XXXIX

Residencia Corrado (Universo 210)

Día 5 del Mes 14 del Año 2103

Rupert despertó. Al principio no reconoció nada pues estaba aturdido. Estaba durmiendo boca abajo sobre una cama muy cómoda. Se movió boca arriba y notó que vestía un sedoso pijama. Tras levantarse sobre la cama se frotó los ojos y tomó su comunicador, diciendo con un susurro:

—Computadora, ¿dónde estoy?

—Se encuentra en el Sistema Carixis, dentro de los territorios de la Afiliación Democrática de Planetas. Fecha del Día 5 del Mes 14 del Año 2103 Después de la Astromaquia.

Rupert se esperanzó pensando que había regresado a su universo.

—¡Excelente! ¡Que bien! —dijo con una voz extremadamente aguda. Al tocar su dorso encontró dos senos femeninos que eran rozados por dos manos gráciles y delgadas de unas pintadas. Al notar estas diferencias en su anatomía no tardó en descubrir que tenía una vagina en sus genitales. —¡Que! ¡Soy una mujer! ¿Cómo es eso posible? —luego pensó que solo había un cromosoma de diferencia entre hombres y mujeres. —Computadora, dime todo lo que sepas sobre mi persona.

—Gobernadora Ruperta Corrado, nacida en la Tierra, planeta miembro de la Afiliación, hija única de Armando y Sara Corrado, ambos asesinados durante la dictadura de Torm. Actualmente es gobernadora de los territorios de la Afiliación en Carixis y secretaria general del Concejo Galáctico. Divorciada, con un hijo.

—¿Divorciada de quien?

—Del capitán Ki—Zílog.

—Mamá —le dijo la voz de un joven aparentemente adolescente desde la cocina. —¿Ya te despertaste? ¡Ya está el desayuno!

Rupert (o Ruperta) se levantó y salió al encuentro con su hijo. Un joven mitad humano y mitad brazzky que tenía la piel muy roja por la sangre de su padre, pero el cabello lacio de su madre humana.

—¿Viste las noticias? —le comentó el joven— los androides siguen pugnando por tener su propio Estado independiente. No escarmientan. Después de todo perdieron la Guerra Civil.

—¿Y que dice el presidente Barrington?

—¿El presidente Barrington? Por si no lo recuerdas, mamá, Barrington perdió las elecciones y reeligieron a Zar.

—Ah, sí es verdad. Tuve un sueño confuso anoche. Perdona... amor...

—Bueno me voy a la escuela. Adiós mamá, cuídate —dijo besándolo en la mejilla para luego partir.

El comunicador de Rupert sonó:

—¿Sí?

—Gobernadora, tenemos un prisionero en las celdas del Cuartel Militar, la requerimos aquí de inmediato.

—Voy para allá —dijo levantándose. Pero antes observó su imagen en un espejo. Era una mujer de 35 años, de largos cabellos castaños y lacios, piel algo morena, y un cuerpo esbelto. —Soy una mujer bastante bonita. Me pregunto ¿cuántos pretendientes tendré?

Rupert arribó a las celdas militares donde los soldados la reconocían y saludaban cordialmente con un “Buenos días, señora”.

En el área de las celdas, se encontró a Cheng (que era capitana en este universo), a Maktub y a Arsala.

—Senadora Arsala —dijo Rupert olvidándose de su papel— ¿En que le puedo ayudar?

—¿Senadora? —preguntó extrañada— ¿Te encuentras bien, Ruperta? Soy tu jefa de seguridad. Lo he sido desde que Vega 2 se unió a la Afiliación.

—Disculpa.

—Hemos encontrado a una espía soth haciéndose pasar por empresaria Alaxi —dijo Cheng mostrando a una Kriggs de mirada furiosa encadenada al techo de la celda.

—No doblegarán mi voluntad, malditos afiliados —dijo Kriggs y escupió en la cara de Ruperta. Cheng le golpeó con la culata de su pistola láser haciéndole sangrar en la cabeza, y le proporcionó un pañuelo a la gobernadora.

