CAPÍTULO 29
Abrí los ojos lentamente para acostumbrarlo a la luz de la habitación. Sentía como si un camión me fuera arrollado, estaba tan cansada que respirar era tan difícil.
—Cariño —escuché a Lena y fijé mi vista en ella—. ¿Cómo estás?, ¿Cómo te sientes?
Tenía los ojos rojos y estaba muy demacrada, lo que me confundió.
—¿Q-Qué pasó? —pregunté totalmente confundida con la situación—. ¿Por qué tienes cara de muerta?, ¿por qué estoy aquí?
—¿No recuerdas?
—¿Qué cosa?, ¿por qué estoy aquí? Se supone que debería de alcanzar a Zeynep. ¿Qué hora es? Dile que lo siento, más tarde la recompensaré —sus ojos se pusieron vidriosos y rápidamente las lágrimas cayeron—. ¿Por qué lloras, mamá?
Intenté sentarme, pero el dolor en mi abdomen bajo lo impidió, nunca había sentido este tipo de dolor tan fuerte y agudo.
—N-No te muevas, no puedes moverte cariño. Tuviste —se detuvo y suspiró, la miré confundida—. Tienes que descansar, estas embarazada y afecta… ¿ok?
—No estoy entendiendo nada, o me dices ahora mismo lo que está sucediendo o juro que me levantó de aquí a buscar respuestas.
—Zeynep…Zeynep murió y —se echó a llorar sobre mi regazo y negué, tratando de recordar.
A veces nuestro cerebro inconscientemente bloquea aquel recuerdo que nos hiere, ese que nos mató en vida y que sin duda se convertiría en una marca perpetua, eso había hecho, bloqueado el recuerdo de Zeynep, pero no tardaría mucho en recordar, solo bastaba con esa palabra para que todo pasara por mis ojos y la máquina de mis pulsaciones empezara a sonar.
—¡Luciana! ¡tienes que calmarte! ¡hija! —mamá me agarró el rostro y empezó a darme leves golpes—. Mírame, concéntrate en mi voz, mírame cariño y respira lentamente, así.
La observé, intentado concentrarme en su voz, pero no podía cuando todo pasaba por mi mente.
—Fue…
—No —dijo rotundamente.
—Fue mi culpa —mi vista se tornó vidriosa—. Mamá, fue mu culpa. Murió por mi culpa, lo siento mami —aun con ese dolor tan agudo me senté—. Debo verla, llévame. ¿Dónde está Noah? Lo siento, yo tenía que…yo tenia
—¡BASTA! —gritó, dándome una cachetada. Quede atónita—. No tuviste la culpa, no hubieras podido hacer mucho, estas embarazada y tu embarazo es de alto riesgo. No podrás verla, estuviste inconsciente por tres días y tu hermano, él no quiere saber de nadie.
Fruncí mi ceño y negué.
—No —negaba una y otra vez—. Debo despedirme… ¿por qué no me esperaron?, ¿C-Como viviré a partir de ahora? Ufff Alá.
Llevé mi mano a mi pecho, sentía una opresión que me impedía respirar, robaba mi aire y el dolor en mi abdomen bajo aumentaba con cada minuto.
—Luciana tienes que calmarte —insistió preocupada—. Hazlo por tu bienestar, por el bebé.
De nuevo empezó a llorar y yo a preocuparme.
—No entiendo lo que dices —sentí como mi pulso se disparaba—. ¿Bebé? ¿Cómo qué bebé? Son dos mamá, son…
Mi cuerpo se estremeció por completo y la angustia me invadió, junto con ello, una avalancha de lágrimas que arrasaba con todo.
—No quería decirte porque estas muy delicada y puedes perder este bebé que luchó, pero tú eres fuerte Luciana, eres la mujer más fuerte que conozco y sé que saldrás de esta oscuridad…yo lo sé cariño porque estaré contigo, no te dejaré, ambas lo lograremos —me decía tiernamente mientras negaba y mi corazón se destrozaba como nunca.
Jamás había sentido este dolor tan violento, quería gritar, quería patalear, quería levantarme e irme…quería morir, no podría seguir con todo lo que había pasado. Había arrastrado a personas inocentes, no podría más, pero justo en ese momento, sentí mariposas que se concentraban en una sola parte de mi abdomen y lloré aún más al saber que lo había sentido por primera vez.
— ¿C-Cuando?, ¿Cómo fue? ¿Qué pa-paso mamá? —gimoteé.
Se separó de mí y suspiró.
—Hicimos todo lo que pudimos, pero tenías un embarazo delicado y ese suceso hicieron que tuvieras un aborto espontaneo —me agarró el rostro viéndome fijamente—. No es tu culpa, ¿ok? Tu matriz es muy débil, ambos lucharon, demasiado cariño…son igual que tú, luchadores y —ambas no dejábamos de llorar—. Eran mellizos cariño, un niño y una niña.
Tragué fuerte y pregunté.
—¿Qu-Quien fue? —susurré.
—Un verdadero hermano mayor hace exactamente lo que hizo tu bebé, proteger a su hermanita.
Con eso le entendí todo y cerré mis ojos.
