Chapter 31: CAPÍTULO 30

—Siempre que Luciano está mal, de una u otra forma yo también lo estoy. Es una conexión inexplicable y sé que habrá momentos en que te sentirás vacía, tal vez ahora te sientas muy sola allí adentro —acaricié mi abdomen—. Pero debes de recordar que tu hermano te amo y cuidó aun cuando no sabía que lo hacía. Será nuestro héroe por siempre y para siempre y debe de tener un nombre. Debo pensar en ello.

Mi celular vibró, rompiendo la hermosa y primera conexión que había tenido con ella. Cuando vi su nombre dudé en contestar, pero tal vez era para algo importante como: decirme que ya sabía lo de mi padre.

—¿Qué quieres Alessandro? —cuestioné fríamente.

—Necesito que vengas a mi casa —respondió aún más frio, lo que me inquietó.

¿Se habría dado cuenta?

—No.

—Si no vienes yo iré y te lo juro que no será nada bonito —colgó, sin darme oportunidad para negarme.

Suspiré profundo y me levanté, tendría que ir, pero… ¿sabía ya dónde vivía?

Salir de la casa había sido una odisea, en cada esquina tenía que dar miles de explicaciones del porqué tenía que irme por un par de horas, para mi mala suerte me cruzaba con todos los de la casa y con la familia de mamá que había venido de visita.

—No me sigan, no me desmayaré…todo está bien —repetí nuevamente, antes de abrir la puerta principal.

—Lena dijo que teníamos que cuidarte, también aclaró que no podrías salir de casa —comentó mi hermosa tía Jessica—. Hazme el favor y no salgas.

—Debo irme, volveré pronto —abrí la puerta, pero una gran mano la cerró en mi cara.

Inhalé hondo y asentí.

—¿No puedes obedecer por una vez en tu vida? —susurró en mi oído, me ericé por completa y abrí de nuevo la puerta.

—Ya sabes como soy primito —me volteé y les sonreí—. No tardaré.

—Erkan ira contigo, de lo contrario no saldrás.

Ambos nos miramos fijamente y su sutil sonrisa me hizo saber que me dejaría en casa de Alessandro sin problema alguno.

—Claro —susurré, entrelazando nuestras manos y yéndonos.

[…]

—¿Qué vas hacer? —preguntó, mirándome de reojo.

—Me veré con alguien —alzó una de sus cejas sorprendido—. No tendré sexo, solo hablaremos un rato.

—Claro, hablar —exclamó sarcástico.

—Exacto —rodé mis ojos, sin poder evitar la sonrisa en mis labios.

Erkan era mi versión masculina y tal vez por eso nos llevábamos tan bien, pero lastimosamente no nos veíamos tan seguido como quisiéramos. La familia de su padre era turca y a la edad de dieciséis años había decidido vivir allá. Pensándolo bien era algo de familia ser tan independiente de nuestros padres.

—Oye, ¿por qué tus padres dejaron que vivieras en Turquía siendo tan joven? —fruncí mi ceño confundida.

Este se encogió de hombros.

—No fue fácil, ¿sabes? Tuve que aceptar vivir con mis abuelos hasta que cumpliera los dieciocho y visitarlos en las vacaciones.

Me reí sin poder creerlo.

—¿Sabes el significado de difícil? —inquirí.

—Lo fue —insistió, con su ceño fruncido—. No pude estar contigo para las vacaciones y mucho menos viajar por el mundo y tener el placer de probar la diversidad de mujeres que hay en cada país —Lo miré enamorada, era hermoso verme en otra persona.

—Nuestros padres son buenos y nos han educado de la mejor manera, pero no crees que… —nuestras miradas cruzaron y terminó la frase.

—¿No tienen instintos de padre? Claro que lo creo, prácticamente fui criado por mi nana mientras ellos se la pasaban trabajando.

—El no pasar el tiempo necesario con nosotros hizo que ambas partes fuéramos muy independientes y es un punto a favor —recordé, era algo muy bueno.

—Exacto, mira Sofía, es una niña, pero su mentalidad es brutal. En fin, volveré por ti en dos horas —detuvo el automóvil y volteó a verme con una sonrisa que conocía perfectamente.

—Viste la oportunidad de salir y la tomaste —asentí, entendiendo todo—. La ninfomanía no te llevara a ningún lado, te lo dije.

Me bajé riéndome de la situación y entre al enorme edificio, no me detuve en recepción, además no me retuvieron y sabía que él tenía todo planeado desde ya.

Cuando llegué a su piso la puerta fue abierta de inmediato.

Que urgencia.

—¿Qué quieres hablar? —pregunté apenas entré—. Te lo dije, no quiero tener nada que ver contigo.

—Lo siento mucho, pero esto —nos señaló—. Esta lejos de querer acabarse.

—¿Eres idiota acaso?

—Como sea Luciana, por alguna extraña razón tu tío Nikon desconfía de mí y…

—Ya eres hombre muerto —lo detuve—. Vete del país, antes de que te mate.

Frunció su ceño confundido.

—¿De qué me mate? Imposible, le he servido lo suficiente como…

—Te matara Alessandro, si no quieres morir te aconsejo que te vayas.

Me volteé para irme, pero me agarró de la muñeca.

—¿Y lo dices tan tranquila? —cuestionó—. ¿No te importa que tu familia sea unos malditos asesinos?, ¿no te importaría que muriera?

Era una batalla perdida querer desafiarlo con la mirada, él siempre ganaba, en esto…en todo y cuanto más tiempo pasaba a su lado, más débil era.

—No, no me importaría que murieras, por mi hazlo ahora.

Alzo una de sus cejas y asintió levemente. Me soltó de repente y fue hasta uno de los muebles.

—Publicaré las grabaciones del estacionamiento —soltó, así sin más.