—El protocolo establece —dijo Maktub— que tú, como gobernadora, autorices los métodos de interrogatorio telepáticos, que son los más efectivos. Ahora, Ruperta, se que tu juicio normalmente se ve nublado por el odio que sientes hacia la Tríada, pero te recuerdo que la Afiliación desea poner un fin a esta guerra contra el Imperio Xirgón y sus aliados para poder confrontar a un enemigo común que es de momento, la peor amenaza.

—Los aliados del Imperio Xirgón son el Régimen Zaraki y la Nación Soth, supongo ¿no?

—Veo que lees las noticias de los últimos diez años —dijo sarcástica Arsala. —Desde que la Afiliación liberó Vega 2 no hemos conocido la paz.

—Y supongo que la amenaza del Planeta Oscuro es la peor.

—¿Del Planeta Oscuro? —se preguntó Maktub. —Pero si no se ha reportado actividad oscura desde que perdieron la Astromaquia. A menos que sepas algo que nosotros no. La peor amenaza es sin duda, los arakanoides.

—Ah, claro, que tonto soy. Digo, que tonta soy. Estoy olvidando cosas importantes. Bueno, Maktub, tienes toda la razón en cuanto a la diplomacia. Si es necesario liberar a esta soth para mejorar las relaciones, háganlo. Y no la lastimen de ninguna forma.

—Has mejorado mucho. Se que Nam era tu mejor amiga y me alegra que estés superando su trágica muerte. Pero en todas las guerras muere gente.

—Sí —observó Arsala— pero las torturas que los xirgones le infringieron a Nam estando prisionera, y la forma en que la mataron no tiene justificación. Los xirgones son cerdos y sus aliados son simples mascotas mercenarias. ¿Me escuchaste, zorra soth?

Instituto Científico de Carixis

Rupert(a) fue a hablar con Shikha, quien en este universo también era la directora del Instituto Científico. Le contó todo con respecto a los universos paralelos.

—Eres mi amiga desde la Universidad, Ruperta —le dijo Shikha— pero no esperes que te crea una historia tan inverosímil...

—Eres psíquica, lee mi mente y verás que digo la verdad.

—No soy psíquica.

—Lo siento. La Shikha de mi universo lo es. Eres científica, sabes que la existencia de universos paralelos es posible.

—Digamos que te creo. ¿Cómo puedo ayudarte?

—La Dra. Arkham me dijo que debía encontrar la ecuación para crear un Agujero Blanco y que eso podría ayudarme a poner fin a esta situación. Tiene que ayudarme, Shikha. No quiero viajar a un universo infernal. A propósito, ¿qué son los arakanoides?

—Una extraña especie. Todas sus mujeres murieron debido a una plaga, así que ahora requieren del secuestro de mujeres de otras especies para embarazarlas y perpetuarse. Son un peligro inminente. Aparentemente conquistaron la totalidad de la Zona Inexplorada y ahora hay refriegas fronterizas contra ellos todos los días.

—Que mal universo escogí para ser mujer. ¿Puedes ayudarme, Shikha?

—Lo intentaré.

Shikha realizó una serie de pruebas encefalográficas y neurológicas a Rupert/Ruperta. Hizo unos cálculos matemáticos avanzados, así como mediciones de partículas subatómicas. Luego discutió con un equipo de sus mejores científicos.

—¿Hay algo? —preguntó Rupert.

—Su mente produce partículas anómalas, sin duda —dijo Shikha. —Partículas rara vez encontradas en este universo. Podría confirmar sus palabras. He descubierto que hay una fluctuación de partículas subatómicas radioactivas emitidas por su cerebro. Una radiación que ocurre periódicamente pero durante una millonésima de segundo. Probablemente sea el equivalente dimensional a un rechazo. Su cerebro rechaza una mente ajena de forma subatómica.

—¿Hay forma de detener el proceso o controlarlo?

—Hay una posibilidad, aunque nos salimos de los límites de la mecánica cuántica convencional. Es de suponer que las partículas que produce su mente sean la frecuencia vibracional o supercuerda de su universo. Hay una leve posibilidad de ajustar su mente para que se traslade a la frecuencia idéntica que produce. Pero no tengo idea de cómo hacer eso.

Una severa migraña punzó la cabeza de Rupert.

