Capitulo X: Luthy, dudas razonables.
Pasas una noche tranquila, las habitaciones, aunque pequeñas, son acogedoras y cálidas. Qi no hace mucho ruido, parece que estuvo practicando casi todo el día algún conjuro nuevo y cayó rendida luego de cenar. Max tampoco salió de su cuarto en toda la tarde, no imaginabas que estuviera tan cansado, aunque coincides con Guren en que Max debería hacer más actividad física.
A la mañana siguiente salen pocas horas antes de salir el sol. Te sorprende ver que Max se ha golpeado en el rostro, sobre la frente lleva una leve hinchazón producto de quién sabe qué. No quiere dar respuestas sobre lo que le sucedió y luego de unos minutos pierdes interés en el asunto.
A mediodía paran junto a las raíces de un gran roble que sobresalen en el camino y toman unos minutos para alimentarse antes de continuar su camino.
Viajan al menos unas cinco o seis horas más antes de detenerse y buscar donde pasar la noche, sea acampando a la intemperie o en alguna localidad.
Los próximos días transcurren en esa rutina. Las conversaciones son escazas y sin demasiada importancia: algún comentario sobre el paisaje, quizás alguien habla sobre algún insecto o animal que el grupo logra ver en la distancia, pero en general las energías se conservan para la caminata. Si bien la tensión ya no es la misma que los primeros días Max y Daphiel aún no se dirigen la palabra más allá de una afirmación o alguna respuesta breve.
“Ya se les pasará” piensas la última noche que pasan a la intemperie antes de llegar a Oriell.
Al día siguiente la vista que los recibe deja a tus compañeros sin habla, la gran capital de los elfos posee una vista única: un centenar de árboles de distintos colores, tamaños y formas coronada por el más grande Sauce que pudiera criatura alguna imaginarse: el Palacio de la Reina.
El colosal vestigio del paso de los dioses sobre la tierra, según las leyendas fue plantado por el mismo Kiev, padre de todos los árboles, para servir de casa a la primera elfa. Lo cierto es que el efecto que causa las primeras veces es impresionante, sobre todo por el curioso espejismo que se dibuja en su corteza: mires a donde mires siempre da la impresión de que figuras de distintos animales se mueven por la corteza del árbol justo fuera de tu campo de visión.
Alguien se acerca a ustedes, un elfo Ellen, de cabello blanco hasta la cintura, trenzado, ojos oscuros y piel característicamente pálida; lleva un casco de cuero cubriendo la parte superior de su cabeza y un petate de metal que cubre su pecho.
-Identifíquense viajeros –les indica al estar directamente frente a ti.
-Mi nombre es Luthy Callaëllen –declaras, dudas un segundo pero estás consiente de lo que debes añadir-, Hechicera Mayor de la Orden de Endêvlez y estos son mis acompañantes: Daphiel Von Christ, Qiedia Whitemane, Guren Ryu y Max Reedse.
El elfo asiente y hace una seña con su mano izquierda, gracias a tus sentidos de elfo puedes oír no muy lejos como un ave alza vuelo.
-Hemos estado esperándola su excelencia –dice el elfo con una leve reverencia- tengo instrucciones de acompañarla de inmediato al palacio de Su Majestad apenas llegase.
Tragas en seco al oír esas palabras, sabías que reunirte con la reina sería una tarea obligatoria durante tu estadía, no esperabas que fuera tan pronto. Tomas aire, asientes y caminas siguiendo al guardia.
El trayecto es silencioso, sin parsimonia, pero según avanzan cada vez más guardias se unen a la procesión. Lejos de sentirse como un desfile, pareciera que te escoltaran para ir a prisión. Algunos elfos miran en tu dirección, su atención captada por el creciente número de guardias, pero todos desvían la mirada o cuchichean con algún otro elfo cercano.
-¿Quién es esa? –escuchas decir a una.
-Debe ser peligrosa –dice otro.
-Mírala rodeada de guardias.
