vernos en realidad, los jueces no pueden tener un vínculo con los demandantes o demandados, pero quería conocerte Dante y suena algo raro, solo confía en mí. Este contrato solo se trata de que todo lo que se hable aquí y hoy, solo quedará aquí, nadie más que nosotros sabrá de esta reunión y charla, para eso necesito que lo firmen–dijo viendo al chico que estaba sentado al lado medio de las tres sillas.

—¿No te importa si lo leo antes–dijo Aurora quien se veía algo sorprendida por eso, no era nada malo, es más le parecía algo perfecto que todo lo que se iba a hablar ahí, debía quedar pactado como confidencial.

—De hecho, esperaba que lo hicieras–respondió bastante tranquila y su vista se dirigió a Dante que estaba cruzado de piernas viendo a un punto fijo del mueble repletos de libros que estaba detrás de la mujer.

Aurora se tardó solo unos segundos para leerlo y poder fírmalo, se lo entrego a ambos chicos y también lo firmaron, era un contrato seguro. Sé lo regresaron a la mujer que también firmó y así comenzó una reunión de "ilegalidad".

María comenzó a contarle quien era y la razón de porque quería verlo, omitió la parte de "talón de Aquiles" siendo que era la razón por la cual lo quería conocer principalmente, y con el paso de las palabras pudo ver al chico mucho más relajado, sus manos ya no estaban tensas y sus ojos ya no se desviaban mucho al chico de al lado, también estuvo analizando a Gus, él chico parecía alguien impotente y fuerte, su vista casi nunca se dirigió a ella, si no que siempre estaba observando al chico de su lado. Durante un gran rato estuvieron hablando conociéndose, nunca tocaron el caso, solo quería saber como era Dante. Estuvieron un gran rato hablado hasta que logro empatizar con él, y sin que él se lo dijera, encontró el talón de Aquiles del chico, era su padre. Cada vez que se nombraba al padre de Dante, este se lo notaba con la mirada decaída y su nariz se enrojecia un poco, había quedado muy mal por la perdida de su padre.

Paso una hora y media y ellos terminaron yéndose de la casa de la mujer, ella ya tenía lo suficiente para poder pedir que el caso de "Acoso y Hostigamiento" se volviera un caso judicial, le dió mucho sentimiento escuchar al chico hablar y contándole sobre su vida, trabajo, familia, salud, etcétera. Al volver al interior de la casa, luego de despedirlos, se quedó pensando varias cosas sobre el razón por la cual ese hombre quería lastimarlo únicamente por amar a su hijo, pero recordando como era Sebastián con ella o con algunos de sus compañeros, incluso personal de limpieza, no le sorprendería nada viniendo de él.

El silencio se apoderó durante todo el camino devuelta a casa, no era un silencio incómodo, si no un silencio de tranquilidad, para Dante fue bastante bueno hablar con alguien y por más que no haya sido una terapeuta, se sintió relajado. Era algo raro para él hablarle de su vida a alguien que no conociera, pero esa mujer le hacía recordar a alguien, como si sintiera que estuviese hablando con alguien más y no con la presente. Por otro lado, el peli negro se sentía feliz de verlo tranquilo ese día, aún que si se le hacía algo raro tantas preguntas personales, también sintió la tensión de la sala cuando ellos dos hablaban, no era mala, era bastante buena y tranquila, así que decidió ignorar esos pocos pensamientos negativos que tenía.

Llegaron a casa luego de un rato, como vieron algunas luces prendidas se percataron de que la madre y tal vez Tamara estaban en el hogar.

—¿Le gustaría quedarse a cenar esta noche?–pregunto Dante viendo a la mujer que aún permanecía con el cinturón de seguridad.

—Gracias por invitarme, cariño, pero debo seguir haciendo unas cosas...–dijo viendo al chico que ya estaba afuera del auto–Vendre otro día, ¿sí? Ve a descansar un poco–volvió a hablar viendo como su expresión era de gusto y calma.

—Ve adentro, yo iré a dejarla en su casa y volveré–dijo Gus mientra veía al chico acceder e irse al interior de la casa.

Durante el camino al hotel donde se quedaba la mujer, ella se la paso leyendo un artículo el cual nombraba a María, no de una forma mala, si no de una bastante buena. Decía que era una de las mejores juezas, también que era alguien equitativa y no se iba para un solo equipo, no le daba mala espina, solo tenía miedo de que todo lo que se habló dentro de esa reunión, alguien día saliera a la luz.

—¿Estás bien?–pregunto el chico viéndola tan concentrada, tuvo que tocarle el brazo para que pudiera prestarle atención porque no podía hacer que le responda, la mujer se despertó de su concentración y comenzó a ver que ya estaban en el hotel.

—Ah...no me di cuenta de que habíamos llegado–dijo desabrochando el cinturón de seguridad–Gracias por traerme, te llamaré cuando María me avise sobre el caso...–dijo abriendo la puerta y saliendo.

—Claro, cuídate y descansa, ma–dijo viendo a la mujer del otro lado que estaba un poco cerca de la ventana, ella se retiro entrando al hotel y el chico se fue.

