Capítulo Sesenta y Tres (FINAL)

—Sujeta esto por mí. —. Ordenaba y yo lo hacía, separaba mis piernas para depositar besos en el interior de mis muslos, ya sentía que solo eso, me mojaba, se acercaba a mi parte íntima y se alejaba para volver a besar, mordiendo, dejando marcas en ambas piernas. Jadeando y apretando el vestido, deseosa por él. Comenzaba a acariciar sobre la ropa interior —. Lizbeth… Mierda —. Rompía la tanga, para meter sus manos debajo de mis piernas haciendo que me acostara, de repente sentía su lengua acariciando de forma tortuosa mi clítoris, no paraba de gemir, luego me sorprendía cuando me penetraba con su lengua, sintiendo como se movía sabía que no aguantaría, mi cadera se bamboleaba para unirse al ritmo de su lengua y así me corría. Veía como se sacaba el cinturón y bajaba su bragueta junto con su bóxer, dejándome ver su miembro, sin hacerme esperar más me penetraba, llegando hasta el fondo, provocando que arquera la espalda, él aprovechaba esto para sujetarme de la cintura, para comenzar con sus embestidas, me enloquecía sentir lo duro y caliente que estaba por mí. No paraba de gemir, no me importaba que me escucharan.

—Lizbeth… —. Me centraba en él y me bajaba el corcel del vestido, dejando ver mis senos hinchados —. Quiero que los acaricie, Señora Evans —. Asentía, haciendo lo que me ordenaba, me excitaba que me mirara, pensaba que eran sus manos y eso parecía funcionar para él, que hizo que nos viniéramos una vez más juntos. Salía de mí para levantarme, me ayudaba a sacar el vestido —. Agárrate del poste Lizbeth —. Hacia lo que me pedía, me besaba mi espalda, deslizando su mano por mis curvas hasta comenzar a darme unas cuantas nalgadas, eso se sentía muy bien, y así me volvía a penetrar, sujetándome bien del poste, lo hacía duro y eso me encantaba, pero al recibir nalgadas con él en mi interior, provocaba que me contraiga, apretando su miembro, él lo notaba por lo que siguió haciéndolo, luego me levantaba mi pierna, y eso hacía que tuviera mejor acceso, sin poder aguantar más nos corrimos de nuevo, estaba exhausta, pero saciada mi deseo carnal, Thomas me ayudaba a acostar, sacando mis zapatos y él también se desnudaba acostándose a mi lado, agarraba mi mano para llevarla a su miembro sintiendo que seguía duro, volvía a despertar mi lívido, acariciándole y moviendo mi mano.

—Uno más Lizbeth… uno más —. Suplicaba y yo asentía, se subía arriba mío y volvía a entrar en mí,

Acariciando mis senos y pellizcando mis pezones, luego bajaba sus manos torturando mi clítoris con su pulgar y con su miembro llevándome al mismo cielo.

Después de los unos meses, desde el nacimiento del bebé, la pasé muy mal y asustada, pero el doctor Thompson fue muy bueno, en cambio, Thomas fue el que la pasó verdaderamente mal, no sabía cómo actuar, pero estuvo atento a mí durante todo el embarazo y el parto, él repetía que lo hacía mal, pero era todo lo contrario, era el esposo perfecto.

Salíamos a disfrutar del hermoso día de verano, nos esperaba Amelia, Jaime, Zach. En el patio trasero, Thomas me tenía sujeta de la cintura, llevaba a nuestro pequeño.

—Lizbeth, debes cubrirte del sol y a Joshua también

—Thomas, el sol le hará bien a Joshua... yo estoy feliz con tenerte tan atento a mí...

—Y lo estaré siempre... voy a cuidarte y a la noche cuando el bebé duerma —. Deslizaba su mano desde mi cintura hasta mi nalga, apretándola sintiendo un calor en mi rostro.

