Capítulo Cuarenta y Siete

Saliendo de allí tomé asiento en unas de las bancas, para buscar el celular en el bolso, al tenerlo en la mano fui al buscador. Me desperté con ganas de recorrer y conocer los lugares que siempre deseé, esta era la única oportunidad que tendría en mi vida y no la iba a desaprovechar, en el buscador escribía “Lugares para visitar en Richmond” saliendo varias opciones, mi vista se clavó Real Jardín Botánico de Kew, Jardín Botánico en Richmond, Inglaterra, lo leía completo y observaba las imágenes tardando no más de unos segundos, decidí ir a ese lugar, advirtiendo los demás sitios por lo que una luz al final del túnel aparecía, tenía la oportunidad de cambiar un poco mis días con estas pequeñas distracciones. Sin esperar me levante de la banca caminando para ir a una calle principal esperando que pasara un taxi, al distinguir que venía uno le hice señas y él se detenía, abriendo la puerta subí cerrando esta.

— ¿A dónde la llevo, Señorita?

—Al Real Jardín Botánico de Kew —. Respondía con una sonrisa y él asintió arrancando el auto, nunca me había sentido tan emocionada por hacer algo. Por fin disfrutaba de la vida, por fin me ponía como prioridad mis necesidades, pensaba mirando por la ventanilla hasta que en un momento ese puñal o punzada en mi pecho volvía, mi mente trataba de olvidar a Thomas, pero mi cuerpo y mi corazón se negaban a hacerlo, esta lucha conmigo misma no iba bien y no sabía si terminaría bien, entendía que gracias al huir de la casa del Señor Evans, pude encontrar lo que sin darme cuenta deseaba, pero mi felicidad no era completa deseaba compartir mi felicidad con él —. Maldito psicópata…—. Murmuraba para mí, en eso viendo los autos, porque a esas horas el tránsito en las calles de Londres era terrible, mi vista y mi memoria reconocía un auto, sin embargo, negaba, el taxi se adelantaba y fue entonces cuando reconocí los ojos de Thomas —. ¡Es él! —. Exclame con una combinación de emociones, felicidad junto con el miedo de haber sido descubierta, negaba ante lo que veía porque no reacciono al verme, el taxi volvía a pararse y fue cuando ese auto doblaba perdiéndose de mi vista, le di una ojeada a la matrícula, pero era en vano —. Debí recordar eso, tanto que me gusta leer a Sherlock Holmes y no hago uso de sus consejos y su sabiduría —. Murmuraba frustrada, cayendo en cuenta que él no era, recordando lo que me había dicho Amelia, no mando a buscarme, se dio cuenta de que era lo mejor para ambos, bueno solo para él. Sobaba automáticamente mi pecho, el llanto y la congoja amenazaban con hacerse presentes, no permitiría que me arruinara el hermoso día. Decidida a olvidar a ese auto y esos preciosos ojos, negaba ante lo que pensaba —. Horribles…—. Asentía, sus Horribles ojos, tenía el celular en la mano y me puse a ojear las fotos del sitio, uno más lindo que el otro, no veía la hora o más bien los segundos de llegar rápido y así fue, por fin algo se me cumplía.

Le paga al taxista, se ofrecía a esperarme, porque tenía que hacer unos trámites y con gusto acepté. Bajando del auto, ahora más feliz porque tenía con quien volver a casa, caminando, quede asombrada, mi fascinación llegaba a tocar el cielo.

Me detenía volviendo al celular entrando a su página, para informarme que podía visitar primero, Lo que se ve bien en este momento, leía.

—Casa alpina de Davies, suena bien —. Continúe leyendo, me interesaba lo de las condiciones frescas, secas y ventosas que permiten que florezcan las plantas alpinas —. Espacio natural —. Leía el siguiente, naturaleza salvaje, 37 acres de bosques clásicos, me agradaba mucho —. Paisaje japonés —. Murmuraba prestando demasiada atención a lo que leía—. Tómese un momento consciente en nuestros tranquilos jardines japoneses, un paisaje delicadamente cuidado, diseñado para complementar el Chokushi–Mon, ¡Puerta de entrada japonesa! Este es mi inicio… Necesito esto —. Tomando la decisión, entre y fui a pagar la entrada, estaba demasiado emocionada por entrar. Bloquee el celular para dirigirme al Jardín que había mencionado, al llegar volvía a quedar eufórica, casi gritaba de felicidad, por primera vez me sentía feliz sin sentir dolor, camine hasta la puerta o mejor dicho —. Chokushi–Mon (Puerta del Mensajero Imperial) es una réplica cercana de la Puerta de Nishi Hongan-ji (Templo Occidental del Voto Original) en Kioto, Japón

… Puerta de entrada japonesa… Es impresionante y el paisaje…—. Admirada de sus colores, sus árboles, la arquitectura, era perfecto, me guie de un camino que conducía al Jardín de la paz, una zona tranquila, recuerda a un jardín de té, iba leyendo para informarme más del lugar, los caminos pasan entre faroles de piedra y un precioso estanque de agua que gotea.

