CAPÍTULO 28
Mordía mis uñas de los nervios y la preocupación ahora por Zeynep.
¿Por qué mierda se iría de la clase?, ¿a dónde habría ido?, ¿debería de llamar a Noah?
Esa mujer tenía algo raro desde que llegó de Rusia.
Saqué el teléfono para marcarle a mi hermano cuando Zeynep entró por la cafetería muy…feliz.
— ¿En dónde estabas? —curioseé en cuanto llegó a nuestra mesa. Siempre nos sentábamos en ella—. Te perdiste por quince minutos. ¿Acaso pondrás una bomba? Alashalm
Rio y solo negó.
Estaba rara.
— ¿De dónde sacas tantas cosas?
—No lo sé —ladeé un poco mi cabeza y achiqué mis ojos mirándola, algo pasaba—. Te noto distinta, ¿Qué será?
—Nada —dijo rápidamente. Como lo pensé, algo pasaba—. Vamos, no puedo tardarme tanto, Noah vendrá a recogerme en media hora.
Habíamos acabado ya todas las clases del día y justo ahora no quería salir de la cafetería. ¡No iba a poder!
— ¿A dónde? —la miré confundida.
—A la facultad de artes —ah con que era eso. Mierda—. ¿No me acompañaras?
Alessandro me estaba esperando, tenía que ir y darle fin a todo.
—Tengo que hacer algo, pero prometo acompañarte a los ensayos.
—No quiero ir sola —hizo unos adorables pucheros, pero yo no era Noah—. Contigo la paso mejor.
—No iras sola, tu Dios está contigo —junté mis manos.
Después de un rato asintió y se levantó para irse. Se detuvo un momento y se volteó a verme, su mirada brillaba.
—Fui muy afortunada al conocerte Luciana —fruncí mi ceño al escucharla, un calor me embargo y las lágrimas quisieron salir.
Sus palabras habían tocado fondo.
— ¿Qué te pasa? Me vas hacer llorar. Mejor vete ya.
Sonrió, de las mejores sonrisas que le había visto y continuó caminando. Justo cuando pensé que no haría nada más.
— ¡Te amo Luciana! —gritó, haciéndome reír al instante.
—Yo te amo más —susurré, viéndola salir de la cafetería—. Tengo que acompañarla, pero antes iré cuanto antes donde Sokolov.
Fui hasta el estacionamiento con miles de pensamientos en mi mente, uno más y estallaba. Era demasiado complicado todo, porque aun teniendo novio me gustaba y quería a otro chico. Deseaba hacer las cosas bien con Roman y haría mi mayor esfuerzo por cumplirlo, Alessandro no era para mí y lo que había pasado con nuestros padres lo confirmaba.
Él jamás estaría con la hija del asesino de su padre.
Que hipócrita era, ¿por qué no hacia algo? Claro, era mi padre y el verlo muerto no era una opción para mí.
¿Familia o amor?
—Ya estoy aquí —dije, en cuanto estuve a su lado—. Tengo que alcanzar a Zeynep en la facultad de artes, así que habla rápido.
—Sé que me estas ocultando algo muy importante, me preguntaba la razón y ayer la entendí gracias a una nueva información.
¿Se habría enterado? Imposible, estaría matando a mi padre en este momento.
—No sé de lo que hablas —negué, tratando de no verme sorprendida.
—Tengo dos motivos…Sabes quién es y por esa razón no me has vuelto a mirar a la cara, incluso ahora —alce mi mirada topándome con ese mar turbulento que eran sus ojos—. O no sabes nada…
—Me parece que es la segunda —susurré.
—Toda tu familia está involucrada en la mafia, es imposible que no sepas quien es —dijo entre dientes—. ¿Quién mató a mi padre?
—Te dije que no se nada. Me encantaría ayudarte, pero ahora dos vidas crecen dentro de mí y pretendo ser una buena anfitriona.
Se acercó hasta mí y susurró en mi oído.
—Sabes que no es cierto, Luciana —lo decía tan lento que me torturaba—. Tú necesitas constantemente tu dosis de adrenalina, incluso ahora estás pensando en las posibilidades que hay para fundirme en ti…así como te gusta, duro, rudo y…
Me alejé rápidamente y negué, aunque muy adentro sabía que todo lo que decía era realidad.
—Tú no sabes nada de mí, ni siquiera me miras.
—Siempre lo hago, justo ahora lo estoy haciendo —confesó.