—Thomas... no hagas eso, tenemos que salir, encontrarnos con los otros y tú... mi mente se pone en blanco...—. Me callaba con un beso apasionado y profundo, sujetándome de mi cintura, al separarse sentía que mis piernas flaqueaban.

—Ahora estás lista, Mi Lizbeth —. Volvía a pasar su brazo por mi cintura acercándome para salir al patio. Venían corriendo los tres al vernos y enseguida Zachary tomaba en brazos a su sobrino, Amelia me abrazaba junto con Jaime, Thomas seguía alejado a ese tipo de situaciones, pero por lo menos convivía con todos.

—Bueno, vamos a comer —. Se volvía a posicionar a mi lado.

—Si —. Decía Zach, caminando—. Es igual a ti Thomas, esperemos que tenga la personalidad de Lizbeth.

—Oye, no me saques de mis casillas y ¡carga bien a mi hijo! —. Gritaba y Zach se reía, disfrutaba de estos preciados momentos, llegábamos a la mesa.

—Mi niña, siempre te dije que todo iría bien... La confianza era lo último.

—Si, gracias a ti por creer en nosotros.

—Es precioso el pequeño Joshua, te das cuenta de que tenía razón —. Comentaba y volvía a reír de los dos—. ¿Después va a venir la niña, verdad? —. Me preguntaba Amelia, volvía a avergonzarme y Thomas escuchaba tomándome de la mano.

—Nosotros nos encargaremos —. Murmuraba solo mirándome y sonreía para mí, sin poder evitarlo, lo bese frente a todos, cosa que a él no le gustaba.

—Te amo Thomas. Mi Thomas.

—Te amo Lizbeth...—. Acariciaba mi mejilla y yo me apoyaba en su mano—. Mi Lizbeth.

—Bueno, basta de estar tan acaramelados y cenemos —. Sentenciaba Zach y se escuchaban risas, Thomas se quedaba callado y nos dedicamos a comer.

Entraba en la habitación y Thomas estaba haciendo dormir a Joshua, era algo que me encantaba de ver, siempre que podía agarraba el celular para tomarle fotos, mi celular estaba lleno de ellos dos, mis dos amores, él se daba cuenta de mí.

—Lizbeth, tienes que darle de comer —. Me acercaba a él, para cargar en brazos a Joshua, que comenzaba a chillar buscando el pecho, me sentaba en la cama para acomódanos, Thomas me ayudaba a bajar el bretel, liberando mis senos hinchados y llenos de leche, Joshua por si solo encontraba el pezón y comenzaba a succionar, acariciaba su mejilla y luego miraba a Thomas que se ponía de cuclillas para contemplarnos.

Acostábamos a Joshua en su cuna ya dormido, me acercaba a él y este me cargaba, lo rodeaba con las piernas alrededor de su cintura y mis brazos alrededor de su cuello. Nos besábamos y caminaba al separarme, veía que me había sentado en el borde ancho del balcón.

—La luna está como la primera noche que dormiste en esta habitación, ahora nuestra. Ella fue el testigo del comienzo del todo —. Murmuraba y sus palabras se quedarían guardadas en mí para siempre.

—Lo siento Thomas.

— ¿Por qué?

—Porque jamás te dejaré, sé que suena tonto y muy cliché, pero creo y sé que eres el único verdadero amor que tendré en mi vida. Seremos ese uno en un millón… Te amo y lo haré para siempre, Mi Señor Evans.

—Mi Señora Evans, nunca hicimos el amor aquí… ¿Desea intentarlo? —. Sonreía pícaro y con solo escuchar su voz, asentía.

—Claro que sí. Siempre te diré sí Thomas, Mi Thomas.

—Lizbeth, Mi Lizbeth. —. Susurraba para terminar con un beso apasionado.

Gracias por acompañarme con esta maravillosa historia, que comenzó como un sueño y terminó siendo una realidad.

Gracias a los lectores, por ser parte de mi comienzo, enteramente agradecida.