ESCAPADA

Los mensajes llegaban a gran escala y la mayoría era suplicando que se encontrarán para conversar, el chico no tenía ni idea de quién era, el contacto no tenía ni nombre ni foto, por lo que optó en bloquear, pero eso no fue mucho porque comenzaron a entrarle llamadas de ese mismo número.

—¿Quién eres? Déjame de molestar, ya van veinte llamad...–dijo el chico con un tono de molestia al atender el celular, pero fue interrumpido por una voz conocida.

—Gustau...–dijo el hombre, era Issac–Lamento hablarte a estas altas horas de la noche, pero debemos de hablar.

—No puedo reunirme, dime lo que quieras decirme ahora–dijo el chico que parecía bastante molesto al oír de quién se trataba.

—Hijo...esto se trata de tu padre...–dijo el anciano, parecía que estaba hablando con un tono de tristeza y dolor–... está fuera de sus cavales, tengo el peso de conciencia por no decirte esto antes, pero es que ahora me doy cuenta de la gravedad del asunto...–siguió hablando con más profundidad en sus palabras, ahora parecía un tono de preocupación y de lamento.

—¿Qué hizo? Sabes que yo no tengo buena relación con él, digo, creo que te habrás dado cuenta en la fiesta...–dijo el chico recordando el día y quedándose viendo el brazo vendado.

—Esto se trata de ese chico...Dante creo...–volvio a hablar el hombre haciendo que el chico se quedará paralizado y preguntándose internamente que quería de él–Cuando llegamos a la casa hoy, él estaba bastante enojado por lo que había pasado en esa cita con los abogados y escribanos, intenté que se calmará, pero no había forma de hacerlo...–volvio a hablar alargando más la explicación.

—Ve al punto–dijo Gus con un tono dominante, pero a la vez tembloroso.

—Él me enseñó una carpeta dónde tenía información del chico, nacimiento, dirección...entre otras cosas más–dijo soltando de una vez haciendo que el chico del otro lado de la llamada se quedará más shockeado–Cuando le pregunté porque tenía eso, me dijo que no debía meterme en eso, pero que ese chico pronto se arrepentiría de sacarle lo que estuvo esperando durante toda su vida...–volvio a hablar el hombre dándose cuenta que ya no recibía respuesta del chico–¿Sigues ahí...?

—¿Esto es una broma, no? Dime qué es una broma...–respondio luego de unos varios segundos pateando las palabras. Él sabía de lo que era capaz Sebastián, pero Dante no tenía la culpa de absolutamente nada.

—Realmente quisiera que fuera eso, pero no...lo lleva acechando desde hace años, sigue sus pasos a todos lados...–respondio contándole sobre la vez en la que el jardín del chico fue destruido por completo, Gus recordaba que ese día el chico se sentía bastante desanimado y no quería hacer nada, Dante le había contando que creía que fue un borracho, pero en realidad fue Sebastián–...su objetivo principal era golpearlo en dónde más le dolía y sabía que ese jardín era la vida del chico, pero el día que Gisel le comento sobre su reencuentro, él se volvió más obsesivo con destruir al chico...

—Un momento, ¿Gisel?–exclamo interrumpiendo por completo al hombre, cada vez que avanzaba todo caía más encuentra sobre las actitudes de su hermana.

—Sí...hijo, te quise comentar todo esto porque verdaderamente a mi ya no me interesa esa herencia, toda mi vida crecí queriendo tenerla en mis manos, pero no quiero obtenerla a base de la vida de otro chico inocente...–dijo casi al borde del llanto–Tu padre se volvió un bastardo, pero fui yo quien lo hizo así...lo siento tanto, ya no me importa eso, pero no dejes que él le haga daño al chico.

—Gracias por decirme...nos vemos–dijo colgando el teléfono con cara de susto y confusión al escuchar todo eso, vio a Dante que aún dormía encima de él y tomándole la mano, su mente estaba tratando de analizar todo lo que acaba de pasar y aún no podía caer en cuenta.

"Que viejo de mierda..."dijo con los ojos cristalizados a punto de estallar, decidió tomar levantar a Dante y llevarlo a la cama para dejarlo dormir ahí. Cuando lo recostó y abrigo, el chico le tomo el brazo.