—Estoy a punto de irme —dijo frotándose la frente. —Debe impedirlo. Estamos tan cerca y... requiero un... tiempo más... —Rupert quedó inconsciente.

Sistema Carixis (Universo 009)

Rupert recuperó la consciencia cuando era despertado de golpe por un látigo.

—¡A trabajar haraganes! —dijo un capataz xirgón azotando a una serie de esclavos humanos harapientos en unas barracas miserables. Entre ellos estaba Rupert. Con un cuerpo fornido por el duro trabajo, sucio y andrajoso. Su cabello era largo y se denotaba el desgaste por la mala alimentación y trabajo excesivo en su piel pálida.

Rupert fue llevado a trabajar a unas canteras de piedra junto a otros muchos esclavos humanos. Picaba piedra todo el día bajo un ardiente sol recibiendo los azotes e insultos de los capataces xirgones.

—¿Qué pasó en este universo? —se preguntó Rupert.

Al lugar llegó a buscarlo Sashak Lang acompañada de varios guaridas imperiales. Hicieron señas a los capataces que desencadenaron a Rupert y lo llevaron ante ellos.

—Tráiganlo —dijo Sashak— el Gobernador de Carixis quiere verlo.

Rupert fue llevado hasta un enorme palacio donde vivía el gobernador. Fue arrastrado hasta que lo lanzaron a los pies de un enorme trono en un salón adoquinado.

—Así que este es el humano revoltoso —dijo la gorda figura de Wushuk Kurg, aparentemente el gobernador de este Carixis. Vestía una toga muy fina, se adornaba con anillos y collares de oro, y tenía encadenadas a su trono a Cheng y a Jadi, ambas vistiendo solo unos bikinis metálicos y una correa en sus cuellos. —¿No has entendido que tu especie está destinada a servirnos? La miserable vida que te espera en las barracas te la tienes merecida por hacer llamados al desorden social. La mitad de los humanos son esclavos y la otra mitad son parias. Acéptalo. Así es este universo.

—Me doy cuenta.

—Tortúrenlo un rato en los calabozos antes de devolverlo a las barracas —ordenó Kurg— que sirva de ejemplo.

Una explosión sorpresiva destruyó una de las paredes laterales del palacio, hiriendo y matando a varios guardias y desconcertando al resto. Al lugar penetró lo que parecía ser una pandilla de guerrilleros humanos, liderados por un Rupert Barrington fornido y curtido en batalla.

Aunque perdieron algunos guerrilleros, los humanos fueron capaces de matar a la mayor parte de la guardia imperial. Kurg chilló como un cerdo y escapó a toda velocidad. Los humanos liberaron a Rupert, Cheng y Jadi y escaparon del lugar a toda prisa.

—Gracias —dijo Rupert cuando estuvieron ocultos entre viejos edificios abandonados.

—No tienes nada que agradecer, hermano —le dijo Barrington. —Es gracias a tus prédicas revolucionarias que nos hemos inspirados en liberarnos. En verdad eres un líder del pueblo humano.

—Entonces es verdad —dijo Cheng— existe el Maitreya.

—¿El que...? —preguntó Rupert.

—El Maitreya —dijo Barrington. —Para nosotros tú eres el Maitreya. El Mesías Humano que liberará a la Humanidad del yugo opresor y reconstruirás la Tierra.

—No soy eso. Por supuesto que no. Soy un simple pensador.

—Sea lo que sea —intervino un humano alto y fornido de raza negra— es un buen líder. Es hora de que comencemos la rebelión humana.

—Quisiera probar —dijo Rupert— que tantos conocimientos de historia tienen. Es importante que dominen la historia humana. ¿Qué pasó con la Tierra?

—La contaminación ambiental la tornó inhabitable —dijo Jadi— en el 2024. Así que los humanos viajamos en naves a otros puntos del espacio solo para ser encontrados y esclavizados por los xirgones.

—¿Por qué los xirgones?

—Porque el Imperio Xirgón —dijo Jadi— es la fuerza más grande de la Galaxia y gobierna sobre más de 120 planetas distintos. Es la única potencia de la Vía Láctea, especialmente después de que derrotaron a la Alianza Valtárica, a la Afiliación y demás miembros del Concejo Galáctico.