"No recuerdo cuando le empezó a caer tan bien al extremo de llamarlo cariño..."pensó el chico mientra conducía, no le molestaba que su madre y novio se llevarán bien, únicamente solo le parecía raro que fuera tan repentino, es decir, sabía que estuvieron durante una semana completa hablando sobre la situación que estaban pasando y como se iba a resolver, pero era extraño para él. Para Gus, Dante era alguien distinto y especial, era su lugar seguro en todo el mundo, él sentía que cualquier persona que se acercará al chico sentiría esa cálida aura, aún que sea alguien reservado y tranquilo. Cuando llegó a la casa, escucho algunas voces en la cocina reconoció que eran de Luvia y Tamara, pero no escucho en ningún momento la de Dante, decidió ir a buscarlo en alguna de las habitaciones y lo encontró en una de ellas, él estudio de su padre, estaba la puerta entre abierta y pudo reconocerlo a lo lejos. Estaba viendo un librero alto color negro, tenía algunos libros de biología y otros de física, pero el chico estaba viendo uno en específico, tenía una tapa vieja y con letras bordadas, "D.A".

—¿Qué haces?–dijo haciendo que el chico se diera vuelta asustado, entró cerrando la puerta y se acercó a ver si le pasaba algo.

—Me asustaste, tarado–dijo dando un gran suspiro viendo como se acercaba para ver que tenía en mano–Estaba buscando esto...es como un diario que hizo mi papá cuando yo era niño, hoy lo recordé y bueno...decidí buscarlo–dijo con un tono de voz medio quebrado, y limpiando un poco el polvo para que las letras se pudieran ver bien.

—Esta bonito, ¿Él mismo lo bordo?–pregunto mientra lo veía concentrado en el libro.

—Sí...según lo que dijo mi mamá, lo hizo cuando tenía dos meses, decidió escribir todo el proceso de ser padre primerizo y bueno eso...–respondió pasando sus dedos por las letras y luego por los bordes que sea veían algo desgastados–Creo que nunca te hablé de él, lo siento, solo es que...

—Y tampoco te voy a obligar para que lo hagas, todo a su tiempo...–dijo interrumpiendo al chico mientra lo tomaba por los hombros para abrazarlo–y yo te voy a esperar toda la vida–termino de decir para luego darle un beso en la mejilla que estaba levemente ruborizada.

Las palabras que había dicho el chico le llegaron a la profundidad de su corazón, se sintió que se hundía de amor.

—Gus–dijo el chico separándose un poco del otro cuerpo para verlo al rostro–Te amo.

Nunca se habían dicho así, era una palabra bastante importante y de un significado muy fuerte, solo se habían dicho "te quiero" algunas veces, pero no pudo evitarlo, él realmente te amaba y no solo quería demostrárselo. Las acciones son importantes, pero las palabras también. La cara de sorpresa del chico era notoria, sus mejillas y nariz estaban completamente ruborizadas, y su corazón saltaba de alegría.

—Yo también te amo, mucho–respondió luego de unos segundos, su voz temblaba un poco, sus ojos brillaban, lo tomo del mentón para poder unir sus labios en un dulce beso lleno de amor y cariño.

Ambos se complementaban de una forma muy bonita y sana, si bien hubieron muchos problemas familiares, sociales o por ellos mismos, su hilo rojo del destino nunca se rompió. Ellos se pertenecían uno al otro y no iban a permitir que se los aleje nunca más.

Permanecieron unos minutos en la habitación abrazados hasta que escucharon a una voz llamarlos desde la planta baja, era la hora de cenar, decidieron ir a dejar el libro a la habitación donde dormían y bajar a cenar. Para ese entonces, Dante estaba mejorando bastante, sus tratamientos avanzaban y él se sentía mucho mejor, aún que debía seguir, él estaba bastante estable.

[CINCO DIAS DESPUÉS]

Pasaron de tres a cinco días para que una llamada por parte de María se le hiciera presente a Aurora, fueron varios días en los cuales estuvo viendo el celular esperándola, hasta llegó a pensar que nunca lo haría.

—¿Hola, Aurora?–exclamó la suave voz detrás del teléfono, parecía estar algo exaltada, pero también aliviada.

—María...estuve esperando tu llamada, ¿Sucedió algo? Han pasado varios días–dijo la mujer con un tono de alivio.

—Lo siento tanto...fue muy difícil convencer a mi supervisor de tomar el caso, se lo querían dar a otra persona, pero lo pude lograr...Tengo el caso–dijo de repente, el silencio se hizo presente por unos cuantos segundos–¿Estás ahí?

—Ah... sí claro, lo siento, no se como reaccionar–respondió luego de otros segundos, ella se sentía bastante aliviada de que hayan podido obtener el caso de forma de juicio–Solo es que...–volvio a hablar haciendo otra gran pausa–Dante está en el hospital...en grave estado...

(Color blanco: Está considerado el color de la pureza y la perfección y, en psicología, inspira limpieza, inocencia, reflexión, creatividad, apertura, crecimiento, imparcialidad y paz.)