—¿No te vas a dormir aquí?–pregunto con una voz súper dormida y ojos entre cerrados.

—Sí, solo espérame iré a cerrar bien las puertas–respondio dándole un beso en la frente para alejarse y hacer lo que dijo.

Fue directo a la puerta principal para ver si no había nadie afuera, se sentía como en una película de terror y por cada paso que daba sentía la presencia de su padre detrás de él, se aseguró que tanto puertas como ventanas estuvieran cerradas y que nadie pudiera forzarlas, se sentía algo seguro cuando recordó que las ventanas tenían barrotes, aún así estaba asustado. Tomó al gato y se lo llevó con él, después de ese día sabía que iba a vivir con el vídeo constante de que alguien entrara a la casa para hacerle daño a cualquiera que se le cruzará, dejo al animal encima de la cama y se recostó al lado del chico abrazándolo contra su pecho, el chico también lo abrazo y se quedaron durante toda la noche ahí, solo con la diferencia de que Dante si durmió y Gus apenas podía cerrar los ojos.

Eran al rededor de las 6:00 AM cuando el celular de Gus comenzó a sonar desesperadamente, era la alarma del chico, había programado una para preparar las maletas de ambos e irse de la casa, el lugar ya no era seguro desde que su abuelo le terminó de contar todo, no la iba a vender porque claramente no era su propiedad, pero si lo iba a llegar a otro lado.

El chico se levantó apenas la escucho, también despertó a Dante diciéndole que debían de ir a un lugar.

—¿Eh...?–emitio un dormido Dante.

—Debemos irnos amor, despierta vamos–dijo moviendole la cara de un lado a otro para que el otro reaccionara.

—¿Pero a dónde y por qué?–siguió renegando, pero aún haciendo lo que el chico decía.

—Te lo diré en el camino...–dijo mientra terminaba de guardar las cosas en un bolso y llevándola para la sala–Únicamente colócate el abrigo y sus zapatillas, iremos a la casa de tu madre...–volvio a decir mientra el otro tomaba al gato que estaba aún más dormido y se iba para adelante a guardar la comida de este.

El chico siguió guardando prendas de ropa, también los cables de las computadoras y celulares, sabía que le tenía que explicar varias cosas a Luvia y Tamara, pero prefirió hacerlo una vez que llegarán a la casa de la madre del chico. Una vez que terminó, salió a guardar las cosas en el auto, Dante ya tenía preparada la comida y las piedras del animal, no sabía lo que estaba pasando, pero prefirió llevarse al gato ante todo. Noto que no eran tantas cosas las que se llevaban, así que, supuso que solo irían unas cuantas semanas y luego volverían.

—Ve a subirte, voy a ver si falta algo–dijo Gus terminando se poner las zapatillas y viendo como el chico se alejaba con el gato en brazos.

El chico termino de apagar todas las luces, cerrar cortinas y salio de la casa cerrando bien la puerta, se subió al auto y arranco lo más pronto posible, aún estaba bastante oscuro y se notaba la gran desesperación que tenía. Dante se quedó viendolo algo preocupado.

—Amor, ¿Está todo bien?–pregunto el chico que lo veía con cierta preocupación y miedo a la vez.

—Vamos a quedarnos unos días en casa de tu madre...debo arreglar un asunto para que podamos volver–dijo sin mirarlo, pero se notaba a simple vista que estaba afligido y asustado.

—Explícame por favor–dijo aún viendolo con intriga–¿Qué asunto es ese? Dijiste que me ibas a explicar aquí...

—Es mi padre...–soltó sin anticipar nada mientra se estacionaba a un lado de la carretera y contarle bien al chico–Al parecer quiere hacerte algo porque no quiero tener la herencia...–siguió hablando mientra miraba como el color de piel se tornaba blanco hueso–Pero yo te prometo que no te hará nada...por favor confía en mí...–termino diciendo para acercar al chico y darle un abrazo, Dante estaba completamente paralizado, no sabía como reaccionar ante lo que le dijo–Nos vamos a ir a la casa de tu mamá, llamaré a Tamara para que también vaya a hablar sobre eso...No te hará nada, eso te lo prometo, confía en mí...–dijo el chico casi en lágrimas, se separó de él para seguir conduciendo, Dante seguía pensando que hizo para mereces todo eso.