-Si no fuera culpable de algo estaría más tranquila…
Sientes como tu pulso y respiración empiezan a acelerarse y de pronto una mano sostiene la tuya, volteas y es Daph quien te acompaña ahora. Voltea a verte y sin decir una palabra te regala una de sus apacibles sonrisas, te recuerda cuando tenían que estudiar para algún examen importante y te decía que no te preocuparas, que todo estaría bien.
Poco a poco dejan atrás las miradas acusadoras y se aproximan al gran árbol que es el hogar de la familia real.
Allí esperas ver al menos algunos guardias esperando, algún tipo de ceremonia de bienvenida… pero no, la entrada del palacio, una apertura entre las raíces del sauce, está completamente vacía.
Adentrándose por los pasillos formados dentro del árbol, el escolta finalmente rompe el silencio.
-Al entrar a la sala del trono deben caminar en silencio hasta el centro de la sala y hacer una reverencia, el heraldo declarará sus nombres y podrán levantarse cuando así sea, nadie debe hablar hasta que su majestad les dé la bienvenida.
-“¿No son demasiadas reglas” escuchas la voz de Qiedia en tu mente “considerando que Luthy está por lo menos a la par de la reina?”
-“La ausencia de una procesión más llamativa” contesta la voz de Daph “o un recibimiento adecuado es sin duda una falta de respeto”
-“Una jugada de poder” interviene la voz de Guren “el mensaje claro es que Luthy no merece el esfuerzo de salir a recibirla”
Nuevamente sientes tus nervios agitándose, sueltas la mano de Daphiel y no dices nada, simplemente te concentras en mantener tu respiración bajo control.
Finalmente te encuentras frente a una enorme puerta de cristal, enredaderas y ramas adornan la puerta formando imágenes de bestias de todo tipo. El escolta que los ha acompañado hasta este punto hace una seña a dos guardias al otro lado del cristal que empiezan a abrir las dos hojas de la puerta, la sala no es muy larga, apenas unos diez o doce metros separan la puerta de la escalinata que asciende al trono, pero la elevación de la misma y la altura a la cual se encuentra el trono te hacen sentir genuinamente insignificante.
Avanzas dentro de la sala, acompañada de tus amigos y compañeros de viaje, arriba en un hermoso trono de madera, que sabes que no ha sido tallada sino creada de tal forma, se encuentra una mujer bellísima, de cabello blanco con destellos verdes, de ojos negros y piel de cobre.
-¡Su majestad! –Declama un gnomo de pie a mitad de la escalera- ¡Lady Aluriell Utum Destarossa Segunda de su nombre, Emisaria de las bestias, la brisa que inclina al bosque!
Todos hacen una reverencia, esperando que el heraldo continue, los segundos pasan y se sienten eternos.
-Con usted –continúa finalmente-: Luthy Callaëllen, hija de Orellinde Callaëllen y Adela Faevir, Discipula de Daëron Sullet, Hechicera Mayor de la Orden de Endêvlez y sus acompañantes.
Levantas la cabeza y ves a la reina contemplándote con una mirada que no logras descifrar. Antes de que puedas hablar, ella se levanta de su trono y comienza a descender por la escalera, su movimiento es hermoso y aterrador a la vez como si de algún animal al acecho se tratase.
-Hechicera Mayor, Luthy Callaëllen –dice cuando finalmente se encuentra frente a ti- es para mí un honor tenerle frente a frente. Estaba al tanto de su visita por avisos de la Torre del Oráculo. Deseo ser la primera en darte la bienvenida a tus tierras.
-Es para mí un honor –dices volviendo a bajar tu cabeza, sientes como su mano se posa cerca de tu rostro y al levantar la mirada la tienes frente a ti, levemente inclinada para que su rostro esté a tu altura, te sorprende ver ternura y amabilidad en su expresión.
-No es necesario que bajes la mirada Hechicera Mayor, tú ahora estás a la par de cualquier rey o reina en Milnaroth. Tus compañeros y tú tendrán que estar a la altura de las circunstancias.
Estás un poco aturdida por su cercanía pero como puedes te recompones y vuelves a erguir, ella se voltea y mientras camina a su trono susurra en una voz tan suave que estás segura solo otro elfo y solo estando a esta distancia podría escucharle.
