CAPÍTULO 31

—Alessandro no te duermas —exigí, dándole pequeños golpes en su rostro.

A lo lejos escuchaba la sirena, lo que me hizo tranquilizar y sacar el móvil para marcarle a mi madre.

Uno, dos, tres, cuatro…

—¿Qué pasa?, ¿estás bien?, ¿hay un problema? —me abordó con preguntas inmediatamente.

—Mamá estoy bien, todo va bien, pero han acribillado a Alessandro, la seguridad del edificio llamó a la ambulancia y creo que ya llegaron, quiero que sea atendido por ti, me sentiré más confiada —hablaba rápidamente mientras me aseguraba que el nombrado no cerrara los ojos.

—Dejaré pasar el hecho de que no estés en casa y estuvieras en medio de un tiroteo, solo por unas horas —amenazó, empecé a escuchar como daba órdenes y pedía algún tipo de información que desconocía—. Hija, no hay registros de que algún guardia o alguien llamara solicitando una ambulancia.

Me levanté de inmediato para asomarme al balcón.

—Mamá, acaba de llegar la ambulancia. ¿cómo es eso posible? —inquirí, tratando de ver la placa, pero era imposible—. Estamos muy cerca del hospital, el carro tuvo que salir de allá ¿Por qué no tien…

La pregunta quedó en el aire cuando lo supe.

—Interceptaron la llamada, ¡salgan ahora mismo de allí! Llamaré a tu padre —colgó.

—¡Mierda! ¡Mierda! —grité—. Dime que tienes un equipo quirúrgico.

—Baño —susurró.

Fui hasta allá y revolqué todas sus pertenecías, cuando lo obtuve en mis manos fui hasta él y respiré profundo. No teníamos tiempo y debíamos salir cuanto antes de su apartamento.

—Si no nos vamos ahora moriremos, así que por favor trata de levantarte —me agaché y con mucho esfuerzo empecé a levantarlo—. Por favor, un poco más.

—Déjame…y vete, no se-seré el culpable de… que pierdas a mi hija…vete

Dejé pasar ese pequeño pero grande declaración y negué.

—Alessandro si no salemos ahora mismo ambos estaremos muerto —No había manera en este mundo que lo dejara aquí. Asintió y con mucho esfuerzo logré levantarlo.

Con mi mano agarrando el botiquín, la pasé por su cintura mientras la otra sostenía su brazo, quien reposaba en mi cuello.

Podía hacerlo, pero sabía que el hacer esfuerzo de más tendría consecuencias graves, pero confiaba en que aquella niña resistiría. Debía hacerlo.

—Ya casi —gesticulé sin aliento. Mi estado físico era un asco en estos momentos.

Logramos salir de la habitación cuando el ascensor sonó. Miré la puerta de emergencia y rápidamente traté de llegar hasta allí. Mi corazón latía rápidamente. Al abrirla había un puto ascensor a un par de metros.

Entramos y tranqué la puerta.

—¿Un ascensor? —pregunté confundida, mientras entrabamos en él.

—Es…pri-privado y necesitas…clave —se desplomó a mi lado. No pudiendo aguantar más su peso lo deje en el suelo.

—Alessandro, dime la puta clave —abrí el botiquín, taparía la herida, era lo único que podía hacer, esta no había salido y sacarla sería algo desastroso—. Dime la clave, Alessandro.

Mi celular vibró y rápidamente lo saqué.

—¿En dónde estás, Luciana? ¿qué piso? Ya estamos llegando —preguntó agitado.

Mi puto ángel de la guarda había llegado.

—Su piso es el último, estamos en el ascensor privado, creo que vinieron a rematarlo y Luciano…Alessandro se está muriendo.

Mis ojos se llenaron de lágrimas por la enorme impotencia que estaba sintiendo. Tenía que hacer otra cosa, pero estando ahí, con él en mis brazos mientras poco a poco perdía la conciencia supe que estábamos jodidos y lo estuvimos aún más, cuando ruidos del exterior se empezaron a escuchar.

Era solo cuestión de segundos para tener a esas personas frente a nosotros, tal vez fue la adrenalina del momento. Pero lo abracé con todas mis fuerzas y lloré.

Ambos éramos tan iguales que chocábamos, por esa razón nuestra relación era toxica, nos odiábamos con la misma intensidad que nos deseábamos y eso jamás había tenido un buen resultado.

Una pregunta me llegó y no pude responderla, no sabía cómo rayos había empezado a tener sentimientos por Alessandro cuando lo único que había salido de su boca hacia mi persona eran insultos, pero…tal vez inconscientemente me había fijado en su mirada, siempre me decía algo totalmente diferente de lo que salía de sus labios. Éramos dos malditos incapaces de mostrar nuestros sentimientos y estábamos a punto de morir.

Abrí mis ojos sorprendida cuando una varilla de metal totalmente plana se asomaba entre la mitad de las puertas.

—Mierda —susurré, empezando a golpear el rostro de Alessandro para que se despertara—. El código…dime el maldito código Alessandro.

—¡Ya casi! —escuché desde afuera.

Esas personas no me harían daño, venían por Alessandro y tenía que hacer tiempo hasta que llegara mi hermano. Me hice adelante, tapándolo totalmente. Las puertas fueron abiertas y dos hombres grandes entraron.

—Quítate —dijo uno de ellos.

Su mirada me causaba terror, era la mirada de una persona perdida y oscura.

—Si dan un paso más, morirán —Se miraron entre sí y rieron—. Soy hermana del rey de la mafia, si nos tocan un pelo les juro que acabaré con lo que más aman.

—No tenemos tiempo para amenazas, sabemos perfectamente quién eres —me agarró y alzó de un solo tirón—. Ahora no te entrometerás, hazlo.