Yo que empezaba a caminar me detuve de inmediato. Me tomo varios segundos reponerme.

¿Quién se creía?

Fui hasta él y me reí en su maldita cara.

—Me encargué de que no hubiera ninguna grabación, las borré todas —aclaré, volteándome a verlo—. Soy hija del hombre más poderoso de Rusa, mi mamá es una de los mejores cirujanos, mis tíos son modelos, hay de todo en mi maldita familia que me hace estar en el ojo de todos. ¿Piensas que dejaría que se filtrara un video porno mío?

Se acercó peligrosamente y susurró.

—Sabía que esto pasaría, así que me adelante —la tv se encendió y en ella empezó a rodar la grabación—. O me dices quien es el maldito quien asesino a mi padre, o toda tu familia será la comidilla de todo el mundo y tú Luciana Ivanov, estarás acabada.

¿Era capaz de eso?

Claro que sí, estábamos hablando de Alessandro Sokolov.

—Me estas amenazando, ¿a mí? —me señalé con enojo—. Hazlo, publícalo y hazme más famosa y deseada…no me importa, pero ten en cuenta que acabare contigo.

—Eso quiero verlo —ambos nos acercamos aún más, nuestras narices rozaban y solo eso necesitaba para erizarme.

Maldito.

—Hazme un favor y muere, este mundo sería mejor sin ti.

—Pues opino lo mismo —su aliento golpeó mi rostro—. Todo sería mejor si estuvieras bajo tierra.

Lo miré una última vez y me fui, era un maldito.

Tendría que tener preparado a nuestro equipo para que borrara todo en cuanto salieran a la luz. La verdad era que no me avergonzaba, pero avergonzaría a mi familia por esto y tal vez en un futuro a ella.

Estaba cruzando el camino cuando casi me chocaba con un gorila.

Lo miré un poco confundida, estaba por preguntarle de donde lo conocía, pero siguió caminando junto con dos hombres más.

—Qué raro —susurré, retomando de nuevo mi camino al ascensor.

Juraba que lo había visto de algún lado, pero de dónde.

Entre al ascensor confundida y marqué el piso de abajo, mi celular vibró y lo agarré.

—¿En dónde estas Luciana? —cuestionó Luciano.

—En algún lugar del mundo —respondí, rodando mis ojos.

Eso de que me estuvieran controlando me estaba hartando hasta la madre.

—Estoy hablando enserio, ¡¿Por qué el GPS de tu celular me marca que estas en el edificio donde vive Alessandro?!

—¿Tal vez porque estaba con él? No lo sé Luciano, cuando llegue a casa te mato, ¡como pudiste colocarme un maldito GPS! —salí del ascensor furiosa y colgué.

Caminé hasta la salida, necesitaba llamar a Erkan pero sabía que aún estaba ocupado. Mientras me debatía si llamarlo o no, varios disparos se escucharon a lo lejos. Todos los que estábamos en el lobby nos miramos entre nosotros confundidos.

—¿Qué mierda? —pregunté.

—Tranquilos, mientras no salgamos todo estará bien —dijo el guardia de seguridad—. Ya cerr…

Más disparos. Corrí hasta las grandes puertas de vidrio para observar el panorama, las personas afueran estaban confundidas, atentas a cualquier movimiento que les indicara que deberían de correr. Los disparos se habían escuchado muy cerca y viendo que en la calle no había ningún desorden.

Recordé el rostro de aquel hombre, era uno de los hombres que mi tío Nikon había traído para pelear con nosotros.

—¡Mierda! —grité, empezando a correr hasta los ascensores—. ¡Llamen a una ambulancia! ¡los disparos vienen de arriba!

Ordené, mientras entraba en el cubículo y marcaba el piso de Alessandro.

Marqué su número rápidamente y esperé a que me contestara.

—¿Por qué me llamas? ¿sucedió algo? —preguntó en cuanto contesto.

Sonaba tan relajado, ya era algo natural en Nikon. Matar a personas era algo cotidiano.

—Te juro que, si le hiciste algo o muere, yo misma te mataré con mis propias manos —dije entre dientes y colgué.

Las puertas del ascensor se abrieron y salí corriendo, grave error, una punzada en mi abdomen bajo me detuvo de inmediato.

—Lo siento, lo siento —toqué mi abdomen—. Necesito que seas fuerte, tenemos que salvar a tu posible padre, así que sé fuerte.

Caminé nuevamente, pero esta vez con cautela y mirando ambos lados, no sabía si aún seguían esas personas y no tenía nada para defenderme, excepto el apellido.

Abrí ligeramente la boca cuando vi la puerta al apartamento de Alessandro, estaba destrozada.

—¡Alessandro! —grité, corriendo a buscarlo—. ¡Alessandro! ¡¿Dónde estás?!

Estaba por creer que se lo habían llevado cuando vi como poco a poco salía sangre de una de las habitaciones. Mi corazón se detuvo y abrí la puerta, encontrándolo agonizando en el piso.

—¡Alessandro! —grité, me arrodillé a su lado y empecé a revisar en donde estaba la herida, mucha sangre salía de su pecho.

—Ve-Vete —con la poca fuerza que tenía me apartó la mano—. Ve…

—¡Que me vaya! ¿Piensas que me iré y te dejaré morir? —pregunté con mis ojos llenos de lágrimas—. ¡Cállate!

—Tú…Tú dijiste…

—Sé lo que dije —las lágrimas empezaron a salir—. Pero no lo decía enserio, yo…yo te salvaré. La única manera en que puedas morir es por mis manos y yo no apreté el gatillo, Alessandro Sokolov.

Me levanté decidida a salvar al hombre que alborotaba mis hormonas y por el cual mi duro corazón empezaba a latir.