—¿Qué le pasó a los demás miembros del Concejo?

—Fueron convertidos en provincias del Imperio Xirgón —dijo Barrington.

—Bien, veo que están bien informados. Eso es bueno. ¿Hay alguna forma de ayudar a la causa humana de forma política?

—Algunos senadores, particularmente los de Valtaris y Brazzky, están anuentes a ayudarnos. Pero los humanos no tenemos ciudadanía. No podemos votar ni ser electos, además al no tener planeta, no tenemos representantes ante el Senado Imperial.

—Todo planeta del Imperio tiene un representante ante el Senado, ¿no?

—Tiene dos —dijo Jadi. —Uno autóctono electo por el planeta y otro xirgón. De esta manera los xirgones se garantizan siempre tener el poder.

—Además —dijo Cheng— el Emperador puede abolir el Senado y puede vetar leyes, así que los senadores solo sirven como una mampara para justificar el dominio imperialista. En todo caso seguiríamos dependiendo de la generosidad de los senadores pro—humanos, y son pocos.

—Pero si los humanos estamos dispersos por todo el Imperio —dijo Rupert— debe haber algo que podamos hacer. Presión política, resistencia...

—Violencia —sentenció Barrington.

Dos semanas después

DIARIO EL METEORO

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REVUELTAS HUMANAS AZOTAN EL IMPERIO

Desde que el caudillo Rupert Corrado comenzó a liderar las rebeliones humanas, se registran revueltas de esclavos humanos en todas partes del Imperio. El gobierno imperial ha contrarrestado dichas revueltas con justificada violencia y encarcelando a los humanos disidentes. Su Majestad Imperial, el Emperador Lang ha decretado estado de emergencia ante esta conducta anómala de parte de los humanos.

Todo humano sospechoso de disidencia será arrestado de inmediato y la Guardia Imperial está autorizada de utilizar cualquier método necesario para detener a posibles terroristas humanos.

Sin embargo, lo más peligroso es que los humanos están poseídos por una especie de furor religioso al considerar a su dirigente una especie de figura mesiánica.

—Hermanos y hermanas —decía Rupert emitiendo un discurso desde un palco en un enorme edificio que acababan de tomar y frente a una multitud de miles de humanos entusiasmados. —Es hora de que los humanos rompamos nuestras cadenas y nos liberemos de la opresión. Exigimos ser tratados como personas con derechos ciudadanos. Exigimos tener nuestros representantes ante el Senado y tener los derechos fundamentales de votar y ser electos como cualquier ciudadano del Imperio. Queremos que la esclavitud humana sea abolida y que se pare la persecución. Y lucharemos hasta el final por conseguirlo...

La multitud estalló en vítores enardecidos.

—Tenemos un mensaje del Emperador mismo —dijo Cheng acercándose a Rupert. Éste se introdujo en el edificio y encontró a Ushuk Lang sentado en el trono del Imperio observándolo por la pantalla del videófono.

—Saludos señor Corrado —dijo Ushuk— pedí hablar con usted directamente. Su revuelta está causando severos problemas al Imperio y quiero negociar una salida. Le advierto que he tenido que reprimir las voces de los radicales dentro del Imperio que abogan por realizar un exterminio de humanos.

—¿Qué ofrece?

—Si detienen las huelgas y los ataques terroristas...

—No son ataques terroristas, son luchas militares en legítima defensa.

—Lo que sea. Si los detienen, les daremos su debida representación en el Senado, y la ciudadanía para los humanos que no sean esclavos.

—Demasiado poco —dijo Rupert— queremos que todos los esclavos sean liberados. Y que nos permitan colonizar un planeta que llamaremos Nueva Tierra para vivir allí.

—Eso es pedir demasiado.

—Entonces continuaremos la lucha.

—Hagamos un trato, una tregua al menos mientras negociamos. Podríamos llegar a un acuerdo.

—Trato hecho.

—No veremos en la mesa de negociación en cinco días. Aquí en Xirgón.

—De acuerdo. —La comunicación se cortó.

—De hecho —dijo Rupert a sus acompañantes guerrilleros— hay una posibilidad de recuperar nuestro planeta en lugar de hacer uno nuevo. Pero es un as bajo la manga.