—Jardín de la Actividad —. Lo leía en voz alta, observando como una pendiente simbolizaba los elementos del mundo natural como cascadas, montañas y el mar, mientras que la grava rastrillada y las rocas grandes representan el movimiento del agua que fluye y cae. Me asombraba de todo lo que estaba aprendiendo.

Continúe con el camino llegando a El Jardín de la Armonía, la unión de los paisajes. Las regiones montañosas de Japón estaban representadas por rocas y afloramientos rocosos intercalados con arbustos. Las plantas incluían setos bajos cuidadosamente recortados, volvía a mirar el celular para saber por qué —. Rhododendron ‘Día de la Madre’ y la anémona japonesa.

Me detenía para seguir leyendo, mencionaban la carpintería finamente tallada del Portal que está adornado con flores y animales, los paneles tallados de forma más intricada representan una antigua leyenda sobre la devoción de un alumno por su maestro.

—Es simplemente increíble —. Murmuraba, pasaba unos minutos más, apreciando la belleza del paisaje que tenía en frente, volviendo por el camino que había venido, llegué a la puerta de la entrada para acercarme a una banca sentándome deje el bolso al lado mío y ate el pañuelo que tenía puesto para no perderlo. Respiraba profundo, el aire era mucho más fresco, me sentaba muy bien, antes de irme me levantaba agarrando el bolso y el celular para tomar fotos de todo lo que había visto, el escenario para fotografiar, por lo que lo aproveché al máximo, también aproveche de tomarme un buen de fotos, me alegraba saber que cuando viera de nuevo a Amelia, le mostraría todas las fotos —. Mis Selfies —. Murmure levantando la vista de mi celular, observaba un hombre, se veía lo bastante sospechoso y para mí miraba hacia mi dirección, negando ante las ocurrencias que llegaban, sentía un escalofrío que recorría mi cuerpo, por lo que sin esperar más me di vuelta dirigiéndome a la salida, esperaba ver otra, pero la extraña situación me había dejado lo bastante nerviosa por lo que salía de allí para ir a buscar el taxi, miraba en todas las direcciones sin hallarlo.

—Bueno, voy a buscar otro, no hay problema —. Camine por la vereda pendiente de buscar un taxi, pero a la vez me distraía los Jardines de Kew —. Tomar una foto no hará ningún mal —. Siempre tuve mi celular en la mano, por lo que puse rápido la cámara para tomar una última foto, hasta que me tocaba el hombro haciendo que me sobresaltara y girándome torpemente, que me desequilibraba, pero algo detenía mi caída, sin darle importancia al que me sujetaba solo fije mi vista en quien me había tocado.

—Señor, ¿qué hace? —. Pregunté en un tanto enojada, bueno, un poco molesta estaba conmigo misma, ver a ese hombre en el Jardín Japonés, me había dejado lo bastante nerviosa —. Disculpe, estoy un poco nerviosa.

—Por favor discúlpeme a mí, la seguí para decirle que se le había caído, esto… —. Veía lo que me entregaba y lo agarraba, echándole un vistazo al bolso y si le faltaba el pañuelo que le había atado.

—Gracias por tomarse la amabilidad de traérmelo —. Le sonríe y él me devolvía la sonrisa, despidiéndose, lo volvía atar en el bolso, esta vez mas fuerte, al girarme busqué a la persona que me ayudó a no caer, pero no residía nadie, solamente se veían algunas personas y todas estaban lejos de mí como para poder ayudarme.

—Qué situación de lo más rara…—. Observando pasar un taxi, corrí para detenerlo y subía dándole la dirección, opte por mirar las fotos, sería un hermoso lugar para venir a visitar con Amelia, al pensar en ella revise los mensajes o si tenía alguna llamada perdida de ella o de Zach, pero no había nada de eso me parecía lo bastante raro, en general pensaba que todo lo que ocurrió en el día fue así, llegando le hice detener antes, anhelaba caminar así que pagué el viaje y baje del auto cerrando la puerta, revisando que estuviera el pañuelo y el celular.

—Me encanta como se ve cuando es de noche —. Comentaba mirando de lejos el Puente de Richmond, camine a paso lento era la mejor forma de admirar este gran esplendor. Veía la hora en el celular y notaba que era aún temprano para ir a casa por lo que me dirigí a donde había cenado con Amelia, llegando a ese punto me senté en la misma mesa y pedía el mismo plato, no entendía por qué de pronto estaba tan deseosa de comer —. Capaz que camine mucho y el susto que me había dado con ese hombre… pero todavía tengo dudas de quien me ayudó. —. Comentaba para mí misma, pensando y en eso llegaba el mozo con el plato de tallarines —. Gracias, una deliciosa pasta —. Sonreía y el mozo se retiraba, por lo que me dedique a comer, bebiendo unos sorbos de aguade y comiendo bocado a bocado.