Mi corazón se había saltado un latido.
¿Qué era todo esto?
Estaba por mandarlo a la mierda, cuando varios disparos se escucharon.
— ¿Te das cuenta que siempre estamos rodeados de balas? —preguntó, pero no respondí, una sensación sofocante empecé a sentir en mi pecho.
—¿En dónde fue? —corrí hacia fuera del estacionamiento para saber. Las personas se miraban entre sí, estaban algo confundidas—. ¿Qué pasó? ¿en dónde fue el disparo?
Pregunté a la primera persona que encontré.
—No lo sabemos. El sonido vino de esa dirección —inhalé profundo al saber que en esa dirección estaba la facultad de arte.
—¿Qué pasa Luciana? —preguntó Alessandro.
Saqué mi teléfono y marqué con manos temblorosas a Zeynep.
Un tono.
Dos tonos.
Tres tonos.
Cuatro tonos.
— ¡Contesta malditasea! —grité, tirando el teléfono. Empezaba a entrar en pánico y a enloquecer—. Necesito…Necesito… —me fui corriendo hacia la facultad de arte.
Los gritos de advertencia de Alessandro diciéndome que parara se empezaron a escuchar, pero no me importaba, tenía que asegurarme de que estuviera bien.
Las balas en la universidad me traían muy malos recuerdos.
Empecé a sentir un dolor agudo, lo que me hizo mermar el ritmo y que Alessandro me alcanzara, deteniéndome.
—¡¿Qué te pasa?! —gritó—. ¿Cómo puedes correr de esa manera? ¿acaso no sabes que no puedes? ¡Deja de ser tan inconsciente!
Respiraba entrecortadamente.
—¡¿Qué me pasa?! —grité, y lo aparte de mi—. ¡No me contesta! ¡no me contesta! ¿Y si ese disparo…
—No digas tonterías —me detuvo—. Está bien, no te contesto el teléfono, pero tal vez porque está ocupada. ¿Por qué siempre piensas lo malo?
—¿No recuerdas? —susurré—. La hirieron y no pude protegerla por estar contigo, juntos dañamos a las personas de nuestro alrededor y no quiero que nadie salga lastimado, así que no me busques más Alessandro Sokolov.
Me miró fijamente, por varios segundos que parecieron eternos.
Él sabía que no quería que esto, pero también sabía que era lo mejor.
—No fue tu culpa, deja de culparte por cosas que ni si quiera tuviste que ver tu…
—¿La mataron? —escuché una conversación de dos chicas.
—¿Mataron? ¿a quién mataron? —les pregunté, agarrando del brazo a una de ellas—. ¿Qué fue lo que sucedió?
Amabas me dieron una mirada de pesar, ¿por qué tendrían que hacerlo?
—Ni siquiera nosotras sabemos, solo que…hirieron a alguien y…su hermano estaba allá y…era su…novia.
Me alejé de ellas y negué viendo Alessandro.
—No, no, no ¡NOOO! —grité.
De nuevo empecé a correr, pero esta vez con más fuerza, sin importar un segundo en lo que les podía pasar, mataría a esas chicas por decir esas barbaridades, solo después de ir y acompañar a mi hermana.
—¡Luciana! —gritaba como loco Alessandro detrás de mí, pero seguía corriendo y lo hice tanto, que empezaba a marearme.
Detuve el paso cuando vi a una multitud rodeando a alguien.
— ¡MIRAME! ¡ABRE TUS OJOS! —escuché el grito tan desgarrador de mi hermano.
Mi corazón pasó de latir rápidamente a detenerse.
—No Luciana, no vayas —suplicó, llegando a mi lado, pero no lo escuchaba—. No vayas.
Todo a mi alrededor lo percibía en cámara lenta, cada paso se sentía como si estuviera cargando un peso incapaz de soportar. Empezaron a salir las lágrimas y con temor… me acerqué, las personas me veían y abrían paso, como si supieran algo que yo no.
Abrí mis ojos grandemente cuando la vi, estaba allí, a un par de metros, sus ojos cerrados y sangre cubriéndola, era ella, Zeynep.
Zeynep.
—¡ZEYNEP! —Grité con todas mis fuerzas. Corrí hasta ellos, pero Alessandro me agarró impidiéndolo—. ¡DEJAME! ¡DEJAME! ¡MALDITO DEJAME!
—No puedes —susurró.
Un sollozo ahogado salió de lo más profundo de mí. Mi corazón acaba de romperse, mi alma acababa de ser herida.
