CAPÍTULO 32
Un mes después y aun no nos íbamos, había estado pendiente de Alessandro, cuidándolo y haciéndole compañía el mayor tiempo posible sin llegar a descuidar la relación que tenía con mi novio, pero nunca era suficiente y sabía que Roman ya había llegado al límite. No podría posponer el tiempo de irnos, ya no más.
Estaba por entrar a su cuarto de hospital y despedirme, me di cuenta que la puerta estaba entre abierta, lo que era un poco raro, siempre permanecía cerrada. Me acerqué lentamente y vi Alessandro hablando con alguien.
—Necesito tener esa información en mis manos —exigía un poco alterado—. Quiero saber lo malditamente importante que tiene esa memoria, que hizo que Nikon me quisiera ver muerto.
—La tendrás, pero no ahora —una voz femenina se escuchó—. Es muy arriesgado, estarás en la mira…debemos esperar que todo se calme.
—Necesito esa memoria para mañana —gruñó.
¿Qué mierda?
—Ya te lo dije, esperaras a que todo se calme. Tu recupérate pronto y sácale la información a esa Ivanov. Te aseguro que el rey de la mafia Rusa es familia de ella.
—Deja de decir bobadas, es imposible…ellos trabajan para el rey, pero no lo son.
Decidí que era hora de entrar y así lo hice, encontrándome con la chica de la universidad…eran novios, ¿no?
—Vete —le dijo a la chica, mientras su mirada me escudriñaba.
Ella le dio un beso en la boca y se fue, no sin antes mirarme con ganas de matarme. Estaba marcando territorio, pero lastima ese territorio ya tenía nueva compradora.
Ok no, yo ya tenía un terreno.
¿Pero qué clase de hija de uno de los mejores empresarios seria si no tuviera dos, no?
—¿Qué información piensas sacarme? ¿Por qué no la dices? —cuestioné, cruzándome de brazos—. Tal vez hasta te la de sin necesidad a ningún truco por tu parte.
—No hablábamos de ti, no eres tan importante —respondió seco, terminando de colocarse una chaqueta.
—Al parecer lo soy —insistí, era obvio que hablaban de mi—. No nací ayer, ahora dime.
—No tengo nada que decirte, Luciana —volteó a verme con su ceño fruncido—. ¿Qué haces aquí? Pensé que no volverías más, no quiero que tengas problemas en tu perfecta relación —ironizó.
—Es por eso que estoy aquí —asentí—. Te vine a decir Adiós, esta vez es para siempre.
Frunció su ceño aún más y rio.
—Se van, claro era obvio que Roman lo lograría…el miedo hace grandes cosas —lo miré sin entender—. Lastimosamente no aceptaré esto.
—Los medicamentos te tienen mal, no necesito tu permiso para irme de este país.
—Tu no, pero ese bebé…esa niña sí —se acercó hasta mí y tocó mi barriga—. No alejaras un padre de su hijo, ¿o sí?
Alejé su mano de un manotazo y reí.
—No sé porque das por sentado que es tu bebé cuando es del colombiano, tranquilo iré a Colombia y empapelaré mi rostro en todo Medellín para dar con su padre —comenté irónicamente.
Rodó sus ojos irritados y suspiró.
—Tengo que decirte que eres una gran actriz, enserio me creí esa mentira —sonrió, algo inusual. Lo miré precavida—. Investigué y en esos días no te viste con ningún colombiano, lo que hizo que sacara pruebas de ADN al niño y a ella.
Alcé mi mano sin pensarlo y golpeé su rostro.
Mis ojos se llenaron de lágrimas inmediatamente.
—No lo hiciste —dije entre dientes. No pudo ser capaz de sacarle exámenes a mi niño, no.
—Lo hice —afirmó, nuevamente lo golpeé, pero esta vez en su abdomen, logrando lastimarlo.
—Cada vez haces más méritos para que te odie —lo agarré de su camisa—. Eres el mayor hijo de puta que he conocido, te odio…no tenías derecho, no lo tenías.
Se soltó bruscamente.
—¡Todo fue tu culpa! Si hubieras hablado con la verdad desde el principio no habría tenido que hacerlo, ¡¿cómo crees que me sentí?! ¿te has puesto a pensar en un momento en decirme la verdad? ¿Qué clase de persona eres? ¡eres una maldita egoísta Luciana! ¡Estoy sufriendo! —gritaba mientras me miraba con odio, sus ojos se pusieron vidriosos, era la primera vez donde lo veía tan vulnerable, tan humano—. ¡Me duele! ¡Era mi hijo! Y…lo cargue y fue para despedirme, no pude protegerlo, pero lo haré con esa niña que crece dentro tuyo y te aseguro que apenas nazca te la quitaré, diré que aun sabiendo que yo era su padre, te quisiste ir.
—¡No! ¡No! ¡No! —grité mientras negaba una y otra vez—. ¡No lo sabía! No sabía quién de ustedes dos era el padre…
Sus ojos se abrieron grandemente, decir que estaba sorprendido era muy poco.
—¿Qué?
—Sí, soy una perra y es algo vergonzoso no saber quién es el padre de los bebes que esperas —lo miré fijamente con una determinación—. Esa es la verdad. ¿Sabes algo? Tú eres lo peor que me pudo haber pasado, desde que llegaste a mi vida todo está mal, todo ha salido mal y no pretendo que arrastres a mi hija en esto.
—Tú eres una perra Luciana Ivanov, una perra sin sentimientos —expresó con mucho odio.
—Lo sé —sonreí, tocando mi barriga—. Una perra que es la madre de tu hija, y la perra por la cual tienes sentimientos, sé lo que estas sintiendo…yo siento lo mismo.
Me fui de la habitación con la respiración irregular.