-Debo pedirte perdón por lo que serán días difíciles en adelante.
Al regresar a su trono se sienta y la candidez se hace unos instantes desaparece por completo.
-Tus acompañantes no han sido debidamente presentados Hechicera Mayor –dice con una voz que resuena en toda la estancia-, si ellos tuvieran la amabilidad de hacerlo.
Celiviel es la primera en dar un paso al frente… solo entonces caes en cuenta que ha dejado caer su apariencia de Qiedia y se muestra tal cual es en verdad.
-Su majestad, mi nombre es Celiviel Almarëa, hija de su majestad el Rey Waddell y la reina Selena, heredera al trono de Milnaroth. Disculpe el atrevimiento de no haber mostrado mi rostro a mi llegada pero espero sepa entender las razones por las cuales viajo de incógnito y me permita mantener mi secreto.
La reina asiente levemente, Daphiel es el siguiente en dar un paso al frente.
-Su majestad, mi nombre es Daphiel Von Christ, hijo de Julian Von Christ y Natalia Sirune, Magus de la Orden de Endêvlez.
-Ryu Guren –dice el dragón dando un paso al frente- de las tierras de Nibirú.
-Max Reedse, Magus apóstata de la Cordillera de Rash.
Algo extraño se dibuja en el rostro de la reina ante la presentación de Max pero no eres capaz de discernir si es desagrado, curiosidad u otra emoción.
-Pues bien, magi –dice la reina tras las presentaciones- sean todos bienvenidos a esta ciudad, esperamos que su estadía sea provechosa. Es mi deseo aprovechar la oportunidad para pedirle a la Hechicera Mayor que participe de nuestro festival anual del Ellëne Aryell, el cual ocurrirá en una semana, deseamos que sea ella nuestra narradora este año –tragas en seco ante la idea de hablar en público otra vez-. Esto significa que necesitaré de vuestra presencia los próximos días en nuestra corte para todos los preparativos. Supongo Hechicera Mayor que tu casa es un sitio adecuado para que tú y tus acompañantes pasen su estadía, pero si lo deseas pueden hospedarse en cualquier posada local que deseen, indiquen al posadero que tienen mi venia para tomar habitaciones. Pueden retirarse.
Todos hacen una reverencia y se dan la vuelta para salir de la sala del trono, caminan en silencio hasta salir del palacio donde finalmente están solos.
-Eso fue… mucho menos malo de lo que esperaba –dice Qiedia quien ha retomado su apariencia falsa.
-Mucho más aterrador de lo que pensé –dices- la buena noticia es que no necesitan posadas, puedo abrirles habitaciones en mi casa.
-¿No toma mucho tiempo? –pregunta Daphiel.
-Soy la hija adoptiva de una dríada, solo Daëron puede construir casas más rápido que yo.
El camino a tu casa es bastante ameno, todos están notablemente más tranquilos que cuando llegaron.
-Hubo algo que no entendí –comenta Daphiel- ¿Qué es el festival del Ellëne Aryell?
-Eh… -puedes sentir el calor en el rostro de tus mejillas enrojeciéndose- es… es algo especial para los elfos… lo entenderás cuando lo veas. Solo desearía no tener que ser la narradora, con mucho gusto hubiera sido el sacrificio.
-¿Sacrificio? –pregunta Qi.
-No importa, lo entenderán después.
No les das más detalles para no arruinar la sorpresa, al llegar Mythos te recibe revoloteando a tu alrededor y picoteando juguetonamente tus orejas.
Esa noche los muchachos preparan la cena mientras tú descansas luego de pasar el día abriendo cuatro habitaciones nuevas para que tus compañeros tengan donde dormir.
“Debo pedirte perdón por lo que serán días difíciles en adelante”
Las palabras de la reina en la sala del trono resuenan en tu mente, oyes que Qi te llama a comer, dejas salir un largo suspiro y te diriges a la cocina.
“Debo pedirte perdón por lo que serán días difíciles en adelante”
-Queda esperar –te dices dejando el asunto de lado.