Caí arrodillada en el frio suelo mientras la veía, sin aun poder creer.
Fui muy afortunada al conocerte Luciana.
¡Te amo Luciana!
—No, no, no, no ¡Es…Es mentira! ¡Es me-mentira! —empecé a temblar y a golpearme la cabeza una y otra vez—. ¡D-Zeynep! ¡ZEYNEP! ¡LEVANTATE! Hace poco me dijiste…. —los sollozos no me dejan hablar, el nudo en la garganta me ahogaba y lo único que podía importarme era que esa mujer se levantara.
—Sé fuerte, tienes que ser fuerte Luciana —dijo Alessandro.
—Su-Suéltame
Mi hermano seguía gritando, como loco, viendo como el amor de su vida se iba para jamás volver.
—¡ZEYNEP! … ¡LEVANTATE! …¡CUMPLE TUS PROMESAS! … ¡MI AMOR! ¡LLEVAME! ¡POR FAVOR! ¡ZEYNEP!
Mi papá lo agarraba fuerte tratando de calmarlo y fue en ese momento que me levanté y me solté del agarre de Sokolov, caminé lentamente hasta la camilla, donde la habían metido en una bolsa, en una simple bolsa negra.
—Señorita no pu —alcé mi mano y lo detuve.
—Es mi…—una nueva ola de lágrimas salieron al recordar lo que era para mí—. Es mi alma gemela, por…por favor abre.
Este asintió y abrió la bolsa lentamente, de la misma manera en que estaba siendo destruida por dentro. Cerré mis ojos, no podía verla así.
—Solo un minuto—dijo, trayéndome a la realidad.
Abrí mis ojos con miedo y no pude hacer más que llorar mientras sentía que se me iba el alma.
—T-Tú…—intentaba hablar, enserio lo intentaba, pero no podía—. No fuiste…la…la afortunada, fui yo y —me arrojé sobre ella y la abracé con todas mis fuerzas, no queriendo soltarla jamás. Ella le había dado color a mi vida, me había enseñado tanto—. No supe, oh Zeynep lo siento…no te valoré y yo…iba a gritarlo, cuando te viera de nuevo, lo iba a de-decir. ¡T-TE AMOO!, tú, tú serás tía, noooo. Se supone que cuando lo supieras, me dirías que tendría que críalos, que los amo, por favor, despierta…despierta amiga, no nos hagas esto…no, perdóname por favor, perdóname por irme, por no acompañarte aun cuando sabía que algo andaba mal…Perdonameee.
Un jalón brusco me hizo separarme de ella.
—¿Qué…qué dijiste, Luciana? —preguntó sorprendido y turbado.
Empecé a sentir escalofríos por todo mi cuerpo que vibraba por el llanto amargo que tenía.
—Lo-Lo siento tanto —me lamenté, golpeando mi cabeza—. Yo…yo no sabía que sucedería esto, no sabía. Tú…sa-sabes que yo —me señalé—. Es mi… mi
Mi mama se acercó a mi lado protegiéndome.
—¡¿Por qué?! ¡¿Qué hablas?! —Noah estaba a punto de matarme, su mirada lo decía.
—Zeynep me pidió, ella….me…me dijo que… —era mi culpa, era mi maldita culpa—. Lo…lo siento, mami no sabía, no sabia
—¡¿Qué no sabias?! ¡¿Qué no sabias?! —me agarró de los hombres aun con mi mamá protegiéndome—. ¡Dime!
—Basta Noah, Luciana no tiene la culpa.
—Estaba rara, me…me pidió que la acompañara —no veía bien a causa de las lágrimas—. Dos veces…me pidió que la acompañara dos veces.
Me agarró fuertemente del brazo y me llevó hasta donde ella, cerré mis ojos para no verla, no así.
—¡Ábrelos! ¡Mírala! —me sacudió bruscamente—. No quería seguridad, ¿sabes por qué? ¡Tengo a la mejor a mi lado! Decía, ella confió en ti.
—No sigas, no por favor. Ella es mi hermana —lo miré suplicándole que parara—. Me duele Noah.
—¡Si te doliera la hubieras acompañado! ¡Por tu culpa el amor de mi vida está muerta! ¡MATASTE A ZEYNEP! ¡ES TU CULPA! ¡TU LA MATASTE!
No pude seguir escuchando, me desvanecí por completo, siendo la mirada de odio de mi propio hermano lo último que viera.