¿Por qué nunca podíamos tener una conversación normal? Éramos tan parecidos que sabíamos exactamente que decir para herir al otro, aun cuando lo que dijéramos no era lo que en verdad pensáramos.
“Quiero saber lo malditamente importante que tiene esa memoria, que hizo que Nikon me quisiera ver muerto”.
Necesitaba ver al maldito de mi tío.
[…]
Abrí abruptamente la puerta de su oficina, en otro momento jamás lo hubiera hecho, pero no podía hacerme nada, no cuando su relación con papá dependía de un hilo.
—¡¿Qué mierda?! —gritó al verme.
—Necesitamos hablar —dije firmé, cerrando la puerta a mis espaldas—. ¿Qué contiene la memoria que te robaron?
Pregunté directamente, no estaba para rodeos.
—¿Cómo sabes que lo que me robaron es una memoria? —inquirió levantándose de su silla y viniendo hasta mi—. ¿Sabes algo que yo no?
Tenía que pensar mis palabras. Haber dicho que Alessandro había robado su memoria era confirmarle algo que posiblemente sospechaba, al verlo supe que no sabía concretamente quien había sido.
—¿Qué contiene esa memoria? —cuestioné nuevamente.
—¿Cómo sabes que es una memoria? —alzó su ceja y suspiré.
—Dime o me voy, al irme perderás cualquier información valiosa.
—No me robaron una memoria, ¿qué por qué me miras así? Si no me quieres creer no me interesa.
Pero él había dicho… retrocedí un par de pasos sin saber nada.
—¿Q-Qué te robaron? —pregunté.
—¿Piensas que alguien es tan estúpido para robarme? —inquirió burlón—. Jamás me han robado y el que lo haga muere, así de sencillo sobrinita revoltosa.
Todo pasó por mi mente, cada escena, cada palabra, todo en milésimas de segundos, logrando tratar de encajar todas las piezas.
Alessandro me había llamado cuando no tenía que hacerlo.
Por alguna extraña razón tu tío Nikon desconfía de mí y…
Esas personas me conocían, le habían disparado Alessandro…lo hicieron enfrente mío, además el no sería capaz de poner su vida en riesgo por…
Él estaba dispuesto a todo por saber el asesino de su padre.
¿Pero por qué yo?
¿Había dicho aquellas palabras apropósito? ¿sabía que yo escucharía? ¿todo esto era un plan?
—¿Por qué yo? —susurré totalmente confundida.
Él me miró, fijamente sin darme la posibilidad de saber que pensaba…todo él era malditamente inexpresivo.
—Supe tu relación con él, de sus encuentros y creí que era un informante, debía de probarlo y que mejor manera que con su vida.
—¿Probarlo? ¿Arrastrarme hasta su prueba era parte de ello? —inquirí, empezando a enojarme de repente.
—También quería saber si tus sentimientos por ese pobre diablo eran reales y que percusiones traería para nosotros.
—¿Sentimientos? ¿percusiones? —fruncí mi ceño confundida y me enoje por las consecuencias que pudo haber traído para mí—. Eres un maldito, ¿Cómo te atreves?, mi bebé pudo morir por eso.
—Es una Ivanov —se encogió de hombros a modo de respuesta.
—Además, ¿estuvo a punto de morir? ¿Qué mierda?
—Exacto, muriendo era la única manera que tenía para mostrar su lealtad conmigo —sonrió de manera cínica—. Vivió, así que merece ser mi mano derecha.
De repente me mareé por saber aquella mierda, me sentí estúpida, humillada y con ganas de que corriera sangre…la de él, me había usado y todo por su venganza, su maldita venganza, no podía ver nada que fuera ello, incluso había puesto en riesgo la vida de su hija…él no nos merecía.
—¿Noah y Luciano? —pregunté, queriendo saber.
—Ellos no sabían absolutamente nada, tampoco tienen porque saberlo —se cruzó de brazos y alzó una ceja—. ¿Acaso quieres que Noah sepa sobre Alessandro y su venganza?
Su pregunta malditamente me sorprendió.
¿Cómo mierda podría saber algo así y Alessandro seguir vivo?
—¿Qué? —musité, dándome cuenta que tío Nikon era el diablo en persona.
—Si tu hermano así de sanguinario como está ahora se da cuenta que la vida de su padre corre peligro, no dudara en matar a tu querido amor —comentó, un tono burlón—. Me sorprende cada día, sabía que era un maldito. Que orgulloso me siento, es como el hijo que nunca tuve.
Me recorrió un escalofrió de pies a cabeza.
—¿Por qué? —solté, pero no lo deje hablar—. ¿Por qué aun no lo has matado? ¿Por qué lo tienes trabajando para ti?
—Es muy bueno en lo que hace, personas como él no nacen todos los días —se encogió de hombros y fue hasta su mini bar, sirviéndose un trago—. Mientras me sirve por el momento lo tendré a mi lado, dejándole pistas de quien mató a su padre y llevándolo al final de un callejón sin salida —su mirada se tornó aún más seria—. No pondría la vida de mi hermano en peligro, además cuando ya no requiera sus servicios yo mismo lo mataré.
—¿Papá mató al señor Sokolov? —quise saber, aun guardando la leve esperanza de que no.
—Aunque amo hablar contigo sobrina, la pequeña Ivanov merece descansar —fue hasta la puerta y la abrió—. Nuestra charla acabó.
No me moví del sitió, aun procesaba todo lo que acababa de salir y no lo podía creer, había sido una ficha, un maldito peón para dos malditos fines de hombres sin escrúpulos.
Me iba, claro que lo haría. No haría nada, el destino de Alessandro ya estaba escrito y no lo reescribiría, dejaría que pasara lo que tuviera que pasar.