—¿A que se refiere? —preguntó Barrington.

—Hay un proyecto científico que el Imperio mantuvo en secreto durante muchos años. Hace unos días me reuní con una científica llamada Shikha. Según me dice, los Alaxi desarrollaron un proyecto científico para resucitar su planeta que reconstruiría gradualmente el ambiente. El principal problema es que el Imperio detuvo el proyecto y lo mantiene como ultrasecreto. Para tener acceso a él deberemos realizar una ardua labor de espionaje. Pero debemos hacerlo. Quizás podríamos resucitar a la Tierra (pero mientras tanto, pugnaremos por tener un nuevo planeta).

—En verdad eres el Maitreya —dijo Barrington reverenciándolo. El resto lo imitó. —El Maitreya reconstruiría la Tierra y llevaría a los humanos a su tierra prometida. Si logras tener éxito serás sin duda el Elegido.

Rupert comenzó a sentir el dolor de cabeza de nuevo.

—Escúchenme —dijo— no importa que haga cuando me despierte. Si estoy diciendo cosas extrañas, o no recuerdo nada, deben seguir la lucha. Tú, Barrington, debes ser mi sucesor en cualquier caso. Y debes negociar con valor...

Rupert perdió la conciencia, nuevamente.

Planeta Xirgón (Universo 430)

Capital de la Afiliación Democrática de Mundos

Fecha desconocida

Rupert despertó súbitamente sentado en una espaciosa oficina al tiempo que su comunicador sonaba insistentemente.

—¿Sí? —preguntó respondiendo el aparato.

—Señor Presidente, los ministros están esperando hace varios minutos. —Dijo la voz de una mujer. —¿Los paso a su oficina?

—Sí... sí por favor.

Rupert observó alrededor. Estaba en una enorme y lujosa oficina con un gigantesco ventanal que mostraba la típica arquitectura xirgona y su cielo de color púrpura.

A la habitación se adentró un nutrido equipo de ministros, entre los cuales reconoció a Ushuk Lang con uniforme militar verde de la Afiliación, el resto le eran desconocidos pero eran hombres y mujeres de todas las especies afiliadas, salvo por la total ausencia de los cártagiks.

—Señor Presidente —le dijo Ushuk— ¿se siente bien? Lo noto algo alterado.

—Descuide... General —dijo reconociendo el uniforme de Ushuk. —Me encuentro bien.

—Hace años nadie me llamaba general —dijo sonriente Ushuk— no desde que soy Ministro de Defensa.

—Lo lamento, Ministro. Siéntense, por favor —dijo ubicándose al lado de sus ministros sobre una mesa redonda.

—La situación es crítica, señor —dijo una mujer de raza negra— la Congregación Cártagik ha conquistado la República Polari. Con la caída de Polari, sólo la Afiliación y la Alianza Valtárica permanecen libres del expansionismo cártagik.

—¿Incluso cayó el Imperio Xirgón? —dijo Rupert olvidando a Ushuk.

—¿El qué? —preguntó Ushuk.

—Ah, disculpe —respondió Rupert— olvidé que los xirgones se afiliaron...

—¿Qué si nos afiliamos? —exclamó extrañado Ushuk— somos de los fundadores de la Afiliación. Desde la caída del Imperio Valtárico.

—Sí, es verdad. —Trató de justificarse Rupert. —Por supuesto. Siendo presidente de la Afiliación, conozco la historia afiliada.

—Señor Presidente —interrumpió un brazzky regordete— debemos negociar la paz con la Alianza Valtárica en aras de sobrevivir la amenaza cártagik.

—Y... ¿Cómo están las relaciones con los valtáricos?

—Como es usual —le respondió el brazzky. Pero Rupert seguía sin saber.

El comunicador de Rupert sonó de nuevo.

—¿Sí?

—Señor Presidente, la Señora Primera Dama está aquí.

—Que pase.

A la oficina se adentró Jadi Bashar, aunque vestida con un elegante traje ejecutivo. Se aproximó hasta la silla de Rupert y le dio un beso en la boca.