—¡No! —grité, tratando de quitarlo de encima, me detuve cuando sentí algo frio en mi abdomen.

—Si te mueves, es muy probable que vivas, pero, ¿crees que tu bebé vivirá? —tragué fuerte—. Así me gusta, quietita.

Antes de que disparara hablé.

—Tienes una hija —dije, viendo el tatuaje en su brazo—. Te aseguro que la mataré enfrente de tus ojos, muy lentamente y ella llorará y gritará que le ayudes, pero no vas a poder y vas a sentir la impotencia que estoy teniendo en estos momentos.

El sujeto me volteó a mirar y alce mi rostro, no llegando a mostrar ningún sentimiento.

—¿Quién crees que eres? —inquirió burlón—. Solo eres una perra que cree tener el poder, pero seamos sincero…no eres nadie en tu familia, solo la perra que dejo que su mejor amiga muriera.

Sin preverlo, su arma se descargó dos veces contra Alessandro, lo que me había dejado en shock.

—NOOO —grité, intentando soltarme—. ¡DETENTE!

Un nuevo disparó se escuchó, pero esta vez de afuera. Luciano había llegado y acababa de matar al hombre.

—Suelta mi hermana hijo de puta —amenazó.

—No recibo ordenes de ti —respondió.

—Pero si de mi —Noah apareció.

Abrí mis ojos sorprendida al verlo. Aun le importaba.

—En estos momentos cinco de mis hombres van directo a tu casa, sí a tu casa, donde se encuentra tu mujer y tus dos hermosas hijas, al menos que no quieras que le suceda algo…suéltala y entrégate.

—Él es capaz —murmuró. Lo miré de reojos sin saber que decir. Ya no lo conocía.

—Sí —susurré, sabiendo muy adentro que Noah no era capaz.

El hombre me soltó lentamente y corrí hacia Alessandro. Me sobresalté cuando escuché un disparó a mi lado, volteé solo para ver como ese hombre caía nuestro lado.

Noah lo había matado.

[…]

—Hablé con tu madre, todo está listo para que viajemos mañana mismo —Roman agarró mi rostro y me besó—. ¿Qué pasa?

Preguntó cuando no seguí su beso.

—¿Mañana? —inquirí, aun sorprendida.

—Sí, tu dijiste que quieras irte cuanto antes y de eso ya hace mucho…Ya todo está listo para irnos.

Me separé lentamente y negué.

—No puedo irme Roman, no puedo dejar a Alessandro como esta…quiero…

—¿Alessandro es tu familia?, ¿es tu novio? —preguntó, llevando sus manos a sus caderas—. Tú no tienes que hacer nada, amor.

—No tiene ningún familiar cerca, ¿cómo es posible que me vaya y lo deje solo? —lo miré sorprendida. Roman no era una mala persona—. Es ser solidario con alguien que nos necesita.

—Escúchame Luciana, no es tu problema. Ya hiciste lo que tenías que hacer, está vivo por ti y del resto se encargará el personal altamente capacitado que tiene tu mamá.

En parte tenía razón, pero, no podía dejarlo solo. Quería saber cómo estaba y como era su evolución…estar ahí para él.

—No lo puedo creer —negué levemente—. De todos lo pensé, pero de ti, jamás Roman. Hay una persona que está sola en un hospital y lo conozco, soy su amiga.

—¿Amiga? —quiso saber, alzó una ceja y asintió—. ¿Ahora es así?

—¿El que?

—Ahora se llaman amigos, personas que tuvieron una especie de relación de sexual son amigos. Dime su color favorito —me exigió, retándome con la mirada.

Mierda, ni siquiera sabía su color favorito.

—¿Qué clase de pregunta es esa? Lo que sea que tuvimos se terminó hace mucho, recuerda que por estar con él no pude salvar a mi mejor amiga —respiré profundo y confesé—. Solo no quiero que sienta que está solo, el hospital es un lugar muy frio.

Se acercó y me estrechó entre sus brazos.

—Quiero que nuestra hija se encuentre bien, que no peligre su vida y mientras más tiempo pasamos aquí, es peor para ella.

—Sé lo que es mejor para MI hija, pero está bien…solo será un par de días mientras despierta —me alejé, poniendo distancia entre ambos—. No me iré.

— ¿Por qué intentas ponerlo en el medio? —cuestionó, pasando sus manos por su cabello varias veces.

Se estaba aguantando.

—No lo hago, no quiero que nada joda lo que estamos construyendo. Estoy contigo porque te quiero y es hora de que empieces a confiar en mí, esa es la base de una relación…la confianza —insistí, no quería que estuviéramos peleados.

—¿Cómo me pides que confié en ti si aun tienes sentimientos por él? —fruncí mi ceño—. Es difícil, ¿no lo crees?

Hizo un intentó de sonrisa y se marchó de la habitación.

Yo seguí ahí parada, reparando en sus palabras. En parte eran verdad, tenía sentimientos por Alessandro que no entendía, pero de lo que si estaba segura, era que quería a Roman en mi vida y en la vida de mi hija. No lo perdería por sentimientos confusos, jamás.

—Y este es el momento donde te necesito, Zeynep —susurré con mis ojos llenos de lágrimas.

No había ni un día donde no la extrañara, donde no abriera su chat con la esperanza de que hubiera un nuevo mensaje. Lloraba todos los días por ella y todos los días me arrepentía de mis decisiones…era inevitable no hacerlo, ella era muy importante para mí y no concebía vivir sin ella.

El estar con Alessandro siempre hacía que algo malo pasara, pero…no podía dejarlo solo, no habíamos podido dar con ningún familiar y quería que me viera en cuanto abriera los ojos. Necesitaba saber la razón por la que mi sádico tío quería matarlo.