Chapter 34: CAPÍTULO 33
Me sentía como en el cielo, sus manos simplemente eran mágicas y justo ahí donde tocaban me hacían querer blanquear los ojos…era intenso, diablos que sí y lo estaba disfrutando mucho, no quería que parara por ningún motivo, lo mataría si lo hiciera…
—Aaah —gemí complacida cuando bajo un poco e hizo presión. Era todo un conocedor —. Por favor no pares, sí…así… ¡diablos, si eres un experto!
Respondió con un gruñido y reí, sabiendo que estaba cansado ya, llevaba más de media hora dándome placer, quedaría agotado pero el embarazo me tenía así…era inevitable.
—¿Te sientes mejor ahora cariño? —preguntó, minutos después. Sonreí complacida, Roman era el mejor—. Uff menos mal, mis dedos ya no podían más. Espero tus hermosos pies hayan descansado.
—Lo hicieron —afirmé, haciéndole un gesto para que subiera y se acostara a mi lado.
Pasó un brazo por mi espalda y me atrajo hacia su pecho, últimamente quería permanecer todo el tiempo así, juntos, sintiendo el acelerado latir de su corazón por mi presencia…quería esto para siempre.
—Deberías de pausar la universidad, no quiero que mantengas estresada —besó mi cien, manteniéndose más tiempo de lo normal.
—Sabes que no lo haré —susurré, agarrando su mano libre y entrelazando nuestros dedos—. No podré asistir los primeros meses cuando nazca, no quiero atrasarme más tiempo del necesario.
Se creo un cómodo silencio y sonreí, hace mucho no me sentía así…en paz.
Había creado una pequeña burbuja a mi alrededor, no quería que ninguna mierda del exterior entrara y estaba esforzándome por eso.
—Luciana —murmuró.
—¿Sí? —dije distraída, sus dedos tocaban suavemente la piel expuesta de mi abdomen.
Lo apreté aún más a mí, bueno hasta donde la barriga me lo permitía. Estaba siendo tierna y por alguna extraña razón no me disgustaba.
—Siempre.
Alcé mi rostro y lo miré, sus ojos tenían un brillo inusual y me encantaba.
—¿Siempre? —cuestioné confundida.
—Te quiero para siempre —sonrió tímido—. Sé que es difícil saber que pasara el día de mañana o en un año, pero, quiero que estés ahí junto con nuestra hija, quiero levantarme y que seas tú lo primero que vea en mis mañanas, te amo —mis ojos se llenaron de lágrimas y suspiré, viendo lo malditamente perfecto que era este hombre—. Te amo desde el primer día, no quiero que me respondas ahora ¿está bien? Solo déjame amarte, es lo único que te pido.
Me monté sobre él y me senté, obteniendo una hermosa vista. Puse mis manos a cada lado de su cara y me incliné lo más que podía.
—Soy una maldita con suerte —confesé, sonriendo completamente. Soltó una risa nerviosa—. La verdad es que no te merezco, te mereces algo muchísimo mejor, pero soy egoísta Roman y no te dejaré porque también quiero amanecer y que tu seas lo primero que vea, solo te pido… por favor nunca dejes de ejercitarte…me calientas cada vez que te veo —ambos reímos—. Mi amor por ti es muy grande y sé que pronto estaré lista para decirlo.
Un leve toque en la puerta nos sobresaltó.
—El desayuno está listo —informó una de las chicas de servicio.
Mi estomago rugió en cuanto supo, avergonzándome al instante.
—Al parecer nuestra pequeña tiene hambre —informó burlón, negué levemente.
—La verdad no, soy solo yo de hambrienta —me levanté con cuidado y abrí la puerta para bajar—. ¡Muévete!
Grité mientras bajaba rápidamente los escalones.
—¡Luciana! —gritaron al unísono los tres hombres.
Papá, Luciano y Roman eran tan sobreprotectores, por dios no estaba lisiada.
—No me caeré, no es como si mi pie derecho se cruzara con el izquierdo por mera casualidad e hiciera que cayera rodando por las escaleras —volteé a verlos, quienes me miraban con horror—. ¿Qué?
—¿Es a esta loca que quieres como madre de tu hija? —cuestionó Luciano, preguntándole a Roman. Se encogió de hombros resignado—. Suerte.
Los fulminé con la mirada y seguí, sabía que lo hacían a modo de broma y ja, a modo de broma también te dejaría sin sexo…estúpido Roman.
Todos nos sentamos en la mesa y por algún extraño milagro Noah se encontraba en la mesa.
Todos se habían adaptado a Roman, lo aceptaban en la familia y me alegraba eso, aunque era inevitable algunas miradas de rabia por parte de mi lindo, hermoso y sexy padre.
—¿Cómo estás? —preguntó de repente Noah dirigiéndose a mí, me sorprendí un poco, pues ya no hablábamos como antes, en realidad no lo hacíamos.
—Muy bien.
Su mirada me penetraba y miré mi plato, huyendo.
—¿Mi sobrina? —alcé mi mirada rápidamente, pensando por un momento que escuché mal, fruncí mi ceño confundida—. ¿Ella está bien?
No, no lo había hecho.
Era la primera vez que hablaba sobre ella. Sonreí grandemente.
—Sí, tía Fran dice que está muy bien. Está creciendo sana —comenté tranquilamente—. Últimamente ha agarrado su lugar de descanso como un ring de boxeo.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios y fue suficiente para mí.
Lo amaba demasiado.
—Pero si es igual de revoltosa que su madre —dijo Luciano, tocando mi pequeña barriga, a lo que esta niña pateó de inmediato, sorprendiéndolo—. Sí cariño, lo sé soy el tío favorito.
Rodé los ojos y quité su mano de un manotazo.