Al llegar a la casa de Luvia la señora ya estaba despierta lista para desayunar, aún que escuchó que tocaron el timbre tres veces, la señora se acercó algo asustada pensando cualquier cosa mala, pero al ver por la ventanilla noto que era su hijo junto a su yerno e inmediatamente abrió.

—¿Qué les pasó?–pregunto la señora viendo a los dos chicos casi muertos del miedo y frío, cuando vio a su hijo casi rompiéndose en mil pedazos, los hizo pasar.

—Hola mami...–dijo Dante a un paso del llanto, y en ese momento supo que nada estaba bien.

—Gus, ¿Qué les pasó?–pregunto la mujer viendo como el chico dejaba los bolso a un costado.

—Es una larga historia, debo de llamar a Tamara y a alguien más, pero primero hay que llevarlo para que duerma un poco...–dijo viendo como el chico estaba al lado de su madre a punto de desmayarse, fueron muchas emociones negativas juntas.

La mujer acepto y llevaron al chico a la habitación de su madre (ya se había mencionado antes que las piernas del chico eran muy largas y sobre salían en su cama), al dejarlo en la cama la mujer se quedó a su lado para intentarlo calmar, se encontraba muy exaltada así como la vez que se enteró del cáncer, esta vez sentía que su vida se iba a acabar en cualquier momento en las manos de un hombre que solo le dejo un trauma en su niñez. Por otro lado, Gus salió de la habitación para poder llamar a las personas que necesitaba en ese momento, una de ellas era Tamara y la otra, la única abogada que conocía y era capaz de enfrentarse a su padre, Aurora. Durante la llamada con ambas se notaba algo desesperado en busca de ayuda, para la suerte del chico, Tamara era quien más cerca estaba de la casa de los Avis, la chica llegó minutos después de hablar con Gus.

—Ya se durmió...–dijo la mujer saliendo de la habitación y cerrandola detrás de ella–¿Te pudiste comunicar con ellas?.

—Sí, vienen en camino...Lamento mucho llegar así de inesperado y traer a Dante en ese estado...de verdad...yo no quería–dijo el chico tratando de aguantar las inmensas ganas de llorar.

—Hey, no te preocupes, yo sé que nunca le harías ningún daño a Dante...sea lo que sea, no es tu culpa–interrumpió la mujer viendo como el chico estaba a punto de estallar en llanto, el chico la vio y se veía totalmente destrozado, justo en el momento que le estaba por dar un abrazo comenzó a sonar el timbre.

Ambos bajaron las escaleras y al abrir la puerta era Tamara, su cara reflejaba agitación y adrenalina, había corrido las pocas cuadras de distancia aún sabiendo que podía llegar el auto.

—¡Gus!–exclamo levantando un poco la voz–¿Qué pasó? ¿Por qué me llamaste tan desesperado?–pregunto la mujer respirando entre cortado y tomándose el costado de su cintura.

—Entra y siéntate, hace mucho frío para que estés corriendo...–dijo Luvia quien aún la estaba regañando como si fuera una niña pequeña.

—Aún falta una person...–dijo siendo nuevamente interrumpido por el timbre.

Al abrir la puerta se encontró a una mujer vestida de un enterizo negro, abrigo largo blanco y zapatos bajos, sosteniendo un portafolio, bolso y alguno que otro papel en la mano, su expresión facial era de completa preocupación y augustia por el chico que le abrió la puerta, era Aurora. La mujer se llevó las miradas de todas las personas presentes y la más impactada de los tres era Tamara, habían pasado tantos años desde que se comunicaron que se le hizo irreconocible la mujer, para sus ojos se veía demacrada, pero de la forma emocional y sentimental.

Desde hace mucho tiempo la mujer dejo de ejercer la abogacía, constantemente la llamaban para necesitar sus servicios, pero ella lo rechazaba al instante. Fue una pena para toda su familia que ella haya renunciado por razones desconocidas (bueno, ellos no las conocían), era una de las mejores abogadas de toda Sevilla y nunca había perdido un caso.

