Capítulo Cuarenta y Tres

—Por favor pasa, es pequeña, pero creo que se amoldara a ti —. Ingresaba y me quedé mirando estupefacta, era increíble, ingresaba dejando el bolso en la mesa.

—Es perfecta, Zach —. Sonreía viendo cada detalle de ella, la cocina, la chimenea, la pequeña biblioteca que tenía, las escaleras que llevaban al segundo piso que era abierto y eso la hacía más perfecta e incluso adorable —. El techo abovedado me encanta —. Corría hacia todos los lugares a los que había fijado mi vista.

—Es bueno —. Suspiraba aliviado y cerró la puerta detrás de él para ir directo a la cocina —. También es bueno verte sonreír Lizbeth —. Abría la puerta de la heladera escuchándolo, volví a sonreír.

—Es gracias a ti, Zach. Ya sé que no querías que te agradezca, pero esto es demasiado y debes aceptar los miles y miles de gracias que tengo para ti —. Me acerqué a él cerrando la puerta de la heladera para abrazarlo, él se quedaba inmóvil, pero no me importaba, yo necesitaba de ese abrazo.

—No tienes comida, Lizbeth debería ir a buscar eso —. Comentaba posando ambas manos sobre mis hombros.

—Bueno… vamos de compras —. Se le escapaba una risa negando.

—No puedes venir conmigo, te quedarás aquí y yo lo haré… dejaré la comida y me iré, sabes por qué —. Mi sonrisa desaparecía al escucharlo —. Pero puedes llamar a la Señora Collins para avisarle que ya estás segura —. Sonreía y yo hacía lo mismo, se despidió con un beso en mi mejilla, así me dejo con las llaves en la mesa. Me tomaba por sorpresa su comportamiento y lo primero que hice fue sentarme al lado de la chimenea.

—Es el lugar perfecto, desearía vivir aquí para siempre —. Volvía a ponerme de pie para buscar el bolso sacando el celular, regresaba a mi sitio para llamar a Amelia —. No debería llamarla, tiene que ser un mensaje para no levantar sospecha, pero antes de eso, deje salir un suspiro largo, repose ambas manos sobre mi regazo con el celular en ellas.

— ¿Cómo se encontrará él? ¿Estará bien? —. Negaba ante lo que decía —. A mí no me interesa ya saber cómo está, no tiene que importarme, ahora tengo que empezar a olvidarte —. Me sobresaltaba cuando escuchaba el sonido de llamada del celular, miraba quien era, al leerlo atendí.

—Amelia…—. Mi voz se escuchaba rara, la emoción quería tomar el control de mí.

—Mi niña, ¿estás segura? ¿Zach sigue ahí? ¿Has comido? Dios mío, perdón por tantas preguntas, estoy muy nerviosa y preocupada —. Preguntaba y por su tono de voz sabía que estaba alterada.

—Sí, estoy segura y Zach se fue a comprar comida… Por lo que aún no he comido. Así que por favor no te preocupes, ahora voy a estar bien… —. Lo decía de boca para afuera, pero no sabía si algún día volvería a estar bien.

— ¿Dime que fue lo que sucedió? ¿Qué pasó realmente? —. Su pregunta me tomaba de sorpresa, apretando mi mano, solté un suspiro.

—Él… Va a estar bien sin mí, el resultado al dar negativo fue lo mejor que nos pudo haber pasado. —. Mi respuesta parecía lo bastante convincente, pero solo escuché un suspiro como respuesta.

—Voy a ir a visitarte y me dirás que sucedió en realidad… Pero primero debemos… —. Dejaba de hablar, escuchándose unos gritos poniéndome en alerta, no deseaba escuchar la voz de él, porque sabía que me conmovería y saldría corriendo hasta llegar a sus brazos, pero no podía dejar sola a Amelia.

— ¿Amelia que ocurre? —. Pregunté aún más nerviosa que ella.

—Adiós hermana, te quiero. —. Lo que decía me confundía, pero al escuchar que Thomas, la llamaba a los gritos, me dejaba sin habla y fue cuando ella cortaba la llamada.

Quedaba en el silencio ensordecedor, dejaba el celular en la mesa que residía al lado del sofá, me puse de pie y fui a la cocina, buscaba en las alacenas un vaso para llenarlo de agua del grifo, lo bebía de un solo trago. El escucharlo tan enfadado me dejó seco la boca, eran los nervios, me preocupa Amelia, sin embargo, ella ya ha lidiado con él más en ese estado.

—Y… Si causó problemas a Amelia o Zach… Dios mío, nunca pensé en esto, debí pensarlo con claridad. Me cegué porque no quería estar sola y no medí las consecuencias de mis actos —. Dejaba el vaso en la mesada y corrí a donde estaba mi celular para agarrarlo, camine derecho a la puerta, pero se abría antes de llegar. Zach entraba y al encontrarse conmigo dejo las cosas en la mesa cerró la puerta y se paró en frente mío.