—¿Tenia que suceder algo como esto para entender que los amo?, quería que nacieran, pero me da miedo amar porque no sé qué clase de amor daré, ¿y si no era suficiente para ellos? ¿y si no sabría qué hacer en situaciones difíciles? ¿y que les diría si preguntaran donde esta papá? Tendría que decirles que soy tan perra que ni siquiera sé quién es su padre.
—Luciana, cuando supe que estaba embarazada sentí mucha felicidad, pero tenía miedo y cuando me enteré que eran dos, no tuve tiempo de prepararme, tu fuiste la mejor sorpresa que me han podido dar y deje al lado todos los pensamientos negativos porque en cuanto los vi, supe que sería cualquier cosa por ustedes, velaría porque estuvieran bien. Tú los amaste desde el primer momento, pero tus miedos al amor te hicieron creer y pensar cosas que no eran ciertas.
—Mamá, nada de lo que me digas me hará cambiar de pensamiento —confesé—. Yo maté a —inhalé hondo y lo dije—. A mi hijo, fui la culpable, esa es la realidad.
—No fuiste la culpable, más adelante lo entenderás.
—Me quiero ir mamá —ella frunció el ceño confundida.
— ¿A dónde?
—Me quiero ir de Rusia, quiero alejarme de este país y del dolor que me causa estar aquí —llevé mi mano a mi abdomen y dije firme—. Iré a un lugar tranquilo, donde esta bebé pueda terminar de formarse y nacer, debo tomarme un tiempo y estar lejos de todos ustedes…lo siento.
—Pues nos iremos entonces, no creo que a Sofía y Rose les importe estudiar un año en otro país, elegiremos entre los países donde tengamos una sede para trabajar allá y seguirás estudiando, no puedes atrasarte, las materias de teorías las vas a ver en casa y las demás presencial.
—¿Papá, Luciano y Noah? Noah te necesitara mucho.
—Noah no quiero vernos, a ninguno, Luciano y Alexander también estarán invitados.
—En cuanto pueda viajar nos iremos —susurré, antes de quedarme dormida.
[…]
Una semana después.
Sabía de antemano que saldría herida, pero había pensado tanto en ese día que no tenía como saber lo que sucedería, tal vez hubiera podido salvarla, tal vez no hubiera sido ella sino yo, tal vez ambas estaríamos juntas este día, tantos tal vez, pero jamás sabría cuál de ellos pasaría.
Respiré hondo y le dije a Luciano que avanzara.
Aunque ya había salido del hospital, tenía que caminar lo menos posible y desplazarme en silla de ruedas.
—Enserio quieres que los deje solos, no confió en Noah en estos momentos, puede…
—Es nuestro hermano —fue lo único que dije antes de entrar a su casa.
Quise llorar al recordar a Zeynep, siempre me recibía con una hermosa sonrisa y me recordaba lo feliz que le ponía cuando la visitaba.
Luciano me llevó hasta su oficina, donde después de tocar varias veces abrió. La mirada que me dio me hizo replantearme si sería bueno estar a solas con él, pero era mi hermano, no me haría daño.
—Iré a ver a Rose, vendré en diez minutos —dijo mi mellizo, dejándonos solos.
—Noah —nombré.
— ¿Qué quieres? —cuestionó fríamente.
—Recuerda que conociste a Zeynep por mí, es mi mejor amiga, la vi en su momento más vulnerable, le di amor, una amistad y una hermandad que nadie romperá jamás. Cuando la rechazabas yo estaba ahí, siempre lo estuve, en cada momento de su vida aquí en Rusia. No sabes cuánto la amé y la amo, fue una hermana para mí, mi alma gemela —me levanté y lo señalé—. Y jamás en tu puta vida volverás a decir que fue mi culpa, porque si vamos a culpar tú eres el culpable Noah. Tu deber era protegerla, impedir que ese Jeque no se acercara a ella y mantenerla alejada de toda esa mierda de personas que solo te quieren ver muerto. Tú fuiste el que fallaste, yo también fallé, ambos le fallamos y podrás odiarme toda tu vida, pero eso no cambiara el hecho de que ella este muerta. Yo perdí a mi hijo —las lágrimas empezaron a salir y sus ojos se pusieron vidriosos—. Yo también perdí mucho ese día. Tú perdiste a tu esposa y a tu hijo, pero también perdiste a un sobrino y yo perdí por igual, mi hijo, mi sobrino y la mejor amiga de este maldito mundo. Perdimos, ambos.
—Lo siento —susurró—. Es-Espero el otro bebé este bien.
—Lo estará porque me iré —me miró confundido—. Si me quedo lo más probable es lo que pierda, necesito irme a un lugar tranquilo, donde pueda sanar y pueda tenerla.
Este asintió levemente.
—Ok.
—Jamás me volverás a culpar por su muerte, porque, así como ella estuviera dispuesta a morir por mí, yo también por ella.
Me senté en la silla y cuando crucé la puerta escuché.
—Ten buen viaje, hermana.
No dije nada más, él estaba roto, yo lo estaba y en ese momento ninguna palabra lo arreglaría, solo el tiempo.