Capítulo Cuarenta y Nueve
—Pero… ¿Cómo entró? —. Miraba hacia la puerta y me levante, para caminar hasta ella, mirando con sumo cuidado la cerradura y no se veía forzada —. ¿Él tiene llave de la casa? ¡Claro! Que debe tener, a lo mejor esta debió de ser su casa antes de terminar en esa mansión, maldito psicópata, entrando como si fuera un ladrón y haciéndome creer que estoy loca y que soy una sonámbula… —. Entrando en razón, camine hasta la silla para sentarme, le bastaron unos segundos a mi corazón para hacerme olvidar de todo, de mí enojó, de mi tristeza. Lo invadió una ola de calidez, sentía como si las mariposas volvía a resurgir, pero ¿Por qué? Esto sería volver a darme una falsa esperanza —. No, no debo caer de nuevo en este juego —. Apoyaba los codos en la mesa para cubrir con mis manos mi rostro, negando sobre ellas —. Debo preguntarle a Amelia, ella me sacará de la duda —. Me levante decidida caminando hasta llegar a la mesa, agarrando el celular, presione llamar directamente a Amelia, se escuchaba el tono, hasta que atendía.
—Mi niña, que alegría que me llames, ¿Cómo estás? —. Escuchar su voz me hacía relajar un poco, pero no debía olvidar lo que tenía preguntar.
—Hola Amelia, ¿estoy bien y tú? A mí también me alegra mucho y me tranquiliza escuchar tu voz —. Era verdad todo lo que decía, me sentaba de nuevo en el sofá un poco más tranquila.
—Yo bien también, ¿Ya almorzaste? —. Suspiraba al escuchar su pregunta, negando cómo si ella fuera a verme —. ¿Qué sucede? Cuéntame mi niña.
—Amelia, creo que Thomas estuvo anoche, en esta casa…—. No respondía nada ante lo que le contaba —. Amelia ¿Sigues ahí?
—Si, si mi niña… Debí suponerlo cuando no lo vi en todo el día, se la pasa fuera de la casa, vuelve tarde, en ocasiones llega en muy mal estado… Esta noche lo tendré más vigilado, no te preocupes, todo estará bien —. La interrumpía y se escuchaba que decían “el Señor Evans quiere algo para la resaca” —. Si, ahora mismo le llevo, gracias Christian, bueno mi niña voy a dejarte… más tarde te llamo de nuevo.
—Muy bien Amelia, voy a esperar tu llamada, Adiós. —. Me devolvía el saludo y cortaba la llamada, dejaba el móvil en la mesa, sin saber cuál debía ser mi siguiente movimiento, algo debía hacer.
— ¿Pero qué hago? Dios mío, todo iba tan bien, bueno nunca estuvo bien, solo posponía las situaciones —. Suspiraba profundo, recostándome en el sofá, volviendo a mirar ese techo —. Lo primero que debo hacer es conseguir un trabajo y eso haré ahora mismo —. Me levantaba del sofá, agarrando el celular para ir a donde estaba el bolso, abría el cierre para guardar el celular, buscando las llaves, salí de la casa, cerrando con llave —. Ahora me parece inútil cerrar con llave, si él entra de igual manera —. Refunfuñaba y pase el jardín delantero para volver a caminar esa vereda que tanto me estaba gustando, era fascinante caminar por ella —. Si busco trabajo, debo buscarlo en un sitio más lejos —. Me gustaba esa idea por lo que me dedique a buscar un taxi, al encontrar uno lo hacía detener y subía, le pedía que me llevara a una calle más concurrida de Richmond.
Pasaban no sé cuánto minuto exactamente y me comentaba que era una buena zona y era muy transcurrida Richmond Hill, Richmond Upon Thames Surrey.
Veía tiendas y mucha gente que circulaba por las calles, le agradecía, pagando por el viaje, baje del taxi para recorrer el lugar.
—Aquí es donde va a comenzar una nueva vida para mí —. Sonreía al pensar en ello, sin perder más tiempo empecé a mirar a curiosear, era igual de hermoso y tranquilo, viendo una linda cafetería ingresé para sentarme cerca de la ventana, era un sitio seguro, se acercaba el mozo y le pedía que me sirviera un té, pero antes de que se fuera, lo llamaba de nuevo.
—Disculpe, una pregunta, ¿sabe si aquí están buscando una mesera? —. El chico dejaba notar que no le gustaba para nada lo que preguntaba.
—No sabría decirle, pero, pregunte al hombre que está en la caja registradora a lo mejor, tienes suerte y comienzas a trabajar todo el día como yo —. Me ha desalentado lo que decía, pero no podía darme el lujo de rechazar una oportunidad que me convendría.
—Muchas gracias por ayudarme.
—De nada. Ahora traigo tu té.
Volvía a mirar por la ventanilla, pensaba en cómo hablar para pedir el trabajo o que me tuviera a tiempo parcial, con un poco de dinero yo sola estaría bien.
A los minutos me traían el té, disfrutando de ello, bebía de a sorbos. Antes de terminar me puse de pie para ir hasta donde estaba el hombre.