— ¿Qué sucede?

—Thomas…—. Negaba al decir su nombre —. El Señor Evans estaba enfadado.

— ¿Y cómo sabes eso? Explícate bien Lizbeth —. Me tomaba de los hombros y asentí.

—Amelia me llamo, y cuando estábamos hablando, él parecía buscarla por lo que escuché, pero había demasiados gritos, él está enfadado… Debo ir y proteger a Amelia —. Él negó y me llevó de nuevo al sofá, pero al más grande sentándonos.

—Relájate, La Señora Collins sabe cómo manejarlo, ella ha vivido siempre con él. Así que nada más tranquilízate, volver allá no te traerá nada bueno… Pero yo no te obligaré a tomar esa decisión.

—Tienes razón, pero ve a casa rápido, por favor Zach y mándame un mensaje para saber que está todo bien… Amelia es importante para mí y tú también, así que por favor te lo suplicó cuídense ambos. Yo sé que no hice bien al pedir ayuda, me ilusione al contar con ustedes y no pensé con claridad, lo expongo al peligro, a las únicas personas que fueron buenas y cuidaron de mí —. Me avergonzaba el mirarlo, el amor solo había hecho daño en mí y ahora yo estaba causando dolor a personas que quiero, me hacía doler el pecho.

—Lizbeth, si nosotros decidimos ayudarte fue porque nosotros lo decidimos tú no tienes la culpa de nada. Deja de sentirte culpable —. Pasaba su brazo por mis hombros para brindarme un cálido abrazo —. Todo va a estar bien, yo debo irme, así que prométeme que vas a estar bien, comerás y te irás a la cama, traje también ropa. No tienes que preocuparte por nada. —. Depositaba un beso en mi cabeza, ese gesto hizo que lo rodeara con ambos brazos alrededor de su torso.

—Estaré esperando tu mensaje Zach —. Murmure soltándolo del abrazo, él únicamente me miraba con esa sonrisa que me hacía sentir bien y segura.

—Así será Lizbeth —. Se levantaba para salir rápido de la casa, dejándome sola de nuevo, pero me sentía tranquila, saber que Amelia estaría con él, aunque en mi corazón se sentía tranquilo porque el sí confiaba ciegamente en Thomas y por eso perdía —. Él jamás le haría daño a Amelia ni a nadie de su gente… No sé por qué dudo de él —. Me levanté del sofá para agarrar las bolsas acomodando las mercaderías, al terminar me fui directo a subir las escaleras para conocer la habitación, pensaba que nunca había visto tan adorable casa, me gustaba cada rincón de ella.

Al terminar de subir las escaleras me encontraba con una enorme ventana que ocupaba desde el suelo hasta el techo, era un enorme triángulo y en ese mismo lugar residía la cama.

—Tiene una hermosa vista —. Me acerqué para sentarme en la cama, agradecía al notar que estaba con sábanas y mantas. Me recostaba dejando las bolsas aún lado, mirando el precioso techo abovedado, venían de nuevo las horrendas palabras que escuchaba de Thomas, negaba para volver a sentarme —. No debes suponer en eso Lizbeth, ya no tengo que recordarlo —. Me acomodaba el cabello y me levanté para volver a bajar las escaleras. Me dispuse a cocinar, pero no tenía tanta hambre, por lo que opte por hacerme un sándwich depositándolo en un plato, volví a llenar de agua el vaso y fue a sentarme en la silla para comer.

—Tengo que comer todo… Dios todo esto me está cerrando el estómago —. Murmuraba molesta y con mi cuerpo en contra logré terminar el sándwich, levantando el plato y el vaso fui al lavado para enjuagarlos. Antes de subir fui a cerrar con llave la puerta y a buscar el celular, lo revisaba para ver si Zach me había enviado el mensaje, pero aún no llegaba.

Ya en la cama acostada, tapada, volví agarrar el celular y en eso llegaba un mensaje de un número desconocido para mí.

Mensaje de número desconocido:

Para: Lizbeth Lloyd

Lizbeth, la situación está controlada, la Señora Collins se encuentra perfecta y le manda saludos. Duerme bien y no dudes en llamarme por si necesitas algo.

Atentamente Zachary Caine.

Sonreía al leer su mensaje, por fin comenzaba a sentirme un poco relajada. Decidí dejar el celular al lado mío, ya que la cama era grande para mí, acomodándome para tratar de dormir, pero era en vano, cada vez que cerraba los ojos, Thomas se me aparecía y sus palabras se me clavaban en mi pecho como si fuera una estaca y dolía cada vez más, el recordar me dolía.