—¿Quién es ella?–preguntó Luvia al ver a la mujer, sabía que su cara se le hacía demasiado conocida, pero no podía recordar de dónde la ubicaba.

—Ella es quien nos va a ayudar...–respondio el chico viendo a la mujer de la puerta–Es mi mamá–dijo volviendo a ver a las dos mujeres que estaban algo impactadas y sorprendidas.

—Buenos días...soy Aurora–dijo la mujer dando un pequeño paso adelanto y extendiendo la mano a Luvia que comenzó a recordar con claridad quien era, le tomó unos segundos saludarla de vuelta, pero lo hizo.

—Claro, entré por favor–dijo la mujer soltando la mano e indicándole dónde estaba la sala, volteó para ver a Gus que estaba algo nervioso y distraído por todo.

Las cuatro personas fueron directamente a la sala, se sentaron en los sofás y quedaron esperando a que Aurora termine de analizar el hogar, era alguien muy meticulosa, una vez que está termino y se sentó al lado del chico para sacar un cuaderno color carmín junto al bolígrafo.

—Hace mucho que no represento a alguien, quiero saber cada detalle...–dijo la mujer esperando a que su hijo comenzará a contar todo.

—Esto parece una película, de verdad nunca creí estar en una situación así...–dijo el chico cubriéndose la cara con ambas manos, vio para el suelo y comenzó a contar toda la historia–Ayer por la noche alguien me llamo para decirme que Sebastián se volvió loco, ese alguien era Issac...–dijo sin levantar la vista en ningún momento, pero tuvo el presentimiento que su madre lo estaba viendo con intriga y preocupación absoluta, en realidad, si lo veía de esa forma–Él me contó que Sebastián tiene una carpeta dónde tiene toda la información de Dante, su dirección, fecha de nacimiento, entre otras cosas y cuando podía enviaba a alguien para que lo vigilará...–las mujeres lo escuchaban y no podían creer todo lo que decía, parecía muy loco e irreal–...Hace unos meses, él mismo fue quien arruinó todo el jardín de Dante, me acuerdo de eso porque él me comentó que vio a una persona desde muy temprano en la vereda de su casa, pero se sentía tan agotado que no le tomó importancia y volvió a dormir...cuando despertó vio como todo el jardín estaba destruido. Parece no ser nada, en ese momento, Sebastián no tenía ni idea que yo me veía con él...no se que tratara de hacer ahora...–termino de narrar el chico para luego romper en un llanto bajo y sin molestar a las personas que lo observaban.

Una mano le empezó a dar unas cuentas palmaditas en la espalda, era Tamara, la mujer le comenzó a susurrar en el oído algunas cosas para que el chico no se guardara ningún sentimiento y que los soltará a todos, le estaba dando un consuelo excelente, por cada palabra que ella daba el chico podía recomponerse un poco más. Por otro lado, las dos mujeres se estaban viendo fijamente, no con enojo ni remordimiento, ambas miradas eran llenas de preocupación, temor y compresión, el dolor de madre al ver como sus hijos estaban en un aprieto era más grande que cualquier cosa.

—Bien...Analizando lo que me acabas de decir, podemos llevar este caso a juicio y culparlos de varios casos, como acoso, hostigamiento, daño a propiedad, entre otros, pero para que un juez tome el caso deben de pasar unos cuantos días o meses...y más con una persona como Sebastián...–dijo la mujer escribiendo en la libreta–Se puede iniciar con una orden de restricción...es lo más rápido e importante para hacer en este momento y que el chico se sienta un poco más tranquilo.

Las personas se quedaron viendo a la mujer mientra explicaba con paciencia, nunca antes habían vivido una situación parecida y les impresionaba cuántas razones podrían tener para enviar a una persona a juicio, pero había una realidad que pesaba más que cualquier cosa, Sebastián era el mejor juez de la ciudad y nadie se atrevería a tocar un caso que se él involucrado, le temian tantos abogados como jueces, sería difícil. El silencio en la habitación se apoderó, nadie sabía que decir y mucho menos tenían idea de lo que pasaba, fue algo muy impactante para todos.

—¿Puedo hablar con él?–dijo Aurora viendo a Luvia que aún no podía reaccionar ante todo lo que estaba pasando–Me gustaría preguntarle unas cuantas cosas.