—Señor, disculpe, quiero pagar por el té que tome y también ¿quería saber si no necesita otra mesera? —. Con mucha sutileza preguntaba él se quedaba mirándome y me extendía la mano para recibir el pago, el cual le di.
—La paga es regular, ¿igual lo quieres?
— ¡Sí! Si lo quiero muchas gracias, señor.
—Dime Mike, empiezas mañana en el horario de la tarde, chica suertuda.
—Gracias —. Volvía a repetir y antes de salir le agradecía también al otro mesero y ahora mi compañero, por fin comenzaba a salir las cosas bien.
Busque un taxi para volver a casa, por alguna razón me daba algo de esperanza, hasta me sentía nerviosa.
—Tengo que hacer bien las cosas —. Jugaba con mis manos, para tratar de relajarme. Alce mi vista a la ventanilla y me acordaba de compartir la noticia con Amelia, agarraba el bolso para abrir el cierre, agarrando el celular, presionaba el icono de mensaje.
Mensaje para “La Señora Collins”:
De Lizbeth Lloyd:
¡Amelia! Te mando este mensaje para decirte que conseguí ¡Trabajo! En una cafetería. Empiezo mañana al horario de la tarde.
¡Estoy nerviosa!
Presionaba “enviar” guardando de nuevo el celular en el bolso, acomodándome en el asiento y contemplando las bellas calles de Richmond Hill, después de unos minutos llegábamos, pero lo hacía detener antes para pagar y salir del taxi. Camine tranquilamente, asombrada cada vez más de todo lo que me faltaba conocer, así a paso lento llegue a casa. Entrando en el patio delantero, buscaba en el bolso las llaves, abría la puerta y cerrándola, deje el bolso y las llaves en la mesa.
Camine directo al refrigerador abriendo la puerta.
—Tengo ganas de comer lo que preparo Amelia —. Buscaba todo lo que uso ella, dejándolo en la encimera, me dispuse a cocinar haciendo exactamente lo mismo que ella, escuchaba el sonido del celular —. Esa debe ser Amelia —. Comentaba caminando hasta la bacha para lavarme las manos, secándolas, fui directo a la mesa a donde había dejado el celular, al ver la pantalla se veía la notificación del Mensaje.
Mensaje de “La Señora Collins”
—Debería cambiarle el nombre de como la agende —. Entre a los contactos y puse editar y la dejé como “Amelia Collins” asentía y presionaba guardar. Entraba en el mensaje para leerlo.
Mensaje de Amelia Collins:
Para Lizbeth Lloyd:
¡Felicitaciones! Estoy muy orgullosa de ti Mi niña, mándame bien la dirección, así voy a verte en tu trabajo y le dijo a Zachary que vigile la zona. Todo es porque quiero que estés bien y por tu seguridad.
—Ya se está preocupando sin haber empezado a trabajar —. Me daba gracia, pero así debía sentirse cuando alguien se preocupaba —. Realmente debo estar muy agradecida a él… por qué pude conocer a Amelia —. Le enviaba la dirección y dejaba el celular en la mesa de nuevo para seguir cocinando.
Ya la comida se estaba cocinando en el horno y las papas en la cacerola, me dispuse a preparar la mesa, buscando el plato, cubiertos y vaso, acomodándolos en la mesa. Sacando la bandeja la llevé a la mesa y luego prepare el puré, llevando y teniendo todo en la mesa, me servía para comenzar a comer.
—Me quedo bien, pero no tanto como Amelia —. Comentaba para seguir comiendo.
Terminando, ya había lavado los platos y todo lo que había ensuciado. Entre en el baño para lavar mis dientes, lavando bien mi rostro, me seque y salí del baño para ir directo a las escaleras. Pero mientras iba subiendo por algún motivo me estaba sintiendo observada, una sensación rara, miraba hacia atrás y en la sala comedor, incluso hasta la puerta de entrada y las ventanas —. Mejor reviso de nuevo, si no, no lograré dormir —. Volvía a bajar de las escalares, comprobaba la puerta de entrada —. Está con la llave puesta —. Suspiraba aliviada y seguí por las ventanas, acomodando las cortinas cuando iba por la otra que si estaba corrida, me parecía extraño por lo que iba a acomodarla, pero al mirar hacia fuera veía a un hombre parado al otro lado de las verjas de hierro, quedaba petrificada no podía moverme, mi cuerpo había quedado paralizado. No imaginaba lo que veía, ese hombre miraba en dirección a la casa, no en dirección a la ventana, ¿Cuánto tiempo espero afuera? ¿Sabía que iba a mirar por la ventana? ¿Me espiaba? ¿Pero desde cuándo lo hacía? Negaba ante lo que pensaba y lleve ambas manos a mis ojos para frotarlos suavemente, volviendo a mirar con miedo, pero debía hacerlo, me sobresaltaba —. ¡Él ya no está! —. Cerraba las cortinas, agarrando una silla para trabarla con el picaporte de la puerta, agarré el celular y el bolso para subir las escaleras, tropezando, pero seguía, no tenía tiempo de reflexionar en el dolor, subiendo me metí rápidamente a la cama como si los monstruos fueran a desaparecer, miraba en dirección a las escaleras, lo bueno que al ser abierto todo podría escuchar si entraba y poder escapar.