—Sólo vine a decirte que ya hable con la dirigencia del Frente Neo—Lish. Aparentemente no tienes competencia dentro del Partido para ser candidato a la reelección en las próximas elecciones. Ahora debemos negociar con el Partido Lish para que la Coalición Lish presente un solo candidato. Esperaré a que terminé la reunión —dijo estampándole un nuevo beso.

—Vaya, en este universo estoy en el Frente Neo—Lish y no en el Partido Lish —dijo Rupert para si mismo— y soy presidente. Quizás elegí mal el partido en mi universo natal.

—¿Qué? —preguntó Ushuk.

—Nada. ¿Hay forma de ayudar a los polari?

—Ninguna —dijo el brazzky— los cártagik realizarán con ellos lo que siempre hacen. Convertirán o matarán a toda la población. Las mujeres serán sometidas al estricto código legal machista, y establecerán una dictadura teocrática.

—Para que la Afiliación Democrática de Mundos sobreviva —dijo Ushuk— al embate de estos terribles fanáticos religiosos, deberemos incrementar el presupuesto militar.

Luego le acercó a Rupert un documento para que lo firmara aprobando el incremento. Rupert lo pensó algunos momentos, y finalmente firmó.

Después de algunos temas generales se levantó la sesión.

—¿Puedo hablar un momento con el ministro de ciencia? —solicitó Rupert. Un kinoshano se esperó en la oficina hasta que todos los demás ministros salieron.

—¿Sí señor?

—Quisiera saber todo lo posible sobre investigaciones científicas en física cuántica —dijo Rupert— pero particularmente en el tema del viaje a universos paralelos. ¿Ha comenzado el ministerio a investigar dicho tema?

—Sí señor. Algo.

—¿Quién es el científico más experto en el tema?

—Creo que debe ser el Dr. Kerozt, director del Instituto Científico de Carixis.

—Bien, pues notifique al Instituto que viajaré de inmediato a darles una visita.

—Pero... señor... Carixis es un lugar muy peligroso. La mitad del sistema lo invadieron los cártagiks.

—No importa. Debo ir.

—No sabía que te importara tanto la física cuántica —le dijo Jadi —Además, nunca pensé que regresaras a Carixis después de lo que le pasó a tu primera esposa allí.

—Es importante... querida —le respondió Rupert. —ahora, déjame solo, ¿sí? Tengo algunas cosas que hacer.

Cuando Rupert estuvo solo, consultó de nuevo a la computadora de su comunicador:

—Computadora, dame toda la información en tu base de datos sobre la Congregación Cártagik.

—Un régimen teocrático fundamentalista que invade otros planetas convirtiendo a la población a la fuerza a su religión fanática y monoteísta. En cuanto invaden un planeta asesinan a todos los no conversos, destruyen los templos y los ídolos de otras religiones, e imponen su ley religiosa. Es una religión extremadamente machista, droths y cerrada. Actualmente tienen dominio sobre los planetas Alaxi, Istaria, Dashán, Dénuzeb, Zarak, Vega 2 y Polari.

—¿Cuál es la relación entre la Afiliación y la Alianza Valtárica?

—Tensa y conflictiva a raíz de la Primera Guerra de Carixis que fue ganada por la Afiliación. Los valtáricos desde entonces se niegan a relacionarse con los afiliados hasta la devolución de las tierras sagradas que perdieron durante la Guerra.

—Curioso. En mi universo la Afiliación perdió esa guerra. Dame toda la información que tengas sobre mi primera esposa.

—La primera esposa del presidente Rupert Corrado era la agente Kriggs, una mujer soth quien era agente especial de Inteligencia. Se conocieron hace 15 años en la Universidad y se casaron poco después.

—¿Cómo murió?

—Fue tomada prisionera por los cártagiks en una labor de espionaje. Fue violada y torturada antes de morir.

—¡Maldición!

—Señor Presidente —dijo la secretaria entrando al lugar. Era una hermosa mujer brazzky de cuerpo esbelto que vestía un ajustado traje formal.

—¿Sí?

—Ahora que se fue su esposa... ¿podemos hacer el amor como de costumbre?

—Así que el Corrado de este universo es un presidente con su secretaria como amante. ¡Que trillado!