—Ah...Sí claro, venga por aquí–respondio poniéndose en pie e indicándole el camino.

Cuando ambas mujeres se fueron, Tamara se volteo dónde estaba el chico, nunca antes lo había visto tan derrotado, cansado y agobiado, parecía que en cualquier momento caía sobre todo esos papeles por la falta de sueño.

—¿Por qué no me dijiste que eres de Argentina?–pregunto el chico rompiendo la tensión que había en la habitación haciendo que la chica se quedará totalmente paralizada ante la pregunta.

—¿Qué?

—Dante me lo dijo, me contó que habías venido a estudiar aquí y cada tanto regresabas–volvio a hablar y está vez la veía a la cara, se veía tan demacrado, la chica sabía que cuando se sentía mal emocional y físicamente comenzaba a preguntar algunas cosas sin sentido.

—Bueno, pensé que ya te habías dado cuenta, estuvo contigo más de quince años...–respondio la pregunta tratando de buscar una salida para que él se olvidará de eso–Deberías de dormir un poco...estás muy mal.

—No, estoy bien, de verdad...–respondio de inmediato poniéndose en pie para ir a ver lo que hablaban las demás.

—Gus, ven, te haré algo para tomar–dijo agarrando al chico y llevándolo a la cocina para que pudiese tomarse un té.

Cuando llegaron a la cocina, dejo al chico sentado en una silla, colocó la tetera y preparo una taza con un té de manzanilla, estuvo viendo al chico que estaba concentrado en un punto fijo, estaba súper desconcentrado y perdido. El agua comenzó a hervir, pero justo cuando le sirvió una gota de agua a la taza, Gus cayó totalmente dormido encima de la mesa. Tamara se lo quedó viendo algo confundida.

"Bueno, al menos se durmió..."pensó algo tranquila, pero perdida.

Ambas mujeres estaban en la habitación viendo el delgado cuento dormir en una pila de almohadas, la expresión del rostro trasmitian tristeza, ojos hinchados y labios rojizos.

—¿Puedo preguntar si está enfermo?–solto de la nada Aurora, estaba incómoda y nerviosa por decirlo de una forma brusca.

—Sí lo está, hace meses le diagnosticaron cáncer en la sangre...no fue nada fácil para él ni nadie, durante todo un mes no dijo ni una palabra y se encontraba muy mal, hablando de autoestima, pero alguien lo ayudo a sanar emocionalmente...–dijo viendo a la mujer que era un poco más alta que ella–Fue Gus, él lo sanó.

Aurora se quedó impactada por lo que dijo, sabía que su hijo era alguien en quien poder apoyarse para cuando necesitaba ayuda, pero no sabía que tan grande era esa empatía y amor que él tenía, bueno, Dante era la única persona a la cual amaba de verdad. Aurora tomó la mano de Luvia y la vio a los ojos transmitiendole fuerza.

—De corazón y alma, yo haré ayudaré a su hijo en esto y no dejaré que lo sigan dañando...–dijo viendo al rostro de la mujer, una pequeña sonrisa se dibujo en los labios de Luvia quien luego le dió un abrazo a la mujer y este fue correspondido.

Los chicos estaban durmiendo, uno en la cocina y el otro en la habitación, pero Dante en cualquier momento iba a despertar, así que debían están preparadas para decirle lo que iba a tener que hacer, era por su bien, aún sabían que no se lo iba a tomar tan bien.

Unos minutos más, el peli negro despertó exaltado, habían pasado exactamente cuarenta y cinco minutos desde que se quedó dormido.

—¿Dónde estoy?–dijo el chico viendo a su lado con los ojos entre cerrado, vio a su costado reconociendo el piso de la cocina, se levantó rápido para ir a ver que estaba pasando y se encontró al grupo de mujeres hablar con el chico que se veía algo afligido y sorprendido, tenía sus manos entre sus piernas y miraba al suelo totalmente perdido. Sé quedó viendo unos segundos al chico totalmente derrotado hasta que levantó la cabeza y su vista fue dirigida a él, estaba triste y pidiéndole ayuda con solo una mirada, Gus no se hizo de rogar, se acercó al chico con intención de querer protegerlo y cuidarlo de todo mal.