—¿Cómo esta tu novia? ¿El embarazo va bien? —preguntó papá, llevando un trozo de fruta a su boca.
—Sí, esta todo bien con el bebé —sonrió y quise golpearlo.
Ninguno se tragaba el cuento de que ese hijo fuera de Luciano, pero aparentábamos que sí, no queríamos que se enojara.
—¿Y dónde está ahora? —pregunté.
—Esta con su hermana, al parecer necesitaba dinero y le llevó.
—¿Dinero? —preguntó mamá un poco confundida—. ¿Tú le diste el dinero?
—Eh sí, le dije que le ayudaría…la hermana es una mujer de la calle y…está enferma.
—Pero no es tu hermana, ella debería de hacerse cargo de sus problemas…no están casados, Luciano.
—Aun no, pero pronto lo haremos. Quiero que mi hijo crezca en un matrimonio y….
—No —respondió Noah, acabando con su desayuno—. No te casaras por un hijo, si lo haces será porque la amas y no ves otra vida si no es con ella. ¿ok?
—Y claramente no es tu caso —aclaré, alzando una ceja.
¿Dónde mierda quedaba Mia?
—Se me quitó el apetito —soltó bruscamente los cubiertos y se levantó—. Adiós.
Nos habíamos pasado de la raya esta vez, Roman comía tranquilamente sin si quiera considerar meterse en la conversación, tendría que aprender a ser como él.
—Salimos en cinco —le recordó papá a Roman y a Noah, estos asintieron.
—¿A dónde llevan a mi marido? —ambos alzaron las cejas—. ¿Qué?
Negó con la cabeza y dijo.
—Trabajaremos —moví mi mano para que continuara—. Posiblemente mataremos a un hombre, hija ¿eso querías escuchar?
—¡Alexander! —gritó mamá alterada.
[…]
—Aun no me acostumbro a estar sin ella —dijo mi amigo a mi lado.
—Yo menos —respondí, acabamos de salir de clases, nada era igual desde que ella ya no estaba.
—¿Nos vemos mañana? —asentí, me dio un beso en la mejilla y se fue.
Miré mi reloj, viendo que Roman se estaba tardando. Teníamos una cita con tía Fran, veríamos a esta revoltosa y aun no llegaba, lo golpearía a él y después a mi padre y a Noah.
Vi Alessandro saliendo de la facultad y me volteé inmediatamente, no quería que me viera, no sabría si sería capaz de aguantar mis ganas de matarlo.
—Luciana —agarró mi mano volteándome, maldije entre dientes y me solté de su agarre. Empecé a caminar lejos del, no quería tenerlo cerca—. Detente, tenemos que hablar.
No hice caso y continué, apurando mi paso.
—¡Luciana! —gritó, cuando ya nos encontrábamos lo suficientemente lejos de la multitud de personas.
Me detuve de inmediato y me volteé, viéndolo con ira, recorrí los pasos que nos separaban y lo golpeé, una patada en su pene.
—Ojalá no se te pare jamás —al provechar que estaba encorvado por el dolor. Lo empujé, haciéndolo así que se cayera—. Jamás creí que sería capaz de ser mamá, de amar a un bebé y soy capaz, tan capaz que no permitiré que nadie le haga daño…incluso su maldita sangre, aléjate de nosotras Alessandro Sokolov o te mataré.
Me miró furioso, demasiado y por un momento me sorprendí. Retrocedí cuando se levantó, aun con una mano en su miembro.
—Te dije que te fueras, que me dejaras allí, no hiciste caso.
Me reí al instante que escupió esa estupidez.
—Que idiota.
—¡Entiéndeme! No podré vivir en paz hasta que el asesino de mi padre este muerto… ¡no podré!
No supe porque lo hice, pero sabía que traería consecuencias este pequeño momento de arrebato que tuve, pero solo tal vez sucedió al saber que él era el padre de este bebé.
—¡Mi tío te matara! ¡Cuando ya no le sirvas te matara! —me reí cuando vi su rostro, no estaba asombrado…para nada. Negué levemente—. Pero eso ya lo sabias, ¿verdad?
Me miró y había algo más en su mirada, no había estado ahí las otras veces…era algo nuevo y no supe qué.
—Lo siento, pero tenía qué y —frunció su ceño y suspiró—. Tranquila, no pondré problema porque te vayas…es lo mínimo que puedo hacer después de ponerlas en riesgo.
—Sí, es lo mínimo —asentí rápidamente, sintiendo un dolor muy pequeño en mi pecho.
¿Acaso quería que se opusiera?
—¿Un beso de despedida? —iba a negarme rotundamente, pero me interrumpió—. Un beso no se le niega a nadie, menos a alguien que ha recorrido con su boca todo tu cuerpo —tenía razón, pero…—. No nos veremos más, deja que te bese.
No tuve tiempo para negarme, su mano agarró mi cabello y me jaló hacia él, estampando nuestros labios en un beso rudo, como siempre.
Cerré mis ojos y me permití disfrutarlos una última vez, saboreé cada parte, jugué con su lengua y cuando mis pulmones pedían a gritos aire, me detuve con la respiración agitada.
La pequeña metida no dejaba de patear, así que llevé una de sus manos a mi abdomen, para que la sintiera, porque era lo único que tendría de ella.
—También te dice adiós —ambos sonreímos, éramos unos malditos locos—. Siempre serás mi Atracción Alessandro, mi Atracción Rusa.
Me separé y lo vi una última vez, con esa mirada escalofriante que me encantaba, esa aura oscura y esa maldita sonrisa que se había convertido en mi debilidad.
Éramos la pareja explosiva de Rusa y solo podía esperar, que fuera la última vez que tenía que verlo. No más Alessandro por el amor de Alá.